La alegría de los bravos de un barrio se transforma en carnaval

• Se trata del Carnaval de Barrio Fuerte. Siempre han sido protagonistas de la historia en Tlaltenco y desde 1980 comenzaron su participación en el Carnaval, cuando Ezequiel Martínez y Sergio Palacios fundaron la comparsa

Por Sergio Rojas | Revista Nosotros Núm. 11 | Abril de 1998

El colorido de vestimentas, modestas las más, pero con el alma de quien las lució adherida a la tela saturada de olanes, chaquira y lentejuela, junto con la coreografía de disfraces, algunos harto vistos en las pantallas del séptimo arte, más la colección de máscaras como la de Carlos Salinas tan de moda en los cruceros citadinos, además de las acostumbradas máscaras en los supermercados en el anglosajón Halloween pero, también, otros disfraces muy originales salidos de la imaginación popular y hasta de la mercadotecnia, aunado al deseo por participar en el día en que la tradición ha concedido a los habitantes del Barrio Fuerte su exclusivo domingo para la expresión de júbilo, de darle rienda suelta a las ansias constreñidas y armar en grande el jolgorio, fueron los elementos que se conjuntaron nuevamente para que el carnaval hiciera su bullanguera aparición conforme al calendario de festividades de Tláhuac.

La calaca tilica y flaca...

Barrio Fuerte, así llamado porque dicen que sus jóvenes eran los más peleoneros de la región, pero en buena lid, nada de agandalles, como es común ahora ver en banditas de individuos que sólo saben pelear en bola porque solitos se les arruga el alma. Aunque ya tenían fama en los años 40 de jugar bien al futbol, incluso algunos llegaron a estar con los «prietitos» del Atlante. Como quiera que sea, siempre han sido protagonistas de la historia en Tlaltenco, y desde 1980 comenzaron su participación en el Carnaval, cuando Ezequiel Martínez y Sergio Palacios fundaron la comparsa. Comparsa que, al final de cuentas, fue una fragmentación de la Sociedad Benito Juárez.

El rey Chaca

Domingo 1 de marzo, día significativo porque por primera vez los del Barrio Fuerte se lucieron con un vehículo alegórico. Fecha propicia para que extrovertidos e introvertidos revitalizaran sus ganas de ponerse o quitarse algo del cuerpo, según las hormonas, y, ¿por qué no?, parecerse a otro, todo con tal de echar relajo y justificar esos anunciados cambios de conducta propiciados por traumas que se fueron guardando en el archivo vivo del subconsciente. Tal cual lo dijera Freud. Sí, igual que cada año, si acaso esos otros con algunas arrugas de más en sus rostros enjutos y las sienes plateadas.

Esfuerzo de una comunidad donde los orgullosos miembros de ésta en cada fecha significativa de su tradición regional se reconocen y reafirman su identidad cultural.

Más que gorila parece el eslabón perdido…

Así fue como el primer domingo de marzo la gente salió a las calles para presenciar el primero de los desfiles con los cuales se conforma la celebración del Carnaval de Tlaltenco. En punto de la una de la tarde fue coronado el rey feo en la mera puerta de su casa, en la cima de la popularidad, sobre el vehículo transformado y decorado con figuras marinas, quizá porque el mal cura todos los males del espíritu y reconforta el alma. El rey Chaca primero, con abundante cabellera rizada en alguna de las estéticas de donde salió tanto gay de los tiempos neoliberales, sonrió y saludó en lo que fue el mejor de sus días. Para eso fue ungido como soberano Chaca, rey feo de mata choncha aunque oxigenada, orondo e inmóvil durante el trayecto, por aquello de no pisar en falso y ser el hazmerreír de todos; rígido, apenas flexible al momento de pasar por debajo de los cables de la Compañía de Luz para no quedar achicharrado como antojo fritanguero sobre la plataforma rodante que en su parte trasera mostraba la leyenda: «Podrán quemar nuestras hojas, pero nuestras tradiciones ¿cuándo?»

