Remedios de los abuelos

• Este sistema ha sido seguido en todas las latitudes y por todas las culturas, lo que les ha permitido conocer y progresar en el arte de curar, al que algunos despectivamente llaman «yerberos», sin valorar el bien que hacen a los pueblos

Por José Eduardo López Bosch | Revista Nosotros Núm. 23 | Diciembre de 1999

La medicina tradicional, así llamada porque ha pasado a través del tiempo en forma oral, de padres a hijos y así lo han registrado los abuelos de nuestros abuelos, a los que se les reconoce su sabiduría, por el sencillo pero acertado método de observar la naturaleza, su entorno, ver su comportamiento y utilizar los medios que tienen a su enlace para restablecer las alteraciones que sufre el estado normal de salud de los hombres.

Este sistema ha sido seguido en todas las latitudes y por todas las culturas, lo que les ha permitido conocer y progresar en el arte de curar, al que algunos despectivamente llaman «yerberos», sin valorar el bien que hacen a los pueblos.

Aquí narraré algunos «remedios» sobre malestares que son padecidos por distintas causas, unas debidas al propio hombre por su trabajo, otras por elementos ajenos a él, debido a otros animales u objetos con los que se ha enfrentado.

Así por ejemplo, los piquetes de avispa o abeja, que se padecen cuando se entorpece o ataca a estos animalitos, al molestarlos en su vuelo cotidiano de subsistencia, éstos se defienden y atacan con su aguijón, en el que llevan cierta substancia que inyectan en la piel o tejido, provocando de inmediato una reacción orgánica de hinchazón y dolor.

Aquí hay que tratar de sacar de inmediato el aguijón con las uñas, que en forma de pinza lo extraen, al tiempo que se presiona en su entorno para expulsar la ponzoña depositada. Luego se le echa mucha agua encima, para lavar la herida, y se amaina el dolor, poniendo la herida al sol, para que con el aumento de temperatura lo evite. Más tarde, se le pone una hoja amplia que cubra el piquete, con un poco de lodo hecho con polvo de tierra limpia y agua, para que absorba el veneno o substancia como vendaje con un lienzo o hilo en su derredor, hasta que se seque el lodo y se deshinche el piquete.

Cansancio en los pies

Las largas caminatas que se tienen que hacer en la faena diaria provocan una gran fatiga y al terminar el día se dice que «ya no se aguantan los pies», porque estos soportan el peso del cuerpo que cargan sobre sus piernas, por lo que es un sabio consejo de los viejos el que al terminar la faena, se recueste uno con los pies hacia arriba y se muevan los dedos ligeramente durante algunos minutos, con lo que se va sintiendo un descanso.

Mientras, aprovechando este tiempo, se pone a hervir agua con pedazos de sábila, y se le deja enfriar hasta que se tolere introducir los pies en ella, y ahí se da un masaje circular con los dedos sobre estos, lo que permitirá un descanso total.

También se puede poner, en lugar de sábila, eucalipto o romero, los que también ayudan a provocar el relajamiento muscular y el necesario descanso.

Dolores

Desde luego que sabemos que los dolores no son producto de la «civilización occidental», sino que éstos se deben a trastornos en la naturaleza humana y los antiguos observando las conductas de sus contemporáneos han dado algunos remedios para disminuirlos, amainarlos o quitarlos.

Así, cuando uno se enfría, se provoca tos y con ella viene un dolor de garganta, el que puede quitarse hirviendo en agua un puño de hojas de buganvilia, con una cabeza de ajo y una cebolla, hasta que el agua se torna cristalina y color violeta, colándola y agregando jugo de limón y miel de abeja. Se hace un jarabe, del que se toma un traguito cada vez que uno quiere toser, lo que en menos de un día hace desaparecer la tos y el dolor de garganta.

El dolor de cabeza se puede eliminar con unos sencillos ejercicios faciales: 1) Se elevan y bajan durante unos minutos las cejas alternadamente, deteniendo con la mano, la izquierda o la derecha, en forma pausada y tranquila, y el dolor desaparece; 2) Con los pétalos de una flor, se ponen en las sienes pegándolas con saliva, y se elevan las cejas con fuerza y rapidez, dejándolas caer en forma relajada; 3) Se abren y cierran los ojos con fuerza y rapidez, por unos minutos, acelerando la circulación de la sangre en la cabeza, la que deberá recargarse, pero manteniéndola en alto; 4) Otro ejercicio es bostezar forzadamente al tiempo que se hacen muecas violentas de un lado a otro, por unos minutos.

A lo anterior se le apoyó tomando una infusión de toronjil, tila, azahar, valenciana o cola de caballo, cualquiera de estas plantas que se hierven en agua, ayudan a quitar la cefalea o dolor de cabeza.

El dolor de muelas se quita frotando con fuerza la encía, sobre la pieza que duele, con un algodón empapado en alcohol y esencia de clavo.

También se puede terminar el dolor poniéndole sobre la encía o la medilla, un lienzo de tela como compresa húmeda y muy fría, lo que adormecerá la parte adolorida.

Si la muela está infectada, provocará una hinchazón, y esta aflora y hasta puede reventar con calor, por lo que no se recomienda éste, pues el dolor será mayor.

El dolor de oídos, por el contrario, se amaina con una compresa caliente sobre él, sin que se acueste la persona, para evitar la hinchazón superior; también se recomienda poner una o dos gotas de aceite que tenga la temperatura del cuerpo, depositándolas en el oído afectado y tratar de bostezar para que éstas penetren y provoque la regulación de la presión interna.

El dolor por golpes en piernas, brazos o abdomen, que provocan los llamados moretones o cardenales, se reducen con una compresa de agua de limón muy fría sobre el golpe, sustituyendo ésta cada vez que pierda su temperatura y retome la del ambiente. Al día siguiente aplique compresas calientes y con ello se dilatarán los vasos sanguíneos y volverá la circulación normal.

Paralelamente tome jugo de limón, lo que mejorará el flujo sanguíneo. ♦

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