El Gran Nayar. Los coras, sometidos por los jesuitas desde 1722

• Los religiosos supieron apropiarse de los recursos naturales y humanos del lugar, sobreponiendo al pueblo aborigen las estructuras de poder colonial

Revista Nosotros, Núm. 65 | Diciembre de 2003

La organización social que estructuraron los jesuitas cuando llegaron al Gran Nayar para domeñar a los coras con ayuda de los militares españoles, excluía de los beneficios de la explotación de la mano de obra indígena a los mineros y hacendados de las zonas aledañas. Por eso estos grupos de personas lograron la expulsión de los religiosos de la zona en 1767, señaló la historiadora Laura Magriñá, del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Al hablar acerca de los roles inter-jerárquicos durante el período jesuítico en el Nayar, dijo que los coras poco a poco, desde 1722, quedaron encapsulados dentro de la esfera del conquistador, porque los religiosos supieron apropiarse de los recursos naturales y humanos del lugar, sobreponiendo al pueblo aborigen las estructuras de poder colonial.

Esta situación de sociedad encapsulada dio por resultado que surgieran lealtades y alianzas a distintos niveles entre coras, jesuitas y militares. Por ejemplo, se sabe que Juan de la Torre, quien tuvo a su cargo la primera etapa de la Conquista en 1722, tenía refugiados en su casa en 1729 a una docena de indios coras fugados.

Otro ejemplo está en la toma militar de la Mesa del Tonati, defendida por el cacique cora Tlahuitole, debido a que el Tonati o responsable huyó, ya que había pactado con el virrey contra su propio pueblo. Años después de haber traicionado a sus hermanos y huido, el Tonati regresó a la Mesa con garantías y seguridades por parte de los españoles.

También de acuerdo con la historiadora Magriñá, la reducción de los coras por parte de los jesuitas coincide con períodos de conflicto y de sequía en el Gran Nayar. Hacia 1722, explica la investigadora, la organización política de los coras estaba en una etapa de transición que se activaba en momentos de ritual o de conflicto.

Al respecto, señaló que en 1711 fray Antonio Margil de Jesús visitó la zona, encontrando una sociedad indígena en auge, pero hacia 1720 se observó un descenso en los recursos debido a la sequía en el Nayar, lo que obligó a los coras a asaltar a sus vecinos y a que éstos bloquearan la ruta de la sal.

Para 1722 ya fue patente el impacto de la guerra de conquista en la zona y, en 1730, los misioneros comenzaron a relatar sus éxitos evangelizadores.

Laura Magriñá detalla en su investigación cómo se dieron nuevos roles inter-jerárquicos durante el período jesuítico en el Nayar.

«Como el Tonati estaba fuera del campo político, los jesuitas sobreponían su estructura de poder a la de las jefaturas indígenas. Así los jefes quedaban entre los colonizadores y los coras, pero no como intermediarios políticos sino como súbditos de los misioneros, sin poder mágico religioso, recibiendo poder de los jesuitas y poder de los coras.

»Una vez que los jesuitas redujeron a los coras, el dogma ya no tenía el rol centralizador de poder para los jefes, pues la costumbre del mitote se reproducía exclusivamente en el ámbito familiar y, después, fue sustituido por el catolicismo tridentino. Por otra parte, los coras sólo podían realizar el mitote a escondidas en lugares apartados», concluyó.

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