La transformación de las fiestas religiosas en San Pedro Tláhuac [Parte I]

• Muchas de las festividades originarias aún conservan su carácter campesino e indígena, porque están ligadas a los ciclos agrícolas y con el fin de preservar la armonía entre lo mundano y lo sagrado. Las fiestas son una forma de pago para con el numen creador y algunas de ellas en rituales para la petición de lluvias y buenas cosechas

Por Baruc Martínez Díaz | Revista Nosotros número 96 | Septiembre de 2006

Primera de tres partes

San Pedro Tláhuac, nuestro lugar de estudio, es uno de los siete pueblos originarios que conforman la delegación Tláhuac. Por ello, al referirnos en este trabajo a Tláhuac, estaremos hablando únicamente del pueblo de San Pedro Tláhuac y no de toda la delegación política como pudiera suponerse.

La delegación Tláhuac cuenta con una superficie total de 8,534.62 hectáreas, de las cuales 5,674 son todavía áreas verdes y se encuentran definidas como reserva ecológica, para recarga del manto acuífero, que mantiene viva a la Ciudad de México. Se localiza al sureste del Distrito Federal, sus colindancias son las siguientes: al norte y noreste con la delegación Iztapalapa, al sur con la delegación Milpa Alta hasta topar con el vértice del volcán Teuctli; al oriente con el municipio de Valle de Chalco Solidaridad, ubicado éste en el estado de México, y al sur con la delegación Xochimilco.

Dentro de la delegación se puede mencionar la existencia de la Sierra de Ahuitzotl o Santa Catarina, la cual está conformada por siete elevaciones que datan del período pleistoceno. Además, hay que referir que aún se conservan 520 hectáreas de las famosas chinampas, aunque, a decir verdad, la producción agrícola hoy es escasa y tiende a desaparecer en algunos años[1].

Festividad ligada a los ciclos agrícolas. Fotografía: Antonio Miranda Paredes

En cuanto a las festividades originarias se debe mencionar que muchas de ellas todavía conservan su carácter campesino e indígena, ligadas a los ciclos agrícolas y con el fin de preservar la armonía entre lo mundano y lo sagrado. Así las fiestas se convierten en una forma de pago para con el numen creador y, algunas de ellas, en rituales para la petición de lluvias y buenas cosechas[2]. Cuando más adelante tratemos el tema de las festividades religiosas y su transformación, ahondaremos en otros aspectos.

Historia

El actual pueblo de San Pedro Tláhuac tiene un pasado histórico extenso, ha permitido ya casi ochocientos años en este complejo entramado temporal. De acuerdo con las fuentes de tradición indígena, los fundadores de Tláhuac fueron los cuitlahuacah, grupo chichimecatl de habla náhuatl, heredero de la cultura toltecatl, quienes desde Aztlán Chicomoztoc emigraron y se asentaron al sur de la Cuenca del México[3].

Por su parte, los Anales de Cuauhtitlan señalan el año en que se fundó y el nombre de los fundadores:

[…] 3 tochtli… yn tlamaçehuatleque Tlahuaca yn tlaltzintlani Quauhtlotlin teuctli yhuan Yhuitzin yhuan Tlilcoatzin yhuan Chalchiuhtzin yn yehuantinin oc huel yehuantin yn Chichimeca catca hualxeliuque Xicco Chalca Tlahuacan yc mitoa motenehua Cuitlahuaca tlatoque Tiçic.

[…] 3 conejo [1222]… En este mismo año los grandes personajes beneméritos y caballeros chichimecas llamados Cuauhtlotlin tecuhttli, Huitzin, Tlicoatzin, Chalchiuhtzin y Chahuaquetzin, fundadores de Cuitlahuac y Señores de Ticic, se repartieron por Xicco, Chalco y el mismo Tláhuac, según se dijo[4].

Según se sabe, al llegar los cuitlahuacah encontraron un pequeño islote en donde encendieron el fuego nuevo, ahí mismo construyeron  el templo principal y fundaron al primer calpolli («barrio»): Ticic; en la actualidad este lugar se ubica donde está la iglesia principal, construida en honor a San Pedro Apóstol[5]. En lengua náhuatl se le refería a este lugar como altepetl Iyöllöc (corazón del pueblo).

