«Los ricos van a Chalma, los pobres a Amecameca y los jodidos a Calyeca»

• Festividades de carnaval establecidas de acuerdo al calendario lunar constituyen una tradición, son fiestas de auténtica algarabía popular y fuentes de identidad

Por Manuel Garcés Jiménez | Revista Nosotros, Núm. 58 | Abril de 2003

Para los católicos del sureste del gran Valle de Anáhuac es en Amaquemecan, como antiguamente se le conocía –hoy Amecameca o simplemente Ameca–, el lugar donde se encuentra el cerro de Texcalco, conocido como el Cerro del Señor de Sacromonte, cuando simbólicamente da inicio la Cuaresma, celebración que se llevó a cabo el pasado miércoles de ceniza, cuando se recuerda la sentencia del mundo cristiano con una cruz de ceniza marcada en la frente: «Acuérdate que eres polvo y al polvo has de volver».

Hablar del poblado de Amecameca conlleva saber que el cerro de Texcalco, además de ser considerado parque nacional, es un lugar histórico y religioso donde se conjuga la leyenda, lo mítico, la magia y el sincretismo. Es allí donde los volcanes son los fieles testigos que observan los miles de visitantes que anualmente llegan a postrarse ante el Cristo que se encuentra en lo alto del cerro, en día tan especial como fue el referido miércoles, que representa gran interés para el mundo católico, donde dio inicio el ayuno y la abstinencia con el fin de esperar la Semana Mayor.

En el ancestral poblado de Amecameca, los fieles católicos son atraídos por la fe desde tiempos de la Colonia, acto católico que se recuerda con la frente sellada con ceniza, debido a que bien debemos tener en cuenta que su origen tuvo relación con los días de ayuno que se tenían antes de cada Pascua, a manera de duelo por la muerte de Jesús o, bien, como expiación por los judíos.

Al respecto, la iglesia aclara que «inicialmente (siglo IV) el recurso a la ceniza y a otros ritos y símbolos penitenciales eran las señales con que el pecador señalaba su conversión. Paulatinamente, con la desaparición de la práctica penitencial hacia el siglo VI, el uso de la ceniza se extendió a todos los fieles; y hacia el año 1001, el papa Urbano II lo sugirió a los clérigos, de modo que a partir de entonces todos los cristianos se unieron solidariamente en la dinámica cuaresmal».

De acuerdo a la tradición popular los habitantes nativos de Amecameca afirman que aquellas personas quienes por vez primera ascienden al cerro de Texcalco deberán adornar la cabeza con una corona de frescas flores. Al iniciar el ascenso se encontrará en primer lugar una capilla dedicada al descanso del nicho del Señor de Sacramonte. La escalinata de ascenso a la cúspide es de seis metros de ancho con 433 metros de longitud, la pendiente cubierta con empedrados, fieles testigos de cientos de miles de peregrinos que, al ascender, observan las descuidadas estaciones del Vía Crucis con sus consideraciones de la pasión de Cristo. Lamentablemente, cada año se observan más deterioradas por la falta de mantenimiento.

Crónicas del lugar consideran que «la imagen de Amecameca fue colocada de entre 1534 a 1579, y se ha llegado a la conclusión que fue fray Juan Páez quien la colocó porque era un gran devoto de fray Martín; él localizó todas las reliquias y las puso en la cueva para su veneración. Al parecer, la imagen de Nuestro Señor estuvo en la cruz hasta 1583, año en que fue colocado en su primera urna».

Es importante señalar que el cerro de Texcalco, además de ser la atracción del mundo católico, es un enorme montículo natural formado por pendientes pronunciadas que alcanzan magnitudes de 30 a 40 grados. En él encontramos la flora del lugar: cedros blancos, eucaliptos, truenos, fresnos y sauces. Ante estos atributos naturales el general Lázaro Cárdenas lo declaró parque nacional.

Al llegar a la cúspide, a pocos metros antes de la entrada principal, aún existen vestigios del vetusto olivo cuyo tronco totalmente seco conserva un caudal de historia religiosa, cuando el santo barón fray Martín de Valencia se refugiaba a orar durante horas. El cronista Chimalpahin refiere en su libro Relaciones originales de Chalco Amequemecan que el fraile Martín de Valencia «podía vérsele (al lado del olivo) cubierto de colibríes que bajaban sobre él y se le posaban sobre las espaldas y hombros que era cosa maravillosa de ver, después de lo cual los hacía volar».

A la entrada del atrio, hacia la izquierda, encontramos la cueva donde las crónicas establecen que fray Martín de Valencia realizaba sus penitencias y donde hoy en día se continúa con la tradición para hacerse la «limpia» con hierbas y flores olorosas, mismas que son arrojadas frente a una pequeña oquedad donde se observa una imagen de Santa María de Guadalupe.

En el atrio se levanta una rígida estatua de bronce mirando de frente a los enormes volcanes, recordando al citado fraile franciscano, de quien se comenta que los restos se encuentran en ese sitio.

