El Panteón del Tepeyac

• Una larga lista de hombres ilustres se encuentran sepultados ahí, como el protomártir de la Independencia Francisco Primo de Verdad, Manuel Orozco y Berra, Alfredo Chavero, el pintor Fernando Leal, el filántropo Gabriel Mancera, Filomeno Mata o Manuel María Contreras

Por Horacio Sentíes Rodríguez*

Cuentan las viejas crónicas y los códices, entre ellos el Teotenantzin, interpretado por el doctor Alfonso Caso, que desde antes de la venida de los frailes españoles a estas tierras, nuestros antepasados tenían en el cerrito del Tepeyac a la diosa Tonantzin, destruida durante la toma de la Ciudad de México por el conquistador Gonzalo de Sandoval o por el padre Díaz, y que según un viejo plano, la diosa estaba esculpida en una peña saliente, en el lugar que ahora ocupa la escalinata oriental que conduce a la capilla del cerrito.

En la actualidad, para subir a la mencionada capilla y Panteón del Tepeyac, hay que hacerlo por medio de dos rampas: la occidental, construida por el presbítero Juan José Montufar, y la oriental, por don Francisco Antonio de Guerrero y Torres, a unos cuantos pasos de la capilla del Pocito, una de las veinte joyas más importantes del recuerdo de antaño; en el arranque de la escalinata únicamente quedó un pilar rematado por la Virgen de Guadalupe, colocado desde el año de 1794 por el Br. (bachiller) Miguel Hidalgo, con la autorización del cabildo de Guadalupe, para señalar el lugar donde según la tradición estuvo el (árbol) casahuate que marcaba el lugar de una de las apariciones.

Procesión y festejos guadalupanos en el Cerro del Tepeyac, 1939. El Panteón del Tepeyac visto desde lo alto del Cerro de Zacahuitzco, del lado izquierdo la explotación de cantera en la zona, justo donde hoy pasa la avenida Cantera, y más arriba del lado izquierdo está la Capilla del Pocito. Fuente: Vallejal en Pinterest

A la mitad de la subida, nos encontramos con un exvoto, la Vela del Marino, mandado construir en el siglo XVIII al arquitecto Guerrero y Torres, por marineros, que según se cuenta «combatido un buque por un fuerte temporal, perdido el timón, el rumbo y toda esperanza de salvarse la tripulación, ésta invocó de todas veras a la Santísima Virgen de Guadalupe, haciéndole presente que si quedaba salva le traería a presentar a su Santuario el palo de la embarcación cual se encontraba. La Santísima Virgen oyó piadosa los ruegos de sus hijos, y la destrozada nave pudo entrar salva al Puerto de Veracruz. La tripulación cumplió su promesa, trayendo en hombros el conjunto de palos del navío hasta el Santuario, y colocando su ofrenda dentro de una construcción de piedra para defenderla de las injurias del tiempo».

Panteón del Cerro del Tepeyac

Al llegar a la explanada nos encontramos con la grandeza de la capilla del cerrito y junto a ella la entrada al Panteón del Tepeyac, enfrente la cruz del apostolado y en las esquina de la plazoleta, cuatro arcángeles bellamente realizados por el escultor Ernesto Tamariz, de reconocida fama en el continente americano, Yugoeslavia, Bélgica, Italia, Francia y España, autor también de las esculturas de Juan Pablo I y la de Antonio Plancarte y Labastida que se encuentra en la nave oriental de la colegiata.

Antes de que se construyera la capilla del cerrito, únicamente existía una cruz de madera con peana de piedra, y en 1660 el panadero Cristóbal de Aguirre y su esposa doña Teresa Pelegrina, construyeron una pequeña ermita con un retablo de buen pincel con motivos de las apariciones de la Virgen, creando además un fondo de mil pesos de renta para que con los réditos se celebrara una misa cantada el día 12 de diciembre de cada año.

Cerro de La Villa, 1898

Con el tiempo, el presbítero Juan José de Montufar, de 1746 a 1750, mayor con la advocación de San Miguel Arcángel y como patrona principal la Virgen de Guadalupe. En ese tiempo se construyó por vez primera el Panteón y la escalinata occidental, ampliando el osario el padre Olazarán del oratorio de San Felipe Neri, así como los aposentos, y formó una casa de ejercicios con el nombre de San Ignacio de Loyola.

La capilla tiene planta de cruz latina y una pequeña cúpula sobre pechinas, con altar de factura neoclásica y un arcángel de Ponzanelli, pudiendo apreciarse también un espléndido púlpito de madera tallada con las apariciones guadalupanas en relieve.

¨Panteón del Tepeyac. Mediateca del INAH

La fachada es de estilo barroco, obra de Francisco Antonio de Guerrero y los jurales interiores del pintor potosino Fernando Leal, artista egresado de la escuela de pintura al aire libre de Coyoacán y de la Academia de San Carlos, distinguido maestro de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, buen litógrafo y grabador. Perteneció al movimiento de pintura nacionalista y en la capilla a que nos venimos refiriendo, existen siete murales con los siguientes temas: la Doctrina de Santiago Tlatelolco, la primera Aparición, la visita a fray Juan de Zumárraga, la curación de Juan Bernardino, el Milagro de las Rosas, la Aparición en el Obispado y la Gloria en la bóveda.

