El charro, símbolo del folclor nacional y Patrimonio de la Humanidad

• Durante el mandato del presidente Manuel Ávila Camacho (1940-1946) la charrería fue declarada «deporte nacional»

Por Manuel Garcés Jiménez*

«Vestirse de charro, es vestirse de México».

Manuel Benítez Carrasco[1]

El uno de diciembre de 2016 el Organismo de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró al charro mexicano Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad, por considerarse símbolo de amistad, tradición, disciplina y cultura. Años antes, por decreto emitido el 14 de septiembre en 1932 por el entonces presidente de la República, Pascual Ortiz Rubio, se declaró su día el 14 de septiembre.    

La declaratoria de la Unesco distinguió al charro porque «permitirá una mayor vinculación de los valores que promueve la charrería como Patrimonio Cultural Inmaterial en general y se garantizará su transmisión a las siguientes generaciones, al permitir la creación de nuevos espacios para la práctica de la charrería de manera colectiva e individual».

Con el importantísimo nombramiento suman ya ocho expresiones culturales vivas que tiene nuestro país, por lo que retomamos lo dicho por Juan José Rodríguez Cervantes, quien fue integrante del Consejo de la Crónica de la Charrería de la Ciudad de México, en el sentido de que fue el portugués fray Pedro Barrientos el primer instructor de equitación, porque enseñó a los indígenas la crianza y el cuidado de caballos, y los introdujo en el arte de domarlos, montarlos y correrlos; al igual que lo hizo el beato Sebastián de Aparicio en el estado de Puebla.

Fotografía Janet Jarman, 2007 | Unesco

Los orígenes de lo que después sería la charrería datan desde la invasión española, con indígenas que montaban caballo a pelo por motivos del trabajo que realizaban, después éstos emplearon una zalea en el lomo del animal, generalmente de borrego sujeta con cordeles, y sin estribos cabalgaban con las piernas extendidas, hecho que influyó en la postura del jinete mexicano.

Más tarde, comenzaron a hacer desafíos con tal de demostrar quién era el más habilidoso en la monta, y fue entonces cuando empezó a considerarse deporte lo que hacían y no tardó esta actividad en convertirse en celebración. Así nació la charreada y con ésta una fiesta popular.

Posiblemente fue a mediados de la mitad del siglo XVI cuando comenzó a tomar forma la silla de montar, poco a poco se fue moldeando la cabeza de la misma hasta llegar a su forma redondeada y ancha, tal y como la conocemos hasta nuestros días.

La palabra charro es parte de nuestro léxico cotidiano. Su figura caricaturizada en el Charrito Pemex, aparece a fines de los años 40 con la nacionalización del petróleo, volviéndose un símbolo con las piernas arqueadas. Pero también se populariza gracias a los intérpretes de temas rancheros en el cine mexicano con películas en blanco y negro, protagonizadas por charros como Jorge Negrete, el «charro cantor», además del «Charro Avitia».

Fotografía Janet Jarman | Unesco

La admiración y disfrute de los mariachis se dio en los años 70 con la interpretación del «Charro Ponciano», con Oscar Chávez. Ahora que si de política se trata ahí se dio el «charrismo sindical», aforismo dado al líder sindicalista ferrocarrilero anti obrerista Jesús Díaz de León, alías el «Charro», quien por su gusto a la domesticación de caballos resultaba muy común verlo vestido de charro. Como común fue su servilismo durante el sexenio de Miguel Alemán Valdés (1946-1952), y su fama de rompehuelgas como la de los ferrocarrileros que lideraron Demetrio Vallejo y Valentín Campa.

¿Qué es el arte de la charrería?

Es saber montar a caballo y portar con garbo los trajes confeccionados y adornados con botonaduras de oro y plata, acompañados de escaramuzas y vestimentas de Adelitas. Durante el mandato de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) como presidente, la charrería fue declarada «deporte nacional».

Fotografía Janet Jarman | Unesco

La charrería como deporte es única y singular de nuestras tradiciones, y por ende, es la esencia  de mexicanos y mexicanas en diversas acciones y manifestaciones diversas, lo que llama la atención a propios y extranjeros como son la Cala de caballo, los Peales en el lienzo, las Colas en el lienzo, los Jinetes de toros, la Terna en el ruedo, los Jinetes de yeguas, las Manganas a pie, las Manganas a caballo, el Paso de la muerte, la Escaramuza integrada de bellas mujeres, el Jarabe tapatío y el Floreo de reata, entre otros.

