La Casa de Cultura Olla de Piedra de Tecómitl

La lava ardiente del Teuczin se deslizó lentamente por las orillas de la zona lacustre y al solidificarse dio origen a una oquedad natural, como una olla justamente

Inauguración de la Casa de Cultura en 1995 por el delegado José Merino Castrejón. Lo acompañan Xóchitl Gómez Meza, Ernesto Blancas Liévano, Adalberto Martínez, Alejandro González y Rosa Silva

Por Manuel Garcés Jiménez | Nosotros Núm. 58 | Abril de 2003

La Ciudad de México conserva entre sus encantos antiguos pueblos como San Antonio Tecómitl, comunidad de la delegación Milpa Alta que cuenta con una interesante historia reflejada a través de una diversidad de leyendas, mitos e inmuebles, los cuales dan fe de las diversas etapas de su historia. Tal es el caso de la Casa de la Cultura Olla de Piedra, en donde se desarrollan diversas actividades culturales que pueden concebirse como la composición de tres elementos importantísimos de toda sociedad: patrimonio, vivencia y recreación, que da como resultado valorar todo lo que las generaciones y naturaleza nos han proporcionado, como la poesía, la oratoria, la danza, la música y las leyendas. Todo se circunscribe en el patrimonio de los hombres, objetivo fundamental de ese interesante inmueble.

Durante dos semanas se llevaron a cabo actividades de danza clásica y flamenco, para conmemorar la inauguración de la Casa de Cultura Olla de Piedra, la cual tuvo lugar el 25 de febrero de 1995. Han sido ocyho años de irradiar cultura por varias generaciones, a niños, adolescentes y jóvenes, y la jornada culminó con actividades que incluyeron exposiciones, bailes folclóricos y conferencias, con la participación de dos integrantes del Consejo de la Crónica de Milpa Alta, el doctor Francisco Chavira y quien esto escribe.

La Casa de Cultura Olla de Piedra se localiza precisamente frente al Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos número 15 del Instituto Politécnico Nacional, en San Antonio Tecómitl, localizado en las faldas del volcán Teutli o, mejor dicho, Teuczin, cuya lava ardiente se deslizó lentamente por las orillas de la zona lacustre, y que al solidificarse dio origen a una oquedad natural (como una olla justamente) de lo que se cuenta una interesante leyenda con la aparición de San Antonio de Pádua, lo que dio origen al nombre de Tecómitl, que viene a significar en el lugar de la olla de piedra. De ahí proviene el nombre de la Casa de la Cultura.

Dicho nombre proviene del náhuatl, palabra que es analizada por el antropólogo Joaquín Galarza. Está integrada por tres sílabas. Se escribe con dos elementos glíficos (sic). El primer elemento se encuentra contenido dentro del segundo; el glifo de la piedra tetl, que se transcribe por composición de la primera sílaba te, se representa únicamente por medio de los colores marrón y gris, y sus grafismos internos, sin emplear la forma externa. Estos se extienden sobre la superficie del segundo elemento glífico (sic) comitl–olla.

De acuerdo con una de las leyes del sistema pictórico azteca, el contenido se lee primero la sílaba te, de los colores y grafismos internos contenidos. El nombre completo sería la olla de piedra. A esta palabra le falta el sufijo locativo, que en este caso sería c, para sustituir la terminación tl, que indica un sustantivo. El nombre correcto sería Tecómic y su lectura y traducción al español: en el lugar de la olla de piedra.

Llama la atención conocer cómo los habitantes de Tecómitl han demostrado capacidad en la organización para la gestación de obras sociales, poniendo énfasis en aquellas de carácter educativo, cultural y deportivo, como son las escuelas primarias, la Secundaria número 9 Teutli, inaugurada en 1938; el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos número 15 del IPN; la Biblioteca Pública Quintil Villanueva; un campo deportivo y la misma Casa de la Cultura, entre otras.

La singular Casa de Cultura surgió de tres proyectos aprobados por los mismos vecinos del poblado, siendo el ganador el proyecto del arquitecto Mario Benítez, a quien finalmente el jurado le concedió ser el responsable de la construcción. El proyecto original consideraba dos niveles, construyéndose solamente la planta en una superficie de terreno de mil 633 metros cuadrados, y de construcción en planta baja de tan sólo 830 metros cuadrados.

El proyecto comprendió en la planta baja un auditorio (sala mayor), una sala menor, oficinas administrativas, talleres (cinco cubículos), sanitarios, un salón de usos múltiples y la intendencia.

El veredicto fue dado a conocer por el Patronato Pro casa de la Cultura con un distinguido invitado de honor, el ingeniero José Álvarez Icaza, quien proyectó por la década de los 50 la Escuela Primaria Agustín Legorreta. Al entregar su punto de vista por escrito argumentó que los tres proyectos fueron elaborados por destacados profesionistas de Tecómitl.

Finalmente, el primero de agosto de 1993, el Patronato entregó los premios del concurso, por lo que debe considerarse que la Casa de Cultura fue genuinamente fruto de una lucha perseverante y un proyecto único de los tecomiltenses.

A pocas semanas dieron inicio los trabajos en el terreno denominado «El Chocolín», y el 25 de febrero de 1995 fue inaugurada por el delegado José Merino Castrejón.

En la actualidad, la profesora Xóchitl Gómez Meza, coordinadora administrativa de la Casa de Cultura, se siente satisfecha por mantener 26 talleres activos con una asistencia semanal en promedio de 500 niños y jóvenes, actividades que cuentan con el apoyo directo de la delegación. ♦

Portada número 58 de la Revista Nosotros de abril de 2003

Manuel Garcés Jiménez. Nativo de San Antonio Tecómitl, fundador y presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta de 2002 a la fecha, ha sido vicepresidente de la Asociación de Cronistas de la Ciudad de México durante dos períodos, participando en cinco libros: Memorias, 5a Reunión NacionalLa Ciudad de México y la Revolución en 1914Tlacuilos (crónicas sobre los barrios del Distrito Federal), Lo que en el corazón está, en la boca sale (crónicas acerca del patrimonio intangible de la Ciudad de México), y 690 años de la Ciudad de México (memoria del Primer Congreso de Crónica).

Fue nombrado Custodio Voluntario del Patrimonio; en 1992 obtuvo el primer lugar (por Tecómitl) en el concurso Historias de mi Pueblo, coordinado por el Centro de Estudios Históricos del Agrarismo en México (CEHAM). Colaborador en periódicos como ExcélsiorEl Sol de México y El Azotador; y en revistas como NosotrosRescate EcológicoXochimilco Ayer y Hoy y Crisol Mágico. Es autor de los libros Conoce la historia de México I, y El zapatismo en Milpa Alta, del Chichinautzin al Zócalo. Ha dictado varias conferencias en distintas delegaciones de la Ciudad de México.

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