La guerra de Independencia y los niños que en ella participaron
Revista Nosotros, Núm. 128 | Septiembre de 2009
Infantes como Narciso Mendoza –de 11 años–, Martín Carrera –nueve años–, Mariano Arista –11 años– y Juan Nepomuceno Almonte –ocho años–, por mencionar sólo algunos, de corta estatura e inocentes rostros, durante el siglo XIX tuvieron por lugar de juego y escuela un campo de batalla, en el que al igual que los adultos participaron en los combates de la guerra de Independencia de México en contra de los españoles.
Su participación en los distintos momentos de la vida histórica de México fue relevante, como señala el historiador Raymundo Alva Zavala, y su ingreso a los ejércitos se daba de manera precoz, prácticamente después de haber llegado a lo que hoy se denomina tercera infancia –entre los siete y ocho años–, cuando ya habían sobrevivido a enfermedades como la viruela y el sarampión.
«A partir de esa edad ya se les tomaba en cuenta como parte de la ‘gente de razón’, porque durante el siglo XIX las condiciones sanitarias no eran tan favorables, y ello repercutía en índices de mortandad infantil extremadamente altos», dice el investigador del INAH en su estudio relativo a la participación de menores en la guerra independentista.
«No es posible explicar la participación de algunos personajes de la historia de México sin conocer, en primera instancia, cuál fue el origen de su incursión en la vida pública del país. Porque de repente los encontramos dirigiendo ejércitos en su edad adulta, pero muchos desconocemos que su ingreso se dio desde la niñez, es decir, hay una larga historia detrás», establece.
Otros de los pequeños que incursionaron en los campos de combate en la guerra de Independencia fueron José Timoteo Rosales –11 años–, Vidal Alcocer –13 años–, Pedro María Anaya –de entre 15 y 16 años–, Antonio López de Santa Anna –16 años– y Manuel Lombardi –12 años–, quienes fueron cadetes del Ejército Realista, y para el año 1821 se unieron al Ejército Trigarante, ayudando a consumar el movimiento de la Independencia del país.
Previamente a ese año, durante el sitio de Cuautla en 1812, destacó la defensa del lugar por la Compañía de Niños del Ejército Americano, mejor conocido como «Los Emulantes». El batallón infantil era dirigido por Juan Nepomuceno Almonte, hijo de José María Morelos y Pavón.
«A decir del propio José María Morelos, fueron estos pequeños quienes rompieron el fuego frente al ataque del general realista Félix María Calleja», indica el historiador al referir que en esta batalla sobresalió la participación de Narciso Mendoza, quien con tan sólo 12 años prendió la mecha de un cañón y lo disparó en contra del ejército enemigo, haciéndolos retroceder. Su proeza le valió pasar a la historia como el «Niño Artillero».
Alva Zavala, responsable del Departamento de Comunicación Educativa del Museo Nacional de las Intervenciones, refiere que México hacia el siglo XIX, como un país agrario en el que imperaba la pobreza, los niños, además de entrar a los campos de batalla, también tenían que participar en la economía familiar, lo que dificultaba su asistencia a la escuela.
«Eran sujetos que también tenían que llevar el sustento a sus casas. Muchos niños se desempeñaban en la vendimia en los mercados o en labores definidas, por ejemplo en los hornos de cerámica. Esta situación impedía que los pequeños fueran a la escuela y, por ende, el analfabetismo era común en la época», apunta.
«Si para los niños del siglo XIX la vida era difícil, para las niñas era aún más cruda, porque ellas tenían que adoptar el papel de amas de casa y entrarle al trabajo al parejo que la mamá, además de servir como soldaderas durante la guerra», asienta.
«Hay que recordar que las huestes de Hidalgo y Morelos estaban en constante movimiento, y no había manera de resistir en el combate si no estaban con ellos las soldaderas, que justamente eran las esposas y las amantes, así como las niñas», relata.
«Además de preparar los alimentos para los ejércitos en campaña, las menores también desarrollaron papeles de informantes y correo».
Alva Zavala refiere que el tema de los niños en la historia no ha sido un tema abordado a profundidad, particularmente porque para el siglo XIX y anteriores, hay muy pocas fuentes documentales que ayuden a reinterpretar o acercarse a la participación de infantes en movimientos armados en México.
No así en el caso de la Revolución Mexicana, de la cual se tiene un espectro documental un poco más amplio de la participación de menores de edad, que radica fundamentalmente en registros fotográficos, concluye el investigador. ♦


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