La transformación de las fiestas religiosas en San Pedro Tláhuac [Parte II]

• Los comisionados de barrios se sienten «herederos» de la labor de don Francisco, un indígena de Tláhuac que mostró mucha disposición con la nueva religión, pero ninguno ha mencionado algún rasgo del mundo mesoamericano

Por Baruc Martínez Díaz | Revista Nosotros, número 97 | Octubre de 2006

Segunda de tres partes

Desgraciadamente, tanto el movimiento anarquista de Chalco como el de Maximiliano, fracasaron, llevándose a cabo el despojo de los terrenos comunales. A pesar del proyecto juarista la realidad tomó otro camino, pues un adinerado español de nombre Íñigo Noriega empezó a comprar todos los terrenos fraccionados y, muy pronto, fue poseedor de grandes latifundios. En Xihco, pueblo cercano a Tláhuac, construyó su hacienda y desde ese momento comenzó a explotar a todos los indígenas originarios de los pueblos cercanos. Al llegar a la presidencia Porfirio Díaz, Noriega encontró todo el apoyo para acrecentar sus propiedades, a la postre el presidente de México y este hacendado español llegaron a ser compadres.

Porfirio Díaz e Íñigo Noriega. Fotografía: Archivo Casasola

Más tarde, con el movimiento revolucionario, nuestra población atravesaría por nuevas andanzas. Mayoritariamente indígenas campesinos, los habitantes de Tláhuac simpatizaron con los postulados del zapatismo agrarista; además, les daba mayor confianza que el general Emiliano Zapata fuera también indio y hablara la lengua que entonces todos hablaban: el náhuatl o mexicano.

Varias fueron las veces que los carrancistas atacaron el pueblo en busca de soldados zapatistas; lo único que dejaban a su paso era una cantidad elevada de hombres vestidos de manta, los cuales colgaban de los árboles de ahuejote. Muchos de los habitantes de Tláhuac tuvieron que salir huyendo, algunos se fueron a Mixquic, pero otros llegaron aún más lejos: a Tepalcingo, en el actual estado de Morelos. No todos los habitantes regresaron a Tláhuac, varios de los que se quedaron en otros lugares todavía reconocían ser indios tlahuacah[1].

Una vez terminada la Revolución Mexicana volvió la calma y pudieron volver muchos habitantes a su lugar de origen. Así después de este proceso, algunos vecinos se reúnen y deciden independizarse de la prefectura de Xochimilco. Con ayuda del general Severino Ceniceros, Tláhuac se vuelve municipio independiente en 1924 y, en 1929 (primero de enero), es declarada delegación perteneciente al Distrito Federal[2].

El general Severino Ceniceros (1880-1937). Nació en Cuencamé, Durango

A partir de este instante es notoria la preocupación que tienen muchas personas para que Tláhuac deje de ser un pueblo rural y se transforme en zona urbana. Pero cuando más efervescencia tuvo este sentimiento fue en la década de los sesenta; muchos factores jugaron papeles importantes, pero esto lo analizaremos más adelante.

Sistema de cargos y festividades

A diferencia de otros pueblos originarios, San Pedro Tláhuac no está organizado con base en las mayordomías, sino en un sistema similar denominado «comisionados de barrios», los cuales se encargan de organizar las festividades a través de todo el año. Los comisionados de barrio están conformados por individuos de cada uno de los ocho barrios de Tláhuac, regularmente son nativos de este pueblo, pero llega a presentarse el caso de que alguno de ellos sea una persona ajena a la comunidad. Además, hay que notar que en estos últimos años, aparte de los comisionados de barrios se encuentran los comisionados de colonia, algunas de las cuales fueron creadas por el creciente proceso de urbanización, como más adelante veremos[3].

Los comisionados mismos refieren que ellos son la continuación de la obra que dejó «don Francisco», un indígena de Tláhuac que aceptó ser bautizado y quien mostró mucha disposición para con la nueva religión; él ayudó a fray Martín de Valencia a evangelizar a los demás tlahuacah. Además, se dice que construyó muchas iglesias, incluyendo el templo dedicado a San Pedro Apóstol. También se encargaba de recolectar el dinero suficiente para que se pudieran llevar a cabo las primeras fiestas religiosas[4].