Más tarde, los habitantes de Tláhuac o Cuitlahuac Ticic, como fue conocida, construyeron chinampas para ganarle terreno al agua, así se expandieron y formaron los cuatro calpoltin («barrios») definitivos. Tláhuac fue entonces el producto del trabajo del hombre, pues el pequeño islote donde se fundó, fue el único espacio natural que existió; tal vez por ello las excavaciones arqueológicas han obtenido como resultado el que el suelo de Tláhuac tiene poca antigüedad, y no se ha podido localizar un solo tramo de superficie natural, pues la única que hubo, hoy permanece sepultada por el templo de San Pedro Apóstol[6].

Los cuatro calpoltin («barrios») de Tláhuac fueron: Ticic, que se ubicó al oriente; Teopancalcan al norte; Atenchicalcan al poniente y Tecpan al sur. Esta ubicación espacial corresponde al modelo cósmico que del universo tenían los hombres prehispánicos, el cual regía la planeación de sus pueblos y ciudades[7]. Esta división continuó hasta hace algunos años, dándose después la división en ocho barrios, como en la época actual permanece. No obstante, algunos ancianos tlahuacah aún recuerdan los nombres de los barrios antiguos.

Tláhuac se localizó en medio de un gran lago, el de Chalco; sin embargo, con la construcción de un dique-albarradón éste quedó dividido en dos lagos, pasándose a llamar: Chalco y Xochimilco, debido a la ubicación de estas dos ciudades. Este dique unía a la isla de Tláhuac con Tolyahualco al sur y con Tlaltenco al norte, tenía una longitud de 4520 metros[8].

Lago de los Reyes en San Pedro Tláhuac. Fotografía: Antonio Miranda Paredes

Nuestro pueblo tuvo varios conflictos bélicos durante la época prehispánica, no detallaremos cada uno de ellos, solamente citaremos  con cuáles pueblos sucedieron estos altercados: Chalco, Xochimilco, Azcapotzalco, Malacachtepec  Momozco y Mexihco Tenochtitlan. De importancia relevante fue la guerra de los mexihcah (1435), pues desde ese momento fue adherida la ciudad de Cuitlahuac Ticic al naciente Estado tripartita (Excan Tlahtolloyan) encabezado por el poderío mexihcatl[9].

Una vez que llegaron los iberos comenzó un período importante para nuestra población, pues el choque entre dos culturas fue terrible. Sobre todo en el ámbito de lo sagrado; sin embargo, esto fue sorteado con la superposición de imágenes y númenes creadores. Así, bajo la imagen de San Pedro se encontraba la presencia de Amimitl, antiguo teotl (elemento natural sacralizado) de Cuitlahuac Ticic, como más adelante veremos[10].

Los límites que llegó a alcanzar la antigua Tláhuac se encuentran señalados en los Títulos primordiales, expedidos por orden real en el año de 1561. Las poblaciones que le pertenecían eran: Xantlaco Tzapotitlan, Xan Palanxixco Tetlalpan, Xante Catalinantzin Cuauhtli Itlacuayan y la misma Tláhuac, con sus barrios, que en ese tiempo ya eran ocho: Atenchicalcan, Teopancalcan; Ticic a su vez se había dividido en Cueyotlan, Calpilco y Nepohualoyan; mientras que Tecpan se multiplicó en: Tecpan, Atecpan y Cihuatecpan[11].

A la llegada de los españoles se señaló a Tláhuac como cabecera, estuvo bajo el régimen de encomiendas, pasando a pertenecer a la familia Cuevas por espacio de siglo y medio aproximadamente[12]. En la época colonial nuestro pueblo estuvo sujeto al corregimiento de Chalco.

Los tlahuacah siguieron dedicándose a la pesca y agricultura, principalmente; pero, también, rentaban la laguna que poseían y sacaban piedra de los cerros de Santa Catarina. Sus productos los vendían en la Ciudad de México y para transportarlos usaban las acalli o canoas. En Tlaltenco, pueblo cercano a Tláhuac, se encontraba una aduana para regular el paso de animales de carga; en la actualidad en este lugar se encuentra un arco de piedra que fue construido para este fin[13]. Este arco de piedra, conocido también como «la puerta de Tlaltenco», fue inaugurado el 30 de junio de 1789.

