El olivar de San Juan Ixtayopan, historia de tres milenios
Por Manuel Garcés Jiménez | Nosotros, Núm. 63 | Octubre de 2003
Hablar de los centenarios árboles de olivo que se localizan al norte de San Juan Ixtayopan –en la delegación Tláhuac– y otros más al oriente de Tulyehualco –en la delegación Xochimilco–, es reencontrarse con la historia de su cuna de origen: el Mediterráneo. En La Biblia hallamos que «desde que la paloma enviada por Noé para comprobar el descenso de las aguas del Diluvio, regresó con una rama de olivo en el pico, este árbol se ha convertido en símbolo de paz».
Para los habitantes de los citados poblados estos vetustos árboles representan en gran parte su devenir histórico al recordar que estos fueron fuente de la economía familiar por muchas décadas con la cosecha de su fruto, que son las aceitunas, consideradas como materia prima para la elaboración de aceite muy cotizado en el mercado por sus virtudes medicinales y alimenticias.
«Ningún árbol está más estrechamente asociado a la historia de la humanidad y al desarrollo de la civilización que el olivo». Esto lo confirmamos en términos de la historia de la humanidad, pero en ese mismo sentido lo podríamos aplicar a la historia del sureste del Distrito Federal al repasar el origen de estos retorcidos árboles que han visto pasar innumerables generaciones y aún siguen de pie.
Los fenicios y los romanos lo llevaron por toda la cuenca del Mediterráneo y, obviamente, por España, de donde llegó a nuestro país, por lo que se tiene conocimiento que los olivos de Ixtayopan y Tulyehualco posiblemente fueron los primeros que se cultivaron en estas tierras recién descubiertas por los españoles, recayendo en el fraile Martín de Valencia enseñar tanto el cultivo como el procesamiento del aceite de oliva a los indígenas de estos lugares.
La planta de olivo, junto con otras procedentes de Europa como el manzano, el melocotón, la ciruela, el almendro y la vid, llegaron a la Nueva España a petición de Cortés, según se expresa en su Cuarta Carta de Relación.
Esto viene a colación al celebrarse el segundo jueves de julio el Día del Árbol por decreto presidencial, dado a conocer en el Diario Oficial de la Federación, instituyéndose el siete de julio de 1959; es por ello que la delegación Tláhuac reforestó docenas de olivos en los terrenos donde ya existían los olivares que datan del virreinato en el paraje de casi dos kilómetros cuadrados denominado el Olivar de Santa María, donde de manera trascendental la delegación Tláhuac instaló por vez primera un sistema de tiego para prolongar la vida de estos longevos olivares.
En un interesante estudio realizado por las antropólogas Marcela Montellano y Claudia Espejel Carvajal, publicado en el Boletín del Museo Nacional del Virreinato, realizaron una síntesis histórica, etnobotánica y etnohistórica del Olivar de Santa María de San Juan Ixtayopan, llegando a lo más profundo de las raíces tanto del lugar como el origen de estos árboles, por lo que retomamos algunos extractos de dicha investigación.
«El sitio que nos ocupa conocido actualmente como Los Olivos, tiene una historia cultural de tres milenios. Las primeras ocupaciones humanas datan del período llamado Formativo temprano, es decir, 1350 a.C. En esa época los asentamientos se encontraron dispersos a lo largo de la ribera del lago Chalco-Xochimilco en donde el medio ambiente presentaba condiciones óptimas para la agricultura y para la explotación de los recursos lacustres.
»Durante el formativo medio hay un crecimiento demográfico que da lugar a asentamientos nucleados distribuidos homogéneamente en la ribera del lago y aparecen otros de tamaño considerable, al pie del monte. El sitio Los Olivos es uno de los primeros.
»El constante aumento poblacional trae consigo cambios en la estructura política, social y económica de la región, iniciando al mismo tiempo un proceso de jerarquización en los asentamientos. Para el Formativo tardío, varias aldeas están agrupadas alrededor de uno o varios sitios nucleares, en uno de estos grupos se encuentra Santa Catarina, Tlapacoya y Terremote; en otro Tlaltenco, Tláhuac, Ixtayopan y Mixquic. Ahora bien, las poblaciones que se encuentran en la ribera del lago, como Terremote y Tlapacoya ocuparon una posición destacada por disponer de terrenos agrícolas fértiles, mientras que las aldeas pequeñas de las zonas altas dependían de las primeras para subsistir.
»Hacia el año 300 d.C., Cuicuilco, al poniente de la cuenca, se vuelve un centro importante, lo mismo que Teotihuacan, al norte. Los pobladores del lago Chalco-Xochimilco emigran hacia estos nuevos centros urbanos, lo que da lugar una vez más a la aparición del patrón de asentamiento disperso de las primeras épocas. Esta situación prevaleció hasta que, en las fechas tardías del período Posclásico, surgen asentamientos grandes y homogéneos como Culhuacán, Xochimilco, Chalco, Amecameca, Mixquic, Ayotzingo y Cuitláhuac. Este último corresponde al actual San Pedro Tláhuac, del que dependían los habitantes de Tulyehualco e Ixtayopan».
Podemos considerar que las plantas del viejo continente llegaron en forma de semilla y pie de mata en base a un documento del siglo XVIII donde encontramos las explicaciones para construir un modelo de caja en el que se pudieran transportar los arbolitos. Algo similar debe haber sido utilizado tres siglos antes.
Un fin de semana sería propicio para poder disfrutar de la sombra de estos interesantes árboles de San Juan Ixtayopan, y recomendable es acudir al lugar con la familia, recordando a los suyos el respeto a la naturaleza y en especial a estos árboles, testigos inquebrantables de la historia del lugar. ♦
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Bibliografía:
Montellano Arteaga, Marcela. Espejel Carbajal, Claudia. Los olivos de San Juan Ixtayopan. Memoria histórica. INAH, México, 1994.
Ward, Bernard. Alimentos medicinales de la época de La Biblia; su uso actual. Editorial Panorama, México, 1995.


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