En 1921 fue fundada la primera Asociación Nacional de Charros, por consiguiente se fueron constituyendo otras más como el 16 de diciembre de 1933 con el Primer Organismo Rector del deporte charro a nivel nacional, le continua la Federación Nacional de Charros, como se dijo anteriormente, ya para entonces, en 1932, don Pascual Ortiz Rubio, Presidente de México había emitido el decreto para considerar el 14 de septiembre como el Día del Charro y al año siguiente Abelardo Rodríguez declara a la charrería como el «Único Deporte Nacional», de ahí que ahora sea parte indispensable en las festividades cívicas del 16 de Septiembre y el 20 de Noviembre, con el desfile de cuadrillas en las calles de la Ciudad de México y de todo tipo de poblaciones en entidades federativas.

Fotografía Janet Jarman | Unesco

Respecto al traje, se señala lo siguiente: «Después a la invasión peninsular los indígenas vestían camisa y calzón de manta para protegerse de las rudas faenas cubriéndose con cuero, principalmente con gamuza de venado el tórax con la cotona, las piernas con las calzoneras y las botas de campana, los pies con zapatos de dos riendas y la cabeza con el jarano, sombrero de ancha ala; piezas que dieron origen al traje de chinaco, mismo que cambió su forma bajo la influencia que dejó Maximiliano de Habsburgo, al cerrar completamente las calzoneras de los lados y sustituir los huaraches y zapatos de la época, así como los ceñidores, por los botines de origen inglés y el cinturón, respectivamente. Las corbatas se fueron haciendo de moñito y los sombreros, más estéticos, tomando las formas y estilo pachuqueño y de hacendado»[2].

A través del tiempo, la charrería ha dado un viraje hacia lo placentero, una recreación, un divertimiento, un verdadero símbolo viviente al lado espiritual con la Virgen de Guadalupe y de los símbolos patrios con sus suntuosas monturas, espuelas y frenos. Aunado al folklor tenemos el jaripeo, peleas de gallos, carreras parejeras, carreras de cintas, el gallo enterrado, en fin, todo lleno de algarabía y regocijo popular, por lo que vestirse de charro da orgullo especial. El ser charro es mostrar valentía, es tener nervios de acero como se ve a través de nuestra historia durante la Revolución con la personalidad del general Emiliano Zapata Salazar.

Al sureste de la Ciudad de México se aprecian estos personajes durante los carnavales de San Francisco Tlaltenco, Santiago Zapotitlán, Santa Cruz Meyehualco, San Lorenzo Tezonco y Chimalhuacán, aparecen con la elegante vestimenta en sus diferentes variantes donde salen a relucir las botonaduras de oro y plata, elegantes sombreros que incluyen pistola al cinto.

El charro está presente en leyendas que contaban los bisabuelos, decían que se aparecía entre penumbras de la noche y al calor del tlecuil[3], así lo narraban a hijos y nietos en la del «Charro negro», sinónimo de malignidad, según la versión que platican los nativos de San Francisco Tecoxpan, Milpa Alta. Se relata que cuando los habitantes de Tecoxpan, Miacatlan y Tlacotenco bajaban por agua al paraje de Noxcalco en Tecómitl, necesariamente pasaban por el antiguo camino, como a la mitad en la orilla descansaban abajo de un frondoso árbol de ahuehuete, es ahí donde se aparecía el charro, y con tétrica voz decía a los viajeros: «Ya no vayan a Noxcalco, aquí abajo del ahuehuete hay bastante agua, solo denme varios niños, el agua brotará a borbotones».

Fotografía Janet Jarman | Unesco

No olvidemos que el nombre de «charros» se les da a los frijoles negros aderezados con chicharrón, «frijoles charros», incluso en el mercado es posible encontrar las «tostadas charras»,y claro, la interjección popular: «¡charros, charros, charros!», que denota sorpresa o bien para indicar a alguien «¡párale, párale!» 

El ser charro está ampliamente difundido por elsreste de la Ciudad de México, en Tláhuac, por ejemplo, existe la Asociación de Charros; mientras que en 1963 surgió la fundación Charros del Pedregal, en San Ángel, institución que ha tenido en sus instalaciones a connotadas figuras de renombre internacional como la reina Isabel II y el papa Juan Pablo II, quienes han disfrutado de las suertes de la charrería mexicana. ♦

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*Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

Bibliografía:

Huerta Rivera, José. «Breve historia de la charrería». Imprenta Aboitiz, SA de CV.

Juan Ignacio Rodríguez Cervantes, integrante del Consejo de la Crónica.

La Jornada, 2 de diciembre del 2016.


[1] Poeta español.

[2] Juan Ignacio Rodríguez Cervantes, integrante del Consejo de la Crónica.

[3] Se entiende como tlecuil al fogón integrado con tres piedras (tenamaztles) colocadas a ras de suelo donde las abuelas cuecen los alimentos con fuego de leños.

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