La lucha por la Independencia y la contribución de los hermanos Bravo
La historia de los hermanos Miguel, Víctor, Máximo y Leonardo Bravo, así como de Nicolás, hijo de éste último, y su invaluable contribución a la lucha independentista, aún es poca conocida.
¿Quiénes fueron los Bravo insurgentes?
Estos hermanos vivían en el sur de la Nueva España cuando dio inicio el movimiento insurgente en contra del dominio español, en 1810.
Españoles americanos, como se le denominaba entonces a los criollos, los Bravo formaban parte de una de las principales familias de Chilpancingo, en cuyos alrededores de esa población tenían tierras y trapiches, en las que sembraban y beneficiaban la caña de azúcar, además de dedicarse a la ganadería y al comercio.
Leonardo, el mayor, administraba y vivía en la hacienda cuya producción principal estaba en el ganado y la caña de azúcar, aunque también comerciaban con el algodón y algunos productos que adquirían en la Ciudad de México.
Además de poseer varias tierras que se encontraban en los poblados de Chilpancingo y Tixtla, sus negocios iban desde las costas del Pacífico hasta la capital novohispana, situación que los hizo crear vínculos con políticos, comerciantes, arrieros, propietarios y religiosos.
Con excepción de Máximo, los hermanos Bravo se enlistaron en el Regimiento de Infantería Provincial de la Costa Sur hacia 1781; debido a esto, asumieron la obligación de defender a la corona en tiempos de guerra. La milicia les ofreció la ventaja del fuero militar y consideraciones por parte del gobierno. Por ejemplo, se les censaba como españoles a pesar de haber nacido en Nueva España. Al poco tiempo obtuvieron grados militares que les dieron el beneficio de uniformar y dirigir sus propias tropas, compuestas por los propios trabajadores y familiares.
Una vez enlistados en la rebelión armada, llegaron a ser los hombres de confianza de José María Morelos y Pavón. Entusiastas y leales a la causa de la libertad de América, aportaron a la lucha sus relaciones e influencia en la población suriana, sus bienes, sus conocimientos milicianos y de la geografía de la región, su tranquilidad y, algunos de ellos incluso, sus vidas.
Su contribución a la lucha independentista fue invaluable y hasta hoy es todavía un tanto desconocida, pero fueron personajes que con sus acciones de lucha se incorporaron a la insurgencia, y sus descendientes contribuyeron a la construcción de la identidad local de Chilpancingo.
La familia Bravo mantenía buenos tratos no sólo con gente importante de su localidad sino con sus jornaleros, lo cual ayudó a que su economía se mantuviera estable y su situación, en general, fuera de bienestar. Este es un caso interesante, pues contradice la idea común de que muchos criollos, resentidos con el gobierno novohispano, se unieron al movimiento insurgente para compensar agravios hechos por los españoles. Si bien no podemos asegurar que los Bravo lo hubieran sufrido, tampoco parece que sus enemistades o resentimientos les impidieran el crecimiento económico. ♦
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Pie de foto superior: Instalación del Congreso de Chilpancingo en 1847

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