Mis maestros nahuatlatos. Los poemas de nuestros sabios ancianos
Por Artemio Solís Guzmán | Revista Nosotros, Núm. 49 | Mayo de 2002
Tenía siete años cuando me impresionó la plática de la señora Celsa Xoloco, de la que conservo todavía vivo el recuerdo, fue una emoción fuerte que provocó en mi alma de niño la plática de las capillas y sus barrios. Me sentí inmediatamente transportado al pasado de mi pueblo, extasiado, lleno de admiración, incapaz de sustraerme a la atracción de lo maravilloso, que se desprendía de esta plática.
Después, la visión se transformó; pero la impresión permaneció. Jamás he podido dejar de sentir admiración ante la belleza de las parroquias y las capillas de Milpa Alta que se levantan en nuestras plazas y lugares llenos de energía cósmica, porqué sus torres se despliegan hasta el cielo como si sus piedras fueran hojas esculpidas.
En el paraje de Xala, en la casa de la señora Mariquita, los martes y jueves se reunían para platicar, pero ellos visualizaban los acontecimientos por venir, y que me fueron juzgados de racistas o de gentes sin juicio. Por eso, hoy expreso mi gratitud y reconocimiento, y todos los sentimientos que llenan mi corazón, por todo lo que me enseñaron a gustar, a conocer, a descubrir esas poesías líricas.
¿Poesías líricas? ¡Qué estoy diciendo! Sí, estas poesías tienen sus letras y frases esculpidas que provienen del corazón y pensamientos del cerebro equilibrado, lenguaje de piedra que habla en esta poesía del pueblo, voz clara y sublime. Por esto, habla al alma de los más humildes como al de los más cultos.
Resulta muy difícil, si no imposible, comprender una literatura sin el reconocimiento de las ideas e instituciones del pueblo de donde procede, nadie puede llegar a lo medular del Malacaxtepetl Momoxco, o de la propiedad comunal, si no captamos lo esencial de nuestra cultura ancestral.
Por lo cual, antes de tratar de dar un juicio a los poemas de nuestros sabios ancianos, tenemos que hacer una reflexión. ¿Qué hemos hecho por nuestra propiedad comunal?, ¿por nuestras verdaderas costumbres y tradiciones?, ¿por la conservación de nuestro idioma náhuatl? Tenemos que hacer un resumen de lo que constantemente está pasando en nuestro diario vivir y en el devenir. Hoy tal parece que se cumple la frase de los sabios ancianos timo nemiliazan tlalhuiz –vivir nomás por vivir–.
No alcanzo a ver en cuanta lectura he podido realizar por más de cincuenta años en los documentos primordiales de la propiedad comunal que se encuentran escritos en lengua náhuatl la definición exacta de las palabras náhuatl Topializtli, Tetlanex, Tiliztli, Tlalnantzin y Coatlicue. El tercer nombre es más difícil de captar, no sabemos sobre el origen y contenido, mucho más de su significado.
Trataré de analizar, aunque confieso es molesto para un discípulo, analizar la obra de su guía.
Decía Atenanco, era para nuestros sabios ancianos, la tierra, el bosque, sus pueblos, sus barrios, sus calles y sus habitantes, lo diremos hasta la saciedad, la encarnación del numen Creador. Lo tenían por criador de las casas y causa de ellas símbolo de la tierra es la «Coatlicue», tanto que sus nombres místicos incluyen el de no escupas la tierra, no vendas la tierra. Coatlicue es nuestro numen, nuestra madre. Es la madre que nos da el sustento y nosotros irremediablemente le daremos de comer.
Es Cuauhxicalli, la vasija en donde pondremos nuestros corazones, para amarla y cuidar. Es el Cuauhtzin moradores de la tierra del águila.
Para dar culto a la madre tierra, supremo elemento de la vida humana y de toda vida en el mundo. Como dice en el documento primordial, escrito en lengua náhuatl, comenta Lucas Olmacatzin, se fundó por un grupo de hombres y mujeres verdaderos a la llegada de los españoles, todos miembros de la agrupación denominada «Naui Ollin» (cuatro calpullis en movimiento, cuatro secciones), eran gentes de valor, ilustres todos hijos de Calpulequetz (Emiliano Zapata no admitía gente vulgar), por muy valientes que fueran. Su fiesta principal era en Tlaxochima Metztli (agosto 14), por eso se recuerda todavía a las catarceñas y octaveras.