Martín de Valencia, como casi todos los frailes franciscanos, adoptó como apellido el nombre de su pueblo de origen, era natural de Valencia de Don Juan, en la provincia española de León, en 1474

En actitud similar y, quinientos años después, los comisionados de barrio recaudan lo indispensable para que se lleven a buen fin las festividades religiosas; ellos dicen ser evangelizadores y protectores del orden sagrado en Tláhuac. Sin embargo, y a pesar de muchas de sus afirmaciones, creo que la cosmovisión que rige esta serie de actitudes no es la católica y que la tradición histórica que anima sus actividades no corresponde totalmente con el contexto europeo y tampoco con la obra del llamado don Francisco.

Si bien es cierto que el modelo europeo está presente en este sistema de cargos, también hay que decir que la cosmovisión viene del mundo prehispánico, pues ya desde entonces existían los llamados calpixqueh, quienes se encargaban de organizar las fiestas rituales, entre otras muchas cosas[5]. En cuanto a lo religioso, hay que advertir que, si bien externamente se adora a un santo católico, la cuestión es que éste porta rasgos del mundo mesoamericano, los cuales se adhirieron en el momento en que se da la imposición espiritual por parte de los frailes. En esta tesitura podemos afirmar que en las ceremonias, aparentemente católicas, está presente animándose el núcleo duro mesoamericano, como diría el doctor Alfredo López Austin[6].

Algunos estudiosos ya se han encargado de señalar este núcleo mesoamericano en las festividades religiosas de San Pedro Tláhuac, por ejemplo, la etnohistoriadora María luisa Reyes Landa; por ello, no desglosaremos aquí cada una de las fiestas y sus elementos de origen mesoamericano. Lo que sí es importante señalar, para dar una idea de este núcleo duro, es por qué se cambió la imagen de Amimitl, antiguo numen creador de Cuitlahuac Ticic, por el hoy santo patrono: San Pedro Apóstol.

Anteriormente ya hemos señalado que las similitudes entre dos seres sagrados, fueron aprovechadas para dar paso a una reconfiguración del mundo y una transposición en identidades que se asociaban. En nuestro caso particular era evidente que las actitudes de estos dos seres, Amimitl y San Pedro, eran muy parecidas: por un lado, la asociación con la pesca y, por el otro, la actividad de sanación que ambos practicaban. A este respecto, Reyes Landa menciona: «Creo que la similitud de las facultades de Amimitl y San Pedro, que era pescador, hicieron que se pensara en éste como al nuevo protector»[7]. Afirmación con la cual estamos de acuerdo.

San Pedro Apostol en San Pedro Tláhuac. Fotografía: Antonio Miranda Paredes

Además, hay que agregar el recorrido que se hace con San Pedro en la fiesta principal (29 de junio), pues este lleva matas de maíz, elemento típicamente autóctono; esta procesión también se lleva a cabo en el medio acuático, en el llamado «Lago de los reyes aztecas», pero su nombre correcto, como ya vimos, es Huey Tlilatezcatl. Entre canales (apantli) y chinampas va paseando San Pedro Apóstol, clara reminiscencia del teotl que habitaba la antigua Cuitlahuac Ticic, señor de las aguas y la pesca: Amimitl[8].

Lo que sí nos parece interesante es el que los comisionados se sientan herederos de la labor de don Francisco y, ninguno de ellos, ha mencionado algún rasgo del mundo mesoamericano. Sería interesante estudiar el porqué de esta afirmación, aunque aquí no es el momento indicado.

Para nuestros fines de estudio mencionaremos sólo algunas festividades religiosas de San Pedro Tláhuac y nos advocaremos a una de ellas, para mejor análisis. Las festividades que se encargan de organizar los comisionados son las de los ocho barrios, que a continuación se citan: Los Reyes, seis de enero; San Juan, 24 de junio; La Magdalena, 22 de julio; Santa Ana, 26 de julio; La Asunción, 15 de agosto; San Mateo, 21 de septiembre; San Miguel, 29 de septiembre, y La Guadalupe, 12 de diciembre.

