San Salvador Cuauhtenco, en Milpa Alta, raíz y razón histórica de la comunidad
Por Manuel Garcés Jiménez | Revista Nosotros, Núm. 52 | Agosto de 2002
San Salvador Cuauhtenco se localiza en la zona oriente de la cabecera delegacional de Milpa Alta, su topónimo significa «a la orilla del bosque», orgullosamente tiene el nombre bíblico del Divino Salvador del mundo. Desde tiempos inmemoriales sus habitantes se han identificado con los 11 pueblos que conforman la delegación, a pesar de una situación contradictoria con relación al conflicto por la disputa de seis mil 913 hectáreas de monte comunal con nueve pueblos de la demarcación.
Cuauhtenco es una comunidad cohesionada, sus raíces históricas se reflejan a través de sus tradiciones, cuentos y leyendas, con sus fiestas pagano religiosas, siendo las principales la fiesta patronal (seis de agosto), el día de la Candelaria y la celebración de la llegada del agua (12 de octubre de 1934) desde las faldas del Ajusco a través de una red hidráulica.
Es el lugar donde en 1997 el Programa de Desarrollo Delegacional definió los límites a su arbitrio entre las delegaciones de Milpa Alta y Xochimilco, por lo que han proliferado los asentamientos humanos, principalmente en las faldas de la zona ecológica de tierras comunales, donde existen más de 10 parajes considerados como asentamientos irregulares en los que prevalece la falta de servicios urbanos como la red de agua potable, electrificación y drenaje, el cual por cierto es sustituido por fosas sépticas mal construidas que contaminan los mantos freáticos, además de que prolifera la basura inorgánica y la tala de árboles.
Entre los asentamientos irregulares se encuentran los de Oluca, Xoctongo, Ayamantongo, Zacatepetl, Cuartoztitla, Coatepec, Texopa, Quechulapa, Atoctenco, La Mesita, El Cajón, Privada La Virgen, Copalhuacan, Zacazuntlicapcac y San Isidro, entre otras más, con un total de dos mil 034 lotes, en los cuales habitan mil 800 habitantes en un área de 215.97 hectáreas de reserva ecológica, cuyas casas en algunos casos han sido construidas en zonas de alto riesgo por encontrarse asentadas en las orillas de barrancas y terreno accidentado.
Entre los habitantes de Cuauhtenco hay quienes han destacado en el deporte, como el atleta Estanislao Galicia Martínez (1905-1991), cuyo nombre se le otorgó al deportivo de la localidad.

La iglesia y la barbacoa, atractivos de Cuauhtenco
Para hablar de todo lo que concierne al pueblo con más hectáreas de monte comunal que el resto de comunidades de Milpa Alta, recurrimos a dos prominentes figuras de Cuauhtenco, el profesor Adán Caldiño Paz y Heriberto Ramírez Lozada, representante comunal de dicho poblado.
Reunidos frente a la iglesia y acompañados por los 22 mayordomos de Cuauhtenco, el profesor Caldiño se refirió a la historia y arquitectura del templo de origen franciscano, al tiempo que se hizo un recorrido por el interior del inmueble en el que se puede apreciar un Cristo de tamaño natural del siglo XVI, un retablo de madera estofada en el que aparece en alto relieve la Divina Trinidad, ambos elementos deteriorados por el paso de los años. Otra de las joyas históricas, orgullo de los cuauhtenses, es la mesa del altar mayor en donde aparece una leyenda grabada en español antiguo, lo mismo que una casulla bordada a mano con hilos de oro y plata.
No pudo faltar la visita el negocio de venta de barbacoa del señor Cristóbal Ramírez Jiménez, cuyo inmueble se levanta sobre un aljibe donde se ve una piedra labrada con la siguiente leyenda inscrita: «Fue iniciada la construcción de este aljibe por el señor Felipe Domínguez el día 6 de agosto de 1880 y fue concluido el 27 de septiembre del próximo año».
