Retrato de Hernán Cortés fue donado al Museo Nacional de Historia
Un retrato histórico de Hernán Cortés, personaje que «torció las líneas del devenir de la cultura occidental», fue donado al Museo Nacional de Historia Castillo de Chapultepec por la familia Pignatelli Aragona Cortéz, descendiente del capitán extremeño, el cual complementa el discurso de su primera sala, «Dos continentes aislados».
El óleo sobre tela fue parte de la colección de la familia citada durante varias generaciones y fue en San Francisco, California (EU), donde Ascanio Pignatelli y el cineasta e investigador Miguel Gleason, gestor de la donación, entregaron la pintura a Salvador Rueda Smithers, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Ascanio Pignatelli Aragona Cortéz consideró que ese cuadro que vio desde niño en la residencia familiar, envuelto en leyenda para sí mismo, ahora se encuentra en un sitio donde trasciende el ámbito privado, para apelar al propio devenir del pueblo mexicano.
Al agradecer el gesto, encaminado a «reconciliar la realidad con el alma de los mexicanos vivos», el historiador Salvador Rueda no evadió las controversias en torno a dicho personaje, quien encabezó el combate a las ciudades gemelas de Tenochtitlan y Tlatelolco en 1521, así como la conquista de lo que sería el virreinato de Nueva España.
De haberse considerado héroe durante los siglos XVII y XVIII, en las siguientes tres centurias Hernán Cortés Monroy ha oscilado «entre la admiración y la antipatía, entre la caballerosidad y la caricatura ideológica», dijo, por lo que es obligación del Museo mantener la memoria y eso «implica imparcialidad y buen juicio».
«Como todo ser humano –señaló–, el claroscuro fue su vida. Fue el fundador del cuerpo político básico, el Ayuntamiento, en 1519; pero también conquistador audaz y se le juzga como guerrero eterno. Sería capitán general y quiso –infructuosamente– administrar la ley en sus territorios; ganó fama, pero nunca tuvo el poder político que buscó.

El principal elemento del óleo no es Cortés en sí, quien aparece retratado en la mediana madurez, alrededor de los 32 años, sino el escudo de armas del Marquesado del Valle de Oaxaca que se observa en una de las esquinas, el cual le fuera concedido por Carlos I de España, en marzo de 1525. Para las costumbres políticas hispanas, la heráldica era una herramienta insustituible de ascenso social.
»En el diseño, sobre un campo negro, aparece la corona del tlatoani Moctezuma por encima de las de Cuitláhuac y Cuauhtémoc. Alrededor del escudo, las cabezas de siete señores de ocho lugares, truncadas y encadenadas: Tacuba, Texcoco, Coyoacán, Tlatelolco, Xochimilco, Churubusco, Chalco e Iztapalapa, más una filacteria con el lema: ‘El Señor juzgó en sus actos y fortaleció mi brazo, escrito en latín’.
»No obstante, a la composición del escudo cortesiano le rodearía la fatalidad o, mejor dicho, la paradoja de la historia. Porque al paso del tiempo, uno de ellos, Cuauhtémoc, sería la causa de la última desventura política de Hernán Cortés, al enterarse el monarca español de la muerte del tlatoani por juicio sumario, lo que agriaría la relación entre ambos», asentó el historiador.
Rueda Smithers agradeció a los equipos de las áreas de Restauración, Difusión, Museografía y Depósito de Colecciones del MNH, el cuidado de la pieza, posible copia de algún original de cuerpo entero que la historiografía sitúa en el siglo XVII y en el Hospital de Jesús Nazareno de la Ciudad de México, donde reposan los restos de Cortés.
Al respecto, Miguel Gleason recordó que en 2019 logró reunir a Ascanio Pignatelli y a Federico Acosta Ruiz-Peinado, en ese mismo lugar, donde sus antepasados, Cortés y Moctezuma II, se encontraron por primera vez, cinco siglos atrás. De ese momento surgió su documental El Reencuentro. 500 años Moctezuma y Cortés, que demuestra la fuerza de un abrazo como símbolo de reconciliación con la historia. ♦

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