Todas ellas son organizadas por los comisionados, pero la fiesta principal en honor al santo patrono de Tláhuac, o el corazón del pueblo (altepetl iyollo), de acuerdo con López Austin[9], se realiza el 29 de junio; esta fiesta es la más larga y grande de todas las anteriores, pues hace años empezaba el 21 de junio y concluía el 30 del mismo mes. En la actualidad empieza el 25 de junio y concluye el tres de julio. En un apartado especial nos dedicaremos a esta fiesta.

Además de las fiestas propiamente religiosas, dedicadas a los santos de cada barrio, existían otros ritos festivos en San Pedro Tláhuac, pero con el proceso de urbanización e incorporación a una realidad urbana, es decir, la ciudad, han ido desapareciendo estas tradiciones, las cuales eran características propias de un pueblo indígena y campesino. Entre estas cabe mencionar la de: Chicome-xochitl (siete-flor), festividad dedicada al maíz, que se celebraba cuando ya había elotes en las matas, aproximadamente en el mes de agosto o septiembre, se recitaban algunas canciones y un hombre anciano dirigía algunas palabras, en náhuatl principalmente. Hoy sólo queda el recuerdo por parte de algunos ancianos, pero la mayoría ni siquiera sabe de su existencia[10].

Existía también el llamado Tlacualcalaquiz (entrada de la comida), que era un baile que se hacía con comida y el tradicional guajolote; se daba cuando un novio pedía a su novia para casarse, aquel tenía que llevar todo lo necesario, principalmente aspectos culinarios[11]. Regularmente los regalos salían del trabajo en el campo del novio y casi nada se compraba, era más bien usado el trueque; por ello se les decía un consejo en náhuatl:

Ipampatzinco Dios ahmo xinentinemi:

xitequitzi ihtia ipan, ahmo xicpolo in cahuitl,

xicmomachti ihtia yuhquian titletazohtlaloz

ihuan mochipa mitzilnamiquizqueh.

«Por amor de Dios no andes viviendo de

balde: trabaja en algo, no pierdas el tiempo,

aprende algo, de esta manera serás amado y

siempre te tendrán presente».

En la actualidad sólo algunas veces se da este Tlacualcalaquiz y, cuando esto pasa, los productos que se ofrecen ya son comprados y regularmente vienen de fuera.

Además de estas ya casi extintas fiestas, podemos hablar de una tradición que aun sigue vigente, pero que la modernidad amenaza devorar, nos referimos al Día de Muertos, anteriormente llamado Miccailhuitzintli[12].

La fiesta de San Pedro Apóstol será la que estudiaremos de manera detallada en este breve ensayo; primero ahondaremos un poco en ella, qué se hacía en antaño, qué se hace ahora; después abordaremos el proceso de urbanización en la delegación Tláhuac, enfocándonos en los puntos más cercanos a San Pedro Tláhuac y, por último, ligaremos los dos temas y cómo la urbanización ha afectado a esta festividad.

Fiesta a San Pedro Apóstol

Si bien la festividad como tal nace después de la llegada de los españoles y el inicio del culto a San Pedro, la fiesta que se realiza actualmente tiene un origen más reciente, pues en este año (2005) se celebra la XLXIX edición; el próximo año (2006) se celebrarán sus cincuenta años. La fiesta a San Pedro fue algo que siempre existió; pero, después, las autoridades delegacionales se la apropiaron expropiándosela al pueblo de Tláhuac; la convirtieron en una fiesta, no ya religiosa, sino de tipo comercial y turística, como enseguida veremos.

Anteriormente, la fiesta de San Pedro duraba sólo cuatro días, estaba organizada por los comisionados de barrios, que en aquel tiempo sólo eran cuatro, a saber: comisionados del barrio de Ticic, comisionados del barrio de Teopancalcan, comisionados del barrio de Atenchicalcan y comisionados del barrio de Tecpan[13]. Cada barrio se encargaba de la fiesta por un día, así se cumplían los cuatro. Principalmente se hacían misas, una por cada barrio, se traían bandas de música tradicional, como las que tocaban la chirimía, que venían desde Tetzcoco[14], se quemaban juegos de artificio, se ofrecía la ofrenda a San Pedro, todos los productos eran producidos en las chinampas, nada se compraba, los campesinos indígenas sacaban al señor San Pedro y lo paseaban por todo el pueblo, incluida una procesión hacia las chinampas, para que «San Pedrito viera lo que, gracias a él, se producía en nuestras fértiles tierras»[15]. El día 29, en las primeras horas, se le ofrecían sus mañanitas y una misa en su honor; después seguía la fiesta hasta el día 1 de julio. Así se cumplían los cuatro días y así cumplían los cuatro barrios.

