Hábitos de las personas adultas mayores. La Coca-Cola y sus efectos

• La Industria Mexicana de Coca Cola es una de las más grandes del país y tiene un impacto enorme en el empleo

Por Efrén Camacho Campos

Desde hace ya un buen tiempo, todas las mañanas, exactamente a las 7:30 horas, veo pasar frente a la ventana de mi estudio a un adulto mayor… je, je, je… un poco más que yo, tal vez de unos 80 años, con vista fija en el horizonte, sin mirar a nadie en particular, con una actitud decidida, como la de un soldado a punto de cumplir con una misión. Minutos después regresa con la misma actitud, pero ahora con una Coca-Cola en la mano y, en la otra, unas galletas, con una leve sonrisa de satisfacción en su rostro.

Pero, cabe señalar que es un hábito recurrente, el cual repite dos veces más al día, a la hora de la comida y el siguiente al filo de las 19:00 horas, durante toda la semana. Luego entonces, reflexiono, si cuando yo tenga más edad que la actual, en caso de tener la fortuna de continuar en este plano terrenal, existirá la posibilidad de adquirir alguna costumbre similar o, más bien, probablemente, estaré completamente deschavetado,que ni siquiera me percataré de la situación en la que pueda encontrarme en lo futuro.

Sin embargo, no es esta cuestión la que motivó a escribir acerca de mi vecino, quien a fuerza de coincidir con él, durante sus continuos paseos a la tiendita, es que ya contesta tímidamente a mis saludos, sino más bien su insana costumbre de consumir la denominada agua negra del imperialismo, lo que evidentemente me provocó a dejar volar la imaginación y preguntarme cuántas personas de esa edad –y de otras–, consumen consuetudinariamente esa bebida catalogada como veneno, condición que solamente se le quita, y en eso estoy totalmente de acuerdo con la sabiduría del vox populi, cuando se le combina en una Cuba Libre.

Pues resulta que recién me entero, por medio de la publicidad en Facebook, que la Coca-Cola está cumpliendo 150 años –y agregaría sin temor en decirlo–, de estar envenenando a las personas por todo el mundo. Sin embargo, creo que a alguien no se le dan las cuentas, revisando algunas fuentes de información, entre ellas la página oficial de esta empresa, éstas señalan que fue en el año de 1886, en Atlanta, Georgia (EE.UU.), «cuando elfarmacéutico John S. Pemberton creó un jarabe destinado a aliviar problemas digestivos. Al mezclarlo con agua carbonatada, nació la primera Coca-Cola».

Sin embargo, de acuerdo al esquema descrito en mi anterior colaboración sobre la columna izquierda y, desde luego, externar lo que pienso, me aboqué a indagar acerca de lo que el consumo de este producto, con ya 100 años de presencia en México, provoca específicamente en las siguientes  facetas: 1) Generación de empleo; y, 2) Enfermedades que genera entre la población y, en consecuencia, la incidencia directa en el gasto del sector salud, para el tratamiento y cura de las enfermedades provocadas por este líquido que sirve, entre otras cosas, para «limpiar el inodoro, quitar óxido, desengrasar superficies, eliminar manchas de ropa, limpieza de vidrios y parabrisas, aflojar tornillos oxidados, neutralizar olores, ahuyentar insectos», más los que se vayan descubriendo esta semana.

Y, a pesar de que durante una de las mañaneras de nuestra presidenta, se dio el espaldarazo a esta marca de refrescos, cuasi aplaudiendo que es un patrocinador del súper evento futbolístico cuatrianual, no deja de ser contradictorio que no hace mucho se haya establecido una política pública prohibiendo, principalmente, el consumo de esta bebida y de comidas chatarra entre los niños, dentro de las escuelas. Sobre todo, por los problemas de salud que se derivan de la ingesta de este líquido.

Sin embargo, como se dice comúnmente, cuando la realidad supera la ficción, el aspecto económico es una variante de mucho peso, por lo que estoy cierto que las decisiones que se toman respecto a apoyar o no a esta marca, pasan por el rasero del número de empleos que se generan en esta industria.

De acuerdo a su página oficial, la «Coca‑Cola comenzó a venderse en México en 1926, cuando el país iniciaba su proceso de industrialización. Los primeros embotelladores fueron Manuel L. Barragán en Monterrey y Herman H. Fleishman en Tampico, quienes sentaron las bases de la naciente Industria Mexicana de Coca‑Cola. En 1929, la bebida llegó a la Ciudad de México a través de la embotelladora Mundet y a Guadalajara con la embotelladora La Favorita. Desde entonces, la marca se expandió rápidamente por todo el país y se convirtió en parte de la vida cotidiana y cultural de varias generaciones».

La Industria Mexicana de Coca‑Cola es una de las más grandes del país y tiene un impacto enorme en el empleo.

El aspecto económico es una vertiente de mucho peso, pero qué hay con los problemas de salud que se generan y que debieran hacernos pensar que lo malo es más fuerte que lo bueno. «El consumo excesivo de Coca‑Cola y otras bebidas azucaradas se ha relacionado con varias enfermedades crónicas y problemas de salud: diabetes tipo 2, obesidad, enfermedades cardiovasculares, problemas dentales, síndrome metabólico, enfermedad del hígado graso no alcohólico».

Como dicen los malandros que se suben al transporte público, ya se la saben, «México es uno de los países con mayor consumo de Coca‑Cola en el mundo, y esto se refleja en altas tasas de obesidad y diabetes, consideradas problemas de salud pública y, aunque se han hecho esfuerzos preventivos, la carga económica para el gobierno sigue creciendo, porque la prevalencia de estas enfermedades es muy alta».  Así que, mientras hacemos conciencia de este hecho, digamos salucita, al fin que el mundo se puede acabar por las decisiones que toman loquitos como el anaranjado Trump. ¡Hasta la próxima! ♦

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