En este lugar, cada año, las costumbres y tradiciones se reviven dentro del ámbito de los cánones del catolicismo, no por ello podemos dejar de ascender al cerro de Texcalco y disfrutar de las bellezas de la naturaleza, de los volcanes que siguen siendo la atención de los científicos, quienes monitorean con perseverancia los secretos del Popocatépetl para poder prevenir a la población de algún caso de emergencia, pues no sabemos en qué momento del año sucederá una exhalación en toda una enorme extensión , resultando un «miércoles de ceniza» para todos los habitantes de las poblaciones que se localizan en los alrededores de la enorme periferia de Don Goyo.

La estancia de la feria de la ceniza en Amecameca es aprovechada por los visitantes al recorrer las calles donde se expone una gama de artesanías de diversos lugares del centro del país. Ahí se encuentran trastos de barro –cazuelas, ollas, platos, jarros y nixcomiles– y objetos de piedra volcánica –metates, molcajetes, filtros de agua y esculturas–. No pueden faltar los juguetes tradicionales como valeros, trompos, yoyos y carritos; la comida de rancho o de pueblo es exquisita: barbacoa de carnero, carnitas, nopalitos compuestos, tortillas azules, pescados de todos tamaños cocidos al horno. Sin faltar los dulces tradicionales como palanquetas de cacahuate, peneques de camote, jaleas, cajetas, morelianas, en fin, es un día de fiesta popular.

Durante la noche los fieles católicos organizan la enorme procesión con la imagen del cerro de Texcalco. En hombros pasean al Cristo por las principales calles y avenidas del enorme poblado donde aún prevalecen las construcciones características de la hermosa provincia.

Al visitar esta feria bien podemos aprovechar el día para recorrer y admirar la belleza del cerrito de Amecameca, que comprende una superficie de 10 hectáreas, declarado Parque Nacional el 12 de abril de 1939 por el general Lázaro Cárdenas, decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 29 de agosto de ese año. Lugar sumamente importante por su belleza natural que comprende un cerro cubierto con vegetación herbácea, arbustiva y forestal, donde los vetustos cedros dejan caer entre sus ramas las guías del grisáceo heno, que como candiles le dan un toque especial al lugar.

En lo alto del cerro de Texcalco se encuentran algunas construcciones que datan de la colonia. «Acerca de la construcción actual no se tienen datos sobre la fecha en que se hizo; sin embargo, por el estilo de la misma se cree que es del siglo XVII. Esta edificación es un hexágono de 5.78 metros, coronado con una bonita cúpula. El altar es de cantera revestida de mármol gris, y bajo un arco que separa a la iglesia de la cueva está la urna que sirve de sepulcro a la imagen del Señor».

En tiempos pasados, en esos días de cuaresma los abuelos educados en un ambiente moral de rígido catolicismo implementaban estrictas reglas de vida honesta y buen ejemplo, retomados de la historia bíblica de la vida, pasión y muerte de Cristo. Actualmente vemos cómo estos cánones religiosos se han perdido, principalmente en las grandes ciudades, que por fortuna nuestra en el sureste del Distrito Federal aún se mantienen latentes esas costumbres religiosas dentro de los 40 días de la tradición.

Ese día se visitan tanto iglesias como santuarios a «tomar ceniza», por lo tanto es común escuchar entre los nativos de Tláhuac, Xochimilco y Milpa Alta el refrán popular de «los ricos van a Chalma, los pobres a Amecameca y los jodidos a Calyequita», templo  localizado en el varrio de Calyecac, en Tulyehualco, aseveración que indica que de acuerdo a la cantidad de dinero se va al lugar adecuado, en esta caso se hace alusión a que la iglesia de Calyecac es el lugar más cercano a los poblados del sureste para poder cumplir con el compromiso de todo buen católico.

En las semanas que anteceden a la cuaresma, tanto en otras partes del mundo como en nuestro país y, aquí mismo, en el Distrito Federal, se realiza la fiesta del carnaval con características propias debidas al sincretismo del lugar.

La fiesta del carnaval es sinónimo de alegría, baila y diversión; hay disfraces, desfiles y escenificaciones callejeras; el número de días y la manera de celebrarlo varía de acuerdo con las costumbres de cada lugar, lo que no varía es que todo carnaval está pletórico de alegría y colorido.

Carnaval de Yautepec

Estas fiestas son antiquísimas, van ligadas a la historia de la humanidad, su origen parte en la antigua Roma. «Con toda la cosmogonía y el panteón griego, los romanos son quienes empiezan a practicar este tipo de ritos, aún muy apegados a los ciclos agrícolas», lo que trae como resultado que las fiestas carnavalescas se mantuvieran al surgimiento del cristianismo. A través de la iglesia se impuso la instauración de la cuaresma, motivando a que en días anteriores a la época de contención, la población se entrega a disfrutar de fiestas y placeres a los que más tarde debe renunciar.

Casualmente, entre la población del México prehispánico se realizaban bailes con motivo del nuevo ciclo agrícola en honor a Tlacaxipehualiztli, que se efectuaban en honor a Xipe Totec, el desollado, una de las principales deidades de la primavera. En sus festejos predominaban la danza y los combates rituales.

