José Doroteo Arango Arámbula. Pancho Villa o el Centauro del Norte

• La historia lo ubica, además de protagonista de leyendas y mitos, como el incansable guerrillero que luchó para beneficiar a las clases explotadas, básicamente a los campesinos

Por Manuel Garcés Jiménez *

Con motivo de la conmemoración en el 2023 dedicado a recordar a uno de los próceres de la Revolución Mexicana, José Doroteo Arango Arámbula, mejor conocido como Francisco Villa, el Centauro del Norte, nombres que le dieron a uno de los héroes de la Revolución con su Ejército de la División del Norte y sus Dorados.

Durante el porfiriato existieron hombres que se organizaron para luchar contra la desigualdad social y de entre ellos sobresalió Pancho Villa, protagonista de leyendas y mitos por su vida de guerrillero. Sus detractores lo pintan como una leyenda negra que está oculta, escondida, que se resistía a reconocer al personaje de Villa como héroe popular, que le ponían por delante juicios como sediento de sangre, asesino sin escrúpulos y polígamo, entre otros epítetos.

Paco Ignacio Taibo II considera a Villa como un «personaje realmente interesante. Muy malo en los discursos públicos, maravilloso en la conversación en corto. El verbo en torno a la hoguera, la plática, el chismorreo, la anécdota, eran fabulosos. Su conversación con Emiliano Zapata es memorable. Afortunadamente fue tomada taquigráficamente. Sabemos que no había en ellos ninguna voluntad de ser presidente».

Ante este panorama lleno de ingratitudes hacia las clases humildes, dos grandes hombres emanados del campo: Pancho Villa y Emiliano Zapata Salazar, quienes ocuparon un lugar importante dentro del Movimiento de la Revolución Mexicana. El primero al frente de su ejército, la División del Norte, y el segundo con su Ejército del Sur, quienes por sus acciones militares contra el regimen porfirista lograron sacudir al gobierno federal que representaban la continuidad de la tiranía.

Su vida de joven se nos antoja como de película, narrada por sus biógrafos, cuando una de sus hermanas vivía en una hacienda en la que la familia se alojaba, hasta cierto punto con independencia, en condiciones de aparcería, pero sujeta a la hegemonía del patrón terrateniente. El hacendado se prendó de la joven y trató de seducirla. Doroteo Arango, que llegó oportunamente en el momento culminante desenfundó la pistola e hirió al hacendado. A partir de ese momento, Doroteo Arango, convertido en Francisco Villa, tuvo que convertirse en prófugo de la justicia.

Al respecto,  Martín Luis Guzmán, John Reed[1] y Paco Ignacio Taibo II, entre otros, dueños de la pluma supieron manejar idealizando a Francisco Villa que cobra una realidad de la verdad histórica, ahora ratificado por el actual gobierno del licenciado Andrés Manuel López Obrador en el Centenario de su asesinato.

Don Francisco Villa fue hombre de a caballo, de joven leñero conocía el campo, las montañas y los ríos, montaba muy bien el penco, los domesticaba como él lo requería, de ahí que quienes lo conocieron lo apodaran el Centauro, dentro del Movimiento Revolucionario: elCentauro del Norte[2]. El primer conflicto lo tuvo con el gobierno de Victoriano Huerta por una yegua que hizo suya sin importarle los derechos del dueño, y el asunto fue llevado hasta el conocimiento del mismo Huerta, quien le exigió a Francisco Villa que devolviera el equino del que se había apoderado. Villa se negó rotundamente a entregarlo, por lo que fue pasado por las armas e internado en la prisión militar de Santiago Tlatelolco. Tiempo después recibe ayuda y protección de Francisco I. Madero, logró fugarse rumbo al norte.

A finales del 1912, corrían los rumores en la Ciudad de México de que el ejército preparaba un levantamiento con el presidente Francisco I. Madero. El 18 de febrero de 1913, Victoriano Huerta y Félix Díaz firmaron el «Pacto de la Ciudadela», llamado también «De la Embajada»por la participación del embajador de los Estados Unidos de Norteamérica, Henry Wilson, donde Huerta asumía la presidencia.

Ante ese panorama estalla la Decena Trágica (el 22 de febrero de 1913) con los asesinatos del presidente Francisco I. Madero y el Vicepresidente José María Pino Suárez, por mandato de Victoriano Huerta, para usurpar el poder político. Es cuando Francisco Villa se levanta en armas para vengar la muerte de Madero y castigar a quien estuvo a punto de fusilarlo. Ante tal situación da inicio la Revolución Mexicana.

