El burro hablando de orejas

• Es un animal muy sociable, tiene excelente memoria, si siente miedo estudia la situación antes de actuar, por lo que se dice que tiene un enfoque lógico y flexible. Forman grupos familiares

Por Manuel Garcés Jiménez*

¿Quién no conoce los jumentos, asnos, pollinos, borricos? En esta ocasión vamos a llamarlos como los conocemos comúnmente; burritos, animales que participan en actividades agrícolas, ganaderas y para el transporte, contribuyendo a la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible en comunidades rurales y de difícil acceso. Animales sociables, generan vínculos muy fuertes con las personas que les quieren y cuidan ofreciendo su lealtad y compañía.

Con facilidad comprenden diferentes comandos de voz, y si se les llama acuden inmediatamente. Tienen excelente memoria, si sienten miedo, estudian la situación antes de actuar, por lo que se dice que tienen un enfoque lógico y flexible. Forman grupos familiares y suelen manifestar expresiones de cuidados y cariño entre sus integrantes como acariciarse uno a otro.

Su nombre es popular en la escuela a quienes no cumplen con las tareas encomendadas, también su nombre es mencionado en golosinas elaboradas de maíz rojo tostado espolvoreados con pinole y piloncillo; asimismo, en los negocios se venden las enormes tortillas de harina, como tlayudas oaxaqueñas que se les conoce como «tortillas burros». 

Para los campesinos de Milpa Alta, Xochimilco y Tláhuac, el burro es y sigue siendo en menor medida, el animal de trabajo indispensable desde tiempos inmemoriales, aligerando las arduas actividades cotidianas llevando en su lomo la carga de leña, carbón, pastura, la cosecha, el aguamiel de los magueyes y el pulque para su venta.

desert-dreamer.tumblr.com

¿Cómo llegó el burro a estas tierras del nuevo continente?

Se dice que con la llegada de las órdenes religiosas, los frailes y alarifes sometieron a los indígenas a la construcción de conventos, ermitas e iglesias, así como Hernán Cortes y sus soldados obligaron a los nativos a trabajar forzadamente en la construcción de casonas, hospitales, templos, calzadas y acueductos, entre otras obras, todo ello con la inhumana explotación de la fuerza de trabajo de los indígenas.

Los antiguos caminos prehispánicos que unían a los pueblos y ciudades fueron recorridos por los pochtecas y tamemes, donde los españoles los conocieron como Caminos Reales, recorridos al lado de recuas de burros o asnos, borricos, pollinos, jumentos o como se les quiera llamar. Esto vino a alivianar a los tamemes en el trasporte de mercancías. Otros fueron ocupados para la carga de materiales: piedra, arena, tezontle, e inclusive agua donde se carecía; cal, cantera y tierra, materiales para el levantamiento de las nuevas construcciones.

La erección de nuevos inmuebles trajo como consecuencia que miles de indígenas cayeran abatidos por la fatiga de las tareas extremadamente pesadas con el transporte de materiales sobre la espalda sostenida por un mecapal, además de ser obligados al trabajo de albañilería, vigilados y guiados por los alarifes.

El burro frente a la cervecería México. Pinterest

Con la llegada de este dócil animal, en pocos años disminuyó considerablemente las muertes de los naturales, por lo que consideramos que el burro fue un regalo excepcional que a la fecha no se le reconoce el papel importante que desempeñó en el indígena.

Hace algunos años, en las colonias proletarias y alcaldías rurales el jumento fue el factor decisivo para facilitar el trabajo, era común ver a estos dóciles cuadrúpedos atravesar montes, serranías y llanos cargados de una variedad de bienes provenientes de lugares distantes para su venta en colonias, pueblos y tianguis

Hasta hace aproximadamente dos décadas se veía por las calles a un burrero, a una persona con ropa sencilla y de huaraches jalando a tres burritos cargando en sus arpillas la cal en trozo y el tequezquite, quien con su voz cansada por los años retumbaba entre las viejas casonas: «¡El tequezquite y la cal!» Comentan que el burrero recorría los pueblos de Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta ofreciendo su mercancía, decía la gente que era nativo de San Francisco Tlaltenco, Tláhuac.

Precisamente los pobladores del pueblo de Tlaltenco se dedicaron por años al comercio de la mercancía proveniente de tierra caliente, en Morelos, transportando en lomos de los burros arpillas y huacales repletos de mercancía (piloncillo, frutas, objetos de barro y aguardiente, entre otras). Fue bastante el auge del comercio en burros durante los albores del pasado milenio que a sus habitantes se les conoce como burritos canelos.

