Los efectos negativos del acoso escolar o «bullying»

• En mi generación ya no era factible tener tantos hijos, en parte porque las condiciones socioeconómicas del último tercio del siglo pasado habían cambiado de manera drástica

Por Efrén Camacho Campos

Desde hace años me encuentro, como seguramente muchos de nuestros lectores, en modo operativo o abuelo todo terreno. Me explico. En mi propia experiencia, la imagen que tengo de mi abuelo es la de una persona mayor, difícil de calcular su edad, pelo totalmente blanco, hosco, que prácticamente nos dirigía el saludo y nada más, y no recuerdo que nos brindara alguna muestra de cariño. Al abuelo lo veíamos solamente cuando mi señor padre organizaba una fiesta, a la que concurrían, además, todos los tíos. Y si mucho me apuran, al abuelo lo recuerdo únicamente por una frase que decía repetidamente cuando ya traía unos traguitos encima: «¡Ay Julián! What does it means?, I don’t know».

Pues bien, esta digresión me ha dado la pauta para reflexionar acerca de cómo ha cambiado el esquema de la familia (dirían los exquisitos, el paradigma), en comparación con las familias de principios y mitad del siglo XX. Eran familias numerosas, el padre, la madre y unos diez hijos cuando menos. El padre, en su función de jefe de familia y proveedor. La madre, al cuidado de los hijos, con un rol adicional de prestidigitadora, realizando un sinfín de trucos de magia para que el gasto alcanzara y, por ende, cuidar la educación de los niños en medida de sus posibilidades, lo cual no era muy recurrente, porque o lavaba, planchaba, cocinaba y, la más de las veces, comercializaba productos de la más amplia gama, para contar con un dinerito extra, para las urgencias que se pudieran presentar, entre ellas apoyar a alguna comadre cuando le echaban el consabido sablazo.

En la siguiente generación, la mía, ya no era factible tener tantos hijos, en parte porque las condiciones socioeconómicas del último tercio del siglo pasado habían cambiado de manera drástica; sobre todo, porque el valor adquisitivo ya no era igual al que tenían nuestros padres, había poca seguridad en los trabajos, el modelo de empleo de por vida era endeble. En algunos casos, la esposa, adicional al trabajo más importante en casa, también salía a trabajar en lo que se denomina como empleo formal, en parte para complementar los ingresos, pero más que nada porque se iniciaba lo que pomposamente se denomina como «empoderamiento de la mujer» (de la palabra inglesa empowerment).

La siguiente generación, la de nuestros hijos, se caracteriza porque en los matrimonios, ambos cónyuges trabajan o trabajan. Luego entonces, este cambio en la dinámica de las familias modernas plantea que los abuelos, sí aún viven, apoyen a los hijos y realicen un sinnúmero de intervenciones para ayudar a sus respectivos hijos, preponderantemente con la educación de los nietos. Entonces, no es casual encontrar a un buen número de abuelos llevando a sus pequeños al jardín de niños, a la primaria y la secundaria, o bien, asistiendo a las juntas escolares, apoyando a los nietos en sus tareas escolares y, últimamente, no sin cierta preocupación, yendo a reuniones con otros padres de familia o abuelos, a tratar asuntos relacionados con el acoso escolar o bullying, en contra de sus descendientes; o bien, porque sus pequeños son los acosadores. De aquí el concepto delabuelo todo terreno.

Tanta es la importancia que se le da a este problema en nuestro sistema educativo que permanentemente hay campañas de concientización dirigida a padres y alumnos, con el objetivo de desterrar este tipo de conductas que con el tiempo traen aparejados efectos negativos en la niñez. Hace más de medio siglo –presente lo tengo yo–, cuando algún compañerito trataba de maltratarnos, irremediablemente nos veíamos a la salida, lo cual no era lo correcto, pero en ese entonces, tal vez, no había estudios al respecto o las investigaciones en este campo eran incipientes. No recuerdo que se hablara del tema. Inclusive, algunos maestros eran violentos, bajo la premisa de que «con sangre la letra entra», es decir, el sacrificio necesario para una «correcta educación». Aunque ello significara golpear en las nalgas a los alumnos con una banda de coche. ¡Qué tontería!