Como resultado de la usurpación del poder por Huerta se levanta en armas el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, con el Plan de Guadalupe[3], el 9 de febrero de 1913, por el que se desconoce al usurpador, y el 26 del mismo mes promulga dicho Plan que sirvió de bandera a la Revolución Constitucionalista.

Ante tales sublevaciones, Venustiano Carranza mantiene su cuartel en Monclova (Coahuila) estallando en 1913. Los primeros combates se efectuaron en la zona del Bajío, desde Celaya hasta Aguascalientes. Cabe aclarar que Carranza fue un político (no un hombre del pueblo) que buscaba el retorno a la legalidad rota y la vigencia de la Constitución de 1857[4].

Otros gobernadores se unieron a dicho Plan; como el de Sonora, José María Maytorena, y el de Chihuahua, Abraham González, mientras que Álvaro Obregón organiza y se pone al frente del Ejército del Noroeste.

La organización de las operaciones militares contra el huertismo había sido dispuesta por don Venustiano Carranza, quien por decreto del cuatro de julio de 1913 expedido en Monclova, se creó para tal efecto cuerpos del ejército de la siguiente manera:

El Noroeste, el Noreste, de Oriente, de Occidente, el del Sur y el Sureste; se incluían los contingentes que operaban en los estado de Sonora, Chihuahua, Durango, Sinaloa y Baja California. El ejército del Noreste fue comandado por el general Álvaro Obregón. La primera batalla fue la de Zacatecas, ocurrida el 23 de junio de 1914, culminando gloriosamente para Francisco Villa, mientras que el general Álvaro Obregón triunfó en Orendain el 7 de julio de 1914.

En estas rebeliones Francisco Villa demostró su magnetismo por la simpatía de que disfrutaba (en reconocimiento a sus dotes de mando), uniendo a jefes revolucionarios declarados anti huertistas y a otros más que habían operado en la Comarca Lagunera como: Tomás Urbina Contreras, Calixto Contreras, Pánfilo Natera, José Isabel Robles y Eugenio Aguirre Benavides. Con estos personajes y su gente fue que integró el glorioso ejército de la División del Norte.

A Carranza no le agradó que Francisco Villa estuviera al mando de la División del Norte, lo cual aseguraba que no estaría de acuerdo en organizar el la Convención en Aguascalientes, donde el presidente de la misma fue Eulalio Gutiérrez, quien fue presionado por los jefes de la División del Norte para que Villa fungiera como el brazo armado de un gobierno civil, lo que causó diferencias con él que finalmente acabó por romperse la amistad. El 12 de diciembre  de 1914, en plena Convención y con la presión militar de los grupos disidentes, Carranza adiciona al Plan de Guadalupe original, con ideas de tipo social.

En un encuentro en Chihuahua entre Venustiano Carranza y Francisco Villa, éstos se enfrentaron una vez más porque Villa no se sometía a la órdenes de Eulalio Gutiérrez, lo que originó que hubiese un nuevo presidente de la Convención apoyado por villistas y zapatistas, el sustituto fue general Roque González Garza.

Al paso del tiempo, Villa demuestra un fuerte carácter, soberbia, caprichos y conveniencias, por lo que muchos jefes que lo habían ayudado  a triunfar se le fueron alejando, con el resultado de que las fuerzas del carrancismo, agrupadas alrededor del general Álvaro Obregón, le quitaron el prestigio militar de invencible que tenía. El primer general que se apartó de Villa fue Maclovio Herrera, no fue el único, otros que no aprobaban sus arbitrariedades y excesos de violencia fue el entonces teniente coronel Lázaro Cárdenas del Río.

El día 25 de mayo de 1914 don Venustiano Carranza da las instrucciones al general de Brigada Pánfilo Natera que realice la toma de Zacatecas que estaba en manos de Victoriano Huerta, junto a Pánfilo Natera y los refuerzos de los hermanos Arrieta, así como los generales Martín Triana y Pereira. Francisco Villa, desobedeciendo la orden de Venustiano, decide unirse para el ataque de Zacatecas, conjuntamente con su compadre Tomás Urbina y el general Felipe Ángeles, quien estaba al mando de la artillería con 39 piezas. Por otro lado, La División del Norte con los Dorados se trasladan hacia Zacatecas en 18 trenes militares. Las acciones de ataque se realizaron en obras fortificadas principalmente en los cerros de El Grillo y la Bufa. El ataque dio inicio a las 10:00 horas de la mañana del día 23 de junio, y finalmente fue tomada Zacatecas entre las 17:00 y 18:00 horas de ese mismo día.

