La flor y el canto llegan al Centro Histórico de la Ciudad de México

• «Flores para Huitzilopochtli» es una muestra gratuita montada en el puente liga de las calles República de Guatemala y República de Argentina

Un asomo a lo más preciado de la existencia: la flor y el canto, in xochitl in cuicatl, en náhuatl, fue inaugurado frente a los vestigios del antiguo Huei Teocalli de Tenochtitlan, bajo la forma de la exposición Flores para Huitzilopochtli, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

La exhibición de acceso gratuito invita a repensar las nociones sobre la antigüedad precolombina.

Son 16 cédulas de gran formato dispuestas a lo largo del puente liga de las calles República de Guatemala y República de Argentina.

La flor y el canto en el Centro Histórico

A decir de Patricia Ledesma Bouchan, directora del Museo Templo Mayor, «por fuentes históricas sabemos que el mundo prehispánico estaba impregnado de flores, cuyos aromas y colores eran tan importantes como la dureza de la piedra verde y la cotidianeidad de la cerámica; a veces, incluso, más valiosos».

La nueva exposición, brinda una innovadora perspectiva de las fastuosas ofrendas consagradas por los mexicas a su dios tutelar, Huitzilopochtli, dijo.

«Actualmente, gracias a modernas tecnologías y teorías, las nuevas generaciones de investigadores han podido recuperar lo que arqueólogos de algunas décadas atrás hubieran pensado imposible, como los fragmentos de polen del tamaño de una micra», explicó.

Plantas que servían de ornato pero también eran utilizadas como remedio

En su intervención, la curadora de la exposición, Laura Angélica Ortiz Tenorio, expuso cómo una sola flor estaba rodeada de numerosos simbolismos y usos. Por ejemplo, el axochiatl o zacazocuilpatle (Lonicera pilosa), una flor de hojas anaranjadas que los mexicas usaban en las ofrendas para evocar el fuego y la naturaleza solar de Huitzilopochtli, también servía como remedio para la fiebre, las quemaduras y el dolor de riñones.

El diseño de la exposición, a cargo de Samara Velázquez Arteaga, permite al público conocer el nombre en náhuatl de flores, como el cardo (huitzquilitl) o el girasol (chimalxochitl), así como datos complementarios que ayudan a imaginar cómo pudieron estar decoradas las ofrendas tenochcas al momento de su colocación.

En las gráficas se observan depósitos rituales, como la Ofrenda 120, en la que los mexicas depositaron un lobo ataviado como guerrero, rodeado de flores blancas, amarillas y rojas que, quizá, atrajeron hace más de 500 años, en medio de una solemne ceremonia, a uno o a más colibríes, aves que asociaban con Huitzilopochtli, el «colibrí zurdo». ♦

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Fuente: INAH

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