Varias leyendas del tiempo de la Revolución relacionadas con ese lugar aluden al general Emiliano Zapata. Unas dicen que pernoctó ahí cuando su tropa se encontraba en el cuartel de San Pablo Oztotepec, por si llegado el caso de algún ataque él estuviera a buen resguardo.
Al respecto, Hedilberto refirió que la casona fue construida por el señor Felipe y cuando éste muere pasa a manos de Concepción Domínguez, hasta finalmente ser actual propietario el señor Cristóbal Ramírez Patiño, quien todos los fines de semana ofrece al público la apetitosa barbacoa con su respectivo consomé, acompañada de sabrosas tortillas azules con salsa molcajeteada.
Fue ahí, debajo del tejado rústico, donde la Revista Nosotros platicó con los señores Caldiño Paz y Ramírez Lozada, a quienes acompañó el profesor Eugenio Ramírez Retana y el ingeniero Arturo Ramírez Rojas.

¿Qué significa para ustedes que San Salvador Cuauhtenco pertenezca a Milpa Alta?
El profesor Caldiño Paz es el primero en hablar.
«Quienes tenemos alguna representatividad en San Salvador Cuauhtenco percibimos que la población originaria siente lazos de unión que la unen a la vieja Malacachtepec Momozco, son lazos de carácter histórico, religioso y humano, entre otros muchos».
«Históricamente somos consecuencia de que nuestros pueblos pertenecen al mismo tronco del que desprendió el hombre mesoamericano, y que si Milpa Alta se siente honrosamente chichimeca, en nada oscurece su dignidad histórica y su presencia; y si San Salvador Cuauhtenco es y se manifiesta mexica~xochimilca, sólo ennoblece su origen y ratifica su lealtad a sus raíces».
«En diferentes épocas distintos grupos chichimecas y mexicas llegaron a estas tierras, después de haberse desprendido de la gran patria de Aztlán, y por su valor y entereza fueron corrientes humanas de agresividad de la naturaleza y por haber tomado rumbos diferentes, unos se hicieron chichimecas y otros se conso9lidaron mexicas, pero los dos con el mismo idioma».
«Ambos pueblos tuvieron sus propias características sociales, cada uno pudo integrar su idiosincrasia, uno dependiendo del gran Señorío de Amaquemecan y otro bajo la directriz política y filosófica de Tenochtitlan.

Por razones políticas y económicas Tenochtitlan, mediante Hueyitlahuilanqui, guerrero audaz y valiente, logró dominar a los pueblos chichimecas del imperio Momozca, y sintiéndose dueño de la situación instituyó toda la defensa que creyó necesaria para la seguridad de su imperio y la integridad de su territorio, organizó a los momozcas vencidos y los distribuyó para vigilar el territorio conquistado, para mantener baho control tenochca el recurso maderable que se encontraba cerca del lago y así tener seguro el mantenimiento de las 400 mil acallime~canoas que circulaban en los lagos de Anáhuac».

«En cuanto a Cuauhtenco, según afirmación de don Juan Sánchez, escribano del gobierno virreinal de don Gaspar de Zúñiga (año de 1600), que sirve de fuente para la elaboración del libro Fundaciones de los pueblos de Malacachtepec Momozco, el cual dice en la página 14: ‘Los de San Salvador Cuauhtenco nunca se encontraron bajo el dominio de Hueyitlahuilanqui, por ello respetó la independencia con que vivía Cuauhtenco, reconociendo además que este pueblo era de su estirpe y que Tenochtitlan confiaba acciones de estrategia en el lomo de la montaña para cuidar el camino de los pochteca».
«Para entonces, el terruño unía fuertemente a nuestros pueblos. Tepetenchi los surtía mediante la caza, la pesca y el cultivo de maíz, a través de la siembra y la explotación del maguey, por medio de la recolección de hongos, de manera que estaban unidos por el alimento, el terruño, la costumbre y la esperanza».
