Para tratar de entender el colonialismo yanqui y… al psicópata de Trump

• «Cuidémonos de los güeritos», recomienda el autor del artículo de opinión, pero «también de los seguidores mexicanos» del presidente de EU, porque está convencido que «en su fuero interno se sienten hechos a mano» y que «merecen ser considerados gringos»

Por Efrén Camacho Campos

Cuando no tengo cosas importantes por hacer, como el leer o escribir un poco, o bien, realizar trabajos de jardinería, prendo la televisión con el propósito de distraerme, en busca de algún programa que resulte interesante, lo cual en la TV abierta es como sacarse la lotería, prevalece la campaña de desprestigio hacia el actual gobierno, con la difusión a todas horas de la denominada nota roja, o bien, programas de concursos, realities, deportes o, más recientemente, telenovelas turcas.

Sin embargo, últimamente pesqué en el Canal 22, la repetición de un programa especial sobre David Alfaro Siqueiros, conducido por  una gran maestra que tuve en la Universidad, Irene Herner Reiss, doctora en Sociología del Arte por la UNAM, así como por la escritora Raquel Tibol (†), y no tengo empacho en asegurar que disfruté verdaderamente dicho documental, en parte por conocer algunos datos duros de quien es considerado «uno de los tres grandes exponentes del muralismo mexicano junto con Diego Rivera y José Clemente Orozco»; pero, sobre todo, por reencontrarme de alguna manera con mi otrora profesora de la materia denominada Teoría de la Comunicación y Manejo de la Ideología, orientada hacia el estudio de la ideología como herramienta de poder y de construcción social.

En este especial sobre Alfaro Siqueiros, la doctora Herner comparte, al margen de aspectos relevantes sobre la vida y obra de este pintor, escritor, diplomático, activista y militar mexicano –quien seguramente será motivo de alguna colaboración futura de mi parte–, una interesante anécdota acerca de que su nombre de pila no era David, sino José de Jesús, y que la razón por la que él decidió nombrarse David surgió por la similitud de su cabello con el de la hermosa escultura de Miguel Ángel.

Mas lo que realmente pretendo compartir –ahora que está de moda nuevamente y de manera explícita el colonialismo, la dictadura, el fascismo y el racismo en los Estados Unidos de América (USA), promovida por su controversial presidente–, son algunas características del manejo de la ideología dominante, difundida desde hace muchísimos lustros, a través de los medios masivos y de los mismísimos comics, tan populares cuando niño; no sé ahora, pero seguramente también. Recordemos que todos los días el nazi que habita la Casa Blanca promueve el «racismo institucional, la violencia policial y el uso autoritario del poder».

Recordando la cátedra magistral de mi maestra, así como la lectura de su tesis de licenciatura denominada Tarzán, el hombre mito, en la cual se analiza cómo el personaje de Tarzán «funciona como un mito moderno que refleja la insatisfacción del hombre contemporáneo y, al mismo tiempo, como un instrumento ideológico que transmite valores de dominación, colonialismo y supremacía cultural»[1].

En Tarzán, el hombre mito, se descubre a un Tarzán «racista, el racismo como algo natural, mostrando la superioridad de los blancos frente a los negros, enfatizando la política segregacionista de los Estados Unidos y las potencias europeas. Además, se hace la distinción entre blancos buenos y blancos malos. Los primeros representan básicamente a los anglosajones, entre los segundos se encuentran los comunistas, los nazis, los árabes»[2].

Sin embargo, todo indica, paradójicamente, que estos datos duros apuntan que dichos roles ahora se han trastocado; por ejemplo, Trump ejerce en USA una dictadura disfrazada de MAGA y, en otro caso totalmente contradictorio, el exterminio que Israel ejerce sobre Palestina, tal y como lo hicieron con ellos durante el holocausto.

Hace tiempo leí que «somos producto de la información que poseemos», y que «no solamente se trata de información cultural, social o digital que recibimos, sino también de la información biológica contenida en nuestro ADN», por lo que se puede asumir que Trump trae en su información genética toda la sed imperialista que caracteriza al pueblo norteamericano, quienes desde hace mucho tiempo se abrogan el derecho de constituirse en los policías del mundo, invadiendo países que supuestamente no concuerdan con el estilo de democracia de ellos. ¿Ejemplos?, bastantes. El último, acabamos de verlo con Venezuela. Lo extraño es que durante años este imperialismo se había venido manejando de manera soterrada, sin tanto aspaviento como el mostrado desde que empezó el segundo mandato presidencial de Trump. No todo el pueblo norteamericano comparte la visión fascista de su presidente, pero cabe hacer notar que cuando surge un líder de estas características, inmediatamente salen del clóset otros fascistas igual a él.

Ya lo advertía Simón Bolivar en el año de 1829, cuando señalaba en la carta que dirigió al coronel británico Patricio Campbell, que «los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad». Dicho de manera coloquial, cuidémonos de los güeritos, ya ven cómo se las gastan y, agregaría también, de sus seguidores mexicanos, quienes seguramente en su fuero interno se sienten hechos a mano y que merecen ser considerados gringos y es por eso que claman de manera airada para que USA intervenga nuevamente en México. Recordemos que ya los han hecho en tres ocasiones significativas a lo largo de nuestra historia: 1848 (pérdida de territorios), 1914 (0cupación estadounidense de Veracruz) y 1916 (Expedición Punitiva para capturar a Pancho Villa). ¡Hasta la próxima! ♦


[1] Herner Reiss, Irene. Tarzán, el hombre mito. Secretaría de Educación Pública, Colección SepSetentas Núm. 139, Primera Edición, México, 1974, 190 pp).

[2] juditb,+086_087_24_libro_herner (2).pdf

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