Los Tecórbitos, refugios que han prevalecido en Xochimilco y Milpa Alta
Por José Cruz Cuaxospa Velázquez
La región sur de los cerros del Texcolli, como en la antigüedad se conocía también a los lugares de Altepemilpan, en San Gregorio Atlapulco, Alcaldía Xochimilco, hizo que las condiciones geomorfológicas, topográficas, edafológicas, hidrográficas y climatológicas, entre otros elementos, derivados del derrame lávico del volcán San Bartolo, además del espíritu transformador de los «antigüitas» (para adaptarse al cerro y sacarle el mejor provecho), dio origen a la construcción de terrazas en laderas y hondonadas.
Las terrazas y hondonadas han prevalecido desde el periodo formativo (que va del 2500 a.C. hasta el 200 d.C) hasta el día de hoy, como un sistema de cultivo intensivo y exitoso en el mundo. (Paredes, 2023).

Por ello, es gratificante ver cómo don Antonio Rojas Gerardo, de 83 años de edad, continúa con la vocación agrícola en terrazas que le heredaron sus ancestros.
Pero también él, a su vez, ha enseñado a sus nietos la labor del Cerro a fin de seguir preservando ese sistema de cultivo antiquísimo, en donde se aprovecha al máximo la escorrentía generada por lluvia de las partes altas.
Y es que la semana pasada subimos al paraje denominado Tepetlatlzinco, donde se encuentran los terrenos de don Antonio, y desde el cual se pueden observar uno de los tecorbitos más grandes del Cerro del Texcolli, tipo nicho, en donde a decir de don Manuel, desde que tenía memoria ya estaba ese tecórbito, el cual alberga a más de siete personas en temporadas de lluvia.
¿Qué son los tecórbitos?
Los tecórbitos son pequeñas estructuras o «cuevitas» de piedra apilada «a hueso» (sin mezcla), típicas de Milpa Alta, Xochimilco y el sur de la Ciudad de México.

Con raíces prehispánicas y uso intensivo durante la Revolución, servían como refugio, vigilancia y para guardar herramientas agrícolas. Son patrimonio cultural y han resistiendo más de 100 años.

Datan de la época prehispánica y se han seguido construyendo a través de la historia, mediante la utilización de piedras locales apiladas sin mortero.
Fueron utilizadas en la Revolución Mexicana como escondites para zapatistas contra los federales.

Sin embargo, en la actualidad son empleadas por los campesinos de la zona para protegerse de las lluvias, así como para vigilar el territorio y guardar herramientas.
Los tecórbitos son comunes entre los campos de nopaleras y zonas cerriles de Milpa Alta y Xochimilco. ♦
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* José Cruz Cuaxospa Velázquez es maestrante en Educación Ambiental por la UACM y politólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Asesor técnico ambiental de la Corenadr, de la Secretaría de Desarrollo del Medio Ambiente (Sedema) de la Ciudad de México. Colaborador de la Revista Nosotros

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