Cuitláhuac, una aproximación al significado del topónimo
Por Pedro Ortega Ortiz, María Lourdes Aburto Osnaya, Jesús Galindo Ortega, José Luis Galindo Ortega | Revista Nosotros, Núm. 57 | Febrero de 2003
A raíz del hallazgo arqueológico de cinco excepcionales braseros ceremoniales en terrenos ejidales de Tláhuac en 1995, y de la creación del Museo Regional Comunitario Cuitláhuac en el año 2002, hemos emprendido la tarea de impulsar el estudio y rescate del Patrimonio Natural y Cultural de nuestro territorio, importante reducto de la geografía chinampera que se localiza al sur de la cuenca de México. Agradecemos a la Revista Nosotros el espacio que nos brinda para difundir algunos aspectos del proceso histórico de la localidad y deseamos a su director y equipo de investigadores éxito y progreso en su trascendental labor informativa.
El nombre de una comunidad, pueblo o territorio es uno de los rasgos que caracterizan y ayudan a comprender la esencia de su identidad, unidad, ámbito paisajístico, costumbres y tradiciones. Por lo tanto, es fundamental tratar de conocer e identificar tanto el entorno ambiental como las raíces mítico-religiosas y culturales que nos aproximen a las coordenadas de tiempo y espacio del origen y significado de su nombre.

El toponímico de Cuitláhuac adjudicado desde tiempos ancestrales a la isla, localizada al centro del antiguo Lago de Chalco, y que ahora conocemos como Tláhuac –aféresis de Cuitláhuac–, actual cabecera de la delegación política del mismo nombre en el Distrito Federal, ha provocado interesante controversia respecto a su significado.
Varios autores describen en forma literal a Cuitlahuac como lugar que significa «excremento –o excrecencia– de los dioses»; otros derivan su nombre de «algas lacustres» o, bien, en «agua de caca seca dura», versiones que creemos adolecen del debido análisis e interpretación dentro del marco conceptual mesoamericano.
Cuitlahuac es un vocablo náhuatl y tratar de entender el sentido profundo del lenguaje indígena, implica, en primer lugar, comprender que sus formas de expresión eran más de carácter ideográfico y sus significados sagrados y esotéricos vinculados a los fenómenos naturales, deificados o sagrados.

Es decir, toda manifestación cultural mesoamericana plasmada en la planificación de sus asentamientos, la arquitectura, pintura mural, escultura, códices, concha, metal y cerámica, eran manifestaciones de la energía creadora de los dioses que se desplegaban en forma dual sobre la realidad, en los niveles celeste, terrestre y del inframundo; así por ejemplo, día-noche, vida-muerte y sequía-fertilidad, en los que se mostraba su poder benéfico o destructivo.
Siguiendo esa línea de pensamiento, nosotros planteamos que Cuitlahuac proviene de la raíz: teocuitlatl, vegetación u oro; atl, agua; hua, posesivo, de; y c, locativo, que puede significar «vegetación nueva», «oro del agua» o «vegetación del paisaje lacustre», concepto que es contraparte de la época de sequía, tierra reseca, o sea tierra sedienta de lluvia o agua.
Para llegar a esta propuesta se revisaron algunos códices, pictografías e himnos indígenas que aluden a este concepto, no como excremento ni mucho menos a moneda, sino más bien como la concepción sagrada de la renovación, nueva capa vegetal o «vegetación nueva», cuyo ciclo de crecimiento y desarrollo culminaba en los terrenos de cultivo de temporal y chinampero con el cereal básico de la civilización mesoamericana: el maíz. El «jefe guerrero ha nacido», como veremos más adelante.
Bosquejo geográfico cultural
La zona lacustre del sur de la cuenca de México comprendía los lagos de Chalco y Xochimilco. En el siglo XVI los espejos de agua de ambos lagos abarcaban un área de aproximadamente 260 kilómetros, y a causa del caótico crecimiento urbano, para mediados del siglo veinte sólo alcanzaban escasos 13 kilómetros. En ese escenario o paisaje sagrado para nuestros antepasados, florecieron varios centros culturales al amparo de corrientes de agua permanente como manantiales, ríos y lagunas de invaluable biodiversidad.