Panteón del Tepeyac. Mediateca del INAH

Don Antonio Pompa y Pompa nos cuenta que el año de 1880, «estando la capilla al cuidado del doctor Francisco Beye Cisneros, se construyeron los altares mayor y laterales, aprovechándose parte de los materiales destinados a las obras de la Colegiata» y «el altar de mármol blanco, construido a iniciativa del señor canónigo Don Manuel González, en 1913».

El panteón fue nuevamente inaugurado por el canónigo Juan María García Quintana y Roda, sepultado en su propia fundación el año de 1865, resultando sobre todo impresionante, el que esta morada sea el remanso postrero y nos muestre la última de las vanidades, la soberbia de los monumentos funerarios.

Tumba de Manuel García Torres en el Panteón del Tepeyac, 1915. Fotografía Mediateca del INAH

Entre los personajes ilustres que yacen en este panteón destacan, entre otros, el ingeniero Manuel María Contreras, a quien debemos la realización de las obras del desagüe del valle de México.

De las esculturas de Ponzanelli tenemos el ángel de la tumba de la familia Sánchez Mármol y la del filántropo Gabriel Mancera, introductor del ferrocarril desde el estado de Hidalgo a la Ciudad de México.

El Panteón del Tepeyac. Fotografías Mediateca del INAH

Entre la lista interminable de personajes que descansan en las alturas de este panteón, tan lleno de esculturas bellamente labradas, se encuentra las de Filomeno Mata, gran opositor de la dictadura porfirista y director de El Diario del Hogar; el doctor Rafael Lucio, eminente médico de cabecera del presidente Benito Juárez y director del Hospital para Leprosos.

Debemos mencionar también al extraordinario arquitecto Lorenzo de la Hidalga, constructor del Teatro Nacional, el Mercado de El Volador, la cúpula de Santa Teresa la Antigua, el Ciprés de Catedral y de manera significativa a él se debe el calificativo de Zócalo al centro de la Ciudad de México, porque se le había encomendado la realización de un vasto plan que incluía reformas al Palacio Nacional y la Catedral, habiendo ejecutado únicamente el Zócalo de la columna de la Independencia.

Entre otros personajes se encuentran también don Manuel Orozco y Berra, autor de la Historia Antigua de la Conquista de México; Alfredo Chavero, autor de la primera parte de la obra monumental México a través de los siglos; Victoriano Agüero, fundador del periódico El Tiempo, paladín de la verdad histórica.

La tumba de su «alteza serenísima», Antonio López de Santa Anna, en el Panteón del Tepeyac

Entre los presidentes de México, Félix Zuloaga y su alteza serenísima, don Antonio López de Santa Anna, siete veces presidente; así como el ex presidente de Guatemala, Lizandro Barillas; familias ilustres como los Larrainzar, descendientes del que firma el acta de Independencia en Centroamérica; don Francisco Antonio de Córdova; la familia Dondé; los Mier y Pesado, benefactores del santuario y creadores de la fundación que lleva sus apellidos; la familia Andrew Almazán; Luis Segura Vilchis; el general Bernardo Reyes; Trinidad García, director de la Escuela de Ciegos; el marqués José de Moncada, emparentado con los de San Mateo de Valparaíso y los del Jaral de Berrio, que se distinguieron por su «caballada», ya que el escultor sevillano Manuel Tolsá tuvo como modelo el caballo llamado el «Tambor» para realizar el monumento a Carlos IV.

Otra toma de la tumba de Santa Anna, siglo XIX. Fotografía Mediateca del INAH

En fin, podríamos dar una lista interminable de hombres ilustres, ya que el gran paisajista José María Velasco también estuvo sepultado en este panteón, lo mismo que el torero Ponciano Díaz. De manera especial, la Villa de Guadalupe se ha distinguido porque en ella descansan hombres de la talla de don Rafael Martínez, defensor de Maximiliano en la capilla del cerrito, así como el protomártir de la Independencia Francisco Primo de Verdad y el virrey Antonio María de Bucareli y Ursúa en la colegiata de Guadalupe, y el corazón de uno de los arzobispos más ilustres del país se encuentra en la capilla de Capuchinas, por referirnos a don Alonso Núñez de Haro y Peralta. El Pocito fue la sepultura del corregidor de Querétaro, y en un panteón cercano llamado de Guadalupe, es el lugar donde reposan los restos del poeta Antonio Plaza, y en la capilla vieja de los indios, según el relato guadalupano, es el lugar donde se encuentra sepultado Juan Bernardino, Juan Diego y el vicario Luis Lazo de la Vega. ♦

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Cronista del Tepeyac | Noviembre de 1994

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