Burro en Puerto Vallarta. karin Ott Costumedesingn. Pinterest

Existen poblaciones del interior del país donde el burro sigue siendo el factor determinante en la vida cotidiana del campesino, como es el caso del pueblo de Otumba, estado de México (cercano a Teotihuacan), donde se le rinde tributo el primero de mayo con la llamada Fiesta del burro, donde se organizan carreras de burros; es la celebración al animal fiel al hombre, en el sentido que comparte el trabajo cotidiano.

Otra fiesta es en San Luis Potosí durante el mes de octubre, donde se le reconoce su invaluable ayuda por lo que se organiza el Festival del Desierto, donde la figura principal, claro, es el burro.

En los lugares más apartados de nuestra provincia sigue siendo el compañero fiel en el trabajo del campesino en el acarreo de leña, agua, lo mismo que para el traslado de niños a la escuela. En las colonias populares de las ciudades del país, el burro está presente para jalar la carreta del chacharero.

Lo cita la literatura con el caballero don Quijote acompañado de su fiel amigo Sancho montado en su burro viviendo las peripecias de la vida. Recordamos a Platero y yo, del escritor Juan Ramón Jiménez[1], donde el burrito es el centro de la narración. Asimismo, tenemos las fábulas de Tomás de Iriarte[2] dirigidas a escritores y poetas a las que les dieron fama, aun cuando también le causaron disgustos y enemistades, ya que en ellas señalaba los defectos a los literatos usando con habilidad charlas de animales que ponían de manifiesto errores en sus moralejas. Como El burro flautista, donde nos da a entender  que sin reglas del arte, el que en algo acierta, acierta por casualidad. «La compra del asno» se refiere a los que compran libros sólo por su bella encuadernación; «el asno y su amo», es ser árbitro del gusto de los demás, aparte de ser tonto, es injusto; «el burro del aceitero», son las personas que juntan libros pero que jamás los leen.

Fotografía tomada de Pinterest

El burro está presente entre los estudiantes politécnicos quienes se identifican con él como su mascota desde 1936, cuando fue presentada de manera oficial en el primer clásico del futbol americano universitario, entre Burros Blancos del IPN contra Pumas de la UNAM; al siguiente año fue presentado de manera oficial  como mascota del IPN. Actualmente, el Politécnico cuenta con 23 ejemplares (9 machos y 14 hembras) al cuidado del señor Víctor Sánchez Gutiérrez de 63 años, con 11 años bajo su cuidado en su corral, cerca de los campos de entrenamiento de futbol americano.     

Es de gran utilidad al hombre que se quedó grabado en el léxico popular en el refranero popular:

«El burro hablando de orejas». Se refiere cuando alguien habla desconociendo el tema, o querer poner el ejemplo sin que ello lo realice.  

«Ya no trabajes tanto como burro». Hace referencia cuando se tiene lo necesario para sobrevivir.

«Como el burro del aguador, cargado de agua y muerto de sed». Se refiere cuando alguien tiene lo que necesita y no lo utiliza.

«Si no estudias serás un burro». Es común escucharlo decir al niño de lento aprendizaje.

«Otra vez la burra al trigo». Dicho que culpabiliza a quien repite por segunda vez un hecho personal.

«La burra no era arisca, los palos la hicieron». Exclamación que indica que la desconfianza como confianza se gana.

«Entre menos burros, más olotes». Refrán tradicional que significa y se usa como comentario cuando alguien se va de una reunión.

«Cuando la burra es mañosa, aunque la carguen de santos». Refrán que nos indica cuando se tienen malas costumbres, ni Dios bendito las quita.

«Más vale burritos en el cielo que sabios en el infierno». Dicho de origen religioso bajo la convicción de que un individuo ignorante es más dócil y, por tanto, es más fácil ser presa de los religiosos.

«El burro para el indio, la mula para el mulato y el caballo para el caballero». Refrán que hace referencia a la desigualdad social durante el siglo XIX en el orden ascendente: indígena, mulato y caballero.

«El burro siempre rebuzna, aunque le pongan cuernos». Se refiere cuando al tonto siempre queda en evidencia sin importar cómo anda vestido.

Fotografía Instagram

Ahora bien, en algunas librerías aparece la siguiente consigna: «Si no estudio me aburro». Lo interesante es saber que nadie se escapa del burro, en cada hogar se tiene uno; ¡Sí!, pero para planchar la ropa.

