Primera presidenta en México y la número 15 del mundo
Por Manuel Garcés Jimenez
El 2 de junio del 2024 nuevamente volvió la democracia, la honradez y la verdad, gracias a un gran hombre, Andrés Manuel López Obrador, impulsor de la democracia y contra la corrupción con su política anti neoliberal; con el pueblo consiente que nuevamente despertó y participó con más de 35 millones de votos, 5 millones más que lo obtenido por el actual presidente en la elección de 2018. Con esto: «Sigamos haciendo historia» con la primera mujer científica que se ha distinguido por su vocación al servicio público, su amor al pueblo y su cercanía con los mexicanos de todas las clases sociales. Toda una vida de trabajo, lucha y de servicio.
Desde 1824, nuestro país no había sido gobernado por una mujer, ahora a 200 años tenemos la primera presidenta, una científica apasionada del arte, la literatura, el deporte y la buena música, toca la guitarra y practicó el ballet.
Estudio en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) donde se sumó a la lucha contra la violencia de género y a favor de los derechos de las mujeres. A sus 15 años se integró al plantón organizado por el Comité de Madres y Familiares de Presos y Desaparecidos Políticos, a lado de Rosario Ibarra de Piedra[1].
Siendo estudiante en la UNAM, estuvo al frente ante el Consejo Técnico de la Facultad de Ciencias, y dirigente del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), movimiento que evitó que se elevaran las cuotas para ingresar a la UNAM.
Es titulada como licenciada en física. Cursó la maestría en Ingeniería Energética, siendo la primera mujer en ingresar al doctorado en esa especialidad. Es investigadora y académica de la UNAM. Actualmente tiene licencia para ocupar cargos públicos, ha publicado dos libros y diversos artículos científicos.
Su trabajo a favor del medioambiente ha rendido muchos frutos, e incluso obtuvo el Premio Nobel de la Paz, como parte del Panel Intergubernamental de Cambio climático. Su trayectoria profesional le valió que el presidente Andrés Manuel López Obrador la designara en el 2000 secretaria del Medio Ambiente en el entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México.
Participó en las acciones para impedir el fraude electoral de 2006. Cuando Felipe Calderón Hinojosa intentó privatizar Pemex, Claudia Sheinbaum creó la brigada de mujeres (las Adelitas), para defender nuestro recurso natural, petróleo. Fundadora de Morena y jefa delegacional de Tlalpan, donde su política estuvo enfocada en el bienestar de los tlalpenses.
Como jefa de Gobierno de la Ciudad de México se construyeron dos universidades, tres hospitales y siete preparatorias. Se crearon, además 300 centros comunitarios de barrio donde se imparten cursos de educación continua, talleres de arte y cultura. Se dotaron de un millón 200 mil becas universales a estudiantes de preescolar, primaria y secundaria de escuelas públicas y fue creado el programa La Escuela es Nuestra, que hoy se aplica en todo México.
Se construyeron dos líneas del Cablebús y el Trolebús elevado. Fue rehabilitado y modernizado el Metro. Durante su gestión se redujeron los índices de delitos del fuero común en más del 50%. Se construyó la planta urbana de energía solar más grande del mundo.
Ahora, la presidente Claudia Shembaum Pardo se convierte en el número 15 de gobernantes del mundo. Hagamos un análisis de estas líderes del sexo femenino de 14 naciones del orbe.
Recordemos que durante 2024, de los 193 países que existen en el mundo, solo 14 gobernaron o gobiernan mujeres como presidentas o primeras ministras.
El ejemplo es con Dilma Rousseff, primera presidenta de Brasil (de 2010 a 2016), quién tuvo que lidiar con todo tipo de ataques, presiones y descalificaciones desde el día en que tomó posesión, recuerda la académica brasileña Regina Crespo, del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM, «Se decía que el presidente saliente, Lula da silva, la había puesto ahí para poder maniobrar y manipularla. Cosa que no era cierto y no sucedió nunca».
Dilma Rousseff, tuvo una militancia de izquierda durante su juventud, incluso tomó parte en la lucha armada contra la dictadura, fue presa política y torturada. Dilma fue la sucesora del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, un personaje carismático y popular que gobernó y cambió la ruta de la historia de Brasil dos administraciones antes que ella (2003 a 2010). Recordemos que Luiz Inácio Lula después de pasar por la cárcel por sus adversarios conservadores fue reelegido por segunda vez en 2023.
El mandatario brasileño la nombra ministra de energía y Minas para gestionar la grave crisis eléctrica del país y después, a raíz de sus buenos resultados, jefa de su gabinete. En materia laboral se reforzaron las leyes de protección para las trabajadoras domésticas. Se estimularon las carreras de nivel técnico para mujeres.
«En el segundo periodo, Dilma Rousseff ganó con muy pequeño margen y la oposición anunció desde el primer día: ‘no la vamos a dejar gobernar’. Ese fue su plan. En un afán pragmático por hacer alianzas con los conservadores, nombró vicepresidente a Michel Temer, de la derecha. Tan pronto se consumó la traición de Temer y su destitución por un golpe parlamentario, se cancelaron todas sus políticas de género. Las organizaciones femeninas tuvieron muy poca capacidad de influir. Temer conformó un gabinete sólo de hombres blancos. Dilma, ya muy golpeada en ese momento, fue tremendamente ofendida y descalificada.