Como me ha tocado participar en dichas campañas, siempre tomo algunas notas, o bien, busco información al respecto, por lo que, con el permiso de ustedes, les compartiré algunos aspectos a considerar que nos ayuden a desterrar estas prácticas de acoso escolar o bullying, en beneficio de la salud física y mental de nuestros hijos.

Siempre es recomendable no quedarnos por encimita de las cosas, démonos un tiempo para consultar fuentes de información especializadas, a efecto de profundizar en esta problemática y, en consecuencia, poner en operación las intervenciones que sean necesarias, porque verdaderamente duele ver a un niño en estado de depresión, angustiado y que a la larga pueda tomar una decisión inapropiada.

Algunos sitios recomendados en internet son:

Fundamentalmente, estas fuentes de información consultadas, destacan que el acoso escolar o bullying es una forma de violencia entre compañeros en la que uno o varios alumnos molestan y agreden de manera constante y repetida a uno o varios compañeros, quienes no pueden defenderse de manera efectiva y generalmente están en una posición de desventaja o inferioridad.

Asimismo, que puede causar daños físicos, sociales o emocionales en quienes lo sufren. Los estudiantes que son víctimas de acoso escolar, no suelen defenderse, piensan que ignorando a sus agresores el acoso se detendrá. Tampoco suelen decir a sus padres y maestros que están siendo acosados por temor. Por ello, es necesario generar en la familia apertura para que los hijos nos cuenten lo que ocurre en la escuela e intervenir para detenerlo.

El acoso escolar o bullying es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal, físico y hasta social producido entre estudiantes de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado, tanto en el aula como a través de las redes sociales, con el nombre específico de ciberacoso.

Las fuentes de información citadas reconocen que «el tipo de violencia dominante es el emocional y se da mayoritariamente en la clase y en los patios escolares. Los protagonistas de los casos de acoso escolar suelen ser niños y niñas en proceso de entrada en la adolescencia, siendo mayor el porcentaje de niños que sufren violencia física, mientras que las niñas suelen ser más víctimas de violencia psicológica».

Por tal situación, se enfatiza que «el sujeto maltratado queda, así, expuesto física y emocionalmente ante el sujeto que lo maltrata, generándose como consecuencia una serie de secuelas psicológicas… es común que el acosado viva aterrorizado con la idea de asistir a la escuela y que se muestre muy nervioso, triste y solitario en su vida cotidiana. En algunos casos, la dureza de la situación puede acarrear pensamientos sobre el suicidio e incluso su materialización, consecuencias propias del hostigamiento hacia las personas sin límite de edad».​

Según la Unesco, los docentes deben estar capacitados para identificar el acoso escolar y tomar medidas para prevenirlo, por lo que es importante que los profesores y autoridades escolares trabajen juntos para crear un ambiente seguro y saludable para los estudiantes. 

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos sugiere que se establezcan protocolos claros para reportar el acoso escolar, se realicen reuniones formativas e informativas con los padres/tutores, se involucre a los estudiantes en la prevención y solución del problema, y se hable abiertamente del acoso escolar.

Así como las fuentes de información mencionadas, a través de las redes denominadas como sociales podemos encontrar un buen número de publicaciones especializadas, las cuales seguramente concluirán que los niños tienen derecho a convivir en paz, a ser tratados con respeto y a ser protegidos de situaciones de riesgo; recibir una educación en la que aprendan a convivir, a seguir aprendiendo, a ser mejor persona cada día y a desarrollar su potencial.

Sin embargo, los padres y autoridades escolares tienen también mucho qué hacer al respecto, fundamentalmente hablar con sus hijos sobre el acoso escolar, y las escuelas deben poner en operación acciones concretas para luchar contra el acoso escolar, pensando siempre en la salud mental de los niños, evitar la deserción escolar, formando seres humanos prestos a enfrentar un mundo cada día más complejo y complicado. ♦

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