Félix Cedillo González, revolucionario zapatista de Milpa Alta

• Fue Teniente Coronel de Caballería y posteriormente Legionario de Honor y Comandante Veterano de la Revolución Mexicana, reconocimientos de la Sedena

Por Manuel Garcés Jiménez*

Los atributos naturales del sureste de la Ciudad de México donde se encuentra Milpa Alta y sus pueblos originarios con su singular orografía, permite que algunos cuenten con sistema de terraceo realizado y aprovechado desde tiempos prehispánicos para la siembra de maíz, frijol, picante, tomate, calabaza, chayote y haba, entre otros productos[1].

Pobladores del oriente como Tlacoyucan, Tepenahuac, Tecoxpan, Ohtenco y Villa Milpa Alta se han dedicado a sembrar el nopal-verdura en huertas donde se cosecha todo el año. Se trata de una actividad primaria que ha prevalecido en esos lugares desde tiempos inmemoriales para el comercio y el autoconsumo.

Durante los casi 300 años de la colonia española así como del porfiriato, los campesinos, a falta de tierra propia, entregaban su fuerza de trabajo a los dueños de grandes extensiones de tierras. Fueron los hacendados quienes los explotaron, obligándolos a trabajar de sol a sol; otros más, ante la necesidad de mantener a la familia, debían trabajar en la Quinta Axayopan, del terrateniente Brígido Molina, en Oztotepec, o a migrar a las haciendas cercanas a Milpa Alta como la de Santa Fe de los Ahuehuetes, que se encontraba en las inmediaciones de Milpa Alta con Tetelco, en Tláhuac. Otros recurrían a la hacienda de Xico, propiedad de don Iñigo Noriega, pero la necesidad fue aún más grande que migraron a las haciendas de Chalco, Xochimilco, inclusive al estado de Morelos.

Durante el México pos revolucionario, y particularmente los habitantes de San Salvador Cuauhtenco, Milpa Alta, se dedicaron a bajar leña en rajas obtenidas de los árboles «muertos» del monte, otros elaboraban el carbón de las ramas y troncos de encino, hay quienes se dedicaron a rajar en trozos pequeños los ocotes para poder avivar el fuego de los tlecuiles, braceros y anafres; el pulque fue otra actividad económica de los campesinos, además de ofertar los excedentes de sus cosechas, siendo los lugares de venta los pueblos de Xochimilco: Santa Cruz Acalpixca, Santa María Nativitas y San Gregorio Atlapulco.

Comenta don Miguel Ángel López Cedillo[2], nativo de Cuauhtenco, conocido como «Magañas», que los abuelos, además de las citadas actividades del campo, se dedicaron a ir en peregrinación con los pueblos vecinos a los santuarios de Amecameca, Chalma y Tepalcingo. Ir caminando a través de los sinuosos caminos y en muchos casos atravesando la serranía del Chichinautzin, con sus animales de carga (acémilas, caballos, mulas y burros) que alquilaban para llevar las cosas personales, en cuyos lomos del animal colocaban los huacales. Al regreso se llenaban de fruta y pan y recuerdos de los lugares sagrados.

Ese fue el panorama pre revolucionario del pueblo de Cuauhtenco, uno de sufrimientos e injusticias que padecieron familias como la del célebre Félix Cedillo González, nativo de Santiago Tepalcatlalpan, Xochimilco, quién se casó con la señorita Paula Blancas Jiménez, oriunda de Cuauhtenco.

Al respecto, en amena charla con el señor Miguel Ángel López Cedillo dijo que en plena Revolución, de joven Félix Cedillo González se llevó a punta de pistola a su novia, la señorita Paula, directo a su casa, para luego casarse y ser felices.

Su abuelo, Félix Cedillo González, ante los estragos y penurias de la pobreza para sostener a la familia integrada por Juan, Mateo, Valentín, Ana María, Pánfila y Timotea, se integró al movimiento revolucionario en cuanto supo que había llegado a Milpa Alta un hombre llamado Emiliano Zapata con su tropa  de campesinos: «¡Júntense conmigo! Yo me levanté; me levanté en armas y traigo a mis paisanos. Porque ya no queremos que nuestro padre Díaz nos cuide»[3]. No dudaron en sumarse de inmediato para tener un pedazo de tierra para cultivarla, se supo que venían del estado de Morelos con soldados-campesinos armados pidiendo a la muchedumbre en lengua ancestral que se unieran a la tropa para acabar de tajo contra las injusticias inhumanas de Porfirio Díaz.

Documento de acreditación personal de Félix Cedillo

Eso fue la chispa para que cientos de campesinos entraran al movimiento armado ante el descontento que había prevalecido, incluyendo a Félix Cedillo González y su familia, con la ratificación del Plan de Ayala el 19 de julio de 1914 en San Pablo Oztotepec, siendo el motivo suficiente para reforzar la lucha armada con la unión de otros pueblos vecinos.

Así fue como Félix Cedillo llegó a San Pablo Oztotepec con un grupo armado de campesinos, para ponerse a las órdenes del general Emiliano Zapata, lograron  cumplir lo dispuesto en el Plan de Ayala, demostrando su valentía con triunfos armados en distinto lugares del país por lo que, años después, el Ejército Nacional del Cuartel en Oaxaca le dio el grado de Teniente Coronel en el año de 1920. 

«El suscrito General de Brigada Nacional, y Jefe de la Operaciones en el Estado, acredita la personalidad del C. Félix Cedillo González del mismo Ejército Nacional. Sufragio Efectivo, no Imposición. Oaxaca de Juárez, julio de 1920».

