Carlos Xospa Santillán, soldado del ejército de Zapata
Por Manuel Garcés Jiménez*
Habitantes del sureste de la Ciudad de México aún resguardan celosamente oficios, reconocimientos, fotografías e, inclusive, armas (carabinas) de los familiares revolucionarios como muestra fehaciente de que sus ancestros participaron en el movimiento armado al que convocó Francisco I. Madero con el Plan de San Luis y el Partido Antirreleccionista en 1909 contra el gobierno de Porfirio Díaz que se apoderó de la presidencia de 1876 a 1911.
Fueron más de 30 años de discriminación, racismo, explotación y humillación para miles de campesinos por parte de los hacendados, dueños de minas y de la industria fabril. El territorio mexicano fue un mosaico de explotadores, principalmente en haciendas, en las que se producía maíz, frijol, arroz, caña de azúcar, pulque y fibra de henequén, entre otros productos.
En el lapso de 1910 a 1917 se suscitaron distintos hechos sangrientos que se quedaron marcados en la historia de nuestro país, incrementándose con la salida de Porfirio Díaz rumbo a Europa, con lo que dio inicio a la movilización de población, en el estado de Chihuahua con Pascual Orozco, José de la Cruz Blanco, Abraham González y Francisco Villa; en Sonora con José María Maytorena; en Coahuila con Eulalio y Luis Gutiérrez, y en Morelos con Pablo Torres Burgos, Genovevo de la O y Emiliano Zapata Salazar.
Inicialmente el movimiento campesino registró en Morelos la toma de Cuautla el 21 de mayo de 1911, expandiéndose a los estados de México, Puebla y Tlaxcala, así como en el Valle de México, siendo Milpa Alta, Xochimilco y Tláhuac donde los peones de las haciendas como Santa Fe de los Ahuehuetes, en las inmediaciones de Milpa Alta y Tláhuac, la de Xico –cercana al actual Valle de Chalco–, la de San Juan de Dios, en Chalco, de la Noria, la de San Antonio y la de Coapa, entre otras, se unieron al prócer del agrarismo Emiliano Zapata.
«Lo primero que supimos de la revolución fue que un día llegó un gran señor Zapata de Morelos. Y se distinguía por su buen traje. Traía sombrero ancho, polainas y fue el primer gran hombre que nos habló en náhuatl. Cuando entró toda su gente traía ropa blanca: camisa blanca, calzón blanco y huaraches. Todos estos hombres hablaban el náhuatl (casi igual que nosotros). También el señor Zapata hablaba el náhuatl. Cuando todos estos hombres entraron a Milpa Alta se entendía lo que decían.
»El señor Zapata se puso al frente de sus hombres y así le habló a toda la gente de Milpa Alta: ‘¡Júntense conmigo! Yo me levanté; me levanté en armas y traigo a mis paisanos’.
»Levántense con nosotros porque no nos gusta lo que nos pagan los ricos. No nos basta para comer ni para vestirnos. También quiero que toda la gente tenga un terreno: así lo sembrará y cosechará maíz, frijolitos y otras semillas. ¿Qué dicen ustedes? ¿Se juntan con nosotros?»[1]
Durante la revuelta campesina participaron muchos campesinos, sumándose el Ejército Libertador del Sur.
Así sucedió con el señor Carlos Xospa Santillán, de Santiago Tulyehualco, Xochimilco, y cuyo bisnieto, el señor Altemar Oldair Espinoza Corona, nos muestra los documentos en los que las autoridades de Xochimilco reconocieron en el año de 1941 la militancia activa en las filas zapatistas de su bisabuelo como soldado raso, al lado del general Genovevo de la O.
Carlos Xospa Santillán nació en el pueblo de Santiago Tulyehualco en el año 1900, fue hijo de la señora María de Jesús Santillán Molotla y de Francisco Xospa González, ambos de Cuentepec, Morelos. Migraron a Tulyehualco como consecuencia de la extrema pobreza y maltratos de los hacendados. Incluso muchas de las familias de esos lugares estaban endeudadas en las tiendas de raya que controlaban los mismos terratenientes, quienes al no tener el dinero suficiente para pagar la deuda, ésta se extendía a los hijos y si no era saldada, entonces se heredaba a la siguiente generación. Eso era motivo para que las familias dejaran su tierra natal a fin de migrar a otros lugares en busca de paz y tranquilidad. Eso sucedió con los padres de Carlos Xospa.
Su participación fue activa desde temprana edad con el Ejército Zapatista donde realizó varias actividades que le encomendó el general Genovevo de la O; apenas contaba con 14 años de edad cuando ya fungía como mensajero entre las tropas aliadas.
La familia platica que el 23 abril de 1920, cuando se da a conocer el Plan de Agua Prieta en Sonora, por el que Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles desconocen a Venustiano Carranza, por órdenes superiores Carlos Xospa se incorpora a la tropa para combatir los sublevados de Carranza. A su regreso a Tulyehualco se retira de la lucha armada para vivir con tranquilidad y dedicarse a trabajar la tierra. Su vida fue corta, debido a que a la edad de 35 años fue asesinado en Tlalpan, desconociéndose los motivos.
Pero también recordamos a otros personajes revolucionarios nativos de Santiago Tulyehualco, como la coronela Guadalupe Padilla; los coroneles Celedonio Garcés, José Beltrán, Cecilio Camacho, Aurelio Noxpanco, Eusebio Mendoza y Felipe Olivos el «Diablo».

Porque fueron muchos los hombres que por su valentía y coraje se unieron al zapatismo, de ellos los registra la historia por sus grados militares que alcanzaron (generales y coroneles); otros, en su mayoría, quedaron en el anonimato, a falta de encontrar algún medio que les reconociera su proeza revolucionaria y así evitar pasar desapercibidos.
Ahora se reconoce al soldado Carlos Xospa por su participación, por lo que se le recuerda con honor y justicia.
El presente testimonio fue la contribución documental de Altemar Oldair Espinoza Corona, bisnieto del soldado revolucionario, quien ahora difunde la historia de la familia. ♦
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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta
Bibliografía:
Horcasitas, Fernando. De Porfirio Díaz a Zapata. UNAM INBA, México, 2000.
[1] De Porfirio Díaz a Zapata, memoria náhuatl de Milpa Alta. Fernando Horcasitas.


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