Imágenes que explican el pasado desde la vida comunitaria del presente
Imágenes captadas en lugares apartados de México, sobre todo en comunidades indígenas, las cuales muestran algunas de las estrategias que los arqueólogos utilizan para que con el registro de los pueblos contemporáneos, se conozca más acerca de la vida de las culturas prehispánicas, fueron las que participaron en el concurso de fotografía «¿Cómo sabemos lo que sabemos?»
La tercera edición del certamen, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y que recibió 50 propuestas de distintos puntos del país, permitió conocer una vez más, cómo la investigación etnoarqueológica ayuda a comprender las sociedades del pasado.
¿Quiénes fueron los ganadores?
- 1er Lugar (General): Daniela Torres, por El ritual de la danza del Venado, en el que captura la herencia de los yaquis en Sonora.
- 1er Lugar (Profesionales): Álvaro Fuentes, con La fiesta de San Isidro Labrador, que muestra la fe y organización comunitaria en Chiapas.
- 1er Lugar (Aficionados): Yamil Flores, por El último guardián del maíz, una imagen que resalta la tradición agrícola en Oaxaca.
Asimismo, la fotógrafa María Edith Camacho Santos obtuvo el primer lugar en la categoría «Vida cotidiana», por la toma titulada Tostando maíz, la cual, según comentó, fue capturada en la fiesta del maíz tostado o Xarikíxa, en la Mesa del Nayar, Nayarit, ceremonia sagrada que los wixaritari realizan en primavera para honrar a la diosa del maíz y pedir siembras exitosas.
María Edith –quien además obtuvo el segundo lugar en la categoría «Cosmovisión, ritos y festividades»– detalló que la pareja de la imagen tuesta seis tipos de maíz, que después muelen y amasan con miel para elaborar la bebida del tesgüino, así como collares de dulces que los huicholes portan en las caminatas de la festividad.
Otro de los ganadores fue el arqueólogo Alberto Diez Barroso, por la imagen Regresando de la jornada por los caminos sagrados de la sierra. Al respecto, dijo que la fotografía forma parte de una serie con la que documenta el proceso del ritual de los voladores en la comunidad hñañu u otomí de Chila de Juárez, municipio de Honey, en la Sierra Norte poblana.

«La imagen muestra el regreso de quienes fueron al monte para seleccionar el árbol, cuyo tronco debe ser alto y recto porque servirá como mástil para la ceremonia del volador. Los grupos de voladores y gente de la comunidad participan ese día y llevan a cabo un rito, con el cual piden permiso para cortar el árbol de alzaprima u hojancho, y durante su traslado lo sahuman y le tocan música».

Los tres primeros lugares en el rubro de «Cosmovisión, ritos y festividades» fueron para: Luis Eduardo Aguilar Salgado, por Música para los que regresan; Edith Camacho Santos, con Pareja prepara pibipollo (portada), y Karina Calixto Valentín, por Jamädi Maka Höi (Gracias Madre Tierra).

Los tres primeros lugares en la categoría de «Herramientas, técnicas y materiales», los obtuvieron: María Margarita Ríos Menéndez, por Joben-Herencia viva Yokot’an; Héctor Leonel Bernabé Santiago, con Molienda de Chililix; y Luis Eduardo Bautista Hernández, con El tejedor de otatillo. Finalmente, en «Vida cotidiana» se premió a Edith Camacho Santos, Tostando maíz; a María José Durán Medina, por la fotografía Extracción de miel de abeja melipona en Yohualinchan, Cuetzalan, y a Alberto Diez Barroso por Regresando de la jornada por los caminos sagrados de la sierra.
Paralelismos entre mundos distantes por más de 5 siglos
Fue el coordinador Nacional de Arqueología, Francisco Mendiola Galván, quien entregó los reconocimientos a dos trabajos que obtuvieron mención honorífica, así como a los tres primeros lugares en las categorías de «Cosmovisión, ritos y festividades», «Herramientas, técnicas y materiales» y «Vida cotidiana».
Con respecto a los criterios de selección, el profesor-investigador del Museo Nacional de Antropología, Leopoldo Trejo Barrientos, integrante del jurado, dijo que «no pudieron ser meramente estéticos, sino que fue necesario pensar la relación con la imagen, es decir, la técnica y la composición de cada toma con los textos explicativos mediante los cuales los autores develaron sus intenciones».
»A pesar de las profundas transformaciones que los pueblos originarios han sufrido desde la invasión española, en el siglo XVI, hasta nuestros días, el apego a sus territorios, a sus particulares formas de producción y, por supuesto, a sus dioses, se traducen en rasgos de continuidad que permiten a los arqueólogos plantear paralelismos entre mundos alejados por más de cinco siglos.
»En ese sentido, el registro fotográfico de esos modos de vida permite llenar vacíos de conocimiento que, de otra forma, sería imposible, ya que las fuentes virreinales y prehispánicas son, las más de las veces, insuficientes», explicó.
Por último, la investigadora iconográfica de la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones, Alejandra Ruano Calva, quien conformó el jurado junto con Leopoldo Trejo y el experto del Centro de Estudios Arqueológicos de El Colegio de Michoacán, Rodrigo Esparza, destacó la calidad de las imágenes recibidas en el concurso. «Se calificó la composición, los lenguajes explícitos, la calidad, técnica y estética; la originalidad y apego al tema de la convocatoria», puntualizó. ♦
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Pie de foto de portada: Pareja prepara pibipollo. Ganadora del segundo lugar en la categoría Cosmovisión, ritos y festividades. Fotografía: Edith Camacho

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