«A partir de 1921, nuestros pueblos vivieron la misma realidad histórica: fueron víctimas de los abusos, ambiciones, crímenes, vejaciones, robos, humillaciones, traiciones, enfermedades y de todo cuanta maldad trajeron los hombres blancos y barbados que llegaron por el oriente»
«Nuestros pueblos, a pesar del romanticismo utópico con que algunos pretenden ver la llegada de los españoles, sufrieron conjuntamente las atrocidades que les impuso la tragedia de la conquista española, por ello se fueron a vivir a las barrancas, a las cuevas, a las montañas y a las entrañas más abruptas del Tepetenchi».

«Todo esto unió a nuestros pueblos, esta realidad hermanó a nuestros antepasados porque estas desgracias y más sufrieron nuestros abuelos y todo lo soportaron sin abandonar la magnificencia de su tierra».
«Y en todo este caminar, con la fe inquebrantable que les había formado la religiosidad profunda del pueblo tenochca, nuestros pueblos no solamente sobrevivieron a las adversidades del sometimiento español, sino que poco a poco fueron infundiendo valor humano a la fría religión hispana».
«La religión que formaron nuestros pueblos dentro del contexto espiritual del tiempo prehispánico fue terreno fértil al que llegó para florecer la concepción que acerca de Dios trajeron los franciscanos».
«La religión católica que encontró en nuestra gente emoción, concentración y espiritualidad en abundancia, aprovechó similitudes y adaptó concepciones divinas que ni siquiera habían imaginado en España los religiosos de la Edad media».
«Toda esta religiosidad ha unido a nuestros pueblos y a la fecha, la peregrinación a Chalma lo confirma. Por ello, los de San Salvador Cuauhtenco con la vieja Malacachtepec Momozco, actual delegación Milpa Alta, porque hablamos el mismo idioma, aprendimos a leer y a escribir al mismo tiempo; porque tuvimos carretera en la misma época; porque juntos hemos tomado agua del Tulmiac y de Monte Alegre; porque juntos hemos bebido pulque; porque comemos hongos del mismo monte; porque hemos saboreado cocoles con aguamiel del mismo tlchiquero; porque hemos comido tamales, mole, chilaztli con lenguas de vaca y ahuautli del mismo lago; porque somos caminantes de la misma vereda y porque vemos en cada nuevo amanecer el mismo horizonte, por todo eso nos satisface pertenecer a Milpa Alta. Porque nuestros antepasados juntos vivieron los abusos del español, porque vivieron las emociones que levantó el estandarte de la Virgen de Guadalupe en 1810; porque siguieron a Juárez; porque convivieron con el general Emiliano Zapata, a quien nuestros pueblos le dieron soldados y soldaderas, campos de batalla y tantos muertos que por su ideal quedaron sepultados en nuestra tierra durante los duros años de la Revolución, por todo eso es que nos sentimos milpaltenses», puntualizó el profesor Caldiño Paz.

¿Qué papel juega actualmente el representante del monte comunal de Cuauhtenco?, se le preguntó al señor Ramírez Lozada.
«En la actualidad y como siempre ha sido, el representante de bienes comunales de Cuauhtenco juega un papel muy importante en la vida de la comunidad, siempre ha tenido personalidad de apoderado general para atender el proceso de nuestro expediente agrario, ante las autoridades federales que conocen hasta la fecha la disputa que por cientos de años han prendido Milpa Alta y sus pueblos sujetos en contra de San Salvador Cuauhtenco. Además de lo anterior, tiene responsabilidad para atender los problemas agrarios que se presentan internamente en nuestra comunidad, así como de aquellos que plantean las autoridades fdederales respecto al cuidado del bosque».
«Él es quien convoca a los campesinos y comuneros del pueblo cuando la importancia de los asuntos así lo reclama, sobre la base de la que dispone le ley federal de la Reforma Agraria y en cumplimiento de los acuerdos, de las asambleas y de la atención de todos los asuntos que se presentan en la comunidad, y considerándolos de su competencia, son parte de su responsabilidad, por ello, el papel que juega el representante comunal es de vital importancia para la vida de nuestro pueblo».
