Los otros zapatismos, la expansión territorial y étnica del movimiento

• El libro integra 15 ensayos académicos, uno es del historiador Baruc Martínez Díaz

Pensado para redefinir de manera colectiva el zapatismo, centrándose en aspectos como la expansión territorial del movimiento más allá de las fronteras morelenses y el carácter étnico de sus militantes, el libro Los otros zapatismos, coordinado por el profesor-investigador del Colegio de San Luis, Francisco López Bárcenas, el volumen integra 15 ensayos académicos y busca homenajear de manera póstuma al antropólogo Francisco Pineda Gómez, quien se dedicó al estudio del zapatismo y plasmó sus estudios en la tetralogía: La irrupción zapatista, 1911; La revolución del sur, 1912-1914; Ejército Libertador, 1915 y La guerra zapatista, 1916-1919.

El proyecto del libro, editado por el Colsan y el INAH, surgió el 22 de noviembre de 2019, cuando se llevó a cabo el coloquio «Los otros zapatismos», en homenaje a Pineda Gómez, con la participación de amigos del antropólogo y estudiosos de esta vertiente revolucionaria, quienes disertaron sobre los grupos indígenas inmersos en el zapatismo y el influjo nacional e internacional de la lucha armada.

Entre los textos destaca el ensayo del historiador Baruc Martínez Díaz, quien expone cómo las tropas zapatistas utilizaron las rutas lacustres de la Cuenca de México, como los lagos de Chalco y Xochimilco, para incorporar en sus tropas a militares de San Pedro Tláhuac, San Juan Ixtayopan y San Francisco Tlaltenco; aquella estrategia naval también ayudó para combatir a los carrancistas.

Portada del libro

El estudio de Diego Prieto Hernández, titulado «Otros zapatismos. Pancho Pineda, in memoriam», se refiere a los ideales y amistad que tuvo con Francisco, al tiempo que enfatiza el carácter agrarista y étnico del movimiento zapatista, tanto en sus militantes, como en los postulados emitidos en lengua náhuatl.

Por su parte, Francisco López Bárcenas en su ensayo «Los orígenes del zapatismo entre los pueblos mixtecos», refiere que el movimiento zapatista tuvo su génesis en 1911, a partir de las rebeliones de los pueblos de la Mixteca costeña y la Mixteca Alta y Baja, tanto en Oaxaca, Puebla y Guerrero.

A decir del coordinador del libro, el descontento por la tenencia de la tierra llevó al enfrentamiento de campesinos contra hacendados, rancheros, caciques, grandes comerciantes y usureros; resalta como ejemplo la rebelión de Costa Chica, con la toma de Ometepec, Guerrero, y la avanzada a Jamiltepec, Oaxaca, así como la rebelión de La Montaña, en el sitio guerrerense de Huamuxtitlán.

Afirma que esa agitación social se extendió a la Mixteca Baja poblana con la toma de Chiautla, a cargo de Emiliano Zapata, Gabriel Tepepa Herrera y Juan Andrew Almazán; y con el asalto y la toma de Izúcar de Matamoros, con apoyo de Jesús el «Tuerto» Morales y Francisco Mendoza Palma, quienes posteriormente serían parte de los firmantes del Plan de Ayala, el 28 de noviembre de 1911, manifiesto que llamaba a la lucha armada zapatista.

Por su parte, el texto del profesor Saúl Armando Alarcón Amézquita analiza la lucha zapatista en Sinaloa, donde estalló en 1912, tras el desacuerdo en los tratados de Ciudad Juárez, del 21 de mayo de 1911, y por el encarcelamiento del jefe maderista Juan M. Banderas; sin embargo, dice el autor, las operaciones militares de estos hombres, entre los cuales se encontraban indígenas mayos, no fueron apoyadas como en Morelos y la guerra se sostuvo hasta mediados de 1913, cuando varios decidieron pasar a las filas del constitucionalismo.

A su vez, el historiador Gilberto Avilez Tax aborda el exilio que vivieron algunos zapatistas en islas aledañas a Yucatán y Quintana Roo, entre 1909 y 1913, área conocida durante el porfiriato como la «Siberia Tropical». Aquellos soldados zapatistas, militares sospechosos, políticos y agitadores de obreros fueron enviados a sitios como Cayo Culebra y Payo Obispo, junto con prisioneros yaquis, mayas y coreanos, para cumplir trabajos forzados y morir lejos de su tierra natal.

El investigador Francisco Herrera Sipriano ahonda sobre la toma zapatista de Chilpancingo, Guerrero, en 1914; mientras que el historiador Carlos Barreto Zamudio aborda algunos juicios de amparo ganados por militares zapatistas para impedir su captura y traslado a prisión.  Finalmente, el investigador Víctor Hugo Sánchez Reséndiz expone sobre la presencia actual de la gesta zapatista en Morelos, plasmada en murales, nombres de mercados y escuelas, así como acerca de la figura de Emiliano Zapata, considerado casi como “un santo” por algunas familias morelenses; y la influencia étnica del movimiento para el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. ♦

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Pie de foto superior: Antonio M. Franco, sentado con mano de cerveza en la mano. Culiacán, abril de 1912. Fuente Colección Miguel Tamayo

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