Con su obra, Baruc Martínez Díaz representa el nuevo perfil del historiador
Por Sergio Rojas
Faustino Chimalpopoca Galicia es un personaje que está en el centro de la historia nacional durante la primera mitad del siglo XIX mexicano, el período más violento y más letal para las comunidades indígenas del país, tras de que en 1810 el censo mostraba que el 60 por ciento de la población era hablante de alguna lengua indígena y un siglo después, en 1910, esa población se había reducido a un 30 por ciento debido a la «enorme violencia y la política agresiva contra esas comunidades».
Lo anterior fue señalado por el doctor Andrés Medina Hernández, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, durante la presentación del libro Faustino Chimalpopoca Galicia. Un intelectual indígena en el México decimonónico (Ediciones Era, Universidad Veracruzana, 2024), la cual se llevó a cabo en la tierra que vio nacer a tan ilustre personaje en 1805.
A decir del etnólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la obra presentada en el marco de la feria patronal de Tláhuac es «apenas una pequeña muestra de la capacidad del autor para rastrear la historia de su pueblo», por lo que aseguró que Baruc Martínez Díaz representa el perfil del nuevo historiador que estudia la historia de los pueblos originarios, en este caso Tláhuac, y que no es otra más que la historia antigua de México.
Porque, dijo, «cuando se funda la Ciudad de México ya existían Tláhuac, Azcapotzalco, Texcoco, Xochimilco y Chalco, las ciudades fundamento de la Cuenca de México, con una historia testimoniada en datos arqueológicos; Teotihuacán en el período clásico, Tula en el postclásico y Tenochtitlan en la última etapa del postclásico, «por eso hablo de que es una ciudad muy antigua», subrayó. Para todas ellas fue vital el sistema lacustre, la posibilidad de organizar grandes sociedades, complejas debido a la riqueza del entorno que combinaba precisamente las zonas lacustre, boscosa y el área de milpas, que producían una gran cantidad de productos que constituían una parte importante de su vida.

Por su trabajo desarrollado, el investigador universitario catalogó a Baruc Martínez como el «nuevo perfil de historiador», quien «recupera la historia de estos pueblos antiguos que habían permanecido marginados de la historia nacional», más allá de la que comienza con la conquista y colonización, «la historia real contenida en estos pueblos originarios donde se encuentra la población más antigua, y que construye los cimientos y la cultura nacional que permanece hasta nuestros días».
Para el docente de los posgrados del IIA de la UNAM, Tláhuac es uno de los lugares más importantes de la Cuenca de México al ser un sitio estratégico como paso hacia la Ciudad de México. «Era la entrada natural al valle por el sur, lo que le dio una importancia estratégica al sistema lacustre, por lo que tener ahora una historia de Tláhuac como pueblo originario, nos permite ver la perspectiva de los cuatro pueblos que han sido investigados en la cuenca», dijo.
«No tenemos una investigación de Chalco con gran profundidad –asentó Medina Hernández–, de Xochimilco todavía no tenemos la obra de un historiador que tenga la misma mirada de profundidad que Baruc, sólo algunos trabajos, pero no uno grande; de Azcapotzalco tenemos los libros de María Castañeda sobre el terreno tepaneca, de Texcoco también tenemos información, así como de Culhuacán; es decir, son historias de diferentes señoríos y sociedades, pero no hay una historia única, entretejida, que conduzca al siglo XVI, a la fabricación de una cultura nacional».
Tras señalar que esas sociedades eran diferentes por la complejidad social, económica y política que tenían, refirió que poseían como base la cultura de la milpa, la de las chinampas, por lo que sin estos elementos no sería posible explicar la complejidad y diversidad de dichas sociedades.
Además, refirió, Baruc «es el único historiador que es originario del pueblo que trabaja en sus estudios, debido a que gran parte de los trabajos históricos de los otros pueblos han sido elaborados por extranjeros».
Ante el nutrido público que acudió al Centro Social de Barrio, entre el que destacó la presencia de la alcaldesa de Tláhuac, Berenice Hernández, el doctor Medina Hernández comentó lo siguiente: «Aquí hay algo más que un historiador, alguien que tiene conciencia de la importancia del lugar en que nació, creció y se formó. En ese sentido, la obra de Baruc Martínez en su conjunto es importante y evidentemente va a seguir creciendo, porque él es muy joven y tiene gran experiencia como historiador, con una producción de libros importante».
Es el caso, ahora, de la vida de Faustino Chimalpopoca Galicia, comentó, «un personaje de Tláhuac, heredero de la nobleza indígena y que gracias a la investigación de Baruc sabemos de su vida, porque hasta el siglo pasado había muy pocos datos de él. Sabíamos sobre todo de su vínculo tan fuerte con el Segundo Imperio, pero no de la importancia del papel que iba a jugar en la primera mitad del siglo XIX, al ocupar un lugar muy importante tras incidir en la política indigenista que beneficiaría a los pueblos indígenas».

«Desde el momento en que se da la Independencia con la Constitución de 1824, ésta niega las autoridades tradicionales como son la república de indios, niega la propiedad comunal de la tierra y comienza un período de exclusión de las comunidades indígenas para apropiarse de sus tierras, y esto da como respuesta las llamadas guerras de castas. De hecho, desde 1825, un año después de que se funda la Constitución del 24, comienzan los levantamientos en todo el país, cuando pimas, yaquis y mayos se levantan en armas para defender sus tierras», refirió.
Asimismo, se registran otros levantamientos como el de Sierra Gorda en la zona de Guanajuato, San Luis Potosí y Querétaro, en donde «se experimentan varias técnicas para eliminar a los pueblos indígenas, entre los que había indígenas pames. Se levantan en armas porque les quitan las tierras y hay una represión violenta, por lo que son expulsados y llevados al norte», apuntó.
Es, pues, en ese escenario de enorme violencia, donde aparece la figura de Faustino Chimalpopoca Galicia como «un personaje que apoya a su pueblo, que vive otro entorno» al estar enclavado en la Cuenca de México, comparado con lo que pasa en otras regiones del país. De ahí que «reconocer la vida de un personaje de Tláhuac, como la de don Faustino, constituye una hazaña y es un aporte significativo, con lo que nos podemos dar cuenta que la historia de los pueblos originarios está para escribirse, y que Baruc muestra una gran capacidad para narrar algo que forma parte de la historia de la Ciudad de México», subrayó.
Porque hasta ahora, concluyó, «sólo se había escrito la historia de los criollos de la Ciudad, no la de los pueblos originarios, como lo hace un historiador que está arraigado en el lugar en que nació». ♦

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