Margarita Eustaquia Maza Parada, defensora del liberalismo mexicano

• El inmigrante, Antonio Maza, veía a Margarita Eustaquia que sería una mujer feliz al tener un esposo con licenciatura; «…abogado, experto en derecho canónigo y civil, conocía el latín, el inglés y francés» además de ser participante activo en la política de su estado natal.

Por Manuel Garcés Jiménez*

En el año de 2026 se resaltará la figura de la esposa del licenciado Benito Juárez García, doña Margarita Eustaquia Maza Parada, quien al lado de su esposo fue protagonista de nuestra historia por su actividad política y social, por lo que ella representa a miles de mujeres mexicanas que desde sus trincheras lucharon por defender la soberanía de nuestra nación durante el convulsivo siglo XIX, para hacer posible el triunfo de la República con los valores que conlleva: Igualdad, Libertad y Justicia.

La conmemoración por el bicentenario de su natalicio nos permite recordar que fue oriunda del estado de Oaxaca, donde nació en el mes de marzo de 1826, y falleció en el año de 1871, a la edad de 44 años, en la Ciudad de México.

Fue hija adoptiva de don Antonio Maza, extranjero comerciante en grana cochinilla, a quien se le conocía como el «Gachupín» debido a su origen lusitano, o probablemente genovés; su madre fue la señora Petra Parada.

Como se sabe, Benito Pablo Juárez García fue nativo del pueblo de Gelatao, Oaxaca. Contrajo matrimonio el día 31 de julio del año de 1847 a la edad de 37 años con Margarita Eustaquia Parada cuando ella contaba con 17 años de edad, unión celebrada en la capital del Departamento de su estado natal, Oajaca (sic).

Fueron 12 hijos los que procrearon, algunos fallecieron a temprana edad, siendo solo tres los que sobrevivieron, un hombre y dos mujeres, quienes se casaron con españoles radicados en nuestro país, mientras que el varón migró a París, Francia, donde radicó el resto de su vida.

Margarita Eustaquia fue hija adoptiva de don Antonio Maza, extranjero comerciante en grana cochinilla

Doña Margarita Eustaquia pasó a la historia y representa a muchas mujeres que fueron protagonistas, y que hoy en día siguen construyendo un país mejor. Margarita fue madre y esposa, participó en momentos claves de nuestra historia; fue consejera, política, diplomática y verdadera protagonista en los momentos cruciales durante la Guerra de Reforma al lado de su esposo, tanto en la Intervención Francesa y la resistencia republicana frente al Segundo Imperio con Maximiliano de Habsburgo, apoyado por los conservadores.

Al respecto, Juárez en su autobiografía inconclusa, escrita con la sequedad de su parte oficial, da los nombres de sus padres, su origen y su raza; su señora madre falleció al dar luz a uno de sus hermanos. Señala la extrema pobreza en que vivía la familia. Recuerda cómo su madre echaba las tortillas en el tlecuil y al cuidado de sus hermanos con la ternura elemental de las mujeres humildes. Su padre se dedicaba a laborar la tierra, debido a que la zona de Santo Tomás Ixtlán y de Gelatao nunca tuvo riego de los ríos cercanos para la siembra en las laderas y lomeríos de su pueblo.

Enfatiza que sus padres, Marcelino Juárez y Brígida García, vivieron las penurias de la pobreza, y que al igual que la inmensa mayoría de los pobladores de la región se dedicaban a ser leñadores, recorriendo largas distancias caminando sobre sus gruesos huaraches, cubriéndose la cabeza de los rayos del sol con sombreros de paja, llevando su carga a las ciudades cercanas a lomo de caballos, asnos o acémilas.

Vemos, pues, cómo «Margarita Eustaquia tiene enorme trascendencia por la influencia del proceso formativo de Reformador, que el que se imaginan los historiadores vitalicios. Con pulcras manos de mujer, el corazón y su carácter pasivo en su forma, pero compacto y protector sin pausas ni retrocesos interiores. El matrimonio fue afinamiento de las esencias innatas, naturales de la riqueza anímica, expectante en el fondo de las generaciones, bajo el mágico misterio tutelar[1].