Al momento de la conquista española tanto las tradiciones europeas como las del nuevo mundo se mezclaron dando como resultado las danzas, disfraces, máscaras de todo tipo de materiales y expresiones, tal y como lo observamos en los carnavales de algunos poblados de la delegación Milpa Alta.

Chinelos de Tepoztlán

Las festividades de carnaval establecidas de acuerdo al calendario lunar constituyen una tradición, de ahí que haya que acudir a alguno de los siguientes lugares a disfrutarlas.

En Tepoztlán, Morelos, cuna de los danzantes chinelos, se realiza el carnaval los días sábado, domingo, lunes y martes cercanos al miércoles de ceniza, donde las distintas comparsas dan rienda suelta al «brinco» en el centro del poblado.

El sábado y domingo antes del miércoles de ceniza, en Tlayacapan se disfruta del carnaval en medio de una algarabía popular ante el asombro de cientos de capitalinos.

En Yautepec asisten cientos de personas al carnaval el viernes posterior al miércoles de ceniza. A los ocho días da inicio la gran feria de Cuautla, Morelos.

A la siguiente semana de la feria de Cuautla se asiste a la fiesta del Señor de Tepalcingo, lugar de enorme tradición para los habitantes de los estados aledaños y del Distrito Federal. Por otro lado, el carnaval de Cocoyoc y el de Villa Milpa Alta dan inicio el Domingo de Resurrección. En esos lugares así como los anteriormente citados, se pueden admirar los largos y vistosos trajes de terciopelo con una gama de lentejuelas, conocidos como los chinelos, los cuales mueven el «bote» rítmicamente durante una semana al son de la música de viento de las bandas del estado de Morelos.

Cabe señalar que a partir del primer viernes (después del miércoles de ceniza) los siguientes viernes se concurre a los lugares de larga tradición histórica y religiosa.

Primer viernes. Es el día de la corona de espinas. Se visita al Santuario de Chalma, en el estado de México.

Segundo viernes. Es el día de la lanza y los clavos. Los feligreses asisten al Señor de la Salud en Cuautla, Morelos, o bien al Señor del Perdón en Ixtapan de la Sal, México.

Tercer viernes. Es el día de la sábana santa. Los devotos visitan al Señor de Tepalcingo, Morelos.

Cuarto viernes. Es el día de las santas llagas. Los peregrinos convergen sus plegarias en el templo del Señor de Mazatepec, Morelos.

Quinto y último viernes. Día de la Preciosa Sangre. Los templos del Señor de las Maravillas, en el estado de Hidalgo, y del Señor de Miacatlán, Morelos, se ven repletos de devotos. Es el último viernes de Dolores.

De tiempos inmemoriales se asiste a esos sitios llenos de misticismo, tradición y fe que aún continúan con las actuales generaciones, ya sea en vehículos automotrices, bicicletas, a caballo o simplemente caminando. Después de postrarse ante los Cristos, los peregrinos regresan con enormes canastos tejidos artísticamente llenos de colosales frutas de la temporada, cocoles y palanquetas. Sin faltar, claro está, la singular artesanía de barro, piedra, madera y otros materiales del campo.

Al visitar estos lugares y de postrarse ante los Cristos, conlleva admirar y valorar los inmuebles históricos de los siglos XVI y XVII considerados como patrimonio de los mexicanos.

Recordamos que además de esta feria cuaresmal la tierra de Amaquemecan se viste de gala al celebrar la Feria de la Nuez durante la primera semana de agosto, cuando el enorme jardín que se localiza frente al ex convento que data del siglo XVI se ve pletórico de vendedores de nueces.

Durante esta feria los productores venden su producto directamente al visitante. Encontramos nueces de las más diversas variedades que provienen de los huertos de nogales de poblados circunvecinos de Amecameca como Ayapango, Tepetlixpa, Ecatzingo, Tenango y Ozumba, entre otros, localizados en las faldas de los volcanes.

Fruto de origen bíblico, mencionado en varias ocasiones en el Libro Sagrado, especifica que las nueces eran uno de los mayores dones que podían ofrecerse. «Tomad de lo mejor de la tierra en nuestros vasos y llevad a aquel varón un presente, un poco de bálsamo y un poco de miel, aromas y mirra, nueces y almendras».

Además de la venta de este fruto de cáscara gruesa está a la vista la enorme parroquia de la Asunción de María, fundada por la orden de los dominicos en 1553, lo que junto con los juegos mecánicos y la venta de todo tipo de fritangas hacen la delicia de chicos y grandes.

Con estos antecedentes se apetece consumir una buena cantidad de nueces, en un lugar tan interesante que ofrece a los visitantes lugares naturales hermosos y significativos, con un sentido histórico, como es el arco colonial que data de 1731 y que se localiza en el costado suroeste de la plaza principal.

Son fiestas de auténtica algarabía popular y fuentes de identidad para todos los mexicanos. ♦

Portada de la número 58 de la Revista Nosotros de abril de 2003

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