El rebozo, prenda mexicana. Tejido de los sueños de belleza

• Celoso guardián de la magia y el arte que implica trabajar con textiles finos para dar a luz un lienzo de tela donde es capaz de anidar la belleza de una mujer

Por Manuel Garcés Jiménez | Revista Nosotros Núm. 128 | Septiembre de 2009

Aún podemos admirar entre las mujeres de nuestros pueblos del sureste del Valle de Anáhuac portando el rebozo. Co esta prenda nos viene a la memoria cuando nuestras abnegadas madres y abuelas con la ayuda de esta prenda realizaban un sinfín de actividades como envolverse la cabeza para entrar a los templos, arrullar al bebé, arroparse del frío, cubrir de manera simultánea la cabeza, espalda y boca: o también buen auxilio para cargar en la espalda al chilpayate, inclusive para  cargar la leña de la cocina, lo mismo que soportar el pesado bulto de flores u hortalizas y, también, como tapete al interior de los templos los jueves de Semana Santa[1].

Es posible imaginar a las jovencitas ataviadas con el rebozo sedeño de largas y acariciadoras puntas deshebradas que junto con sus cabelleras lacias caen sobre la espalda contoneándose con sus movimientos, principalmente en la época del México de recuerdos y añoranzas. Por eso al rebozo lo podemos considerar como una delicada obra, reflejo de la personalidad, ingenio y creatividad de nuestros artesanos. Es, pues, «el celoso guardián de la magia y el arte que implica trabajar con textiles finos para dar a luz un lienzo de tela donde es capaz de anidar la belleza de una mujer[2]».

Del interesante libro Rebozos de la colección Roberto Everts, publicado por el Museo Franz Mayer, se dice que «el rebozo clásico se hace de algodón, seda o artisela, y su dibujo jaspeado se logra por medio del kyat, una antigua técnica que emplea un tinte de reserva[3]».

Actualmente los rebozos se confeccionan en varios centros especializados como Tenancingo, estado de México; Santa María del Río, San Luis Potosí –famosos por su tejido de seda que según la tradición bien dobladitos pasan en un anillo–, y otros lugares de menor importancia como Tejupilco (estado de México), Zamora y Tengancícuaro (Michoacán); Chilapa (Guerrero) y Morolón (Guanajuato), entre otras partes de nuestro territorio nacional.

Hablar de su historia y explicarlo llanamente del enorme contenido que guarda el rebozo lo podemos escuchar a flor de piel de la cronista de San Miguel Topilejo[4], en la delegación Tlalpan, Beatriz Velásquez Inclán, quien destaca lo trascendental del rebozo, tanto como tocado y parte del trabajo de quien lo porta. Dice que muchas damas se niegan a dejarlo por considerar que es parte de su indumentaria, la cual les fue legada por sus ancestros según consta en el libro Un rebocito para jugar y un cuento para imaginar, en el que expone la historia, leyenda y folclore.

Velásquez Inclán está de acuerdo con aquello de que «modas van, modas vienen», pero el rebozo sigue y seguirá vigente, por ser la prenda mexicana por excelencia para la mujer.

El rebozo revista con mayor presencia en nuestra singular provincia, considerado como «el tejido  de los sueños de belleza», dándole a la mujer ese toque singular y genuino a quien lo porta. ♦

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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta

Bibliografía

Rebozos. Robert Everts. Colección Uso y Estilo. Museo Franz Mayer. Artes de México.

Tlalpan, barrios y pueblos. Delegación Tlalpan. Conaculta, INAH, Sinafo. México, 2006.

Velásquez Inclán, Beatriz. Un rebocito para jugar y un cuento para imaginar. México, 2008.

La Jornada, Sección Cultura, 11 de julio de 2009.


[1] Se recomienda visitar la iglesia del Señor del Rebozo que se encuentra en la Plaza de Santo Domingo, Centro Histórico, donde se puede admirar un singular Cristo con más de 500 rebozos doblados en su mayoría de seda.

[2] Nota de La Jornada en la que se habla de Isaac Ramos Padilla, de Tenancingo, estado de México, considerado como uno de los artesanos reboceros más reconocidos de México (nota del sábado 11 de julio de 2009).

[3] Rebozos. Museo Franz Mayer. Artes de México, p. 12.

[4] Es un pueblo pletórico  de historia, tradiciones, mitos y leyendas. Su significado tiene diferentes acepciones; una dice que viene del náhuatl «topilan», que significa «lugar de abundancia de palos para bordones». Una más dice que se escribía «topolla»,, que quiere decir «donde abundan las varas para hacer astas de bandera o lanzas». No obstante, la versión más difundida y aceptada es «lugar de topiles» o «señores de mando».

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