¿Cuál es su papel fundamental y qué perspectivas tiene como representante comunal de Cuauhtenco?
«El papel fundamental que tiene es el de cuidar la documentación que ampara nuestra propiedad comunal, pero también atender y participar en cuanta notificación judicial y oficial se presente en la comunidad, así como presentarse en los tribunales agrarios con la exigencia que presente la situación agraria del pueblo, y la perspectiva que se le presenta es servir a su comunidad y cumplir con lo que la ley dispone, y cuando por disposición legal deje de actuar como representante comunal tendrá como perspectiva la satisfacción de haber servido con lealtad y entrega a su comunidad».
De las 27 mil hectáreas de bosque comunal que pertenecen a San Salvador Cuauhtenco, hay una considerable cantidad de área talada. ¿Quién fue el causante de esa tala desmedida y qué medidas se están tomando para detener esa depredación?
«Las hectáreas que en propiedad comunal, de hecho y por derecho pertenecen a San Salvador Cuauhtenco son seis mil 913 y en dicha superficie no existe una ‘cantidad considerable de área talada’ como usted dice, no existe causante alguno de ninguna ‘tala desmedida’, y en cuanto a la deforestación podemos hacer algunas reflexiones. En nuestro polígono agrario la mayor parte de la superficie es zona cerril y boscosa, y dentro de la misma no podemos negar que exista cierta tala clandestina, pero que por su propia naturaleza es esporádica y nocturna y no se registra en áreas establecidas, por lo mismo no se puede señalar un causante, pues tal fenómeno desaparece en tiempo de lluvias; es decir, de junio a septiembre».
La tala clandestina existe en todos los pueblos de Milpa Alta
«Nosotros consideramos que siendo el bosque un recurso natural renovable y habiendo necesidad económica por la falta de empleo, por más que se propongan las autoridades combatir esta práctica, la tala clandestina existe en todos los pueblos de la región. Es un problema social de muy difícil solución. Ante e4sa realidad, la representación comunal de Cuauhtenco ofrece la mejor voluntad y la cooperación suficiente para contribuir con las autoridades para combatir el fenómeno de la tala clandestina».
«Por otra parte existen dos enfoques respecto a la reforestación, uno oficial muy técnico y otro local basado en la experiencia».
«El oficial consiste en plantar miles de árboles en zonas preestablecidas con coníferas, de las 4especies radiata, montezumae, cedro blanco y oyamel, haciendo la plantación dentro del zacatal donde en buena cantidad de plantación no llegan los rayos del sol por la sombra que produce el zacate, los arbustos y los árboles, aparte de que la especie radiata en su mayoría generalmente embala sus raíces y sólo crece con un tallo delgado, a manera de remo, y en tiempos de viento fuerte y por su falta de consistencia en la raíz fácilmente se derriba y se convierte en el combustible de incendios».
«El montezumae es ocote de la región y es el único que da buen resultado, pues arraiga con fuerza, engrosa su tallo y produce buen follaje. El oyamel es poco el que se planta y se desarrolla con eficacia, pero tiene muchos depredadores cuando va creciendo, se busca para árbol de navidad y el cedro blanco que se ha plantado va dando buenos resultados, pero en zonas que no rebasen los tres mil metros de altura sobre el nivel del mar».
«El punto de vista local considera que para obtener mejores logros en la reforestación se debe limpiar el terreno, arrancar todo el zacatón y hacer una buena plantación, cuidando que esta área no sea zona de pastoreo, es decir, que no se reforeste con radiata y que en las zonas de reforestación natural se limpie el terreno dentro de ellas, así como en el perímetro que los circunda para protegerlos de incendios. Además, se propone reforestar zonas cerriles que existen en las orillas del terreno de cultivo. Como experiencia de esta forma de reforestar la presentamos al oriente del manantial del Tulmiac».
Tengo entendido que tienen en su poder la documentación que históricamente les ampara como propietarios de las 27 mil hectáreas de bosque.