Saldos de la Batalla:

  1. Las bajas federales, según el periodista norteamericano Cann, ascendieron a cinco mil hombres; el resto cayó herido o prisionero.
  2. Las bajas villistas fueron 500 muertos y 800 heridos, según el parte entregado a Villa.
  3. En suma, participaron en la contienda 12,900 hombres huertistas y 22,500 villistas.
  4. Se recogieron 12 cañones, 12,000 rifles, 9 trenes y 12 carros con parque de fusil.

Finalmente, con la Batalla de Zacatecas, como otras tantas de la Revolución Mexicana, fue importante las fuerzas de artillería, factor decisivo para la derrota federal con 39 piezas al mando del general Felipe Ángeles y operadas por oficiales expertos fueron determinantes en relación a las 10 piezas que poseían las fuerzas federales. Este combate es, sin duda alguna, la batalla decisiva del constitucionalismo marcando la caída de Victoriano Huerta.

La invasión punitiva contra Pancho Villa[5]. La incursión realizada el 9 de marzo de 1916 por Pancho Villa a la base militar de Fort Furlong y al Banco  de Columbus, Nuevo México, fue considerado por el historiador estadounidense John Mason Hart, como el primer levantamiento de un país del tercer mundo contra los Estados Unidos.

La práctica de utilizar el leguaje para encubrir la verdad y dejar una puerta abierta a la impunidad con el propósito de restar responsabilidad criminal a los culpables, vemos que a través de nuestra historia ha sido tan fácil sustituir la palabra «expedición» para omitir la realidad de una invasión.

Los norteamericanos justifican la «Expedición Punitiva» contra nuestro país, como que ya no hay mucho que explorar sobre lo que verdaderamente sucedió el 9 de marzo de 1916 en Columbus, Nuevo México. Justifican su actuación con natural arrogancia, en una invasión militar bajo una ocupación de 11 meses en nuestro territorio nacional. Argumentan que fue un castigo a la supuesta incursión de Pancho Villa a en el pueblo de Columbus. Esto, independientemente de que nunca hubo evidencia de que el propio Villa haya participado directamente en ella. Más allá de la bandera falsa sembrada en Pancho Villa para intervenir una revolución en curso, lo que importa es conocer por qué EU inventó este juego de las escondidillas para jugarlo con uno de los más de un millón de mexicanos que murieron luchando por cambiar el destino de la nación mexicana.

Es cuestionable que no existieron elementos para que EU amenazara a México con una declaración de guerra. Misma que finalmente fue enmascarada, ingenuamente, con el de una expedición para ocultar los intereses corporativos de los Estados Unidos y liquidar la revolución con el apoyo de 26 mil soldados, 25 mercenarios, un cerco fronterizo de 3 mil kilómetros por parte de la Guardia Nacional y la complicidad de los medios informativos afines a su causa que controlaban 68 por ciento de la información mundial.

¿Qué fue lo que hizo el ejército más poderoso y mejor armado del mundo durante su prolongada ocupación militar en México, ante un pueblo aterrorizado por la violencia, el sofisticado armamento que cruzó impunemente por su territorio y la potencia  de los invasores? ¿Fue acaso un juego? ¿Cómo contestar con rigor histórico estas preguntas si no existe un recuento sobre los estragos  sufridos por los vencidos en un país invadido en plena Revolución Mexicana.

Las flagrantes y dolorosas violaciones cometidas por los soldados estadounidenses en nuestro territorio nunca fueron investigadas, y mucho menos castigadas, a pesar de que fueron cometidas con toda impunidad. Los villistas y sus familiares fueron perseguidos, apresados, torturados, encarcelados, asesinados y encarcelados con la anuencia de Venustiano Carranza y Álvaro Obregón. Ellos hicieron el trabajo sucio de rematar a los villistas.