Cada barrio se encargaba de la fiesta por un día, así se cumplían los cuatro. Fotografía: Antonio Miranda Paredes

Posteriormente se organizó la llamada «Feria Regional de San Pedro Tláhuac», la cual tenía un proyecto diferente. Primero se deseaba que Tláhuac dejara de ser un pueblo rural y se adhiriera a la creciente Ciudad de México, esta fiesta tenía por motivo el dar a conocer a Tláhuac y darle un matiz, no ya local, sino regional, el cual atraería a los turistas y esto produciría ganancias para los vendedores que en ese entonces empezaron a existir.

Primeramente, la feria tuvo un tinte puramente escolar, en donde los estudiantes mostraban sus trabajos realizados durante el ciclo de actividades educativas[16]. Pero más tarde, se le dio el tinte comercial y poco a poco esto fue desplazando a otras actividades, como las ganaderas y agrícolas.

La primer Feria Regional fue organizada el 12 de octubre de 1956 por dos personajes que no eran nativos de Tláhuac, sino de San Gregorio Atlapulco, delegación Xochimilco. Ellos fueron el profesor Pedro Páez Nieto[17], quien entonces era inspector de la zona escolar, y el profesor Juan Nieto Tecalco[18], director de la Escuela Primaria Gregorio Torres Quintero. De acuerdo con la versión de los comisionados, también participaron el doctor Juan Palomo, el profesor Juan Ruiz y otros entusiastas vecinos[19]; sin embargo, estos personajes participarían hasta el siguiente año y ellos serían los mismos que pugnarían por quitarle el carácter rural a Tláhuac, como enseguida veremos.

Para 1957 se decide cambiar la Feria Regional al día de San Pedro, el 29 de junio. En este momento es cuando comienzan a participar otras personas, como fueron el doctor Juan Palomo Martínez, el profesor Juan Ruiz Ramos, el profesor Arnulfo Guerra Vicente, Pedro Ramírez, Melquiades Jiménez y Luis Galicia. Al respecto, Norma Lilian Bonilla afirma:

«El primero de ellos fue el que impulsó a los demás para que lo ayudaran a que la fiesta a San Pedro dejara de ser localista y se diera a conocer en los alrededores. Él fue el primer doctor del pueblo y presidente de la junta de vecinos; curiosamente hoy la señora Palomo es vocal del comité organizador, y su hijo, voluntario»[20].

De esta forma, un grupo de hombres empeñados en cambiar la vida rural de Tláhuac decide organizar una nueva fiesta que, hasta la actualidad, persiste. Es entonces cuando la delegación interfiere en la fiesta a San Pedro Apóstol y empieza a meter elementos culturalmente extraños a la comunidad.

La celebración de la Feria de Tláhuac ocasiona dolores de cabeza a quienes viven en la cabecera delegacional. Fotografía: Sergio Rojas, publicada en MSR Noticias

La feria deja lo escolar y lo religioso, pierde fuerza ante lo comercial y turístico que se estaba impulsando. Se empiezan a colocar comercios en el centro del pueblo, los cuales ofrecerán sus mercancías durante los días de feria; de esta forma el capitalismo empieza a llegar con más fuerza a Tláhuac. Poco a poco se va vendiendo la ropa de moda, accesorios que los campesinos antes no necesitaban y que, ahora, les están creando esa necesidad. Por otro lado, se encuentra la exposición ganadera y agrícola, la cual muestra todas las ventajas que la modernidad ofrece a los nativos del pueblo, los animales se alimentan con productos industrializados, no con alimentos naturales; el campo se debe trabajar con maquinaria sofisticada y no con los instrumentos rudimentarios que utilizaban los tlahuacah, y todo esto va creando un ánimo diferente en la gente. Ahora los niños deben estudiar para «progresar» y que no trabajen el campo, que se quiten los huaraches y se compren zapatos decentes.