Después de la promulgación de la Constitución de 1917 nuestro país mantuvo relativo apaciguamiento, lo cual el Teniente coronel Félix Cedillo González recibió el 27 de noviembre de 1947, mediante oficio número 2466 emitido por la Secretaría de la Defensa Nacional, su reconocimiento como «Veterano de la Revolución».

«… está fielmente sacado de estudio de reconocimiento como veterano de la revolución del C. Félix Cedillo González que obra en el Archivo de ésta Comisión y que se expide como lo solicita en instancia de fecha 27 de agosto del presente año. México, Distrito Federal, a los veintinueve días del mes de septiembre de mil novecientos cuarenta y cinco».

El oficio se encuentra membretado, sellado y firmado por el general de brigada, jefe de la oficina, Rafael Moreno Ortega.

Dos años después, el 27 de junio del año de 1949, recibió el reconocimiento oficial como Veterano de la Revolución por el secretario de la Defensa Nacional, quien le notificó su reingreso al Ejército Nacional en calidad de retirado:

«De conformidad con lo dispuesto por el C. Presidente Constitucional de la República, según el Decreto publicado en el Diario Oficial de fecha 8 de febrero, vengo a solicitar de Ud. se me reingrese al Ejército Nacional, en calidad de retirado; en la inteligencia de que soy reconocido como Veterano de la Revolución por la Comisión Pre-Veteranos de la Revolución, por la Secretaría de la Defensa Nacional de su muy digno cargo, según oficio 444 Exp. /111/5-781 de fecha 12 de enero de 1944».  

El 31 de agosto del año de 1950, la Secretaria de la Defensa Nacional le comunicó mediante oficio 3741 que por sus atributos durante la Revolución es reconocido como «Legionario Honor Mexicana».

Reconocimiento a Félix Cedillo como Legionario

Con los nombramientos, el teniente coronel fue invitado a diversos actos cívicos por la Confederación de Precursores y Veteranos del Ejército Libertador del Sur en el Distrito Federal, como fue el descubrimiento de la placa conmemorativa del encuentro de los generales Emiliano Zapata y Francisco Villa en Xochimilco, entre otros actos cívicos, culturales e históricos de la Ciudad de México y de entidades federativas.

En investigación realizada por el cronista y profesor Adán Caldiño Paz, en la Dirección General de Archivo e Historia de la Secretaría de la Defensa Nacional se encuentra registrado el C. Félix Cedillo González como Teniente General, así como otros revolucionarios de su poblado[4].

A la muerte del teniente su viuda, la señora Paula Blancas Jiménez, fue reconocida con el grado de Teniente Coronel Zapatista integrada a la Vieja Guardia Agrarista, por lo que pasó a recibir la pensión que en vida tenía su esposo Félix Cedillo.

Por años, una de sus hijas, Anita María, conocida como la Tía Anita (mamá de Miguel Ángel López Cedillo), desarroló intensa actividad social en San Salvador Cuauhtenco, donde logró involucrarse en varias acciones como fue la adquisición del terreno donde actualmente se encuentra la Escuela Secundaria número 334 «Cuaucintepetl». Por su participación en pro de la educación, su nombre, al igual que los de otras personas, se encuentra grabado en una placa frente al plantel.

Asimismo, la Confederación Nacional Campesina (CNC) a través de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos del Distrito Federal, hizo entrega de un reconocimiento a doña Anita Cedillo, documento en el que también se da reconocimiento post-mortem a su señor padre, el Teniente Coronel Félix Cedillo. A la letra dice:

«En los archivos de la comunidad de San Salvador Cuauhtenco y en documentos de gobierno, nos fue muy grato encontrar el nombre de su señor padre Félix Cedillo González, hombre distinguido; valiente soldado y regio defensor del pueblo, quien como soldado de la Revolución fue miembro activo del ejército del Sur, comandado por el inolvidable jefe General Emiliano Zapata Salazar, quien lo reconociera con su alto grado de Teniente Coronel Zapatista».

Reconocimiento de la Liga de Comunidades Agrarias

«Por ello, es un alto honor entregar a usted el presente reconocimiento ‘post mortem’ como testimonio sincero que lleva la gratitud de un pueblo y el agradecimiento de los campesinos de ayer, de hoy y de siempre con el ánimo de honrar a la familia del guerrillero y defensor de lo más valioso del hombre: la Tierra».

El reconocimiento se encuentra firmado por el profesor Felipe Caldiño Paz, secretario general del Comité Central de la CNC de la Ciudad de México; el licenciado Maximiliano Silerio Esparza, por parte del CEN de la CNC, y por Gabriel Vargas León, de la Comisión de Honor y Justicia.

Estos documentos se encuentran enmarcados y colocados en la sala de la familia de Miguel Ángel López Cedillo, quien los muestra con orgullo y ejemplo de la lucha agrarista en San Salvador Cuauhtenco. ♦

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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

Bibliografía

Caldiño Paz, Adán. María Esther Mérida González. Apuntes en computadora. 8 de octubre de 2011.

Horcasitas, Fernando. De Porfirio Díaz a Zapata. Memoria náhuatl de Milpa Alta. UNAM, Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. México, 2000.

Archivo del señor Miguel Ángel López Cedillo.


[1] Hay quienes afirman que estos lugares fueron los proveedores de granos a la ciudad de Tenochtitlan.

[2] Nuestro informante Miguel Ángel López Cedillo («Magañas») es quien  nos proporcionó la documentación en original para realizar esta crónica; la obtuvo de su madre, la señora Ana María Cedillo Blancas, quien se unió en matrimonio con el señor Juan Antonio López Mora, oriundo del estado de México.

[3] «De Porfirio Díaz a Zapata. Memoria náhuatl de Milpa Alta», pág, 105.

[4] «San Salvador Cuauhtenco». Apuntes del profesor Adan Caldiño Paz.

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