La muerte de los lagos del Valle de México (y cada vez tenemos menos agua)

• De los 9600 km2 que hubo de lagos hasta antes de la conquista, para el año 2000 apenas había alrededor de 13

Revista Nosotros, Núm. 82 | Julio de 2005

Zona chinampera de la Ciudad de México
Ubicación de la zonaAño de su desapariciónCausa
XaltocanSiglo XVIFalta de agua
México~TlatelolcoSiglo XVIInestabilidad en los niveles
Azcapotzalco~PopotlaSiglos XVI~XXFalta de agua
Tlacopan~Monumento RevoluciónSiglos XVI~XXFalta de agua
Chapultepec (Tacubaya~Condesa)Siglo XVII (1628)Falta de agua
XicoSiglo XVIIIFalta de agua
AyotzingoSiglo XVIIIInestabilidad en los niveles
ChalcoSiglos XIX~XXInestabilidad en los niveles
CoyoacánSiglo XIXFalta de agua
TlalpanSiglo XIXFalta de agua
Santa AnitaSiglo XX (1912)Falta de agua
MexicaltzingoSiglo XX (1912~1950)Falta de agua
IztacalcoSiglo XX (1913~1959)Falta de agua
Barrio de San Pablo (La Viga~Culhuacan)Siglo XX (1914)Falta de agua
TetelcoSiglo XX (1948~1950)Falta de agua
TezompaSiglo XX (1948~1950)Falta de agua
Sureste de TláhuacSiglo XXFalta de agua
Magdalena MixiuhcaSiglo XX (1950)Falta de agua
IztapalapaSiglo XX (1940-1982)Falta de agua

Para el Valle de Anáhuac («tierra al borde del agua») es una paradoja su historia, sobre todo a partir del siglo XVII cuando da inicio el desagüe de sus planicies y la desecación de sus cuerpos lacustres, lo que representa compleja problemática que, no obstante la resistencia de los lagos a extinguirse, requiere pensar otras formas de futuro para la ciudad, lo cual sólo podrá ser visualizado con voluntad política de los gobernantes, cosa que parece prácticamente imposible debido a que estos sólo ven sus intereses personales.

Al respecto, María Francisca Naranjo, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), explicó que la formación geológica de la Cuenca del Valle de México fue posible luego de milenios, y estuvo constituida por siete lagos de diferentes tipos, altimetría y tamaño, los cuales fueron los de Apan, Techac, Tecocomulco, Zumpango, Xaltocan, Texcoco y el de Chalco-Xochimilco.

De esa manera, el Valle de México llegó a poseer nueve mil 600 kilómetros cuadrados los que, con el transcurrir del tiempo y el desagüe de los lagos, fueron disminuyendo de manera dramática. Para 1881 ya solamente eran 230 kilómetros cuadrados; 10 años después 95 y, para el año 2000, apenas alrededor de 13 kilómetros cuadrados. Asimismo, de las casi 20 zonas chinamperas desaparecidas de la ciudad, prácticamente la mitad murió durante el siglo pasado debido a la falta de agua.

Al hablar acerca de la muerte de los lagos del Valle de México, la especialista destacó que las deprimentes condiciones que actualmente se ven en Xochimilco son las que prevalecen en toda la Ciudad de México, de ahí que, al ser un sistema, las líneas de acción deben compartirse, principalmente, por las delegaciones aledañas.

Los antiguos lagos dentro de la conformación del territorio actual de la Ciudad de México

«Toda cuenca tiene una capacidad de producción del vital líquido para el mantenimiento de cierto número de habitantes, así que conforme a estudios realizados por expertos de la Universidad Autónoma Metropolitana, en el caso de la Ciudad de México no se puede rebasar la distribución (del vital líquido) a seis millones de habitantes, cuando en la actualidad estamos viviendo 20 millones», precisó la especialista en hidrología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Lo anterior revela que el problema se encuentra en las políticas demográficas de distintos gobiernos, al apostar por la sobrepoblación de los mantos acuíferos y la extracción de la red Lerma-Cutzamala, pero sin buscar el desarrollo social en otras entidades.

«No es que el agua se encuentre mal ubicada, nosotros somos los que estamos mal ubicados. Mientras no se quiera ver esta realidad será difícil llegar a consensos para realmente hacer de la capital un lugar sustentable. Incluso, conforme a mediciones que se llevan a cabo en el área del aeropuerto, el nivel del suelo baja un metro cada año», expresó.

Naranjo precisó que Xochimilco ya no funciona como un lago, es decir, no posee una entrada natural de abastecimiento de agua, como tampoco una salida. Actualmente, el 95 por ciento del vital líquido para el área de Xochimilco proviene del Cerro de la Estrella, localizado en Iztapalapa.

«Se trata de agua tratada por un proceso secundario, de buena calidad. Sin embargo, los vecinos de la planta tratadora de agua en Iztapalapa piden que ésta sea reubicada debido a los malos olores que despide, pero si eso llega a suceder, si se corta el abastecimiento de agua, Xochimilco apenas si tardaría una semana en desaparecer», dijo.

María Francisca Naranjo, quien coordina el grupo académico referente a dicho tema del plan Unesco-Xochimilco, destacó que la captación de agua de lluvia para resolver esa problemática es poco viable, al menos a gran escala, debido a que para ello se requiere de «ciertas condiciones geológicas» y al ser el Valle de México una cuenca abierta al desagüe constante que por siglos se ha efectuado (recordemos que originalmente era cerrada), lo anterior no prosperaría.

«Al año llueve más o menos una capa pareja de 700 milímetros. Es muy poca agua en realidad, además, también debe considerarse la cantidad de la misma. En la ciudad se consumen al día alrededor de 130 litros por persona, el almacenaje de agua en una casa es viable, pero no así en un edificio de departamentos», explicó.

«El plan Unesco-Xochimilco intenta que haya una solución mediante la participación de las partes involucradas (gobiernos federal y capitalino), pero no se trata de un proyecto determinado. Hasta el momento se han compartido experiencias con expertos franceses, debido a que en la parte norte de aquel país también poseen otro tipo de sistema chinampero».

No obstante, dijo, a pesar de que los problemas sean similares entre una y otra nación (la invasión a terrenos por parte de grupos promotores de vivienda y las fugas de agua, por ejemplo), la diferencia radica en la escala de los mismos. Para el 2005 asistirán especialistas de la zona de Hortillonages, cercana a la ciudad de Lille, Francia.

«Primero hay que saber qué es lo que se quiere. Si deseamos que la Ciudad de México siga creciendo o se desconcentre o sólo queremos que se queden seis millones de habitantes. De no ser así, pues entonces que se comience a desalar el agua del mar, procedimiento barato pero, no así, su traslado hasta la capital», subrayó.

«Hace cinco años se gstaba en el bombeo de la red Lerma-Cutzamala hacia la Ciudad de México un millón de dólares diarios. Ahora requerimos consensos, voluntad política y conciencia ciudadana acerca de la problemática», finalizó. ♦

Portada de la revista Nosotros número 82 de julio de 2005

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