Declaran al pulque Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México

● El decreto busca garantizar la salvaguarda del proceso de elaboración del pulque y reconocerlo como un bien patrimonial que se practica en nueve de las 16 alcaldías y el cual se elabora desde hace más de 2 mil 500 años

El «Proceso de elaboración del pulque» fue declarado por el gobierno de la Ciudad de México como Patrimonio Cultural Inmaterial de la capital del país, a través de un decreto publicado en la Gaceta Oficial el pasado 2 de octubre, el cual establece la responsabilidad de preservar y salvaguardar su producción, saberes, herramientas y comunidades participantes.

El decreto busca garantizar la salvaguardar de sus procesos. | Fotografía: Secretaría de Cultura | Ciudad de México

La declaratoria tiene como finalidad preservar la expresión declarada como Patrimonio Cultural Inmaterial, a través del Plan de Salvaguardia instrumentado para tales efectos, mismo en el que trabajaron representantes de las partes promoventes de la declaratoria, expertos y académicos, en coordinación con la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.

Actualmente se elabora en 24 pueblos de nueve alcaldías de la capital de la República. | Fotografía: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México

El documento señala que el «proceso de elaboración del pulque consiste en la capa o partida del maguey, en su reposo y posterior limpieza, en el raspado para la extracción del aguamiel y en su fermentación en recipientes de cuero, madera o plástico resguardados en bodegas llamadas tinacales, cuyo resultado es el pulque».

El proceso de elaboración del pulque comienza en la capa o partida del maguey. | Fotografía: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México

Con una historia que va más allá de los 2 mil 500 años, el pulque fue considerado la «bebida de los dioses», debido a que fue pensado para un consumo ceremonial por sacerdotes, guerreros, ancianos y miembros de la nobleza. Durante el virreinato, el pulque resistió desde la prohibición de las autoridades coloniales hasta su desprestigio social, que minimizaron su consumo y limitaron su producción, sin reconocerlo como un bien inmaterial de identidad nacional.

Extracción del aguamiel. | Fotografía: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México

Por ello, el decreto busca garantizar la salvaguarda de sus procesos, herramientas y actores clave, desde la partida del maguey, su limpieza interior, reposo, amacizado y raspado; la extracción de aguamiel y su almacenamiento para su fermentación y venta; sus herramientas, como el cuchillo, el partidor, el castrador, la jícara, el tinacal y el acocote, y los personajes participantes, entre ellos el tlachiquero, persona encargada de raspar el maguey; el valedor, aprendiz del oficio; el mayordomo del tinacal, encargado de su fermentación, y el pulquero, nombre genérico de quien se encarga de su producción, distribución y venta.

Saberes que se han transmitido de generación en generación de mexicanos. | Fotografía: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México

Estos saberes ancestrales sobre el manejo del maguey y la fermentación de su aguamiel se han transmitido por generaciones y se ha considerado parte integral de las comunidades que lo practican, las cuales involucran rituales que aún conectan la espiritualidad y la naturaleza.

Con esta imagen se demuestra que el pulque no es el que inflama la panza. | Fotografía: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México

Actualmente se elabora en 24 pueblos de nueve alcaldías de la Ciudad de México. Dichos pueblos son los de San Bartolo Ameyalco y Santa Rosa Xochiac, en Álvaro Obregón; San Lorenzo Acopilco y San Mateo Tlaltenango, en Cuajimalpa; Sierra de Guadalupe, en Gustavo A. Madero; Peñón Viejo (Tepepolco), en Iztapalapa; San Nicolás Totolapan y San Bernabé Ocotepec, en Magdalena Contreras; San Lorenzo Tlacoyucan, San Pablo Oztotepec, Santa Ana Tlacotenco, San Bartolomé Xicomulco, San Juan Tepenahuac y San Salvador Cuauhtenco, en Milpa Alta; Santa Catarina Yecahuizotl, en Tláhuac; San Miguel Ajusco, Santo Tomás Ajusco y San Miguel Topilejo, en Tlalpan, y Santiago Tepalcatlalpan, San Gregorio Atlapulco, San Mateo Xalpa y San Francisco Tlalnepantla, en Xochimilco.

Los célebres curados que son la delicia de los buenos conocedores del pulque. | Fotografía: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México

Su valor en el imaginario social se ha representado en distintas expresiones artísticas como la pintura, litografía, el cine, la música y la fotografía, con creadores como José Agustín Arrieta, Tertulia de pulquería (1851); José Clemente Orozco, Échate la otra (1935); Diego Rivera, El amate y el maguey (1951); José María Obregón, Descubrimiento del pulque (1869); Ricardo de Jesús Martínez Morales, Charro pulquero (2007); Everardo González, La canción del pulque (2003); Ismael Casasola, Mecapaleros tomando pulque (1930); Nacho López, Bebedores junto a pintura mural de una pulquería (1950), y Mariana Yampolsky, Maguey capado (1985).

El pulque forma parte de la identidad cultural de los mexicanos. | Fotografía: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México

Una vez concluido el procedimiento descrito en el artículo 56 de la Ley de Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural de la Ciudad de México, la Secretaría de Cultura capitalina dictaminó que el «Proceso de elaboración del pulque» reúne las características y elementos necesarios para ser reconocido como Patrimonio Cultural de la Ciudad de México por integrarse de procesos, expresiones y conocimientos con un fuerte valor comunitario e impacto en la identidad nacional.

Por estar implícito en el cine, la fotografía y la literatura, las pulquerías son centros de expresión cultural. | Fotografía: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México

De acuerdo con el artículo 18 de la Constitución Política de la Ciudad de México, se establece que la memoria y el patrimonio histórico, cultural, inmaterial y material, natural, rural y urbano territorial son bienes comunes, por lo que su protección y conservación son de orden público y de interés general. ♦

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