El amaranto, de alimento ritual y curativo a dulce golosina
Revista Nosotros Núm. 101 | Marzo de 2007
La tradición oral dice que a mediados del siglo XVI fray Martín de Valencia tuvo la idea de preparar un alimento basado en la semilla reventada del amaranto, mezclada con miel de abeja, y al darlo a probar a los indígenas, a éstos les dio tanta alegría que empezaron a bailar y a tocar música, aludiendo a un antiguo ritual prehispánico. Así fue como se originó la golosina conocida actualmente como «alegría».
No obstante, el uso del huautli o amaranto tiene su origen desde la época prehispánica, al grado que entre las antiguas culturas era considerado como un alimento ritual al que se le atribuían propiedades curativas. Este era consumido en ceremonias religiosas en ritual de geofagia (comerse a los dioses), para lo cual eran elaboradas figuras de deidades con harina de este grano, mismas que consumían quienes previamente habían confesado sus faltas de tipo moral.
La práctica prehispánica relacionada con el amaranto se vio desplazada durante la Colonia por la religión católica, que vio con malos ojos este equivalente a la comunión cristiana, sólo que en lugar del trigo, las civilizaciones prehispánicas usaron el amaranto para elaborar el cuerpo de sus dioses.
El historiador de la UNAM, Salvador Reyes Equiguas, es autor de una investigación acerca del huautli en la cultura nahua –la cual recibió el Premio Francisco Javier Clavijero del INAH–, y recuerda que el amaranto tuvo gran relevancia entre las civilizaciones prehispánicas, particularmente entre los hablantes del náhuatl, como fueron los mexicas, tlaxcaltecas, chalcas, xochimilcas y tlahuicas. En la actualidad algunas comunidades que hablan esta lengua siguen cultivando la planta para fines rituales y comerciales.
En su trabajo titulado El huautli en la cultura náhuatl, Reyes busca desentrañar los motivos que produjeron el decaimiento de la producción de este grano a partir de la época Colonial. «Parece ser que ante el valor ritual y cultural que le daban que le daban las antiguas civilizaciones, con la elaboración de representaciones de sus dioses, la introducción de la religión cristiana que crea al nuevo dios a partir del trigo, desplazó al amaranto. Entonces el abandono de su cultivo se dio por asuntos de tipo social y religioso», dijo.
En la antigüedad, el huautli formaba parte de una comunión o ritual de geofagia, que se denominaba teoqua, para lo cual eran elaboradas figuras de los dioses con harina de este grano que se llamaban ixiptla.
Las ceremonias en las que se hacía ayuno, ofrendas y danzas, no sólo se hacían con fines de pedimento de lluvia, sino también para saneamiento de padecimientos cuyo origen se atribuía a faltas morales y relacionadas con el agua, como la sífilis y la deformación de huesos por fiebre reumática, respectivamente. «Quienes tenían faltas y las confesaban ante los sacerdotes de Tlazolteotl y Tezcatlipoca, éstos les prescribían que después de la confesión tenían que comer los ixiptla, con lo cual se rompía el ayuno», explicó.
La masa con la que creaban a sus dioses era llamada tzoalli, compuesta por harina de amaranto previamente tostado y miel negra de abeja o maguey, que le daba consistencia y ayudaba a moldear las figuras. «Este alimento lo podían conservar durante mucho tiempo y comerlo de acuerdo a las necesidades cuando enfermaban, según dicen los escritos en náhuatl de evangelizadores y cronistas españoles», refirió.
Diversas versiones señalan que los españoles en su afán por erradicar este ritual pagano, prohibieron el cultivo del grano, como el caso de los hongos y el peyote, aunque nunca se ha encontrado una restricción expresa en contra del amaranto, como en el caso de dichas plantas alucinógenas. Y aunque hubiese existido no significa que haya tenido éxito, precisó.
Reyes Equiguas indicó que, en cambio, la decadencia del cultivo del amaranto también tuvo un origen social. Si bien el maíz era la planta por excelencia en Mesoamérica, el huautli se cosechaba como un grano alternativo en los casos en los que se tenía una mala cosecha de la gramínea.
«Si había un mal año en la cosecha de maíz, el temporal era salvado por el amaranto al ser una planta más resistente a cambios climáticos. Por ello, este grano era asociado a tiempos de ayuno, abstinencia y pobreza», aseveró, al precisar que la llegada del trigo a América desplazó su producción.
«Las mejores tierras fueron destinadas al cultivo del trigo y, en segundo lugar, al maíz, mientras que el amaranto al ser alternativo, quedó en un lugar ínfimo», detalló el historiador, quien señaló que a pesar del paso del tiempo, en la actualidad todavía se siembra el huautli con fines rituales y, en mayor medida, para su comercialización.

En algunas comunidades de la montaña de Guerrero se han documentado la sobrevivencia de rituales de petición de lluvias, para los que elaboran tamales de amaranto en forma de deidades que se ofrendan en los cerros. De la misma manera, en localidades cercanas a Texcoco, México, este tipo de alimentos se colocan en las ofrendas de Día de Muertos.
El surgimiento y producción del dulce de la «alegría»
La tradición oral de Tulyehualco, en la delegación Xochimilco, atribuye a fray Martín de Valencia la receta de la golosina de la «alegría». Durante su labor misionera en sitios como Chalco, Mixquic y Xochimilco, el religioso tuvo la idea de crear un alimento basado en el grano reventado del amaranto mezclado con miel.
Tal hecho se ubica a mediados del siglo XVI, cuando el evangelizador franciscano le dio a probar a los indígenas y a éstos les dio tanta alegría que empezaron a bailar y a tocar música, aludiendo a un antiguo ritual prehispánico, lo que dio origen a la golosina conocida actualmente como «alegría», aunque «esta historia hay que tomarla con sentido crítico», dijo Reyes Equihuas.
«Tulyehualco, en el Distrito Federal; Zacualpan de Amilpas, Morelos; Huaquechula, Puebla, y San Miguel del Milagro, Tlaxcala, son de los principales sitios de producción de amaranto con fines comerciales, excepto en las localidades del balsas, en Guerrero, donde lo cultivan con fines rituales», explicó.
Actualmente el grano es sometido a distintos procesamientos para la elaboración de productos que van desde el dulce de la «alegría», galletas, pastas y cereales, entre otros. «Recientemente algunos productores han retomado la palabra autóctona huautli como marca para envases y empaques que son distribuidos en tiendas naturistas», concluyó el investigador. ♦


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