Lo que el viento no se lleva. Poemas de Félix Martínez

• Félix Martínez Torres (Minatitlán, 1962), es poeta y narrador mexicano. Algunos de sus poemas aparecen en varias antologías. Pertenece al taller de apreciación y creación literaria del doctor Adán Echeverría-García

PALABRAS QUE EL VIENTO

no se lleva,
porque nacen vivas, tienen peso específico,  
medida en longitud 
altitud, y duración: 
retroceden y  
avanzan y
reptan y
aparecen en papel.

Están en las estrellas y 
en una bola de cristal:

Algunas palabras con afecto llegan al oído,
cantan en el aire, 
tienen un sonido cálido
entran por los ojos

Algunas hacen gestos,
o con su sola mirada ¡hablan!

Su mensaje se pega en alguna parte 
de la frente; de una boca torcida los vocablos
lastiman

Otras son como pesadilla;
con el paso de los años horadan el cerebro,

entran lentas
se escabullen y agazapan.

Con el tiempo surgen de una música lejana,
con ese mensaje antiguo de guitarras y versos
convirtiéndolo en un cadalso 
sin horca.

Algunas palabras emergen como cucarachas
brotan de la herida amarillenta,
salpican; 
se vuelven puñal, piedra, balas.

¿Cómo llamarlas olvido?

Se tragan las palabras como vómito,
nunca debieron expresarse
son como las casas 
sin cimiento,

destinadas a no dar refugio
¡harán eco en los manicomios!

En las cárceles e iglesias,
en cancillerías y escuelas,
las palabras bajan suben,
se posan en la parte 
más delicada
para matar 
o dar la vida.



¿POR QUÉ SE FUE DIEGO?

A Ruth Martínez y Alicia Leonor

Un aire intenso movió sus neuronas,
las trasladó a otros espacios,
su pensamiento viajó primero.

Puso movimiento a sus pies, una tarde fría
con luz naranja;  
salió del pueblo por el camino del norte.

Volteó por última vez con tristeza,
una figura extendía su mano despidiéndolo.

Diego pensaba en el norte,
en grandes rascacielos;
le gustaban las alturas las grandezas, 
llegar allá
al fausto.

Su vida fue mezquina, poco amor, sin dinero:

Le raspaba la idea,
de subir por el camino ignorado
la intuición le decía dónde debía doblar
a cada esquina.

Todos podemos llegar si indagamos un destino
y así avanzó 
abría los ojos al camino,
para no olvidar
la ruta de regreso.

Tarde fría y gris le recibió en otra ciudad,
otro país
el aire espeso era distinto, hasta el color del cielo
y los ojos de la gente.

Yo aún pregunto ¿Por qué se fue Diego?
¿su inquietud fue satisfecha?
sus ojos aún denuncian búsqueda,
sus pasos no se detienen.

Algún día tal vez termine
y se dé cuenta, que llegara a su destino
cuando se encuentre.
EN EL AIRE

Escribí mi texto por la noche.
En mi cama aún no se secan los orines.

¡No! Yo no tengo osito de peluche: 

estos miedos se evaporan
con los sudores de la noche bochornosa.

Me dicen que no soy viejo si me incorporo 
en un solo pie, 
lo logro
con los dos, 
y con las dos manos

después tomo mi bastón.

Le tengo respeto a la polvareda que impregna
en las tardes ventosas, 
a las partículas que vagan en el ambiente
que respiro, 

es la vida de otros tiempos que me enseña 
que hay cambios

hoy escribo en este cuerpo 
y mañana cantaré de nuevo.

Soy el niño, el anciano, 
polvo en el aire.
SILUETAS

La sombra es mi huella cuando no puedo ir, 
es mi emisaria obediente que va adelante, 

a veces me sigue detrás, siempre silente, 
siempre cercana. 

Es en el reflejo de mis huesos, de mis ojos 
de lo que pienso, donde se proyecta. 

Yo sonrío, ella callada solo asiente, 
me lleva a lugares desconocidos, 
y en las noches cuando regreso solo, 
ella descansa. 

Busco las sombras de mis espíritus buenos, 
que marcharon conmigo por años, 

que se volvieron oscuridad, 

con las que extraje 
el sabor, 
atrapando luz, para que me acompañen 
a mirar el crepúsculo de mis soles. 

Las oscuras, furtivas; 
las que de noche salen 
a indagar secretos, 

y sueltan víboras en los sueños. 

Su castigo es volverse luz 
desaparecer 
en eclipses y cometas. 

Lentamente el sol se va al sarcófago. 

Mi sombra, quién sabe
si mañana se ausente 
para siempre.
EL CIRCO 

Dura quince días en el parque, 
llega año tras año, 
con sus promesas de risas e ilusiones.

El anciano aprieta sus boletos 
en la banca de la plaza
y piensa 
¿cómo evitar el paso del tiempo?

¡¿Cambiando de banca?! ¿modificando su idea?
¡así le suben los años! 
se le desparraman en los ojos
las piernas, el rostro.

Van buscando dónde rayar su historia, 
en la frente unos
en las bolsas de los ojos, 

en las rodillas que se quejan
donde se nota la brecha en el rostro,

son décadas que deja el calendario;
ese pensamiento que se repite mil veces,
en el anciano de 80
que aún corre la milla
veloz como su mente.

El senil se vuelve más inteligente
¿o sólo ha vivido más?

la ruta de su vida hecha de arrugas 
con historia,

pero se volvió flojo el subconsciente.

Otra vez llega el circo
y aún no sabe si mamá
le planchó el pantaloncito corto
para estrenarlo,

Puede ser que lo invite el payaso 
a ser malabarista
en lugar de solo espectador.
IDEARIO

Las ideas son simples o escabrosas,
superficiales o intimas, 
llegan van y regresan ligeras,
fluyen hacia otras zonas,
se encadenan e inicia el idilio.

Entre ellas no se entienden
chocan luchan 
y solo una resiste;

hay otras que se quedan
en la punta de la mente.

Las hay viajeras, que dan vuelta a la tierra
y se quedan ahí 
revoloteando

para encontrar su lugar
se quedan en el aire
por si encuentran un cerebro.

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