Porqué debe ser Anahuac y no Mesoamérica este territorio

• Anahuac es el nombre autóctono de nuestro actual territorio, y el término Mesoamérica inventado por Kirchhoff es una falsedad histórica y geográfica

Por Tlacatzin Stivalet | Revista Nosotros, Núm. 63 | Octubre de 2003

Existen numerosas razones históricas para llamar «Anahuac» a nuestro territorio nacional. La primera razón es por ser el nombre usado por nuestro abuelo Cuauhtemoc en lo que se ha llamado su Último Mensaje, también conocido con el nombre de Consigna de Anahuac. Este mensaje que había sido enviado a los cuatro rumbos de Anahuac la noche previa a la entrega de la plaza militar de Tenochtitlan-México, contiene la aceptación del destino de nuestros abuelos antiguos como un ocultamiento del sol cósmico que alumbraba a los antiguos anahuaca. Allí se dice cómo nuevamente pueda cumplir grandiosamente su promesa.

En consecuencia, se puede afirmar que Anahuac es el nombre autóctono de nuestro actual territorio, en lengua nahua. Nombre que en castellano significa «lugar cercano al agua»; de atl, agua, y nahuac, cerca de, junto a. El nombre Anahuac está ampliamente documentado desde el siglo XVI de la cuenta europea. A lo largo de 300 años que existió Nueva España, se registró el nombre de Anahuac como equivalente del territorio novo hispano.

El término antropológico «Mesoamérica» literalmente significa América Media, fue inventado por el investigador alemán Paul Kirchhoff en 1943, utilizando el prefijo griego mesos, que significa «lo que está en medio». Como antropólogo usó este nombre para referirse al espacio ocupado por los pueblos autóctonos de la antigua Anahuac justo antes de que los españoles invasores la llamaran Nueva España; su interés era definir antropológicamente el área geográfica ocupada por una serie de pueblos que tuvieron una cultura común con diferentes particularidades culturales. El título completo del documento es Mesoamérica, sus límites geográficos, composición étnica y caracteres culturales. Aunque usar este nombre moderno es una falsedad histórica y geográfica, desde hace 50 años el término es utilizado por la mayoría de historiadores, antropólogos, sociólogos, etnólogos, arqueólogos, científicos e intelectuales mexicanos, sin que ninguno de ellos haya sometido este neologismo a un análisis crítico riguroso. Es más, pareciera como si con el vocablo Mesoamérica se buscara arrancar de nuestro país todo lo autóctono, hasta el nombre original de nuestro territorio en una lengua indígena.

En su ensayo Kirchhoff propuso el nombre de Mesoamérica para nombrar una de las seis superáreas autóctonas de nuestro continente. Las otras cinco enlistadas por él son: Suroeste de Norteamérica, en el sentido de The greater southwest o de la América Árida. Sureste de Norteamérica Chibcha, Andes y Amazonia. Además de que estos nombres resultan congruentes entre sí, es evidente que Mesoamérica está geográficamente en medio de ninguna parte. Al existir Mesoamérica además de Suroeste de Norteamérica, y Sureste, según el documento original de Kirchhoff, es lógico pensar que Mesoamérica no puede estar en América del Norte.

Kirchhoff hace referencia a que algunos antropólogos norteamericanos dividen a nuestro continente en tres regiones: la primera es Norteamérica, la segunda es Sudamérica y la tercera de las regiones es para ellos México y Centroamérica; a esta región la llaman Mittle America, «América Media». Siendo alemán, en esta lengua existen dos términos para llamar a Centroamérica Mittelamerika, «América Media», y Zentralamerika, «América Central». Esto no hace sino confirmar la errónea manera en que los antropólogos norteamericanos y alemanes conciben la ubicación geográfica de nuestro país, al menos algunos de ellos. Pueden plantearse la existencia de una consideración de inmerecimiento de los mexicanos para pertenecer a América del Norte que consideran integrada únicamente por Canadá y Estados Unidos. De ser cierto este posible sentimiento implícito, indicaría una posición discriminatoria de «algunos antropólogos norteamericanos».

Esto hace recordar un comentario irónico de muchos europeos, especialmente los franceses, quienes suelen decir: «África empieza en los Pirineos». Esta afirmación peyorativa convierte a España en parte de África, puesto que los Pirineos son la división geográfica entre Francia y España, países europeos ambos. Este comentario sarcástico y despectivo para los españoles no ha cobrado una forma oficial, como la implícita forma denigrante y peyorativa de nombrar Mesoamérica a nuestro país, cuando se refiere a nuestras culturas autóctonas. Con este nombre se quiere perpetuar el menosprecio que durante 500 años los europeos han mantenido en contra de nuestras culturas ancestrales. Con este nombre inventado por Kirchhoff se intenta mantener el menosprecio y la incorrecta valoración.

La actual tendencia a valorar correctamente a nuestra cultura madre debe principiar por nosotros mismos, los actuales mexicanos. Debemos estudiar nuestra cultura desde la perspectiva autóctona. Esto plantea la necesidad de que busquemos las raíces de la manera más autóctona y no de la manera en que ha ocurrido los últimos 500 años, siempre desde la perspectiva y la cosmopercepción europea. Es prioritario que quienes creemos en la universalidad implícita, en la cosmopercepción autóctona, nos demos a la tarea de rescatar nuestro pasado autóctono de una manera límpida y sin deformaciones extranjeras, que lo único que han hecho es convertirnos en seres ajenos a nosotros mismos, en seres que no se valoran como ciudadanos del mundo con plenos derechos.