»Dos años después hubo elecciones y ella se presentó para un escaño en el Senado por Minas Gerais. No ganó. Increíble –dice Crespo–. Ahora, con Lula, es nombrada directora de los bancos de los Brics, de suma importancia porque es una de las vías por las que Brasil está saliendo del ostracismo. Pero los movimientos feministas hoy en día tienen mucha mayor dificultad de luchar porque la agenda del feminismo ha sido bárbaramente satanizada por el bolsonarismo».
Otro caso es el de la emblemática Indira Gandhi, que gobernó la India entre 1966 y 1977 en un primer periodo y entre 1980 y 1984 (cuando fue asesinada). Explica la historiadora hindú Banerjee, de El Colegio de México y la Universidad de Calcuta, que ella llegó al poder «por circunstancias un poco raras a raíz de la inesperada y repentina muerte del segundo primer ministro. Los líderes del Congreso Nacional Indio, todos hombres y patriarcas, eligieron a la hija de Jawaharlal Nehru, el primer ministro porque, como mujer y relativamente joven, pensaron que sería débil y manipulable. Para enfrentar ese desafío, Indira Gandhi gobernó como populista y autoritaria».
Veamos a Margaret Thacher (conocida como la «Dama de hierro»), primera ministra de Gran Bretaña entre 1979 y 1990, una de las líderes políticas más poderosas de su época. Precisa la historiadora inglesa Catherine Andrews, del CIDE: «Thatcher había enfrentado mucho sexismo en su carrera, y tuvo que luchar para llegar donde llegó. Tenía poca simpatía hacia las demás mujeres, creo, porque creía que no se esforzaron como ella. También consideraba –como muchas mujeres exitosas en un mundo patriarcal– que era un caso excepcional y que las demás mujeres no tenían las cualidades que ella tenía».
Llegó al poder cuando el feminismo británico registraba importantes logros. Sin embargo, no sólo no profundizó esa corriente sino que, por el contrario, defendió los valores del patriarcado.
A pesar de que en el Reino Unido las organizaciones de mujeres ya habían logrado importantes avances legislativos, como el pago equitativo y medidas contra la discriminación sexual y la violencia contra las mujeres, las académicas y feministas inglesas, críticas de Thatcher, recuerdan que la idea misma del feminismo no estaba en su diccionario.
Su gabinete estuvo integrado siempre por hombres blancos, conservadores y adinerados. Nunca nombró a una mujer en algún cargo. En sus memorias tampoco las menciona: solamente a su hija, su secretaria, a una amiga cercana, la baronesa Young, y a su contemporánea Indira Gandhi. En un viejo publicado en 2013 en The Guardian, Jenny Murray, quien cubrió a la primera ministra como reportera de la BBC de Londres, la resume en esta fase:«¿Qué hizo Thatcher por las mujeres? Nada».
Ella disfrutaba su reputación de «mujer de hierro» y, según la investigación de la academia de la Universidad de Tulane, Katie Weaver, tenía fuerte afinidad con valores típicos del patriarcado: el belicismo (guerra de las Malvinas en Argentina) y la defensa del statu quo y los poderes establecidos.
En cuanto a Indira Gandhi, la profesora Banerjee Dube puntualiza que en la época en que la hija de Nehru gobernó su extenso país no existían los conceptos del feminismo en la joven nación asiática. Pero si creó un ministerio para el desarrollo de las mujeres y las niñas, donde funcionó el primer comité para estudiar todas las disposiciones constitucionales, legales y administrativas que tuvieron implicaciones para el estatus de mujeres, su educación y empleo. Ese informe llamado hacia la igualdad, en el que participaron sociólogas, antropólogas, estudiosas del feminismo, «es considerado como un parteaguas y un momento fundador para el movimiento de mujeres en la India independiente».
Sin embargo, reconoce la maestra Banerjee, la memoria que dejó la gestión de «la madre de la India» no fue muy positiva. Entre 1975 y 1977 ella declaró un Estado de emergencia nacional en el que abundaron los abusos a los derechos humanos y las libertades civiles.
Ahora veamos a otras mujeres presidentas en América Latina. Entre los años 70 del siglo pasado, ha habido algunas demócratas (liberales), pero también algunas golpistas (conservadoras).
Muchas de ellas ocuparon el más alto cargo de manera provisional y como suplentes en momentos de transición crítica, de ruptura o golpes de Estado, como fue el caso de Ertha Pascal Trouillot, de Haiti (poco menos de un año entre 1990 y 1991); Lidia Gueiler, de Bolivia, entre (1979 y 1990), o Rosalía Arteaga, de Ecuador, en 1997 a raíz del golpe de Estado contra Abdalá Bucaram.
En Nicaragua, Violeta Barajas de Chamorro electa en 1990 y gobernó hasta 1997, con lo que determinó el fin del conflicto contrarrevolucionario y marcó un periodo de transición entre los gobiernos de la revolución sandinista y los regímenes neoliberales.