«La documental que tenemos en nuestro poder –dijo el profesor Adán Caldiño– y que ampara nuestra propiedad comunal respecto a las seis mil 914 hectáreas es muy amplia y robusta, y según datos que se encuentran en ella existen antecedentes de la misma desde 1658 y 1659, y en el documento antiguo de Milpa Alta, Cuauhtenco participa como uno de los 10 pueblos a partir de 1555, constituyéndose desde ese tiempo la historia de las diligencias que se sucedieron en la Real Audiencia de la Nueva España, encontrándose en ella los documentos que en seguida se enumeran».
Documentos que amparan la propiedad comunal de Cuauhtenco
Posesión y vista de ojos en 1736 para señalar la línea divisoria entre lo que corresponde a San Salvador Cuauhtenco y Milpa Alta. Esta pretendida posesión y vista de ojos fue solicitada e iniciada por Milpa Alta y sus sujetos desde el lindero Mezcalco, junto al Teutli, y pudo llegar hasta el lindero conocido como Palo de Moral, lugar en el que fue interrumpido por el gobernador de Xochimilco en nombre y como representante de San Salvador Cuauhtenco (páginas 213 a 217 de la transcripción dada por el Archivo General de la Nación).
Testimonio de la restitución dada al pueblo de San Salvador Cuauhtenco el tres de enero de 1746. Esta restitución se inicia en el Palo del Moral, caminando al norte se llega al lindero del guarda de los Morales, después se llega a Tulmiac para destruir la mojonera que imprudentemente se había puesto el tres de abril de 1745, como lindero de Milpa Alta. De esta punta se camina a Zoquiac y de ahí se viene andando por todo el camino que hasta la fecha existe, hasta llegar cerca del lindero Texocpa, donde se cierra la diligencia, haciendo notar que en todo este recorrido estuvieron presentes el gobernador de Milpa Alta y sus alcaldes, así como pobladores de sus pueblos sujetos, manifestándose en dicho testimonio, que en ningún punto los de Milpa Alta y sus sujetos se dieron por lesionados (páginas 65-69 de la transcripción emitida por el Archivo General de la Nación.
El cuatro de enero de 1746, ante el señor Pedro de Manzaral, teniente y juez receptor, quien había terminado la restitución a San Salvador un día antes, se presentó el señor Salvador Agustín, gobernador de Milpa Alta, y otros gobernadores pasados, para solicitar que se interrumpiera el disfrute del agua de Tulmiac para Milpa Alta. Al participar el alcalde de San Salvador y algunos pobladores ante el señor Pedro de Manzaral, aceptaron la petición hecha por el gobernador de Milpa Alta, por lo cual se elaboró un convenio que se elevó a la calidad de compromiso el 30 de marzo de 1746 entre Milpa Alta y sus sujetos con San Salvador, manifestándose en dicho convenio que Milpa Alta seguiría disfrutando el uso del agua del Tulmiac, y San Salvador continuaría ejerciendo el dominio y la propiedad del manantial y de sus tierras. Este compromiso se ratificó el 31 de marzo de 1800 ante la presencia del ciudadano José Mariano de la Peza y Casas, teniente del regimiento provincial de infantería de México y subdelegado de Xochimilco (páginas 194-198 de la transcripción emitida por el Archivo General de la Nación).
El 26 de marzo de 1798 el señor Ignacio Beye Cisneros remite un informe a la Real Audiencia de la Nueva España en el que manifiesta que en repetidos ocursos los indios de Milpa Alta sólo se dirigen a querer ser dueños legítimos de las tierras y aguas del Palo del Moral y del Tulmiac; y que esto está muy distante de la verdad, puesto que San Salvador fue restituido de sus tierras el tres de enero de 1746, diligencia en la que Milpa Alta y sus sujetos no manifestaron inconformidad ni lesión alguna. Además, Milpa Alta y San Salvador celebraron un compromiso el 30 de marzo de 1746, en el que Milpa Alta adquiría el uso del agua de Tulmiac y San Salvador continúa con el dominio y propiedad de dicho manantial y de las tierras. Que el cuatro de marzo de 1795 Milpa Alta pidió al Virrey que obligara a San Salvador a contestar la demanda de propiedad que ella había interpuesto en contra de Cuauhtenco, y como San Salvador se negara a contestarla, el Virrey impuso la obediencia a San Salvador mediante un decreto, por lo cual Cuauhtenco se negó a obedecer, se fue a la apelación y ganó el recurso al Virrey. Al fin Milpa Alta en vista de que su negocio estaba fenecido pidió que se le devolvieran sus títulos el 10 de mayo de 1798, esto se realizó devolviéndose a Milpa Alta los documentos que se habían conocido en la Real Audiencia de la Nueva España (páginas 180-185, 186 y 187 de la transcripción emitida por el Archivo General de la Nación.
