Teatro Grotesca en el Teatro Victoria, experiencia intensa y perturbadora
El estreno de Teatro Grotesco en el Teatro Varsovia, dentro del marco del programa Compositores Emergentes Vol. VI, fue una experiencia teatral intensa, perturbadora y profundamente memorable.
Dirigida por Luis Alcocer Guerrero bajo el sello de Proyecto Granguiñol Psicotrónico, y producción de La Reserva Oculta, esta puesta en escena toma como base los textos narrativos de Thomas Ligotti –ese secreto mejor guardado de la literatura fantástica y de horror contemporáneo norteamericano– para explorar lo siniestro desde una perspectiva radical: el teatro como metáfora de una realidad que se revela como mera simulación, un gran escenario vacío donde el «Yo» se desmorona y deja paso a un ente desconocido que nos habita.
La propuesta evita la tentación de una adaptación convencional (con anécdotas lineales, personajes psicológicos y diálogos tradicionales), lo cual habría traicionado la esencia misma de Ligotti. En cambio, Alcocer opta por una estrategia mucho más fiel y arriesgada: dejar que la palabra tome el cuerpo de los actores. El resultado es un espectáculo donde el texto se convierte en materia viva, un flujo amargo que envuelve al espectador y lo obliga a navegar por un universo de situaciones y criaturas inquietantes, sin anclas narrativas cómodas.
El elenco –Santiago Alfaro, Andoni Guerrero y Bernardo Kasis Galán– logra esa disociación tan propia del teatro grotesco: son a la vez intérpretes y vehículos de algo ajeno, casi marionetas habitadas por una voz que no les pertenece del todo. Esta tensión genera momentos de gran potencia, donde lo grotesco, lo poético y lo humorístico negro se entrecruzan con maestría, recordando tanto al Grand Guignol clásico (con su énfasis en la fragilidad matérica del cuerpo) como a las atmósferas decadentistas y de lo extraño que influyen en Ligotti.
La música original, creada por los jóvenes compositores Miguel Aguilar, Sofía Cruces, Martha Hernández, Santiago López y Emiliano Palafox, es uno de los grandes aciertos de la velada. Hecha a la medida de la puesta en escena, funciona como un personaje más: no acompaña, sino que resalta, inquieta y profundiza las situaciones. Se nota la colaboración cercana entre los compositores y el director; el diseño sonoro no es un adorno, sino una capa esencial que amplifica la sensación de desasosiego y vacío ontológico.
El diseño de vestuario de Martha Alejandra Vega, junto con la dirección artística de Rodrigo Castillo Filomarino (quien también es el gran impulsor del programa Compositores Emergentes), la asistencia de iluminación de Jessica García y el diseño gráfico de Eduardo Castillo, conforman un paquete estético coherente, austero pero cargado de sugestión.
En el contexto de Compositores Emergentes, donde los miércoles se dedican al teatro y los martes a la danza (todo ello alrededor de la idea ampliada del deseo como fuerza motriz, más allá de lo carnal), esta obra representa una de las propuestas más audaces y oscuras de la temporada. No es un espectáculo para todos los públicos: exige disposición a dejarse incomodar, a cuestionar la propia identidad y a enfrentar el horror filosófico de que bajo la apariencia no hay nada, o al menos nada que pueda sostener sentido.
Teatro Grotesco no busca entretener ni asustar de forma convencional. Busca desestabilizar, y en eso triunfa con creces. Una función que se queda rondando en la mente mucho después de bajar el telón.
¡Altamente recomendable para quienes disfrutan del teatro contemporáneo de lo siniestro y de las adaptaciones que respetan la naturaleza indomable de sus fuentes literarias!
El proyecto de Compositores emergentes cuenta con dos partes, martes de Danza y miércoles de Teatro, a las 20 horas en el Teatro Varsovia (Calle Varsovia 9, Colonia Juárez, Alcaldía Cuauhtémoc, muy cerca del Ángel de la Independencia), hasta el 28 de enero. ♦

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