Reencuentro con la chinampa, la Ciénega y el ejido, en libro sobre Tláhuac

• Rachel Nava Rosales y Roberto Lozano Albor son los autores de la obra que será presentada en el marco de la próxima Feria Anual de San Pedro Tláhuac

La extinción del ejido en la Alcaldía Tláhuac parece inevitable debido a añejos problemas como la inseguridad en las dotaciones o conflictos limítrofes, renta de parcelas o venta ilegal de derechos agrarios, aunado a la pérdida de vocación agrícola, abandono y venta de tierras para la habilitación de asentamientos humanos con la construcción de viviendas, señalan Rachel Nava Rosales y Roberto Lozano Albor.

En el libro que próximamente presentarán en en marco de la Feria Anual de San Pedro Tláhuac, Reencuentro con la chinampa, la Ciénega y el Ejido, editado por la Secretaría de Cultura a través del Pacmyc, establecen que para el año 2000, en los pueblos de Tlaltenco e Ixtayopan se registraba «considerable incremento de asentamientos humanos irregulares», por lo que los pobladores «no dudan que la situación legal del espacio que ocupan será regularizada», a fin de ser beneficiados con la introducción de servicios de agua y drenaje.

Asimismo, los autores alertan sobre el peligro de extinción que amenaza a la zona chinampera de San Pedro Tláhuac, la cual ha resistido gracias al arraigo de su territorio de productores agrícolas que han puesto un freno a la urbanización al integrar redes para la conservación del patrimonio cultural y natural.

Fotografías del libro: Roberto Lozano Albor

Línea 12 vino a acabar con terrenos agrícolas

Sin embargo, los autores registran además que el trazo de vialidades y la construcción de la terminal de la Línea 12 del Metro, al estar próxima a terrenos agrícolas en apariencia «ociosos e improductivos», inducen a propietarios de predios en la zona a desear que haya un cambio de uso de suelo sin tener en cuenta su valor ambiental o, también, que se produzca «una ocupación dispersa e ilegal de asentamientos irregulares», con el consecuente daño ecológico por el relleno de chinampas con cascajo o el desecho de aguas residuales hacia los canales por la falta de drenaje.

«La reducción de áreas de agricultura y el incremento de viviendas ha ocasionado serias alteraciones a la biodiversidad de la Ciénega y la chinampería, así como la disminución de las poblaciones de aves –endémicas o migratorias– de la zona», subrayan.

La chinampa en Tláhuac. Fotografía Roberto Lozano Albor

Contaminación de canales

Nava y Lozano refieren que el agua tratada con que son rellenados los canales de la zona chinampera no sirve de nada al mezclarse con las aguas residuales de los asentamientos irregulares, aunado a los lixiviados de tiraderos clandestinos y el uso de agroquímicos en la producción agrícola, por lo que ha favorecido la proliferación de lirio acuático en detrimento de la flora y fauna nativas, además de dificultar la irrigación.

Asimismo, destacan el hundimiento del suelo debido a la extracción excesiva de agua del subsuelo, aunado a que el concreto y el asfalto impiden la filtración de agua de lluvia para recarga del acuífero.

Cuestionan la existencia de una legislación ambiental «débil, llena de ambigüedades y contradicciones, además de carente de instrumentos y mecanismos para proteger los suelos de conservación de asentamientos humanos irregulares».

Mujeres, generadoras de riqueza y desarrollo

En el libro, Nava y Lozano dedican un capítulo a las mujeres rurales y ponderan su contribución en la producción agrícola, «esencial en la soberanía alimentaria y desarrollo de sus comunidades, debido a que producen entre 40 y 50 por ciento de los alimentos para autoconsumo», por lo que deben ser reconocidas como grupo estratégico, agentes económicos que deben ser apoyadas para que se conviertan en generadoras de riqueza y desarrollo.

El pueblo de San Pedro

San Pedro Tláhuac, pueblo originario de raíz mesoamericana que fue incorporado a la metrópoli en expansión, sin que haya habido preocupación por proteger los derechos sociales, culturales y territoriales de sus habitantes, ha podido resistir a las influencias externas que amenazan la identidad de sus pobladores.

Peso esa resistencia no sólo se da en San Pedro Tláhuac, sino también en Tlaltenco, Zapotitlán, Santa Catarina, Mixquic, Tetelco e Ixtayopan, es un frente contra las influencias externas que amenazan su identidad, por la defensa de su territorio, la continuación de la estructura político-religiosa –que frecuentemente se confronta con las múltiples presiones que ejerce la mancha urbana–, lo que apunta a la resistencia mediante «fronteras simbólicas» con las que los pobladores reafirman su identidad.

«En los últimos 50 años el flujo de migrantes o avecindados que ha llegado a los pueblos originarios de Tláhuac, han conferido un ‘perfil mixto’ en la forma de habitar el territorio», asientan los autores del libro, lo que ha «alterado la composición multicultural y la riqueza de la diversidad histórica de localidades que han logrado mantener identidades culturales diferenciadas como tepeacas, mixquicas, xochimilcas, culhuaques y cuitlahuacas».

Durante el trabajo de campo para recopilar testimonios

Aluden al hecho de que todos ellos tienen «en común» la conservación de bienes agrarios, «tierras siempre propensas a ser privatizadas y cuya mercantilización pone en riesgo no sólo la propiedad social, sino la destrucción de los modos de vida a ella asociados».

En cuanto a la denominación de «pueblos originarios», Nava y Lozano exponen que son «aquellos en los que la base de sus relaciones y organización es el sistema de parentesco a partir de las familias que por sus apellidos se reconocen como ‘nativas’ y que tienen un territorio con espacios específicos para actividades comunitarias y rituales colectivos, zonas agrícolas comunales como el ejido, o propiedad privada agraria».

Se trata de comunidades donde la continuidad de su cultura gira en torno a un ciclo festivo, como son los carnavales o fiestas patronales, con un sistema de cargos responsable de las festividades religiosas.

Destacan que aun cuando la mayoría de los pueblos originarios de Milpa Alta, Xochimilco, Tláhuac, Tlalpan, Magdalena Contreras, Álvaro Obregón y Cuajimalpa se han fragmentado y renunciado al uso de su lengua y vestido para integrarse al sistema de servicios urbanos, educativos y sanitarios de la Ciudad de México, todos mantienen identidad y cultura comunitaria debido a su estructura política-religiosa. ♦

Deja un comentario