Juicio sobre el convenio entre San Salvador Cuauhtenco y Milpa Alta sobre el uso del agua del Tulmiac y corte de leña, años 1800-1801.
«En este documento –explica el profesor Caldiño– se habla de la realización del convenio entre Milpa Alta y San Salvador, para que Milpa Alta siguiera gozando del uso del agua del Tulmiac; este convenio se firma el cuatro de enero de 1746 y se comprometían a que al elevarse como compromiso se guardase, cumpliese y ejecutase y que como tal quedara como una cosa juzgada».
«También aparece en este nuevo documento el auto de fecha 22 de junio de 1795, en que se declara apelable el ordenamiento del Virrey, por lo que al ganar la apelación San Salvador derrotó al Virrey (páginas 187-194 de la transcripción emitida por el Archivo General de la Nación)»,
Comparecencia del Gobernador de Milpa Alta, sus alcaldes, regidores y oficiales de República, con el alcalde de San Salvador Cuauhtenco ante don Mariano de la Peza y Caso, teniente del regimiento provincial de infantería de México y subdelegado de la jurisdicción de Xochimilco.
«En esta comparecencia –dice Adán Caldiño– se habla del convenio elaborado el cuatro de enero de 1746, para que Milpa Alta siguiera usando el agua del Tulmiac y se menciona que este convenio se eleva a la categoría de compromiso el 30 de marzo de 1746, ratificándose dicho compromiso el 31 de marzo de 1800, y también se menciona que Milpa Alta y sus sujetos confiesan que el dominio y la propiedad del sitio de Tulmiac pertenecen a San Salvador (páginas 194-198 de la transcripción emitida por el Archivo General de la Nación)».
«Veinticinco días después de la restitución dada a San Salvador Cuauhtenco, el pueblo de San Pablo Oztotepec viéndose perdido, celebra un convenio con San Salvador Cuauhtenco sobre el uso recíproco del monte (páginas 208-209 de la transcripción emitida por el Archivo General de la Nación)».
Testimonio de un convenio celebrado entre los síndicos de los ayuntamientos de los municipios de Milpa Alta, San Pedro Atocpan, San Pablo Oztotepec y Xochimilco, este último en representación de San Salvador Cuauhtenco, en el juzgado de Letras del partido de Tlalpan en 1875, y cuyo convenio a la letra dice:
«Primero. Los tres síndicos de los tres pueblos que acaban de mencionarse (…) se obligan a respetar los derechos que al pueblo de San Salvador le dio la sentencia del 15 de abril de 1794 pronunciada por don Antonio Osevia (Obscura), encargado de Justicia del partido de Xochimilco, y los derechos que en los días 25 y 26 de septiembre de 1794, se les dio por el expresado encargado de justicia de los terrenos que pertenecen a dichos pueblos; también se obligan a respetar los de Milpa Alta, San Pedro y San Pablo (páginas 205-207 de la transcripción emitida por el Archivo General de la Nación)».
Dictamen paleográfico respecto a la autenticidad de los documentos de San Salvador Cuauhtenco expedidos por la Comisión Nacional Agraria el cuatro de enero de 1930, con 51 fojas. El original se encuentra en el Tribunal Unitario Agrario del distrito XXIV del DF.
