Cómo una tertulia puede acercarnos al Cante Jondo
Por Efrén Camacho Campos
Tengo una vecina, de quien obviamente no diré su nombre para no cometer una infidencia, a quien mi esposa y yo conocimos hace una década, cuando coincidimos en la caminata mañanera, ejercicio del cual rehuí al darme cuenta que realmente no tengo vocación para el acondicionamiento físico, a pesar de que el doctor recomienda que en la viejentud debemos caminar al menos 30 minutos diariamente. Mi adorada cónyuge sí práctica la caminata, junto con nuestra amiga, por todos los recovecos del condominio donde vivimos, acá en el apacible estado de Aguascalientes, que para los amigos simplemente en Agüitas.
Pues bien, el meollo del asunto es que nuestra amiga, cada que es su cumpleaños, echa la casa por la ventana, como coloquialmente se dice. Aparte de la rica comida, bebidas espirituosas de varios calibres, siempre contrata música en vivo y, obviamente, la ruquiza nos ponemos a bailar de manera frenética, como si en ello nos fuera la vida. Aunque al día siguiente no nos convoca para que le ayudemos a levantar la polilla.
En esta última ocasión, contrató a unas bailaoras de flamenco y a un grupo de música española y, pues, no faltó algún espontáneo que se lanzara al ruedo, que en su momento me provocó parodiar la frase que solía hacer el cronista taurino por antonomasia, Pepe Alameda, acomodándola como más vale una apasionada desentonada, que una graciosa huida.
Pues resulta que, una vez entrados en gastos, los compañeros de tertulia, acomodados en la mesa que se nos asignó en la reunión, empezamos, como en el internet, a vincularnos o desdoblarnos con nuestros propios recuerdos de juventud y casi pegados unos con otros, debido al sonido de la música, aunque acústica sí sonaba un poco estruendosa. Afloró la gran película de Gitana tenías que ser (Rafael Baledón, 1953), con Pedrito y Carmen Sevilla; luego el tema de los tablaos y,por consiguiente, del gran Federico García Lorca (Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca), de quien sostuve, sin mucho conocimiento de ello, que era autor de varias piezas de cante jondo.
Al final de la reunión, como todo en la vida, nos despedimos de nuestros contertulios, prometiendo reunirnos pronto, a efecto de seguir platicando de nuestras vivencias de la adolescencia, donde seguramente traeremos a colación temas como el de la Noche de Tlatelolco, los Juegos Olímpicos del 68, Woodstock 69, el Festival sobre ruedas de Avándaro en 1971, entre muchas otras experiencias; desde luego, en función de si antes no termina por ganarnos el sueño, ya que como se asegura de manera coloquial, el horno ya no está para bollos.
Obviamente, al día siguiente, ya descansadito, platiqué con ma jolie femme, sobre el desarrollo de la reunión, en sí todo había estado bien… ¡And you know what I mean!, y dado que el parte del alto mando, fue sin novedad en el frente, recordamos los bailables de flamenco y las canciones interpretadas por el conjunto musical.
Sin embargo, me quedé con la espinita de conocer más sobre Lorca, como es más conocido, por lo que días después procedí a ojear y hojear un viejo libro sobre este personaje (Diario de una búsqueda lorquiana 1955-1956. Agustín Penón, Ian Gibson. Plaza & Janés Editores, S.A. Barcelona, España, 1990, 255 páginas)y, asimismo, navegar por la autopista de la información, con la agradable sorpresa de localizar bastantes datos duros sobre este personaje, quien fuera fusilado durante la Guerra Civil Española el 18 de agosto de 1936, acusado de «comunista y homosexual».
Admito que asimilar la gran cantidad de información recuperada a través de las redes, fue una actividad harto agradable, ya que me permitió leer y escuchar varias interpretaciones del cante jondo, a partir de su libro Poema del Cante Jondo; el cual, de acuerdo a la fuente consultada, fue escrito en el año 1921 y publicado en 1931, y que es «una obra poética de Federico García Lorca, inspirada en el Cante Jondo, donde desarrolla una visión de la milenaria esencia andaluza, netamente trágica».
Este poema, se explica en el sitio consultado, es un homenaje a la música flamenca y a la guitarra, que es uno de los instrumentos más importantes en el flamenco. El libro se divide en diez partes, con 55 poemas en su totalidad, cada una de ellas representa un tipo diferente de cante jondo, que es un estilo de canto flamenco muy profundo y emotivo (Poema del cante jondo).
Algunos fragmentos dedicados a la guitarra:
- La guitarra, hace llorar a los sueños. El sollozo de las almas perdidas, se escapa por su boca redonda. Y como la tarántula teje una gran estrella para cazar suspiros, que flotan en su negro aljibe de madera.
- Empieza el llanto de la guitarra. Se rompen las copas de la madrugada. Empieza el llanto de la guitarra. Es inútil callarla. Es imposible callarla. Llora monótona como llora el agua, como llora el viento sobre la nevada. Es imposible callarla. Llora por cosas lejanas.
Los especialistas en Lorca, señalan que «ve la guitarra como un vehículo para expresarse los sufrimientos y dolores de los sueños rotos en la vida de las almas perdidas». Y, en el caso del Poema de las Seis Cuerdas, «Lorca usa la telaraña como una metáfora para expresar cómo la guitarra captura y cura o purifica los suspiros de esos que crean la música. La guitarra crea esperanza para las almas perdidas».
Asimismo, se hace énfasis en que el cante jondo es un canto netamente andaluz que existía en germen antes que los gitanos llegaran a España, es decir, «se originó en el siglo XVIII y es una adaptación de los romances castellanos que se fueron desarrollando por los gitanos andaluces hasta convertirse en un canto flamenco. Todas las tonás poseen la misma tonalidad melódica, pero se diferencian en las letras».
Finalmente, sí deseamos profundizar un poco más en el conocimiento de este personaje universal –músico, poeta, dramaturgo, mal dibujante, pintor–, tómense un tiempo para ver con calma el siguiente video: Federico en el Corazón (Homenaje a Federico García Lorca; y, por qué no, quizás al deleitarnos de esta música y disfrutar de la lectura de la obra citada, se despierta la inquietud, en algunos, de aprender a tocar la guitarra y a bailar flamenco, con lo que no tendremos la excusa para ponernos bien flamencos en la próxima reunión a la que nos inviten. ¡Hasta la próxima! ♦

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