Desde antes de que comenzara la feria los campesinos empezaron a abandonar sus milpas. La feria misma, a pesar de que supuestamente quería ayudarlos, fue un factor importante para que cambiara drásticamente su modo de vida. A partir de 1948 los canales de Tláhuac se fueron secando, pues se comenzó a entubar el agua hacia la sedienta Ciudad de México[21], por ello las chinampas dejaron de ser productivas.

En estos años los campesinos que no conocían otro oficio, tuvieron que salir a México, como le decían a la ciudad, para conseguir empleo. Muchos se convirtieron en obreros, otros en barrenderos, pero todos ellos al servicio del capital; dejaron de ser autosuficientes, ya no practicaron el trueque. Muy pocos se quedaron en Tláhuac. Los que se iban a la ciudad traían consigo muchos elementos culturales urbanos que antes eran ajenos a los habitantes originarios: el dinero del salario, el ansia de «progreso», el dejar de ser un pueblo rural y el deseo de pertenecer a la megalópolis.

Precisamente en este momento, empiezan a surgir los primeros profesionistas, que ya pensaban de manera diferente, pues habían sido educados con otros cánones. De acuerdo a los datos que hemos obtenido entre los años cincuenta y los sesenta empiezan a cambiar de actividad los habitantes de Tláhuac, dejando de lado la agricultura y teniendo como principal actividad una de tipo urbano[22].

La nueva fiesta ayudó para que se diera este cambio, un poco brusco y algo forzado. Empezaba a cambiar la mentalidad y ahora se deseaba progresar, pero progresar significaba abandonar el mundo tradicional y ser devorados por el urbano. En esta nueva fiesta confluyeron muchos elementos culturales ajenos al pueblo, los cuales terminaron por cambiar el orden de cosas que existía. Además, la llegada de gente extraña y las ulteriores construcciones urbanas contribuyeron en gran medida para que se diera el cambio de mentalidad, de producción y de ambiente.

La urbanización en Tláhuac

La urbanización en Tláhuac comienza en los años cincuenta con los primeros caseríos que se asentaron en lo que más tarde serían las colonias Miguel Hidalgo, Nopalera y Los Olivos[23].Curiosamente estos primeros asentamientos se dieron en las cercanías con la delegación Iztapalapa, la cual ya había empezado a urbanizarse de una manera acelerada.

Desde el poniente marchó la urbanización hacia el centro de la delegación Tláhuac, los campos que antes eran de siembra de alfalfa, jitomate, maíz y otros, comenzaron a ser poblados por habitantes que llegaban de otras partes del país. Primeramente se fraccionaron las zonas ejidales y comenzaron a venderlas de manera irregular, para más tarde legalizar esto y comenzar el proceso de regularización de predios[24].

Avenida Tláhuac en 1936. Fotografía: Aleida Álvarez Ruiz

Es importante destacar que la urbanización en Tláhuac no se da de manera aislada sino que se circunscribe en un proceso amplio y global de crecimiento de la Ciudad de México. Por ello, una vez agotados los terrenos del centro y aún muchos del sur, se fue recorriendo la mancha urbana hasta llegar a Tláhuac. La vecina delegación de Iztapalapa acabó con todas las áreas factibles para ser habitables, entonces se pusieron los ojos sobre Tláhuac, la cual poseía grandes extensiones que aún no se habían colonizado. Así surgen las colonias Del Mar, Ampliación los Olivos y Agrícola Metropolitana[25].

Pero no todas las colonias fueron pobladas por gente que llegó de fuera, algunas de ellas surgen como natural proceso de crecimiento poblacional de la gente oriunda; entre estas colonias se deben citar las de San José, Santa Cecilia y Ampliación Santa Catarina, entre otras. Caso aparte fue la Colonia Selene, que nació en los ejidos de Tlaltenco, los cuales fueron fraccionados por considerarse improductivos; el año en que se conformó esta colonia fue en 1974, pero desde 1962 se hicieron intentos para llevar a cabo esta obra[26]. La mayoría de los habitantes de estas colonias son originarios de Tlaltenco.