La alegria de los participantes en el carnaval de Barrio Fuerte

Al son de la banda del pueblo, el desfile que organizaron los del Barrio Fuerte bajo la batuta de Pedro Palacios, Javier Palacios y Armando Negrete, congregó a la multitud en las calles. Todo Tlaltenco y uno que otro visitante ocasional pudo admirar lo mismo que a Batman que al séptimo pasajero cuya cuarta versión cinematográfica, por cierto recién desempacada con la revivida doctora Ripley (Sigourney Weaver), está en cartelera. Hubo el que disfrazado de avestruz acaparó la atención de quienes disfrutaron de todo aquello que el desfile conjuntó para alegría popular. La calavera gigantesca, los grotescos gorilas que lucieron orgullosos su áspera piel elaborada con material del cocotero; el robot de cartón; el bebesote cincuentón que sin recato alguno mostró su grande y gelatinoso vientre al tiempo que chupaba la enorme mamila para escarnio de la gente, o las familias que sólo necesitaron de un vestido de color chillante y antifaces para formar parte del baile. En pocas palabras, el Perro, el Búho, el Mías y los Cochinitos, fueron los compas del barrio que arrasaron con los premios correspondientes a los mejores disfraces.

Todos ellos, al igual que los despechugados adoradores de los estrógenos, que con su raro aspecto provocaron el tinte de morbo que tiene que darse en todo carnaval, fueron las imágenes que quedaron plasmadas en el primer domingo de marzo para culminar un exhausto recorrido en donde el premio al esfuerzo, dedicación y esmero, fue el aplauso espontáneo de las familias ávidas de sorpresas, como trofeos a su ingenio fueron también las risas que arrancaron de la masa curiosa y febril que los observó a su paso, incluso hasta el llanto imprevisto de un niño asustado por uno de los distintos monstruos carnavalescos.

Avestruz en Tlaltenco

Manifestación espontánea que no necesitó de la presencia de grullos y funcionarios de la delegación para legitimar la fiesta multicolor. Jornada completa que se nutrió de la admiración de quienes conformaron la multitud para gozar del carnaval. Las perlas de la fiesta y los persas del reventón trasnochado exhibiéndose una vez más con los suyos, la banda, la flota, los compas del Barrio Fuerte. ¡Salú! Que al cabo es una vez al año nada más… ¡Órale, chupando que es gerundio! Total, aquí charros charros con los charros, puro valedor.

NOSOTROS contentísimos. Había por qué estarlo. Después de todo, los organizadores del Carnaval de Barrio Fuerte nos habían invitado desde hacía un año.

Ahora que muchos ni siquiera alcanzaron a ver el final de la jornada que, por cierto, culminó con un gran baile, actividad que también los del Barrio Fuerte organizaron por primera vez en la historia, en lo que tienen de salir a desfilar por las calles de Tlaltenco, por andar en el chupe desde temprano. Por la noche, hubo que estar bañado y perfumado en el Salón Ejidal donde amenizaron la Sonora Santanera, el Campeche Show y Los Yaras. Nadie salió decepcionado. Si acaso un poco turulato por las cubas y jaiboles ingeridos. Poco importó que fuera de madrugada. Un sanlunes más, dijeron unos… En fin, si hablan de Dios, que no hablen de uno en la chamba. Además, ¿quién le manda a los otros ser tan amargados? La vida hay que disfrutarla y más cuando del Carnaval de Barrio Fuerte se trata. Sobre todo, cuando sobraron bailadoras a la hora de reventarse de cachetito la de fue en un cabaret donde te encontré bailandooo. Y es que los maricones aprovecharon para sacar la mercancía que se les queda la mayor parte del año. Ahora que, ya entrados en gastos, no faltó el machín dionisiaco que se echó porras y dijo un choto al año no hace daño… O, si lo sabe Dios… Como quiera que haya sido, el próximo año todo esto será diferente cantar, al menos eso dicen los organizadores. Veremos para comentar. ♦

Portada de la Revista Nosotros, número 11, correspondiente al mes de abril de 1998

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