Ya en el siglo XIX Tláhuac pasó a pertenecer a la prefectura de Xochimilco y como tal todos los trámites importantes se tenían que hacer en ese pueblo. Tláhuac seguía siendo un pueblo indígena eminentemente agrícola y pescador, sus calles eran canales por donde navegaban las canoas de sus habitantes, inclusive en la parroquia de San Pedro Apóstol había agua, por ello los tlahuacah tenían que oír misa en acalli. Además, existían numerosos ojos de agua que mantenían vivos los cuerpos acuáticos. Empero, muchísimas inundaciones habían atacado la isla numerosas veces, inclusive en algunas de ellas los pobladores tenían que replegarse a Tlaltenco, en las faldas del cerro Tetlaman[14].

Algunos estudiosos presentaban esta imagen de Tláhuac en el siglo XIX:

«Se levanta sobre las aguas del lago de Chalco formado de floridas chinampas que se mueven voluptuosas sobre sus fundamentos de raíces entretejidas. Esbeltos sauces ocultan a la vista las pobres cabañas de sus habitantes, la mayor parte agricultores, otros pescadores […] Graciosas y ligeras chalupas recorren los canales que son las calles de la población […] Aquel pueblo, hoy humilde y silencioso, nada tiene de su grandeza y orgullo pasados: es la antigua Cuitlahuac patria de dignos guerreros indígenas y cuya raza figura dignamente en las páginas de nuestra historia.

»Cuitlahuac, o sea la Tláhuac actual, no es ahora ni la sombra de lo que fue […] Los actuales pobladores pocas tradiciones conservan de sus antepasados, y muy reducidas e inciertas noticias pueden adquirirse de ellos, acerca de la civilización y grandeza de la tribu a la que pertenecieron»[15].

De esta forma estaban las cosas a finales del siglo XIX. Con la Ley de Desamortización de bienes muertos dictada por el gobierno juarista, el 25 de junio de 1856, les fueron arrebatadas las tierras comunales a todos los pueblos de Tláhuac y zonas aledañas; por esta razón, en 1868 en Chalco se alzan en armas los campesinos indígenas, desconociendo a Juárez y a todo el aparato gubernamental liberal. Esta rebelión fue encabezada por el anarquista Julio López Chávez, quien después de un tiempo fue derrotado y sentenciado al pelotón sin indulto alguno; los campesinos tlahuacah también participaron en este breve levantamiento[16].

No sólo ese movimiento armado fue la respuesta que se le dio a los liberales por el problema de las tierras, también algunas personas de Tláhuac se aliaron al emperador Maximiliano de Habsburgo para luchar por la recuperación de su patrimonio histórico. En este momento destaca la figura del licenciado Faustino Chimalpopoca Galicia, quien luchó al lado de los llamados «conservadores». Don Faustino era un indígena de Tláhuac, hablante de la lengua mexicana y persona preparada en el Colegio de San Gregorio, quien ayudó a Maximiliano a traducir varios decretos al náhuatl con el fin de contrarrestar la Ley de Desamortización de bienes muertos[17]. El licenciado Chimalpopoca Galicia fue un personaje muy apegado a Maximiliano y a la emperatriz Carlota. Inclusive se dice que estos últimos visitaron Tláhuac, en donde escucharon misa y comieron a petición de don Faustino[18].


[1] Baruc Martínez Kuauhtonal. Cuitlahuac ihyucatitiz. Memoria histórica de Tláhuac. Uey Kalmekak Kuitlauac, 40 p., p. 8, México, 2004.

[2] Norma Lilian Bonilla García. Tláhuac, conurbación; aspecto económico y sistema de fiestas. Escuela Nacional de Antropología e Historia. Tesis de Antropología Social, 98 p., pp. 56, 76-77, México, 1989.