El sureste de la Ciudad de México (Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta) los extrañamos, porque todavía en los años setenta se les veía a los jumentos en calles y campo, mientras que en Chapultepec era la atracción de los niños porque los montaban como parte de la burroterapia.

No podía dejar de mencionarlo la escritora Elena Poniatowka, quien dice al respecto: «Todos sabemos que los niños establecen una mejor relación con un equino que con un terapeuta desconocido. ¡Cuánta confianza! Un burro llega a ser un médico capaz de dar la mejor de las terapias en sicología, neurología y en todo tipo de limitaciones del alma y del cuerpo».

El burro es citado por San Francisco de Asís cuando nace el Niño Dios en un pesebre donde aparece el burrito. Así mismo cuando la virgen montada en un jumento con San José sale huyendo a Egipto, cuando Jesucristo entra a Jerusalén montado en un burro, pero además la historia nos recuerda cómo en el siglo XXIX a.C., la faraona Cleopatra se dice que se bañaba con lecha de burra, lo mismo que María Félix en pleno siglo XX.

Es bien sabido cuando un burro se enamora de una yegua, el resultado es una mula, animal grande y fuerte para el trabajo, hibrido y estéril. Ahora bien, si cruzamos un caballo con una burra, obtenemos un burdégano (poni), son pequeños, con orejas cortas y cola similar a la del caballo, animales que se pueden admirar en el bosque de Nativitas, Xochimilco, muy apreciados por los niños.

El burro en el desierto hace agujeros en la arena para descubrir el agua, gracias a su sensible olfato. En las rancherías, el burro alerta con rebuznos a la familia percibiendo a través del olfato a algún animal depredador como el coyote, sus orejas son capaces de percibir sonidos a varios kilómetros de distancia, su nariz detecta como a 10 kilómetros a la redonda los olores desagradables.

Estos animales tienen una vida útil entre los 30 a 40 años, según el alimento y la actividad de trabajo a la que son sometidos, comen de todo, ninguna yerba les hace daño porque su estómago es más resisten que el de un caballo.

Bien decía el insigne filósofo oaxaqueño José Vasconcelos[3] en su libro Breve Historia de México: «En un lugar de tantas estatuas de generales que no han sabido pelear contra el extranjero, en vez de tanto busto de político que ha comprometido los intereses patrios, debería haber en alguna de nuestras plazas y en el sitio más dulce de nuestros parques, el monumento al primer borrico de los que trajo la conquista. Ello sería una manera de reivindicar las fuerzas que han levantado al indio, en vez de los que sólo le aconsejan odio y lo explotan»[4].

Fotografía Pinterest

Interesante reflexión que nos lleva a recapacitar el papel que desempeñó el burro durante la colonia al aligerar el trabajo y la disminución de indígenas muertos por el exceso de trabajo durante escasamente 300 años de virreinato español, el cual ahora se encuentra en peligro de extinción. De acuerdo con el Inegi, de 1994 a 2010 se redujo la población de borricos en 61.9 por ciento, tras pasar de un millón 527 mil ejemplares a 581 mil.

¿Está usted de acuerdo en que el burro no es tan burro como algunos creen? ♦

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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

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Ponencia del cuarto encuentro organizado por la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (Corenadr), perteneciente a la Secretaría del Medio Ambiente del gobierno de la Ciudad de México, celebrado en el Foro Cultural Calmecac, Milpa Alta, el 14 de octubre del 2023.


[1] Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura 1956, quien en Platero y yo cuenta la historia de un burrito al que llega a convertir con magia de gran escritor, casi en un personaje legendario.

[2] Tomás de Iriarte nació en Orotava, Tenerife, en 1750; murió en Madrid en 1791. En 1764 se incorporó a la vida literaria en Madrid traduciendo poemas, teatro y publicando sátiras en las que usaba su gracia y su talento.

[3] José Vasconcelos Calderón (1882-1949) fue el sexto rector de la Universidad Nacional en 1920;  fundador y primer titular de la SEP en 1921; miembro del Colegio Nacional y de la Academia Mexicana de la Lengua. Propone el escudo que la Universidad ostenta a la fecha y en el que se plasma su convicción de que los mexicanos deben fundir su propia patria hispanoamericana, así como el lema: «Por mi raza hablará el espíritu».

[4] José Vasconcelos, autor del libro Breve Historia de México, capítulo «El burro libertó al indio», páginas 172-173.

1 Comentario en El burro hablando de orejas

  1. Avatar de Desconocido Olivia Monreal // 22 octubre, 2023 en 4:18 pm // Responder

    Muy interesante. Gracias por ilustrarme.

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