Espero que con este modesto manuscrito entendamos, pero más que entender no mal interpretar el poema lírico de mi maestro Atenanco, refiriéndose a la cuarta Sección (Barrio de Santa Cruz). No entra en lo que escribo, describir el contenido de la «poesía videncia», ni mucho menos hacer historia de la sociedad de los sabios ancianos de Xala. Para lo que intento debe ser suficiente lo dicho.
Acatitla 2002. Sexta hora cósmica. ♦
Barrio de la Santa Cruz
Artemio Solís Guzmán
Desde Oztotempa, cuanta pena mi alma al contemplarte,
las espinas que sangran tu cabeza,
tus lágrimas me hieren al mirarte.
¡Ay mi Señor de la Santa Cruz,
mirarás sufrir a tu gente,
el yugo de los extraños nos oprimirán
brutalmente!
Señor de las nopaleras que nos trajiste extraños,
tal vez aventureros mancillaron a tus hijas.
Primero, como humildes peones después
miraron a tus hijas,
y con falsas promesas, serán los grandes patrones.
Con todas tus nopaleras, degradación y atropello,
a nuestra madre tierra, y todos nuestros bosques
caerán en manos del extranjero.
Olvidarás tus costumbres de sembrar con respeto,
antes las semillas presentas al 2 de febrero.
Hoy, eres como el extraño, siembras sin respeto.
Conquistador te sentirás un tiempo,
mas serás conquistado, excremento de los dioses,
el oro, fue tu carnada.
Linaje de nuestra historia, los abuelos sabios,
te guardan en su memoria, mas el barrio de la Santa Cruz
la ambición borrará la memoria de la tinta roja,
tinta negra.
Señor de la Santa Cruz, del maíz, del haba y el frijol.
Llegó el Señor del Nopal, amo de la ambición,
por eso nuestros ancianos,
siempre eran prudentes, nunca pactaron con el extraño,
para una raza doliente.
¡Llegó la mezcolanza¡ Los pueblos se asustaron
por la perdida conducta de los ricos nopaleros.
La cuarta sección guardaba, el pacto de los ancianos,
con el gachupín Alvarado el año de gracia de
mil quinientos veintiocho.
El virrey en su palacio de mercedes y encomiendas
religiosas y hacendados se apoderan de las tierras.
En la Milpa Alta nuestros ancianos pactan,
dice la Topializtli, jamás, jamás.
Consientes te imponga el extranjero, recuerda que
en Xaxahuenco,
la noche del doce de agosto de mil quinientos veintiuno.
Cuauhtemotzin y el Huehuetlatocan pactaron
guardar silencio hasta la llegada de Tetlanextiliztli
la feroz naturaleza cobrará a los hijos.
Que se contaminen, con la sangre del extraño.
Llora pueblo de la Milpa, ya rompieron con el pacto,
de nuestros sabios ancianos, esto será,
en mil novecientos setenta.
Cruzando por el Teuhtzin corre un indígena de raza pura,
sin encontrar la respuesta de las cosas que ha visto.
Mira cerro del Tláloc, se cumplió la profecía de
los hombres como peones,
hoy son nuestros patrones.
No todo está perdido si aprendemos la lección,
vendrá de nuevo a su tierra la sabiduría del huehuetlatocan.
En los pocos que quedaron sin esa relación
tendrán que ser cuidadosos y descifrar la topializtli.
Un manto de pájaros; toritos, esa será la señal,
volarán en Xaxahuenco, en Texcalpa, Xaxalpa y Petlachica.
Esa será la señal, que con sus sandalias de oro,
bajando del arenal, viene de nuevo a su tierra,
nuestra lengua náhuatl.
Lo que hablaba Netzahualcóyotl, nuestro señor,
Cuauhtemotzin, y el grandioso Motecuzoma.
La tradición de tu raza, el huehuetlatocan
lo pintó en el Cuauhtzin y el Ocotecatl.
Piedra a piedra levantaremos, la pureza de
la raza, sin ninguna vanidad,
ya alumbra la sabiduría, que nos dará la riqueza,
es la verdadera riqueza nuestra Cultura Ancestral.
Xolaloco, 1946
«Atenanco»

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