La Colonia López Portillo se empezó a formar alrededor de 1976 y surgió gracias al fraccionamiento que hizo un hombre, de nombre Cecilio, sobre terrenos de Mauricio Castañeda. Muchas otras colonias tienen un origen similar[27].

Un caso digno de mencionarse es la Colonia Quiahuatla, la cual se encuentra en San Pedro Tláhuac. Se formó por gente extraña a la comunidad y aquí empezaron a surgir los primeros pleitos entre los nativos y los llamados «avecindados», los cuales se logaron un tiempo a la iglesia para tener un poco de mayor fuerza.

Avenida Tláhuac en 1984

Ya en la época de los ochenta fueron inauguradas otras nuevas colonias, casi todas se conformaron por gente que venía de otros estados de la República o por individuos que anteriormente vivían en la zona urbana del Distrito Federal. Así por ejemplo surge la Colonia Zapotitla en 1981, sus habitantes pertenecían al «Campamento 2 de Octubre», ubicado en Iztapalapa; el mismo gobierno del Distrito Federal ordenó que se pasaran a terrenos de Tláhuac[28]. El pueblo más afectado, sin duda alguna, fue Zapotitlán, pues actualmente ha perdido todos sus terrenos ejidales y ha sido ocupado en su totalidad por gente ajena a la misma comunidad.

Ya en los noventa la urbanización toma una nueva forma: las unidades habitacionales, las cuales ocuparon Tlaltenco, Tláhuac y, sobre todo, Zapotitlán. En nuestros días continúan las presiones por hacer nuevas unidades habitacionales y condominios en terrenos que se han considerado como «reserva ecológica». Sin duda alguna los ejidatarios tuvieron que ver mucho en el proceso de urbanización, pues gracias a ellos se han fraccionado muchos terrenos que antes fueron comunales. Con respecto al proceso de urbanización los estudiosos mencionan lo siguiente:

La década de 1960 fue de conformación de nuevas colonias urbanas, 15 en total, las cuales se fundaron por la venta ilegal de lotes, algunos incluso con apoyo de la Confederación Nacional Campesina. Los vecinos de Tláhuac denunciaron una subasta pública realizada por el comisario ejidal, quien llegó a vender más de mil lotes, despojando con ello a 150 ejidatarios, que a pesar de estas dificultades consiguieron conservar algunas parcelas[29].

La ilegalidad y la falta de amor a la tierra, debido a que ya muy pocos eran campesinos, fueron factores que ayudaron a que se diera la urbanización de manera acelerada. Hoy todavía existen propuestas para que continúe la urbanización; por ejemplo, muchos ejidatarios propugnan para que se cree la colonia San Miguel, en terrenos ejidales cerca de Santa Catarina Yecahuizotl. Otro ejemplo claro es el predio denominado Atotolco Chinanco, cerca de Tulyehualco, el cual está comenzando a urbanizarse de manera sorprendente; este sitio está considerado como «reserva ecológica»; no obstante, las autoridades parecen ignorar esto y no hacen nada para detener su crecimiento. De no hacerlo está en peligro constante la zona chinampera de Tláhuac, la cual es el reducto de la resistencia y el pasado indígena de este pueblo. Se trata de 94 hectáreas las que están en juego y es invaluable este sitio histórico para la humanidad, pues representan las últimas chinampas en todo el mundo[30].


[1] Información proporcionada por mi abuela doña Carmelita Osorno Galicia, nativa de San Pedro Tláhuac (Tláhuac, 2003). A su vez, este relato procede de la boca de mi bisabuela doña Bartolita Galicia (†), quien fue una indígena hablante de la lengua mexicana y quien huyó en la época de la Revolución.

[2] Tláhuac, monografía… P. 23.

[3] Véase video documental: La edición XLVII de la Feria Anual en San Pedro Tláhuac. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Gobierno del Distrito Federal, Delegación Tláhuac, Comisión Organizadora de la Feria Anual de San Pedro Tláhuac, 2003, 49 minutos.