Para el Horizonte Preclásico (a.C.) existieron importantes asentamientos humanos localizados en islas y riberas del Lago de Chalco, entre los que podemos mencionar los de Tlapacoya, Temamatla, Xico, Tlaltenco, Ixtayopan, Xochimilco u Culhuacan. Durante los horizontes Clásico y Posclásico (d.C.) se tiene el registro de asentamientos con rasgos de las culturas teotihuacana, tolteca, chalca, olmeca-xicalanca, chichimeca y azteca.
De estos grupos se tienen evidencias arqueológicas en Chalco, Tlalmanalco, Tlalpizahuac, Xico, Ayotzingo, Mixquic, Tetelco, Tulyehualco, Acatla, Santa Catarina, Zapotitlan, Cuitlahuac, Tlaxialtemalco, Atlapulco, Acalpixca, Xochimilco y Culhuacan. En algunos sitios se encuentra una estratigrafía cultural desde el Preclásico al Posclásico.
La isla de Cuitlahuac –compuesta por cuatro barrios– se ve afectada a mediados del siglo XV en su emplazamiento, durante el dominio azteca, debido a la expansión de obras agro hidráulicas –los lagos albarradones, calzadas, acueductos, puentes y compuertas–, entre ellas el dique –calzada de Cuitláhuac–, que la uniría por el norte con Tlaltenco y hacia el sur con Tulyehualco. Esa obra se realiza durante el mandato de Moctezuma Ilhuicamina (1440-1469 d.C.). A partir de ese momento, el gran lago de la cuenca de México queda dividido en Chalco y Xochimilco. Algunas de esas obras estuvieron a cargo del Huey Tlatoani Nezahualcóyotl, quien a través de ellas trató de evitar inundaciones en la urbe mexica y, sobre todo, controlar y mantener un buen nivel de las aguas de los lagos, con el fin de garantizar alta hidratación y fertilidad en las chinampas.
El sistema agrícola de chinampas alcanzó mayor desarrollo durante el Horizonte posclásico, de esa forma los pueblos del sur de la cuenca se convirtieron en estratégicos graneros de maíz que, vía del tributo, abastecían a la gran Tenochtitlan.
Paisaje y origen mítico-histórico
En los Anales de Cuauhtitlán o Códice Chimalpopoca –obra que aborda parte de la historia tolteca, chichimeca y azteca–, se refiere que «el dios Iztac Mixcóatl (serpiente de nubes blancas) se vino a meter al juncal de Cuitlahuac». Clara alusión al emplazamiento de la isla rodeada de tules y la referencia de carácter mítico de su génesis y dios principal de influencia cultural tolteca (Anales de Cuauhtitlán).
En la revisión del Códice Xólotl encontramos que en la Plancha IV, Cuitlahuac aparece representada por la figura de un círculo, evidente idea de una isla, rodeada por 10 elementos en forma de vírgula, ícono de teocuitlatl, vegetación, y de 16 «chalchihuites», piedra verde, concepto de sagrado o precioso. Esta imagen se puede interpretar como isla ceñida de agua sagrada y vegetación. En las planchas V, VI, VII y X, únicamente aparece la figura de una vírgula y se encuentra rodeada en algunos casos, por «chalchihuites» y, en otros, por corrientes o chorros de agua. En estos casos se otorga a Cuitlahuac sólo el concepto de vegetación, rodeada por agua que brilla con resplandores de jade, y tal vez las corrientes de agua se pudieran referir a manantiales que brotaban en las inmediaciones de la misma isla, desde luego, al pie de la Sierra Chichinautzin. No hace más de una década que aún podían observarse en algunos de los barrios de Tláhuac los «ojos de agua».
Cuitlahuac aparece representada en la Tira de la Peregrinación o Códice Boturini en las láminas I y II, bajo la modalidad de «calli», casa o cabecera del asentamiento en una isla y, anexa a ésta, posiblemente, un espacio «atlalli» o terreno flanqueado por una corriente de agua, lo cual podría referirse a tierra irrigada o, tal vez, chinampa. Cabe destacar que en la Lámina 1 existe una referencia a la fecha, «uno cuchillo de pedernal» (1168 d.C.), y en la Lámina 2, sobre la imagen de «calli», se registra una figura estelar que puede vincularse a la Vía Láctea y, por lo tanto, a su dios tutelar.