»Los dos, Juárez y Margarita, no conocieron a sus padres. Los Maza, de holgada familia haciendo y de oriundez hispana o lusitana, recogieron a Margarita Eustaquia y desde niña la prohijaron. Esta identidad de orígenes (de padres desconocidos por muerte o abandono); esta identidad de destinos inciertos, de situaciones sentimentales expectantes de soledad espiritual, les acercaba; fundiendo sus almas en el dolor de amor, los padres de Juárez murieron siendo él un niño».

El inmigrante, Antonio Maza, veía a Margarita Eustaquia que sería una mujer feliz al tener un esposo con licenciatura; «abogado, experto en derecho canónigo y civil, conocía el latín, el inglés y francés»[2] además de ser participante activo en la política de su estado natal.

Año de Margarita Maza, 2026

La vida política y social del país de mediados del siglo XIX se vio envuelta en situaciones difíciles por la lucha entre facciones de los partidarios de las logias masónicas de los yorquinos con participación activa de los liberales, mientras que los partidarios de la logia masónica escocesa estaban en el bando de los conservadores. Bajo este panorama, el año de 1836 aparece la tercera Constitución, la llamada «Las Siete Leyes», donde se declara al catolicismo como la religión única de los mexicanos.

En 1847, fue un año crucial para los mexicanos al ser invadido por el ejército norteamericano, por lo que don Valentín Gómez Farías decreta la incautación de los bienes eclesiásticos hasta por 15 millones de pesos, para destinarse a fondos de guerra. En 1856 da principio el Congreso Constituyente. En 1857 es emitida la Ley sobre Secularización de los Cementerios, y el 5 de febrero se jura la cuarta Constitución Política de México en Norteamérica. El 22 de enero de 1858, el conservador Félix María Zuloaga deroga la Constitución de 1857 y la legislación reformista.

Asimismo, da inicio la Guerra de Reforma con don Miguel Miramón como jefe del Ejército. El 12 de enero de 1859 don Benito Juárez decreta en el estado de Veracruz las Leyes de Reforma, las cuales establecen la nacionalización de los bienes eclesiásticos y la separación de la Iglesia y el Estado. Se retira la representación mexicana en el Vaticano. El 4 de diciembre de 1860, Juárez decreta la libertad de cultos. El 22 de diciembre se da el triunfo definitivo de los liberales al ganar el general Jesús González Ortega la Batalla de San Miguel Calpulalpan, estado de México.

En el mes de enero de 1861, Juárez seculariza los hospitales y otros establecimientos de beneficencia «administrados» por la iglesia, reduciéndose de 22 a tan solo 9 los conventos de monjas en la Ciudad de México. En 1862 invaden a México los ejércitos de Inglaterra, Francia y España con la alianza tripartita que se disuelve al retirarse las tropas de Inglaterra y España.

El 30 de agosto, Juárez suprime los cabildos eclesiásticos por favorecer la intervención (salvo el de Guadalupe). En 1863 los franceses organizan un gobierno provisional llamado Regencia, con el conservador general Juan Nepomuceno Almonte (hijo de José María Morelos y Pavón), el arzobispo Pelagio Antonio Labastida y Dávalos y Mariano Salas. El 16 de junio el ejército invasor toma la Ciudad de México, y el día 21 del mismo mes la Junta de Notables declara que la monarquía sería la forma de gobierno del país.

El 9 de octubre de 1864, Maximiliano de Habsburgo renuncia a sus derechos a la Corona de Austria, y el 10 acepta el trono de nuestro país donde se firman Los Tratados de Miramar. El 28 desembarcan en Veracruz Maximiliano y Carlota y son recibidos por un nutrido grupo de conservadores. El 26 de febrero de 1865, Maximiliano dicta las leyes de tolerancia y nacionalización de los bienes eclesiásticos. Tres días después, los obispos Labastida y Munguía protestan por la política liberal del emperador. A lo largo de todo este periodo, Benito Juárez resiste. En 1866 Napoleón III retira en definitiva a su ejército de nuestro país[3].

Ahora veamos el polémico y discutido Tratado de Miramar. Fue el 14 de diciembre de 1859 cuando se firmó en el estado de Veracruz el Tratado entre México y los Estados Unidos de Norteamérica, entre Robert McLane, ministro de los Estados Unidos en México, y Melchor Ocampo, ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país.

