Las cabañuelas de enero y la predicción del clima durante el año
Por Manuel Garcés Jiménez
Aún en estos tiempos existen diversas sabidurías populares de arraigo prehispánico relacionadas con la naturaleza; algunas se han preservado a la actualidad debido a que se trasmiten oralmente de generaciones por los abuelos dedicados a la actividad campesina.
La sabiduría popular se remonta a tiempos prehispánicos, cuando ya se tenían amplios conocimientos del cosmos y su influencia directa sobre todo ser vivo, por lo que había la facilidad de pronosticar el tiempo a través de la observación de ciertos fenómenos naturales como la posición del Sol, las estrellas, la Luna, y el comportamiento de algunos animales. Como vemos, toda esta sabiduría es herencia cultural del mundo náhuatl, quienes basaban sus conocimientos en los cuatro elementos esenciales de la vida: aire, fuego, tierra y agua, mismos que deberían de mantenerse en equilibrio para la supervivencia de la vida.
Una de las observaciones de la naturaleza y que aún son vigentes, es a partir del primer día de enero cuando los campesinos están al pendiente del fenómeno de las cabañuelas, sabiduría que data del México prehispánico y que fue conocida como tonallapohualli, que significa la cuenta del tiempo.
Además, los mayas también tenían amplios conocimientos del cosmos, fueron los adoradores de Kukulcán y de Nicte-Há, entre otras deidades, quienes sabían con exactitud el inicio de las siembras para sus alimentos, sobresaliendo el maíz.
En la actualidad, a pesar de los cambios climáticos que sufre nuestro planeta, la gente dedicada a la agricultura tradicional está al pendiente desde los primeros días de enero para poder pronosticar cómo probablemente estarán los doce meses del año.
Las versiones de los abuelos sobre las cabañuelas es estar atentos a cómo estará durante el mes de enero (si hace viento, nublado que corresponde a lluvia, soleado), esto nos dará el primer mes del año. Es decir, el día primero al duodécimo le corresponde a cada día uno de los doce meses en orden progresivo (verbigracia: el día primero al mes de enero, el día 2 a febrero, el 3 a marzo, y así sucesivamente), al terminar el día 12 que será diciembre. Así continua el conteo pero ahora en sentido inverso y va del día 13 al 24. Es decir, el día 13 corresponde a diciembre, el 14 a noviembre, el 15 a octubre y así sucesivamente. Los días restantes (del 25 al 30) corresponden a un día por cada dos meses, dicho de otra manera, son cabañuelas de medio día; después se continúa con horas, le seguían medias horas y se termina en minutos el día 31 de enero.
Entre los mayas lo conocieron como Can Ualapach al último día del primer mes del año. Cada hora del 31 de enero, de las 6:00 de la mañana a las 18:00 horas les representaba un mes del año.
Actualmente, las cabañuelas son consultadas con seriedad por nuestros hombres del campo, pues de la buena observación dependerá la probabilidad de tiempo óptimo para iniciar la siembra para obtener abundantes cosechas, tal y como lo realizaba el señor Joel Cruz, quien este año del 2024 cuenta con cien años de edad, nativo de Tecómitl, Milpa Alta, que nos comenta cómo las cabañuelas son un excelente termómetro para las actividades del campo agrícola, apoyado por el Antiguo Calendario de Galván y los calendarios tradicionales de doce hojas por mes, en los que aparecen en cada una de ellas los meses de las posesiones de la luna.
Aunado a las cabañuelas, existen otras sabidurías populares que permiten pronosticar a corto y mediano tiempo las variaciones del tiempo, como el comportamiento de los animales, los que poseen una alta sensibilidad, recurso que es aprovechado por los campesinos para poder aplicar ciertas medidas pertinentes aplicadas en sus labores cotidianas.
Verbigracia, cuando los grillos emiten un sonido estridente durante el día y noche causado por el roce de una de sus piezas córneas, situadas en los élitros están anunciando el cambio brusco de temperatura que se originará en un lapso promedio de cuatro o cinco días. Tomemos el siguiente ejemplo: si es la época de calor, pues después lloverá o viceversa. Otro caso, cuando los perros se revuelcan con las patas hacia arriba nos indica que lloverá en el trascurso de la siguiente semana. Asimismo, las hormigas y las abejas son sensibles a la lluvia, lo cual son de cuatro o hasta ocho días de anticipación, aceleran su ritmo de trabajo introduciendo su alimento en su refugio para los días de lluvia y húmedos.
