El Arco de Piedra de Tlaltenco, de la época de los lagos
Por Rogelio Retana Velázquez
En realidad el Arco fue la Compuerta Norte, cuando los lagos del sur de la cuenca del altiplano central de México (Chalco y Xochimilco) estuvieron divididos por un dique desde la época prehispánica. Éste partía de la isla de Cuitláhuac –hoy San Pedro Tláhuac–, tanto hacia el norte como hacia el sur, concluyendo en Tlaltenco y Tulyehualco, respectivamente, y resultando a la vez una calzada en medio de los lagos.
Se dice que esta calzada fue trazada por Nezahualcóyotl para controlar las aguas y evitar las inundaciones de México Tenochtitlan y ocupada por Cortés en su camino a Tenochtitlan. La misma tenía tres compuertas o pasos para el tráfico lacustre de canoas, tan utilizado desde la época prehispánica hasta las primeras décadas del siglo XX, las compuertas se encontraban en Tulyehualco, Tláhuac y Tlaltenco.
En la época colonial a estas compuertas se les construyeron unas edificaciones a manera de garitas para controlar así el tráfico comercial de mercancías, sea que fueran a la Ciudad de México o viniesen de ésta. La única garita que se conserva se encuentra en Tlatelolco.
Se trata de una construcción de piedra con un par de paredes a los lados de un umbral con dintel en forma de arco rebajado; en ellas hay un par de nichos con marcos acodados y en ellos, sorprendentemente, aún se conservan una escultura difícil de identificar, pero que parece ser se trata de un San Cayetano, por tener un pequeño bultito entre los brazos que pudiera tratarse de Jesús Niño, y porque en algún momento a la Puerta se le conoció con ese nombre.
Sin duda, constituye una oportunidad para recordar la evolución del medio lacustre a la fecha, y para mencionar los resultados de las excavaciones hechas a fines de los años setenta por la arqueóloga Mari Carmen Serra Puche en un paraje cercano conocido como Terremote, en donde, entre otras importantes conclusiones, se destaca que Tlaltenco, al menos en esa parte, estuvo habitado desde la época preclásica siendo, de acuerdo a los restos hallados, un productor de cestería hecha con el abundante tule de los lagos, y que existían venados en los alrededores, seguramente en los cerros, pues también se encontraron huesos de éstos y de otros animales como caparazones de tortugas.
Al parecer, este asentamiento al igual que otros que eran satélites de Cuicuilco, desaparecieron a raíz de la erupción del Xitle y es muy conocida la hipótesis de que sus habitantes fueron a fundar Teotihuacan.
Otro acontecimiento significativo, pero ya durante el Virreinato, es la congregación de asentamientos indígenas que se encontraban dispersos en medio del lago en el pueblo de San Francisco por disposición de la autoridad en el siglo XVII. El investigador Ernesto de la Torre Villar es quien ha difundido pormenorizadamente estos sucesos.
Por último, otro dato interesante es que la hoy avenida que pasa frente al Arco, fue también la antigua vía del pomposamente llamado Ferrocarril de San Rafael y Atlixco, proyecto realizado durante el porfiriato, básicamente para transportar la producción de la Hacienda de Xico y enlazarse con otras haciendas de la época como la de San Nicolás Tolentino «Buenavista» en San Lorenzo Tezonco, la de Santa Fe en San Nicolás Tetelco y otras más en el estado de México como Zoquiapan.
En realidad el tren nunca llegó hasta Atlixco, Puebla, como lo tenían proyectado, y sólo se terminó hasta San Rafael, donde está la fábrica de papel que se encuentra más delante de Chalco, cerca de Miraflores y antes de Tlalmanalco y Amecameca; en fin, resultado de la época de esplendor de las haciendas con sus aspectos negativos y positivos. ♦

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