Primeras rebeliones en México las encabezaron Canek y el Negro Yanga

• Y el Indio Mariano en Tepic

Revista Nosotros, Núm. 128 | Septiembre de 2009

Aquel silencio no fue habitual en la Hacienda de la Concepción, ubicada en algún punto de la geografía veracruzana, y sumado a la oscuridad de la noche, la más densa que los lugareños recordaban de los últimos años, con el débil viento ardiente que se estampaba sobre los semblantes sudorosos de seres empotrados en aquella exuberante naturaleza, surgieron rústicos murmullos que en cuestión de segundos taladraron el ambiente. Luego la oscuridad fue doblegada con la repentina aparición de antorchas empuñadas por manos desconocidas, mientras los incipientes susurros se transformaron en alaridos emancipadores al tiempo que una sonora voz daba indicaciones de cómo moverse sobre el terreno para rodear los campamentos donde plácidamente dormían los terratenientes españoles. «¡Préndanles fuego!», ordenó tajante el que lideraba.

Y quemaron vivos a los terratenientes españoles, y aquel que encabezaba la rebelión no era otro que Gaspar Yanga, un esclavo perteneciente a la familia real de Gabón, conocido también como el Negro Yanga, líder de los esclavos insurrectos que pelearon por su libertad en 1570, hartos de las condiciones infrahumanas a las que fueron sometidos durante extenuantes jornadas de trabajo en los cañaverales.

Fue esa noche cuando armados con palos, cuchillos improvisados y piedras, lograron escapar hacia las montañas del Cofre de Perote, la Sierra de Zongolica y el Pico de Orizaba. Ahí se adaptaron a las circunstancias y características de la zona, donde pasaron varias décadas robando ganado y asaltando diligencias para sobrevivir. Cautivos en la clandestinidad, los antiguos esclavos encabezados por el Negro Yanga estaban conscientes de su vulnerabilidad, de que en cualquier momento los que tenían el sartén por el mango los podían sorprender, por lo que un día decidieron establecer negociaciones con la Corona.

El Negro Yanga ofreció deponer las armas a cambio de que se les otorgara un territorio libre para fundar un pueblo de esclavos, pero no se dio cuenta que con la insurrección habían fracturado un régimen legal, político y jurídico basado en el sometimiento y la represión. Entonces propusieron uno nuevo, al cual adaptaron algunas obligaciones que la Corona Española exigía. Inicialmente adoptaron el nombre de San Lorenzo de los Negros y, desde 1932, se le conoce con el apelativo de «libertador».

Los nuevos habitantes libres se comprometieron a ser leales a la Corona, a colaborar en caso de guerras, a pagar impuestos, admitir a los evangelizadores y no aceptar a los negros que huyeran después de la fundación, e incluso, se comprometieron a entregarlos a las autoridades. Asimismo, se adhirieron a las nuevas leyes y reglamentos que regirían al lugar.

Además del episodio anterior, a lo largo y ancho del territorio nacional las huestes españolas sometieron a innumerables grupos indígenas y de negros para realizar trabajos forzados en condiciones infrahumanas, actos que sembraron el descontento general, lo cual se convirtió en «caldo de cultivo» para acciones libertarias posteriores.

El aire rebelde permeaba el territorio nacional, y a oídos de otros grupos esclavizados pronto llegaron las noticias de los movimientos registrados en otras latitudes, por lo que, armados principalmente con su valor y dignidad, los oprimidos organizaron nuevas acciones.

Paulatibnamente sucedieron brotes de violencia en contra de los españoles.

Otro de los episodios que ayudaron a configurar el camino independentista de México fue el que abanderó Jacinto Canek, indígena maya que encabezó la rebelión en la ciudad de Mérida el 20 de noviembre de 1761.

Conocida entonces como la Ciudad Blanca, Mérida se caracterizaba por sus altos índices de racismo y represión. El mote se origina, precisamente, de la intención que tenían las autoridades de aquel entonces por convertirla en un lugar donde únicamente vivieran personas de raza blanca, no por el mármol ni por la pintura de alguna de sus construcciones.

Motivado por esta situación y al ser protagonista de las condiciones en que miles de sus compañeros vivían, Canek organizó a un numeroso grupo de indígenas, los cuales a pesar de no contar con los recursos  necesarios para un enfrentamiento, obtuvieron su libertad.

Otros movimientos libertarios tuvieron lugar en Zacatecas, entre esclavos negros e indígenas. En la Ciudad de México y en la de Pachuca, Hidalgo. Otro más fue encabezado por el indio Mariano en Tepic, Nayarit, en el año de 1801, lugar conocido en esa época como la Nueva Galicia.

Todos y cada uno de los movimientos revolucionarios o independentistas se consideran el origen de un nuevo status quo, los cuales se convirtieron en punta de lanza de procesos políticos, sociales y, sobre todo, jurídicos.

Lo anterior es el tema de estudio que aborda José Luis Vargas, investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán, en su trabajo titulado «Aportaciones jurídico-políticas de los primeros movimientos de Independencia en México», y que presentó con motivo de la conmemoración del Segundo Centenario del inicio de la lucha por las Independencias, organizado por el INAH.

Si bien el referente histórico de la Independencia de México es 1810, se debe subrayar que dos años antes –1808–, se comenzaron a gestar las acciones para darf inicio con dicho movimiento.

«Todos estos acontecimientos junto con el de 1810, tuvieron un antecedente pacífico tuvieron un antecedente pacífico basado en cuestiones jurídicas que se vieron interrumpidas sin obtener resultados favorables para los interesados. Al ver frustrados los intentos políticos por alcanzar tratos justos y reconocimiento, los respectivos grupos decidieron pasar a las acciones sangrientas y bélicas», comento José Luis Vargas durante su disertación en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

«El Plan de Iguala, el Decreto Abolicionista de la Esclavitud y el Plan de Guadalupe, entre otros, son claros ejemplos de las aportaciones jurídico-políticas, así como de las nuevas configuraciones sociales que tomaban forma tras de los hechos», dijo.

«Otro ejemplo es la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que rige actualmente a la sociedad de nuestro país, la cual se constituyó en 1917 como resultado de la Revolución de 1910. Sin duda, uno de los grandes aportes jurídicos que un movimiento ha dado a un país», finalizó. ♦

Portada de la Revista Nosotros número 128, de septiembre de 2009

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