Pongamos atención a las golondrinas cuando arriban al Valle de México durante los primeros días de marzo, después de haber emigrado del norte de nuestro continente empiezan a planear a ras del suelo cuando perciben cercanas las lluvias. Probablemente también esta actitud sea una muestra de alegría, ya que con la tierra húmeda y pequeñas basuras podrán empezar a construir sus nidos. Existen otros pájaros conocidos como aguadores, que también se relacionan con el cambio del clima; éstos durante el mes de mayo emiten sonidos peculiares cuando se encuentra próximo el temporal de lluvia. Posiblemente estas aves solamente estén de paso por el Valle de Anáhuac, porque después ya no se les vuelve a escuchar.
Aunado a lo anterior, pongamos detenidamente la posesión de la Luna que se relaciona con fenómenos naturales con leyes semejantes con la lluvia, la vida de las plantas, la fertilidad y la reproducción. En el caso de su halo, comúnmente llamado casa de la luna, anuncia cambios de clima y otros efectos sobre la tierra, «…la luna es un indicador meteorológico: si nace roja, es señal de que hará calor; si es blanca, hará frío, helará o granizará; si al nacer los ‘cuernos’ se dirigen al norte, lloverá, si es hacia el sur, hará calor; si aparece amarilla o dorada, lloverá; si es blanca, soplarán los vientos; y si es de color rojo subido, el tiempo será».
«En algunas ocasiones, la casa de la luna o halo que rodea al astro predice también el tiempo; si el anillo es blanco, se trata de un mal augurio: habrá terremotos o algún otro fenómeno natural. Si en el anillo aparecen los colores del arco iris, entonces indica buenos acontecimientos: abundancia, muchos nacimientos de bebes y de animales, buen tiempo para iniciar las actividades agrícolas».
Otra creencia de los campesinos está vinculada con la luna llena, que se relaciona con el tiempo propicio para que los tlachiqueros capen el centro de los magueyes, es decir, se le extrae el centro o corazón de la planta para extraer el aguamiel para su fermentación y obtener el pulque, el necuhtli, neutle u octli, como lo conocían los mexicas. De no realizar la citada labor, durante ese lapso, la planta de maguey queda relativamente inservible para la obtención del aguamiel. Durante este periodo de luna llena se talaban los árboles, así como el corte de pelo y la poda de plantas. La Luna está asociada a la medicina tradicional donde muchas yerbas medicinales se tienen que cortar en sus determinadas fases.
Varias aves como el águila estaban asociados con el sol, como símbolo del astro. En los cielos de este valle, durante el fin de año se ven aparecer los halconcillos, familia de las águilas sobrevuelan tal vez anunciando las heladas durante los meses de diciembre, enero y febrero. Tal parece que dichas aves arriban al Valle de Anáhuac para recibir y despedir a las cabañuelas.
Al retirarse la época de lluvias, durante el solsticio de verano, empieza la época considerada como dañina para todos los seres vivos, conocida como canícula, periodo que comprende del día 16 de julio al 15 de agosto. Durante esta etapa, el labriego ya no podrá laborar la tierra debido al aire contaminado que persiste, al calor excesivo y a la sequía. Es la época donde los mosquitos se vuelven más agresivos con picaduras y ruido durante la noche.
Al respecto, el escritor Juan Rulfo apunta: «Ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias»…
En fin, aún existen una gran variedad de sabidurías populares, donde otras han quedado en el olvido.
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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.
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Bibliografía:
Birgitta Leander. Herencia cultural del mundo náhuatl. SEP-Setentas, México, 1972.
Díaz Infante, Fernando. La Estela de los Soles o Calendario Azteca. Panorama Editorial, S.A. México, 1992.
González Torres, Yólotl. El Culto a los astros entre los mexicas. SEP-Setentas, México, 1975.
Trejo Sandoval, Marte. Las Ciudades del cielo. Editorial Círculo Cuadrado, México, 1992.

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