En esencia, este nombre es un tecnicismo antropológico. Usar tan extensivamente este nombre en lugar de Anahuac es aberrante. Esto equivale, toda proporción guardada, a que las señoras que van a comprar al tianguis pidieran verduras con los nombres científicos de la clasificación de Lineo: «Licopersicum esculentum» en vez de pedir jitomates; «Capsicum annum» en vez de chile; «Opuntia streptacantha» en vez de pedir nopales, o «Persca americana» en vez de aguacate. Sería lo mismo que en algún verso un poeta escribiera «H2O» en vez de agua. Los nombres técnicos tienen su ámbito y no deben ser sacados de ahí.

Usar el reciente nombre Mesoamérica para enseñar la historia es algo inadecuado. Los estudiantes de historia deben prepararse para que, quienes se dediquen profesionalmente a la investigación histórica, conozcan desde ahora los nombres históricos y no los nombres modernos para lo ocurrido en el pasado. Es importante mercar la realidad histórica sin eufemismos ni deformaciones de nomenclatura.

Hasta el año europeo de 1521 a 1821 el nombre oficial fue Nueva España; de 1821 a 1824 el nombre oficial fue Imperio Mexicano y a partir de 1824 el nombre oficial que registra nuestra Constitución política para el territorio nacional es Estados Unidos Mexicanos.

Estos nombres están de acuerdo a nuestra realidad histórica, los estudios recientes de los antropólogos no deben llevarnos a falsear la realidad histórica, cambiar estos nombres originales es propiciar la confusión de los investigadores. En estricto apego a la historia, se puede hablar de época anahuaca, época novo hispana, época imperial y época mexicana.

Como país, México nació en el año 1821 del cómputo europeo del tiempo. Por esto mismo no puede decirse «México antiguo» para referirnos a nuestra cultura autóctona. El México más antiguo que existió desde un punto de vista estricto, es el de 1821. Cuando se dice «los antiguos mexicanos», históricamente le está hablando de los nacidos a partir del 27 de septiembre de 1821. Los nacidos en nuestro actual territorio antes de esa fecha, en apego a la realidad histórica, deben ser llamados novo hispanos, si nacieron entre 1521 y 1821, o bien anahuaca o antiguos anahuaca si nacieron antes del año yei calli que coincidió con el año europeo de 1521. Cuauhtemoc fue anacahuaca, por ejemplo.

Por ser de importancia, conviene citar algunas fuentes documentales que identifican a la antigua Anahuac con Nueva España. La primera que aparece históricamente es el Apéndice del Libro Cuarto de la obra de Bernardino de Sahagún conocida como Códice Florentino. Allí existe un párrafo titulado precisamente: Introducción, i declaración nuevamente sacada, que es el calendario de los indios de Anahuac, esto es de la Nueva España. Casi al final del dominio español, en el año de 1779 de la cuenta europea, Francisco Javier Clavijero vio publicado el primer tomo de su traducción al italiano de la Historia Antigua de México, en el libro primero de la cual, en el Capítulo 1, División de la tierra de Anáhuac, se puede leer: «El nombre de Anahuac que según su etimología se dio al principio sólo al Valle de México, por estar situadas sus principales poblaciones en la ribera de dos lagos, se extendió después a casi todo el espacio de tierra que hoy (sic) es conocida con el nombre de Nueva España».

La siguiente referencia en orden histórico es el título completo de la obra que José Guerra, o sea, Servando Teresa de Mier, publica en 1813: Historia de la Revolución de Nueva España, antiguamente Anahuac, ó verdadero origen y causas de ella con relación de sus progresos hasta el presente año de 1813. Es muy lógico pensar que don José Tedo Morelos y Pavón tuvo conocimiento de esta obra, o del título al menos, cuando convocó al Primer Congreso de Anahuac, que se llevó a cabo en Chilpancingo, actual estado de Guerrero, a partir del 14 de septiembre del año de 1813 de la cuenta europea. Específicamente, la defensa del nombre de Anahuac como referido a todo el territorio, la hace el doctor Miguel León Portilla en su tesis doctoral, presentada en 1956, que se titula La Filosofía Nahuatl, estudiada en sus fuentes. Por considerar que esto aclara el nombre original de nuestro territorio nacional, conviene transcribir parte  de esta cita de Eduardo Seler, el investigador alemán, que presenta el doctor León Portilla al inicio del capítulo titulado «Los trece cielos: el espacio vertical»… «Debido a una incorrecta interpretación, algunos historiadores posteriores introdujeron la costumbre de designar la sección central de la actual República Mexicana como la meseta de Anáhuac, en tanto que los antiguos mexicanos, debiera decir antiguos anahuaca, entendían indefectiblemente por esto la tierra situada ‘a la orilla del agua’. O sea, todo lo que se extendía entre los dos mares…»

Con las referencias documentales anteriores se vuelve evidente que la propuesta de Paul Kirchhoff no coincide ni con los trabajos de otro estudioso alemán de nuestro pasado autóctono ni con las fuentes documentales más importantes. A esta falta de realidad histórica es preciso añadirle la falta de realidad geográfica. En consecuencia, y con el debido respeto, quienes buscamos que la conceptualización se apegue siempre al rigor de la realidad del espacio y del tiempo, debemos evitar el uso de la palabra Mesoamérica y apegarnos al nombre que es simultáneamente acorde con las fuentes documentales y con nuestra realidad geográfica: Anáhuac o, si se quiere, antigua Anahuac. ♦

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El autor es catedrático de la Universidad Nahuatl-Mascarones, A.C., que se localiza en Ocotepec, Morelos. Traducción al castellano por Gilberto Lozada Ortiz

Portada número 63 de la Revista Nosotros correspondiente a octubre de 2003

1 Comentario en Porqué debe ser Anahuac y no Mesoamérica este territorio

  1. Anahuac. Que buen nombre y tan simbólico y representativo de la tierra con su carga de identidad ancestral.

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