«Ponte Suéter»… primera novela del joven escritor César Figueroa

• En su obra, narra cómo las horas pasan lentas en un cuarto de hospital, lo que le da la oportunidad al protagonista de profundizar en todos aquellos momentos junto a su progenitora

Por Efrén Camacho Campos

César Figueroa, novel escritor, es hijo de César Edmundo Figueroa Gutiérrez, licenciado en Ingeniería Química por la UNAM, un buen ser humano, inteligente y talentoso, de quien me honro haber colaborado con él en tiempos harto complicados para la industria petrolera mexicana. Dice el refrán algo así como hijo de tigre pintito, y con todo gusto, al enterarme de la primera novela de su retoño, ni tardo ni perezoso la ordené a través de Mercado Libre, así como lo he hecho en el pasado con las obras de otros queridos amigos, a efecto de leerla y, lejos de ser un crítico literario, disponerme a compartir su contenido con los lectores de nuestra querida revista Nosotros.

Ponte el suéter(Universo Tauro, primera edición, México, febrero de 2026, 192 p.), es la primera novela del joven César, quien trae a colación los recuerdos de su infancia, su adolescencia y de adulto joven, mientras cuida a su madre convaleciente en el hospital.

Narra cómo las horas pasan lentas en ese cuarto de hospital, lo que le da la oportunidad de profundizar en todos aquellos momentos junto a su progenitora y, en lo personal me resulta un recurso literario invaluable, que cada uno de ellos lo asocie a las comidas típicas que su madre prepara para la familia. Es una bella novela, muy bien escrita, con increíbles metáforas lingüísticas, un ejemplo de ello es la siguiente: «Cuando me vio correr hacia ella, abrió los brazos y me cargó a pesar de que yo ya estaba grandecito para eso. Ese instante se volvió una protección tatuada en mi memoria, una armadura que he usado incluso cuando no me atrevo a aceptarlo». En suma, la novela es un testimonio de amor para su madre.

El tema del amor a las madres es consustancial al ser humano, ya que ellas, como dadoras de vida, adquieren un manto de santidad. Ya lo señalaba Octavio Paz, enEl laberinto de la soledad,«la figura de la madre en la cultura mexicana está marcada por una profunda ambivalencia: se la venera como origen de la vida, pero también se la asocia con la idea de pérdida, abandono y silencio. La madre se convierte en símbolo de la identidad mexicana, cargada de respeto y dolor». Ya lo dijo alguien alguna vez: «una manera poderosa de demostrar el amor a las madres a través de una novela es convertir la narrativa en un homenaje íntimo y universal al mismo tiempo».

En la ficha descriptiva de este hermoso libro se destaca que «cada capítulo lleva el nombre de un platillo, porque así funciona la memoria: el vapor levanta la infancia, la sal destapa la culpa, el picante te obliga a decir la verdad. Aquí la madre es presencia dura: amor sin permiso, disciplina, cansancio, humor, miedo, ternura cruda. El hijo se queda; entiende tarde y pide perdón con acciones pequeñas. Este libro le devuelve el calor a la sangre. Te regresa al hogar de tu infancia, aunque ya no exista, y te recuerda que cuidar también es una forma de sobrevivir. Afuera siempre va a hacer frío».

Ponte el suéteres una novela, como dirían los clásicos, muy hermosa y muy humana, la cual una vez que se empieza a hojear difícilmente la soltamos hasta terminar su lectura, casi con lágrimas en los ojos. Y estoy cierto que lo que cuesta esta novela no es un gasto, más bien es una inversión, por las enseñanzas que aporta, destacando sobremanera el valor del amor a la familia y, sobre todo, el amor de las madres hacia sus hijos y viceversa. Muy recomendable. ¡Hasta la próxima! ♦

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