[3] Anales de Tlatelolco. Unos anales históricos de la nación mexicana y códice Tlatelolco. Versión preparada y anotada por Heinrich Berlin, resumen de los anales e interpretación del Códice por Robert Robert H.Barlow, Rafael Porrúa, México, 1980, 128 p., p. 31. En este documento se menciona además que al grupo cuitlahuacatl los venía guiando un personaje llamado Yayauhqui Xihuitl (hierba morena). Véase además: Robert HY. Barlow, «El códice Azcatitlan», en Journal de la Société des Américanistes, París, 1949, tomo XXXVIII, 101-135 p., p. 10., plancha XIV.

[4] Anales de Cuauhtitlan, noticias históricas de México y sus contornos. José Fernando Ramírez (comp.). Faustino Galicia Chimalpopoca (tr.). Publicación de los Anales del Museo Nacional, México, 1985, 94 p., y p. 33.

[5] Información proporcionada por mi abuelo, don Domingo Martínez Chavarría (f), campesino nativo de San Pedro Tláhuac (Tláhuac, 2003).

[6] Pedro Armillas. «Garden son Swamps», en Science, Estados Unidos de América, 12 de noviembre de 1971, vol. 174, No. 4010, 653-661 p., p. 657.

[7] Baruc Martínez Kuautonal. Axcan Cuitlahuac ipializ ihuan Estanislao Ramírez totemachticahtzin. Hoy la herencia de Tláhuac y Estanislao Ramírez nuestro guía. México, Uey Kalmekak Kuitlauak, 2005, 63 p., pp. 27-28

[8] Manuel Orozco y Berra. Memoria para la carta hidrográfica del Valle de México. Imprenta de A. Boix, a cargo de Miguel Zornoza, México, 1864, 185 p., p. 115.

[9] Hernando Alvarado Tezozomoc. Crónica mexicana. Mario Mariscal (pról. y selec.), 2ª edición, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1994, XLV-192 p. (Biblioteca del Estudiante Universitario No. 41), p. 7 y 55.

[10] María Luisa Reyes Landa. Tláhuac persistencias prehispánicas y coloniales en la sociedad actual. Tesis de Licenciatura en Etnohistoria. Escuela Nacional de Antropología e Historia, México, 1992, 133 p., p. 104.

[11] Véase José Fernando Ramírez (comp.). Anales antiguos de México y sus contornos. Manuscritos de la Biblioteca del Museo Nacional de Antropología e Historia, Colección Antigua, No. 273, México.

[12] Charles Gibson. Los aztecas bajo el dominio español, 1519-1810. Julieta Campos (tr.), 4ª edición, Siglo XXI Editores, México, 1978, 531 p., p.p. 424-425.

[13] Tláhuac, monografía. Gloria Brasdefer Hernández (presentación). Gobierno de la Ciudad de México, México, 1996, 62 p., p. 21.

[14] Información proporcionada por don Blandino Palacios Calzada, campesino nativo de San Pedro Tláhuac. (Tláhuac, 2004)

[15] «Memoria que acerca de la explotación de las lomas de San Juan Ixtayopan en la municipalidad de Tuyahualco, presentan los que suscriben al C. Lic. Ignacio Mariscal. Ministro de Justicia e Instrucción Pública», en Memoria que el Secretario de Estado y del despacho de Justicia e Instrucción Pública presenta al Congreso de la Unión en 15 de noviembre de 1869. Imprenta de Gobierno, en Palacio, a cargo de José María Sandoval, México, 1870, 181-197 pp., p. 188.

[16] Véase Marco Antonio Anaya Pérez. Rebelión y revolución en Chalco Amecameca, estado de México, 1821-1921. Margarita Garbó (pról.), 2 t., Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, Universidad Autónoma de Chapingo, México, 1997, t. 1, pp. 71 y ss.

[17] Cfr. Ordenanzas de tema indígena en castellano y náhuatl expedidas por Maximiliano de Habsburgo. Ignacio Loyola Vera (presentación), Miguel León Portilla (estudio introductorio). Instituto de Estudios Constitucionales del estado de Querétaro, México, 2003, 45 p.

[18] Información proporcionada por don Blandino Palacios

Portada de la edición impresa de Nosotros, Revista de Reflexión y Difusión, número 96, correspondiente al mes de septiembre de 2006

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