Sobre ella refiere Tamara Dávila, pionera del movimiento de mujeres de esta generación en su país, ex presa política y actualmente desterrada por el régimen orteguista:«la circunstancia del gobierno de Violeta Barrios de Chamorro fue la de una Nicaragua posrevolucionaria, pero irradiaba por una guerra civil en un marco de polarización global. Fue triunfadora en la primera elección realmente democrática y participativa de la historia moderna del país. Su rol fue fundamental para la paz en ese periodo».
No tuvo una agenda feminista como tal, «pero sí podemos decir que tuvo una serie de políticas de libertades, garantías y derechos en un país que apenas salía de la guerra. En los cinco años de su gobierno proliferaron las organizaciones de la sociedad civil, incluidas las organizaciones de mujeres que reivindican los derechos sociales y reproductivos. Hizo ingentes esfuerzos por garantizar la pluralidad en la participación social de los nicaragüenses».
Conocida por ser una ama de casa, la circunstancia de Barrios de Chamorro quedó marcada por el hecho de ser viuda de Pedro Joaquín Chamorro (dirigente opositor y director del diario La Prensa), considerado un mártir de la libertad de expresión y la lucha por la democracia, asesinado por el somocismo en1978. Actualmente toda su familia es perseguida por el gobierno de Daniel Ortega, es exiliada y desterrada.
Le siguieron Mireya Moscoso gobernó Panamá entre 1999 y 2004, Laura Chinchilla lo hizo en Costa Rica de 2010 a 2014 y Xiomara Castro fue elegida en Honduras en 2022.
Entre las gobernantes hay golpistas de derecha, como la boliviana Jeanine Añez, que encabezó el golpe de Estado contra Evo Morales después de las elecciones de 2019 y que perdió al año siguiente con el triunfo de Luis Arce. Fue juzgada y encarcelada por las matanzas que ordenó durante su régimen. La otra es la actual presidenta de Perú, Dina Boluarte, que asumió el cargo tras el golpe al presidente Pedro Castillo, en 2022.
Por otro lado, cabe hacer énfasis que hubo mujeres presidentes, figuras de izquierda que rompieron moldes con sus proyectos de transformación en frenar el neoliberalismo.
Citamos a Michelle Bachelet en Chile (2006 a 2010) en un primer periodo y 2014 a 2018 en un segundo), Cristina Fernández de Kirchner en Argentina (2007 a 2015) y Dilma Rousseff en Brasil.
Michelle y su impulso a la paridad de géneros. Socialista, agnóstica y madre soltera alejada del estereotipo esperable en una sociedad conservadora como la de Chile, que no legalizó el divorcio sino hasta 2004, Bachelet ganó las elecciones presidenciales de 2006 con los votos de las mujeres y representando a los partidos de la Concertación (el Partido Demócrata Cristiano y Partido Socialista). Michelle se identificaba más con los sectores de izquierda; había sido socialista, presa política (su padre, un general opositor a Augusto Pinochet, murió en la cárcel), torturada y exiliada.
En su segundo periodo trató de introducir más reformas políticas redistribuciones con un mayor rol del Estado y leyes para reducir la violencia contra las mujeres.
Enfrentó dificultades económicas y la llamada Revolución de los Pingüinos, en el cual chicos de secundaria exigieron reformas al modelo educativo altamente privatizado.
Cristina Fernández de Kirchner, la «peronista». La presidenta ganó la elección en 2007 con un buen margen de ventaja, se definió desde el principio: «No soy feminista, soy peronista». Durante sus dos gobiernos profundizó la justicia transicional, la verdad y el derecho a la memoria frente al genocidio de las dictaduras militares. Lidió con los fondos buitres y la deuda externa.
En su gestión se legalizó el matrimonio igualitario y se regularon las normas para la identidad de género (transexuales y transgénero).
Cuando la despenalización del aborto fue aprobada en Argentina en 2020 –por empuje de organizaciones de mujeres en pleno gobierno conservador de Mauricio Macri– se recordó que Cristina Kirchner poco hizo para lograr ese hito.
Los millones de mexicanos estamos contentos y tranquilos con la pasada elección de la académica, científica y política: «No podía pasarle algo mejor a México que el que Claudia Sheinbaum haya sido electa la próxima mandataria de este país, aseguró el presidente Andrés Manuel López Obrador»[2].
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Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor.
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Bibliografía:
Olivé, Nature. Mujeres comunistas en México en los años treinta. Ediciones Quinto Sol, México, 2014.
Revista En voz alta. «¿Qué es feminismo queremos para la 4T?», abril-junio 2021.
Periódico Regeneración, enero-febrero, 2024.
La Jornada, viernes 31 de mayo de 2024
La Jornada, sábado 1 de junio de 2024
La Jornada, martes 4 de junio de 2024.
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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta
[1] Rosario Ibarra de Piedra fue integrante del Grupo Eureka, quien con otras madres de hijos desaparecidos fundaron el Museo de la Memoria Indómita.
[2] La Jornada, miércoles, 8 de junio 2024.

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