Dictamen paleográfico respecto a la audiencia de los documentos expedidos por la Comisión Nacional Agraria el cuatro de enero de 1930, con 96 fojas el original (el cual) se encuentra en el Tribunal Unitario Agrario del distrito XXIV del DF.
Dictamen paleográfico expedido por el Departamento Agrario el 30 de junio de 1952; en él se habla de un informe dado por el ciudadano Ignacio Beye Cisneros, relativo al llano del Moral y el Tulmiac, del compromiso en Milpa Alta para el uso de las aguas del Tulmiac; de algún abuso del gobierno de Milpa Alta en la demanda que interpone en contra de San Salvador Cuauhtenco, y por negarse éste a contestar dicha demanda el Virrey lo hace, San Salvador apela y le gana la apelación al Virrey el 22 de junio de 1795, sobre el cumplimiento del compromiso con Milpa Alta a la Real Audiencia de la Nueva España para que se le devuelvan los documentos presentados por haber fenecido su asunto. El original se encuentra en el Tribunal Unitario Agrario del distrito XXIV del DF.
Dictamen paleográfico expedido por el Departamento Agrario el cuatro de mayo de 1953 respecto al juicio de apeo y deslinde ante el juez de Letras de Tlalpan en 1875 –respecto a la sentencia del 15 de abril de 1794 que le da el derecho de sus montes a San Salvador Cuauhtenco pronunciada por don Antonio Obscura– a la comparecencia de Milpa Alta, sus alcaldes, regidores y oficiales de República y el alcalde de San Salvador, reconociendo los de Milpa Alta, sus alcaldes, regidores y oficiales de República y el alcalde de San Salvador (reconociendo los de Milpa Alta) que la propiedad del Tulmiac pertenece a San Salvador –otros documentos respecto al agua de Tulmiac en los que se reconoce que este manantial pertenece a San Salvador–.
Dictamen paleográfico general expedido por la Secretaría de la Reforma Agraria rendido por la paleógrafa María Guadalupe Leyva Ruiz.
«Todos los documentos mencionados existen en el Archivo General de la Nación y en el Tribunal Unitario Agrario del distrito XXIV del DF. Nosotros contamos con copias certificadas de todo lo que existe y los resguardamos con familias y paisanos que viven fuera de San Salvador», explica Hedilberto Ramírez.
Los documentos en poder de Adán Caldiño y Hedilberto Ramírez son copias de los originales que conserva el Archivo General de la Nación, así como de los existentes en el Tribunal Unitario Agrario del distrito XXIV del DF.
Son los que Milpa Alta ha presentado y han sido reconocidos en su tiempo por la Real Audiencia de la Nueva España, por jueces del siglo XIX, autoridades de la Comisión Nacional Agraria, el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, la Secretaría de la Reforma Agraria y el Tribunal Unitario Agrario del distrito XXIV del DF. Todo su valor jurídico ha sido estimado junto con su contenido, por lo que resulta lamentable que se les nieguen verdades a nuestros pueblos.
«En el pueblo de San Salvador Cuauhtenco –dice por último el profesor Caldiño– hay conciencia de que con argumentos verbales, injurias, caprichos y ofensas, no se resuelve ningún problema, de manera que de frente al siglo XXI nuestros hijos y nuestros pueblos necesitan respeto y verdades. Nada se gana con llamar a Cuauhtenco «pueblo ajeno», «pueblo intruso» o «pueblo extranjero», si somos comunidades que podemos dirimir nuestras dificultades mediante la razón, la buena fe, el entendimiento y el derecho
«A pesar de todo lo vivido, San Salvador Cuauhtenco manifiesta ante la conciencia de nuestros pueblos no hacer caso a resentimientos, rencores, odios e injuria con que nos tratan algunas personas de Milpa Alta y sus pueblos sujetos, sabiendo que esto sólo encuentra cabida en donde predomina la ignorancia, la falacia y la mala fe, nuestros pueblos deben estar dispuestos a vivir en paz y a dejar esta herencia a las generaciones que nos sucedan». ♦
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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta


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