Los logros

• Recuerda a los más de 500 diputados, a los más de 300 senadores. Nombra a diez de cada legislatura. Tarea imposible desde luego. Sus logros fueron exclusivamente económicos y solamente trascendieron en su vida íntima, en su familia, para enriquecer a sus hijos e hijas y volverlos una panda de riquillos que llevan a cuestas el cartel de impunidad

Adán Echeverría

No una, sino infinidad de veces me ha tocado ver a la gente acercarse a alguien por conocimiento. Este suceso empieza por la admiración que suele terminar en adulación, pasar luego a la envidia y terminar por la cancelación. Es decir: algo nos deslumbra, queremos ser parte de eso, queremos un pedazo; cuando se nos comparte, nos sentimos de su mismo tamaño, que poseemos ya su esencia; y posteriormente, algunos creen que lo han superado, y comienzan a dar manotazos para callarlo, para cancelarlo, para erradicarlo, para que nadie los asocie con determinado personaje.

Por eso, para ir adelantando, siempre les digo a mis alumnos que cuando les pregunten si me conocen que digan que no; les prevengo de que el mundo los asocie conmigo, siempre les pido que me nieguen, que nieguen que me conocen, que nieguen que yo alguna vez los ayudé; les pido encarecidamente que crean y luchen por creer que nunca, que jamás he influido en sus vidas, que todo lo que han logrado es fruto de su esfuerzo cotidiano, su talento y su buena estrella. De esta manera, me salto todas las anteriores etapas y hago que me nieguen sin que jamás tengan que adularme ni creer en mí.

Esta forma mía de ser seguramente puede ser muy criticada. No importa. Uno solo es lo que puede ser y ya, y eso es lo que a mí me ha tocado. No repitas mis pasos No camines mi camino. No vivas por mis zapatos. Como dice el Zaratustra nietzcheano: «¡A mis alumnos los desprecio y los escupo! ¡Fuera de mi vista!»

El optimismo es para los débiles. Para aquellos que siempre tienen la necesidad de que alguien les reconozca su valor. Poetas que necesitan de premios, escritores que anhelan y ansían el reconocimiento, políticos que se desviven por el reflector, que necesitan la trascendencia.

Muchos ejemplos hay en la historia. Pero, qué cosa le dejó al país un personaje tan poderoso en su tiempo como José López Portillo. ¡Nada! De todos los presidentes que ha tenido nuestro país: ¿cuántos puedes nombrar, y qué logros recuerdas de cada uno de ellos? Lázaro Cárdenas aparecerá en tu listado, Benito Juárez, Porfirio Díaz, quizá logres mencionar a Francisco I Madero. ¿Y luego de ellos a quién más? Te acordarás de los que tanto daño han hecho: Díaz Ordaz, Echeverría, Salinas de Gortari. ¿Y eso es todo? En 200 años de país independiente.

Ahora, intenta recordar a los personajes, todo poderosos en su momento, que fueron parte de sus gabinetes, o mejor aún, recuerda a los más de 500 diputados, a los más de 300 senadores. Nombra a diez de cada legislatura. Tarea imposible desde luego. Sus logros fueron exclusivamente económicos y solamente trascendieron en su vida íntima, en su familia, para enriquecer a sus hijos e hijas y volverlos una panda de riquillos que llevan a cuestas el cartel de impunidad que sus padres o madres les endilgaron para pasársela bien.

¿Quién se acordará en unos años de Porfirio Muñoz Ledo? Nadie, esa es la respuesta. Más de 65 años de su vida dedicado a la política mexicana, comiendo, bebiendo y engordando del erario para que se muera, y antes de que cuerpo terminara de enfriarse, ya nadie puede nombrar un logro en su vida. Esos son los logros, los míos, los tuyos, los de los otros, polvo y nada, nada y polvo. La trascendencia se trata tan solo de quedar en la memoria colectiva. ♦

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