En resumen, se tiene como dato relevante la fecha de 1168 (d.C.), la cual se correlaciona con el momento del colapso tolteca y la identificación de Cuitlahuac junto con otros pueblos, frente al grupo mexica durante la peregrinación.
Una de las figuras, tal vez la más conocida sobre Cultláhuac, es la que se plasmó tanto en la Matrícula de Tributos como en el Códice Mendocino. En ellos, se tiene la pictografía de un perfil de corte transversal de un canal o «apantli» que representa la idea de laguna o río, de donde emerge una vírgula «teocuitlatl» o vegetación. Se puede interpretar como la acción del dios solar que irradia su poder creativo a la madre tierra y junto con el agua –principio de cuanto existe– brota, emerge la vegetación.
Creemos que la figura de vírgula, que en pictografías indígenas se usa para representarla comunicación o palabra, es como para el símbolo de Cuitlahuac una acción para expresar irradiación o energía creadora.
Ahora nos vamos a referir a un documento conocido como Mapa Yndio, que procede de San Gregorio Atlapulco, Xochimilco, población próxima a Cuitlahuac, y que data del año 1599. En ese documento se registra un dato clave para comprender el significado del glifo de nuestra localidad, ya que ahí se representa a Cuitlahuac como una planta acuática, posiblemente un tule, que aparece en la sección central de una figura en perfil de un canal o «apantli»; esto es, en medio de la laguna, la isla como vegetación. Creemos que esta información gráfica nos ofrece mayor aproximación al concepto de teocuitlatl como vegetación o como «oro del agua», forma metafórica como «oro negro» para expresar del petróleo riqueza y, en nuestro caso, acción o irradiación del dios supremo sobre la naturaleza, riqueza divinizada.
Para fray Bernardino de Sahagún, Cuitlahuac significa «lama de agua», concepción que viene a reforzar la idea de vegetación y que sus informantes indígenas le ayudaron a conocer y definir con cierta precisión sobre esta población del ámbito lacustre. Así pues, para la segunda mitad del siglo XVI, tanto en el Mapa Yndio (Corona, 1990: Lam. 3) como en la referencia de Sahagún (1828:926) encontramos valiosa información que se articula y armoniza con el pensamiento y raíces autóctonas.
Finalmente, presentamos una invaluable referencia de la memoria colectiva indígena expresada en una bella obra literaria, oración o himno sagrado a Xipe Totec, numen del complejo agrario, que nos ayuda a comprender la riqueza simbólica que encierra el vocablo Cuitlahuac, que como hemos venido planteando, puede derivarse de un concepto que subyace en el mundo mágico religioso y esotérico de nuestros antepasados.
Xippe ycuic totec yoallauan
Himno sagrado náhuatl
Oh, bebedor nocturno, ¿por qué te haces de rogar por qué te escondes?
Tu vestimenta dorada ¡póntela!
Oh dios, tu agua de jades ya baja por el arroyo.
El ahuehuete brota plumas de quetzal.
La serpiente de fuego se ha vuelto serpiente quetzal y se aleja la serpiente de fuego.
Que no perezca yo, la tierna planta de maíz.
De jade es mi corazón veré el oro del agua.
Me alegraré si madura pronto.
«El jefe guerrero ha nacido».
Mi Dios, haz que haya abundancia.
De plantas de maíz tu devoto vuelve su mirada a tu montaña.
Me alegraré si madura pronto «El jefe guerrero ha nacido».
Que llueva que la tierra se cubra de vegetación (teocuitlaquemit).
Tu agua sagrada, preciosa descendió.
La xiuhcóatl se convierte en Quetzalcóatl.
La sequía ha terminado ha llegado la fertilidad.
Centeotl dios del maíz –advocación del dios solar–.
Ha nacido la vegetación nueva; ha nacido el maíz.
Invocación para que haya abundante cosecha de maíz.
