Las misiones queretanas en la Sierra Gorda y fray Junípero Serra

• La labor del fraile franciscano fray Junípero Serra en la construcción de las misiones

Por Roberto Cruz Martínez | Revista Nosotros, Núm. 104 | Julio de 2007

El trayecto e itinerario para recorrer las cinco misiones queretanas declaradas por la Unesco como Patrimonio Mundial comienza en la Ciudad de México y requiere de aproximadamente seis horas, por un camino que se abre paso entre las montañas de la Sierra Madre Oriental, por donde curvas y pendientes parecen hacer hasta lo imposible por vencernos. Sin embargo, el paisaje seduce y en cuestión de kilómetros la vista se reinventa y el panorama árido se convierte en valle fértil. Uno es dueño de un paisaje que alberga ecosistemas que van desde el desierto de cactáceas hasta el bosque de encinos, la Sierra Gorda es considerada como reserva de la biósfera.

En el pueblo Pinal de Amoles hacemos una primera parada para disfrutar del mirador que, según se jactan los pobladores, es la puerta del cielo. Ahí la niebla dota al ambiente de un aire místico y una sensación de paz invade al viajero. Entrar por esa puerta es el comienzo para seguir los pasos de fray Junípero Serra, un personaje alrededor del cual se cuentan tantas historias impregnadas de fe que en algunas ocasiones pareciera tratarse de un mito.

Conquista espiritual

Fray Junípero Serra navegó durante 99 días hasta llegar a las selvas vírgenes de Veracruz donde fue atacado por un animal ponzoñoso que, al picarle el pie, se produjo una llaga que le impidió caminar con agilidad por el resto de su vida; fue así como adquirió el apodo del fraile de la pata coja. Pero con todo y su para coja el religioso atravesó a pie valles, montañas y comunidades rurales con el inquebrantable propósito de realizar una conquista espiritual en la Sierra Gorda de Querétaro.

La tarea no fue sencilla como quizás él esperaba, debido a que en 1750 esa región se encontraba dominada por indígenas, cuyo carácter bélico había truncado los esfuerzos militares de dominicos y agustinos por integrarlos al sistema virreinal. La resistencia que impusieron las culturas pames y jonaces les sirvió para tener intacta su religión y tradiciones, ganando así la fama de ser agresivos e infieles a la Nueva España.

Como era de esperarse, nuestro mítico personaje fue quien a base de prudencia y respeto convirtió a los indígenas al catolicismo. Porque el fraile les decía a los soberanos: «No hay más absurdo y condena al fracaso que pretender convertir a los indios por medio de decretos».

Durante 12 años los franciscanos se dedicaron a enseñar a los indígenas no sólo lo concerniente a la religión, también los instruyeron en el cultivo de la tierra, la comercialización y en principios científicos occidentales. Además, los organizaron y adiestraron para que levantaran las misiones con sus propias manos. Para 1762 las misiones de Jalpan, Tancoyotl, Tilaco, Landa y Concá ya habían sido construidas.

Fueron cinco iglesias desde donde fue difundida la palabra de Dios. Son edificaciones rodeadas por majestuosos escenarios naturales impregnados de los rasgos de su gente y del paso de la historia de la evangelización.

Fachadas de sincretismo

Los monumentos de cal y canto son fieles representaciones de la arquitectura barroca de su tiempo, aunque también cuentan con detalles de los conventos del siglo XVI, como son los atrios con cuatro capillas en las esquinas y al centro la cruz atrial.

Cuentan además con un sencillo claustro hogar de los frailes y sitio de reunión de la catequesis. Las fachadas fueron construidas en piedra y argamasa policromada, una mezcla fácil de manejar y muy resistente compuesta de cal viva, arena, baba de nopal, clara de huevo y sangre de toro.

En ellas conviven armoniosamente imágenes de águilas, jaguares y conejos prehispánicos con ángeles y mártires, cuyas vidas ejemplares había qué imitar. Cada una de las misiones queretanas se levanta soberbia, mostrando altiva su estilo barroco, su profusión de adornos y sus afamadas fachadas. Si se observa con atención, se alcanzan a ver los inmortales símbolos de las culturas indígenas que se negaban a abandonar sus creencias. Muy a pesar de los orgullosos conquistadores, la magia de los pames y jonaces se conserva desde hace 255 años como incuestionable evidencia de la unión de la cosmovisión indígena y europea.

En 1769, cuando Junípero Serra vio cumplida su misión, emprendió el viaje hacia Baja California donde continuó realizando su labor evangelizadora. Estas cinco primeras misiones de la Sierra Gorda son conocidas como las más hermosas del total de 26 que existen y que, en la actualidad, son consideradas por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad debido a su majestuosidad arquitectónica, ubicación en la región, relación con su entorno natural e importancia histórica.

Las palabras de despedida del fraile franciscano constituyen una de las frases preferidas de los guías de turistas que reviven esta historia ante los fascinados visitantes día con día: «Legué sin nada, me voy sin nada, pero les dejo un gran tesoro: la fe». ♦

Portada 104 de la Revista Nosotros correspondiente al mes de julio de 2007

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