Como nación «la fatalidad es el presente»: Pérez Vejo

• Somos una «nación doliente» con resurrecciones fracasadas por su componente mesiánico-escatológico donde los traidores siempre acaban ganando

Aunque sus antepasados no hayan vivido en el siglo XVI, todo mexicano educado por el Estado goza con las glorias del pasado prehispánico para ser mexicano, sufre con la Conquista y se regocija con la celebración de la Independencia, lo que es una «espléndida muestra» del éxito de las imágenes que constituyen la «pintura de historia» como instrumento de manipulación y seducción.

Esa «pintura de historia» del último tercio del siglo XIX, como el recurso por excelencia del Estado para construir un relato de creación que nos terminó homologando y, también, diferenciando del resto del mundo, es analizada por el historiador Tomás Pérez Vejo en su libro México, la nación doliente. Imágenes profanas para una historia sagrada, con el que cierra el círculo que abrió hace 25 años para investigar los orígenes del nacionalismo de uno y otro lado del océano Atlántico.

Durante la presentación del libro, el autor dijo haberse planteado como objetivo «no juzgar, sino explicar cómo se ha construido un relato que las escuelas siguen transmitiendo y constituye el arquetipo básico que articula la imagen que millones de mexicanos tienen sobre lo que son y lo que es México».

Luego de esbozar la invención de las naciones a través de las imágenes, puesto que la idea respecto de lo que somos es una memoria visual, y abordar los difíciles inicios de una iconografía nacional, el profesor-investigador del INAH devela el hilvane de ese discurso, cual cuentas de un rosario: misterios gozosos, misterios dolorosos y misterios gloriosos.

Los datos no mienten, al referir el porcentaje de cuadros de historia sobre cada periodo presentados en las exposiciones de la Academia de San Carlos: 35% representan hechos del mundo prehispánico, 35% de la Conquista y 16% de la Independencia; 23% si se incluye la guerra contra Maximiliano, imaginada como una segunda Independencia o segunda resurrección. Los inspirados en otros periodos históricos apenas llegan al 7% del total de los expuestos.

En palabras de Tomás Pérez Vejo, «la historia no es una fatalidad sino una elección. El pasado, lo mismo que el futuro o, quizá más, se elige, pero una vez elegido la fatalidad es el presente».

Por ello, el especialista, adscrito al Posgrado en Historia y Etnohistoria de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, señaló que la nuestra es una nación doliente «que expía sus pecados y llora sus muertos mientras espera la gloria», resurrecciones fracasadas que se engarzan como los eslabones de una cadena: de la Reforma a la Independencia, de la Revolución a la Reforma, y así sucesivamente. «Todas con el mismo componente mesiánico-escatológico y de una historia en la que los traidores, Iturbide, Porfirio Díaz, Salinas de Gortari, siempre acaban ganando, hasta, se supone, la última resurrección, la definitiva, la del fin de los tiempos», dijo.

Público asistente a la presentación del libro

Por su parte, Faustina Gantús Inurreta, historiadora del Instituto Mora, destacó el humor ácido que caracteriza a su maestro y del cual hace gala en un buen número de páginas. Tomás Pérez Vejo «se atreve a las provocaciones, al cuestionamiento de asuntos que parecen intocables para el mexicano: la intangibilidad de la nación, igual al de la voluntad divina; el papel de Maximiliano de Habsburgo en la construcción de la nación y del ideario nacionalista liberal, o cuando en relación con el mundo prehispánico subraya la reducción del relato nacionalista a la exclusiva cultura mexica; y bueno, llega al culmen cuando desafía al guadalupanismo nacionalista, al señalar la no excepcionalidad del caso».

En tanto que Pablo Yankelevich, investigador de El Colegio de México, comentó que México, la nación doliente puede leerse, incluso, como una «arqueología del racismo», el cual cierra con un capítulo sobre el olvido, porque «para la construcción de un relato nacionalista es importante que la gente olvide muchas cosas incómodas y que hacen difícil nos reconozcamos parte de una comunidad». Dijo que Tomás «no es un profesional del olvido y nos recuerda todo lo que nos hicieron olvidar».

El libro, coeditado por la Secretaría de Cultura federal a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y Grano de Sal, fue presentado en la Librería El Péndulo de San Ángel, en la Ciudad de México. ♦

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