La riqueza prehispánica al alcance del público

• La fabricación de estas piezas es con el fin de dejar constancia de la riqueza del patrimonio nacional y corre por cuenta del INAH

Revista Nosotros, Núm. 104 | Julio de 2007

Casa año los visitantes de las zonas arqueológicas del país compran más de 27 mil piezas que son reproducciones de las que se encuentran bajo resguardo del Instituto nacional de Antropología e Historia y corresponden a las épocas prehispánica y colonial. Las reproducciones elaboradas desde 1943, son un testimonio de cerámica, joyería o platería, y pueden ser adquiridas en 83 puntos de distribución.

La fabricación de estas piezas cuyo fin es el de dejar constancia de la riqueza del patrimonio nacional, corre por cuenta del INAH, y su manufactura tiene lugar en Avenida Tláhuac 3428, en el pueblo Los Reyes Culhuacán, lugar del Taller de Reproducciones Autorizadas del INAH.

Al respecto, el responsable del área de Elaboración de Reproducciones, Antonio Rosales Maya, dijo que se trata de una forma de compartir «la estética prehispánica» para quienes son cautivados por la misma.

El catálogo lo integran aproximadamente 300 piezas, de las cuales más de la mitad son cerámica, el resto es joyería o platería. La manifactura de las piezas se hace de acuerdo con el modelo original para que quien la conserve cuente con la garantía de que se trata de una evocación auténtica.

En el estudio donde se trabaja la cerámica de reproducción, el encargado del taller explicó el proceso de elaboración de las piezas. «Se trabaja con moldes de plastilina y yeso, así como fragmentos de barro, técnicas de la cera perdida o vaciado a la tierra, inyección de metales y mezclas coloridas que recrean el paso del tiempo».

Las reproducciones son elaboradas por más de media centena de artesanos a través de una técnica depurada. También son producidas piezas coloniales, la mayoría de ellas en plata, las cuales se trabajan con la técnica de vaciado en tierra, principalmente con motivos religiosos.

Del Catálogo de Reproducciones destacan la Cabeza de Palenque, la colección de oro de Monte Albán de la tumba 7 y, en platería, la palomita o las tijeras. Las piezas son identificadas con sello del INAH, con lo que se garantiza su calidad, y una cédula que indica la procedencia, cultura, período, dimensiones originales, así como la colección a la que pertenecen.

Rosales Maya dio los pormenores del proceso. «El primer paso es moldear la plastilina a mano hasta que se logra una imagen idéntica de la pieza original». La relación que se establece entre el artesano y la figura es particular en cuanto a las necesidades de que corresponda el original.

Una vez que se logra la fidelidad de la pieza, con la técnica del molde perdido, se recubre con yeso y se forman las primeras matrices de producción. Éstas a su vez pasan por diversos procesos hasta convertirse en los moldes finales que servirán para la elaboración de las reproducciones. Cada uno de los procedimientos es totalmente hecho a mano, por lo cual su culminación puede tardar de uno a seis meses.

Acerca de la construcción de las piezas, explicó, existen también otras dos técnicas: la de vaciado y la de forjado en barro. La primera consiste en la aplicación de un líquido de consistencia espesa dentro del molde durante media hora o más, dependiendo de la pieza. En la técnica de forjado la mezcla se pasa a las tinas de deshidratación para que obtenga una consistencia de masa y con esto se construye la pieza, particularmente los adornos.

El siguiente proceso es el del retoque, para el cual se les pegan los adornos, se les da una textura y se remarcan los detalles característicos, para después proceder con el secado a temperatura ambiente, y luego la pintura, aunque la búsqueda de los colores originales puede ser un proceso tardado.

Para ello, el taller cuenta con un laboratorio exclusivo para experimentar con tierras y tintes en pequeñas piezas. Según Rosales Maya, si se tiene suerte en 15 días de ensayo se logra un color que iguale el original, si no, como en el incensario de palenque, se pueden tardar hasta dos años en lograr el «azul maya».

El siguiente destino de las piezas son los hornos, cuando ha concluido el proceso de cocción se le agrega la pátina, una mezcla que se aplica para dar el aspecto de sucio, viejo y gastado, convirtiéndose así en fieles reproducciones, objetos que albergan el tiempo.

Siete de los 83 puntos de venta del INAH se localizan en el Distrito Federal: la tienda permanente del Museo Nacional de Antropología y la tienda de Etnografía (Paseo de la Reforma y Gandhi); tienda del Museo Templo Mayor (Seminario 8, Centro); tienda del Castillo de Chapultepec; tienda el Caracol, ubicada en la Galería de Historia (anexo al Castillo de Chapultepec); Librería Francisco Javier Clavijero (Córdoba 43, Colonia Roma), y Origen México, dentro de la Biblioteca Central de Tlalpan, al sur de la ciudad. ♦

Portada 105 de la Revista Nosotros

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