Como ya se había comentado, la Expedición Punitiva fue un experimento intervencionista de la Casa Blanca que violó la soberanía de nuestro país dividido e indefenso que apenas intentaba arrancar y aprovechar las oportunidades abiertas por los revolucionarios como Francisco Villa, Emiliano Zapata y otros muchos más, a una revolución inducida que perdió su rumbo con el golpe de Estado de Victoriano Huerta y la muerte de Francisco I. Madero. Esto unió a las fuerzas evolucionarias a buscar una genuina revolución.

Algunos historiadores mexicanos argumentan que esta incursión de Villa es aún un misterio. No así para Friedrich Katz, quien trató de explicar que fueron convenios firmados entre Venustiano Carranza y el presidente Woodrow Wilson los que, posiblemente motivaron el rompimiento de Pancho Villa con Estados Unidos y la consecuente cacería en su contra.

Independientemente de presentar las violaciones cometidas contra México durante la invasión, la cacería de revolucionarios, los encarcelamientos transfronterizos, el asesinato de presuntos villistas que participaron en Columbus y las virtuales declaraciones de guerra utilizadas para defender, en realidad, los intereses de compañías petroleras, mineras, ferroviarias y de bienes raíces de corporaciones extranjeras en México, ya operaban desde los tiempos de Porfirio Díaz.

Al retiro de la vida civil Francisco Villa logra ser gobernador del estado de Chihuahua durante 50 días, tiempo suficiente donde crea 50 escuelas. Es por ello que lo recordamos cuando fue asesinado, lo que acaeció el 20 de julio de 1923 en Parral, Chihuahua, de 150 balazos. Personaje que despierta pasiones, lo mismo admiraciones que odio por parte de sus detractores conservadores. Sus calumniadores construyeron alrededor de él una leyenda negra que lo presenta como un ser sangriento, un carnicero, como alguien que no tenía proyecto político y no sabía realmente por lo que estaba luchando, alguien que era muy manipulable, un ser rencoroso vengativo, pero la historia lo ubica como el incansable luchador por beneficiar a las clases explotadas, básicamente a los campesinos. ♦

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*Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

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Bibliografía:

González, Miguel Ángel González. La Batalla de Zacatecas. Mostrenco Ediciones, Zacatecas, Zac. México, 2007.

Gómez, Marte R. Pancho Villa, Un intento de Semblanza. Fondo de Cultura Económica. México, 1973.

Guzmán, Martín Luis. Memorias de Pancho Villa. Colección de ideas de letras y vida. México, 1964. 

John Reed. México Insurgente. Ediciones de Cultura Popular, S.A., México, 1973.

Medellín M., José de Jesús. Las ideas agrarias de la convención de Aguascalientes. CEHAM, México, 1986.

Muñoz, Rafael F. Pancho Villa, La Azarosa vida del Centauro del Norte. Populibros La Prensa. México, 1971.

Peña Samaniego, Heriberto. Río Blanco. El Gran Círculo de Obreros Libres y los sucesos del 7 de enero de 1907. México, 1975.

Puente, Ramón. Villa en pie. Editorial Castalia. Biblioteca de Estudios Históricos. México, 1966.


 

[1] John Reed, periodista norteamericano que cabalgó a lado de las tropas de Francisco Villa, era conocido como «Juanito». Villa lo consideraba como el Robin Hood mexicano. Autor del libro México Insurgente, describe los relatos de Villa entre 1911 y 1914 para la revista norteamericana Metropolitan.

[2] De acuerdo a la mitología griega es un ser fabuloso y fiero que tiene cabeza, pecho y brazos de hombre, y lo demás de caballo. Excepto Quirón, los demás centauros eran brutales y obcecados, interpretándose por lo general como un símbolo de los aspectos bestiales del hombre (en contraposición con la figura del jinete, hombre capaz de sujetar la fuerza del bruto); simboliza también la doble naturaleza humana, espiritual y corporal. No obstante, el centauro que dispara la flecha al tiempo que huye puede simbolizar al humano en lucha contra el Mal. Que sería lo más apropiado dado a Pancho Villa. Enciclopedia de los símbolos, Udo Becker, p. 72.

[3] El Plan de Guadalupe se firmó en la hacienda de Guadalupe, Monclova, Coahuila.

[4] José de Jesús Medellín M. «Las ideas agrarias en la Convención de Aguascalientes». Pág. 27.

 

[5] Datos tomados de Carlos U. Vigueras. Director de Historia Gráfica México-EU del Casasola Museo.

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