(Sahagún, 1982:180 ~ Interpretaciones de: Barlow, 1963; Tena, 1969, y adaptación de Pedro Ortega Ortiz)
Conclusiones
Cada texto revisado nos traslada a analizar cuidadosamente el contexto de las representaciones pictográficas o los conceptos ideográficos sobre el vocablo Cuitlahuac. Así, desde su génesis se recrea el escenario lacustre; luego, tenemos los íconos de círculo o isla, «calli» y vírgula, vinculados al agua sagrada; o, bien, la contundente imagen visual de vegetación plasmada en el Mapa Yndio; o la bella oración náhuatl –versión metafórica– dedicada a Xipe Totec en el mes de Tlacaxipehualiztli, donde se invocaba al espíritu de la lluvia para fertilizar la tierra reseca –xiuhcoatl– y que se convierta en tierra florida –serpiente quetzal–, que cambien la piel de la tierra, que renazca, que se ponga el «vestido dorado», teocuitlaquemitl o vegetación, y que con ella llegue la apoteosis del rito agrícola: una abundante cosecha de maíz. Con esta acción se resumía para los pueblos mesoamericanos la resurrección de la naturaleza.
Así pues. La aproximación al significado de la palabra Cuitlahuac para nosotros deriva de teocuitlatl, vegetación, elemento que surge de la irradiación de la energía creativa sobre la naturaleza de la tierra y el agua. De tal manera que también nos podemos referir a Cuitlahuac como «oro del agua» o vegetación del paisaje lacustre, si el ancestral pensamiento autóctono consideró como oro o riqueza a teocuitlaquemitl vestido dorado o «vegetación nueva», componente básico de la concepción dual sequía-fertilidad.
Convocatoria
Hoy, la Alianza de los Barrios de Tláhuac y el Museo Comunitario Cuitlahuac exhortan a la población a que nos unamos en el rescate de nuestro patrimonio natural y cultural, costumbres y tradiciones, raíces de nuestra identidad, debido a que nuestro territorio, con sus espejos de agua, flora, fauna y chinampa, son el reducto del espíritu lacustre de nuestros antepasados, quienes vieron en la naturaleza la morada de sus dioses, de ahí que estos vivían en armonía con el paisaje sagrado.
Hoy más que nunca, debemos revalorar nuestras tierras chinamperas y ejidales, herencia de nuestros padres y abuelos. En los últimos 50 años se ha presentado la mayor crisis agrícola en Tláhuac por la excesiva extracción de agua de los manantiales, se encuentra en riesgo la extinción de la flora y fauna de lagos y canales. Las tierras de cultivo ahora se riegan con aguas de descarga urbana y cada día la expansión de la mancha citadina cubre con pavimento y basura nuestro territorio. Esa es la nueva cara del paisaje siniestro y contaminado de la Cuenca de México.
Es urgente tomar conciencia y acciones decisivas para planificar el crecimiento natural urbano de Tláhuac, detener las invasiones de conjuntos habitacionales, proteger legalmente el territorio como reserva ecológica estratégica y recarga del manto acuífero; en resumen, rescatar nuestro patrimonio natural y cultural. Ya no más desencuentros o confrontaciones con la naturaleza, pues estamos en la antesala de un inminente colapso urbano y ecológico.
Hace más de 10 siglos, Cuitlahuac fue un emplazamiento en equilibrio con la naturaleza, hoy sólo queda el recuerdo de una isla o asentamiento inexpugnable, producto de la magia del agua, heredera de los toltecas y sabios. Te invitamos a reconstruir el proceso histórico de la localidad en el Museo Regional Comunitario Cuitlahuac, e impulsar estudios, propuestas e investigaciones que coadyuven en la educación y progreso de los pueblos chinamperos del sur de la Cuenca de México. Hoy al fin podemos, si queremos, proteger y conservar nuestro patrimonio. Es la herencia para nuestros hijos. ♦
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Obras consultadas
Anales de Cuauhtitlan. Códice Chimalpopoca. UNAM, México, 1975.
E. Tibble, Charles. Códice Xólotl. Edición, Estudio y Apéndice. México, 1980.
Corona, Octavio. Datos históricos y evolución arquitectónica de San Gregorio Magno. Tesis. San Gregorio Atlapulco. ENA. México, 1990.
Orozco y Berra, Manuel. «Códice Mendocino. Ensayo de descripción jeroglífica», en Anales del Museo Nacional de México. México, 1877.
Sahagún, Fray Bernardino de. Historia General de las Cosas de Nueva España. Editorial Porrúa, México, 1982.


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