Los contenidos más relevantes fueron:

~Vía de ampliación al Artículo 8° del Tratado del 30 de diciembre de 1853, donde: «Cede la República Mexicana a los Estados Unidos y sus conciudadanos y bienes, en perpetuidad, el derecho de tránsito por el Istmo de Tehuantepec, de uno a otro mar, por cualquier camino que actualmente exista o existiere en lo sucesivo sirviéndose de él ambas repúblicas y sus ciudadanos».

~«La República Mexicana cede por el presente a los Estados Unidos, a perpetuidad y a sus ciudadanos y propiedades, el derecho de vía o tránsito al través del territorio de la República de México, desde las ciudades de Camargo y Matamoros, o cualquier punto conveniente del Río Grande, en el estado de Tamaulipas, por la vía de Monterrey, hasta el puerto de Mazatlán a la entrada del Golfo de California en el estado de Sinaloa…»

Este Tratado de 11 puntos sería ratificado por el presidente de los Estados Unidos con el consentimiento y Consejo del Senado del citado país y el presidente de México, en virtud de sus facultades extraordinarias y ejecutivas, las respectivas ratificaciones serán canjeadas en la ciudad de Washington dentro del preciso término de seis meses a contar desde la fecha de su forma, o antes sí fuese posible[4].

Afortunadamente, este Tratado McLane-Ocampo no fue ratificado debido a la terrible Guerra Civil que estaba a punto de estallar en la Unión Americana, porque los estados esclavistas del sur pretendían, encabezados por el presidente Buchanan, anexarse a México para crear más estados esclavistas y fortalecerse a nuestra costa. Ante este hecho, los Estados Unidos de Norteamérica se opusieron a la apropiación del Tratado McLane-Ocampo; el Senado se dividió y los senadores republicanos del norte lograron rechazar el escandaloso tratado, así como el Senado Norteamericano, en su inmensa mayoría, lo desaprobó.

Al respecto, veamos los comentarios del académico Mateo Solana y Gutiérrez, quien nos dice: «Don Benito Juárez forcejea con el destino y lo doma. En el Tratado McLane-Ocampo, que tantas ampollas levanta en la susceptibilidad vernácula, susceptibilidad de corte farisaico, Juárez despliega la más tensa de sus potencias psicológicas, la más neta de sus habilidades instintivas. Su diplomacia es desesperada y por eso, penetrante. Cala el futuro, adivina el desenlace, que sería favorable sin comprometer el honor de la nación, cuyos destinos tiene en sus manos»[5].

Prosigue: «La temperancia de Juárez es don de político. Al respecto, Fuentes Mares reconoce esta distinción espiritual, aunque la enfoque peyorativamente, resultando así, una falla de su carácter, la expone al hablar de la Ley de Juárez, que, según él, distó de ‘ser una norma terrible, pues fue un moderado ajuste’. Fue una ley absolutamente moderada, a la imagen y semejanza de su autor»[6].

Este autor atribuye a don Sebastián Lerdo de Tejada la idea de lograr el protectorado yanqui en México. Juárez se salió en parte con su intención (dice), pues si por un lado no cedía el territorio de Baja California ni territorio alguno, por el otro, enredaba a los Estados Unidos en la obligación de mantener el orden y la seguridad en el territorio mexicano, en los términos del artículo de la Convención anexa al Tratado, suscrito como éste, el 14 de diciembre[7].

Los convenios o tratados sobre tránsito ístmico con Estados Unidos tenían una larga y antigua tradición diplomática en la política mexicana como lo veremos a continuación:

«El Tratado McLane-Ocampo no surgió de improviso en la vigencia mandataria de Juárez, sino que fue un eslabón de pasadas negociaciones internacionales, a veces de sentido suicida para México. Bajo la mirada cautelosa de Juárez, el Tratado no asumía renuncias gravosas al decoro nacional y sí evitaba graves complicaciones como una invasión al territorio»[8].