[4] Cfr. Fray Toribio Motolinía. El libro perdido. Edmundo O’Gorman (Dirección), Quinto Centenario, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1989, 648 p., p. 198.

[5] Baruc Martínez Kuauhtonal. Axcan Cuitlahuac ipializ… p. 45.

[6] Cfr Alfredo López Austin. «La enseñanza de la historia antigua de México», en Josefina Zoraida Vázquez (comp.) La enseñanza de la historia. Interamer, Washington, D.C., 1984, 191-205 pp.

[7] María Luisa Reyes Landa, Op. Cit., p. 104.

[8] Baruc Martínez Kuauhtonal. Axcan Cuitlahuac ipializ…, p. 42.

[9] Alfredo López Austin. Hombre-Dios, religión y política en el mundo náhuatl, 3ª edición, Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1998, 209 p., p. 115.

[10] Fiesta referida por mi abuelo don Domingo Martínez Chavarría (Tláhuac, 2004).

[11] Información obtenida por parte de mi abuela, doña Carmelita Osorno Galicia (Tláhuac, 2004).

[12] Véase Argelia Celis y Carolina Trejo. Celebración del Día de Muertos. Delegación Tláhuac. Edición mecanografiada. México, 2001, 32 p.

[13] Alberto Barranco Lozano. «La feria de San Pedro Tláhuac», en Voz e Imagen de Aztlán Cuitláhuac, revista del siglo XXI. Número 1, México, junio de 2000, 12-14 p., p. 13.

[14] Información proporcionada por mi abuela, doña Carmelita Osorno Galicia (Tláhuac, 2005).

[15] Información proporcionada por mi abuelo, don Domingo Martínez Chavarría (Tláhuac, 2004).

[16] Información aportada por el profesor Arnulfo Guerra Vicente, organizador de esta feria (Tláhuac, 2004).

[17] Véase además Alfonso Reyes H., Tláhuac, monografía. Coordinadora para el Desarrollo Agropecuario del Distrito Federal, Departamento del Distrito Federal, México, 1982, 115 p., p. 83.

[18] Alberto Barranco Lozano. «Presentación», en El Gran Teuhtli, revista del siglo XXI, número 6, junio de 2003, México, p. 2.

[19] Juan Ignacio Morales y José Román R. Hernández. «Se inicia la gran feria», en Comisión Organizadora de la Feria Anual de San Pedro Apóstol Tláhuac 2000-2002, México, 2002, p. 7.

[20] Norma Lilian Bonilla García, Op. Cit., p. 72.

[21] Robert West y Pedro Armillas. «Las chinampas de México, poesía y realidad de los ‘jardines flotantes’», en Cuadernos Americanos. Año IX, Núm. 2, Vol. L, marzo-abril de 1950, México, 165-182 p., p. 171.

[22] Véase Norma Lilia Bonilla García, Op. Cit., pp. 34-57.

[23] «El proceso de urbanización», en Palabra, revista de información, cultura y opinión, México, año II, número 16, octubre-noviembre de 2003, 23-24 p., p. 23.

[24] Carlos Justo Sierra, Tláhuac. Ramón Aguirre Velázquez (presentación), José Irabién Medina (proemio), Delegación Tláhuac, Departamento del Distrito Federal, México, 1986, 222 pp., p. 166.

[25] «El proceso de urbanización»…, p. 23.

[26] Carlos Mancilla Castañeda, «Cronología histórica de San Francisco Tlaltenco y pueblos circunvecinos», edición del autor, México, 1998», 409 p., pp. 359-361.  

[27] Carlos Justo Sierra. Op. Cit., p. 162.

[28] Ibíd., pp. 164-165

[29] Elia Rocío Hernández y Teresa Rojas Rabiela (asesor). «El reparto agrario y la transformación agrícola en Tláhuac, 1856-1992», en Estudios campesinos en el Archivo General Agrario. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Registro Agrario Nacional, México, 1999, 87-142 p., p. 122-123.

[30] Información proporcionada por mi abuela doña Carmelita Osorno Galicia, nativa de San Pedro Tláhuac (Tláhuac, 2003). A su vez este relato procede de la boca de mi bisabuela doña Bartolita.

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