El polémico Tratado McLane-Ocampo fue compromiso impuesto por diferentes gobiernos y cuyo trámite iniciaron los conservadores. Los derechos de tránsito, imputados a Juárez, habían quedado implícitos en otros tratados anteriores como los de Guadalupe Hidalgo (1848)[9], y el de La Mesilla (1853). Esos derechos de tránsito fueron aceptados por Juárez y Ocampo en dolorosa incapacidad de obras en otra forma.

«Por lo tanto, Juárez no firmó dicho Tratado, autorizó a su ministro a hacerlo en habilidosa espera que los acontecimientos futuros, como así acaeció, fueran favorables, confirmándose este hecho con el rechazo que el propio Senado Norteamericano hizo de tal documento el 31 de mayo de 1860»[10].

Este compromiso internacional significa el más alto triunfo de la diplomacia juarista, surgida en un caos de pasiones y en la penuria tradicional del México independiente.

«La intención de Juárez es una nitidez ejemplar. Dirige una carta a José Agustín Escudero el 8 de noviembre de 1871: ‘Espero que jamás volverá a tener México un gobierno bastante degradado que consienta, voluntariamente, en ceder a ninguna nación extranjera, ni una sola pulgada del territorio nacional’[11].

«Sobre la cesión a los Estados Unidos del derecho de tránsito por el Istmo de Tehuantepec a perpetuidad, gira toda la gravedad del problema», sigue diciendo Insunza[12].

«Al extinguirse su vida el 18 de julio de 1872, a los 66 años, (Juárez) se había convertido en un verdadero mito. La admiración por su firmeza en la defensa de sus principios liberales y de la soberanía nacional, traspasó las fronteras de México. En 1865, el Congreso de la República de Colombia le rindió un solemne tributo en reconocimiento a su lucha contra el imperialismo francés; el 11 de mayo el Congreso colombiano lo declaró ‘Benemérito de las Américas’, y el Congreso Constituyente del Perú le concedió una medalla de honor»[13].

Colofón: Recordar la vida del «Benemérito de las Américas», autor de la apotegma «El respeto al derecho ajeno es la paz», y quien al lado de su esposa Margarita Eustaquia Maza Parada, fueron los pilares de la segunda transformación con la Leyes de Reforma. Esa, la segunda transformación, fue una convulsiva y de grandes transformaciones. Fue el gobierno juarista el que afrontó guerras civiles, invasiones extranjeras, pérdidas territoriales y una interminable agitación social, su política estuvo encaminada a lograr el México que actualmente tenemos. ♦

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*Presidente del Consejo de la Crónica en Milpa Alta.

Bibliografía:

Solana y Gutiérrez, Mateo. Psicología de Juárez. El complejo y el mito, el alma mágica. Oaxaca, México, 1963.

Salmerón, Celerino. Las Grandes Traiciones de Juárez. Episodios Nacionales Mexicanos-9, Séptima Edición, México, 1978.

Monsiváis, Carlos. Imágenes de la tradición viva. FCE, Landcci, UNAM, 2ª Edición, México, 2006.  

Henestrosa, Andrés. Benito Juárez, Flor y látigo. Edit. Miguel Ángel Porrúa.

Valadés, José C. Don Melchor Ocampo, reformador de México. FCE, México, 2022.

Zoraida, Vázquez, Josefina. Juárez, el republicano. El Colegio de México, SEP. México, 2005.


[1] Mateo Solana y Gutiérrez, Psicología de Juárez.

[2] Josefina Zoraida Vázquez, Juárez el republicano.

[3] Imágenes de la Tradición viva, Carlos Monsiváis.

[4] Las grandes traiciones de Juárez, Celerino Salmerón, pp. 21, 22 y 23.

[5] Ibídem, p. 311.

[6] Ibídem, p. 311.

[7] Ibídem, p. 312.

[8] Ibídem, p. 312.

[9] La guerra se había iniciado por la cuestión de Tejas; los yanquis por su potencia militar exigieron, además del territorio de Tejas, Nuevo México, la alta California y otros territorios en los Tratados de Guadalupe Hidalgo, firmados en el 2 de febrero de 1848.

[10] Ibídem, p. 314.

[11] Ibídem, p. 314.

[12] Ibídem, p. 314.

[13] Juárez el republicano, Josefina Zoraida Vázquez, p. 8.

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