Cerros y volcanes que circundan la Ciudad de México

• Sitios de culto, majestuosos gigantes, sin embargo, algunos han ido desapareciendo y otros son sobre explotados para extraer toneladas de arena y material pétreo

Por Manuel Garcés Jiménez | Revista Nosotros, Núm. 32 | Octubre de 2000

La época de lluvias, con sol radiante y vientos, es la combinación ideal para admirar en los alrededores de la gran ciudad las montañas y sus formas cónicas o truncadas que circundan el Valle de Anáhuac. Serranías de origen volcánico muy importante que parecen como gigantes guardianes que se mantienen dormidos, dejando pasar los siglos sin inmutarse, a excepción del Popocatépetl, con sus 5 mil 452 metros sobre el nivel del mar, que por su perdurable actividad los mexicas lo denominaron «cerro que humea», al lado de su inseparable compañera Iztaccíhuatl, «mujer blanca», con sus 5 mil 286 metros de altura. Ambos ofrecen un hermoso paisaje por sus nieves fulgurantes.

La mayoría de serranías y volcanes están agrupados al sur del Distrito Federal, sobre la cadena montañosa del Ajusco. Al respecto, los asesores del Centro Nacional para la Prevención de Desastres (Cenapred) aclaran que «al sur del Valle de México existen cerca de 143 volcanes que forman la Sierra de Chichinautzin; de esas estructuras volcánicas sólo algunas han mostrado actividad en tiempos históricamente recientes, como el Xitle».

Las delegaciones de Milpa Alta, Xochimilco y Tlalpan, son las demarcaciones donde se localiza la mayoría de los volcanes inactivos, en cuya atmósfera es más tenue ofreciendo un colorido diferente y mucho más versátil, siendo los lugares preferidos por los amantes de la pintura y la fotografía.

Crédito @santiago_arau

En Tlalpan sobresalen los de Yololoca, Oyamel, Malacaltepec, Pelado, Tesoyo y Xitle, éste último de 3 mil 120 metros de altura sobre el nivel del mar, que tiene como significado el ombligo estrellado, además de ser considerado uno de los más jóvenes destruyendo con su lava los principales centros religiosos del preclásico del Valle de México, como Copilco y Cuicuilco, dando origen al nombre de Pedregal de San Ángel y donde fue erigida la Ciudad Universitaria.

Al respecto, Antonio García Cubas refiere que «según la tradición recogida por Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, la erupción del Xitle tuvo lugar el día Nahui~Quiahuitl del año Tecpatl, que corresponde al 24 de abril del año 76 de la era cristiana».

Por otra parte se calcula que hizo erupción hace 2 mil 422 años, aproximadamente.

Milpa Alta es la demarcación que tiene una población reducida en comparación con las demás delegaciones, pero en ella tenemos el mayor número de volcanes y de serranías: el Cuahutzin de 3 mil 510 metros snm; el Tetzacuatl de 3,310 metros snm; el Tecmalao, el Copixco, de 3,310 metros snm; el Piripitillo, de 3,160 metros snm; el San Bartolo, de 3,220 metros snm; el Comalera, de 3,260 metros snm; el Tláloc, de 3,620 metros snm; así  como los de Tecahuazac, Ocotecatl, Tulmiac, Ayaquemetl y Tochuca, de 2,550 metros snm, y que divide a Milpa Alta con Xochimilco.

Es de lamentarse que al oriente de dicho volcán exista una zona devastada por asentamientos irregulares.

Por su ubicación geográfica, el Teutli, el «gran señor», de 2 mil 719 metros, es conocido por la mayoría de los habitantes de las delegaciones del sureste. Al sur de esta demarcación, en el pueblo de Santa Ana Tlacotenco, se localiza en medio de frondosos árboles sobresaliendo de entre los pinos y ocotales un pequeño volcán conocido como el Cerro de San Miguel, en cuyo cráter está acondicionado en forma rústica un estadio natural con cancha para jugar futbol. Quien visita por primera vez el lugar tiene la sensación de entrar a un edén en donde se puede pasar un día de campo.

Por su parte, Xochimilco se caracteriza por su zona lacustre donde abundan las chinampas, conocida tradicionalmente como Olac, mientras que la parte alta o cerril fue llamada como Tepetenchi, con algunos volcanes de trascendencia por la flora y fauna, siendo el más común el Teoca, de 2 mil 600 metros snm, cercano al poblado de San Bartolomé Xicomulco.

Al respecto, el profesor Esteban Gómez Belmont establece que «el sistema orográfico que presenta esta delegación es muy variado. La elevación más alta es el cerro Atexcayo, con 3 mil 202 metros snm, situado al sur. Al oriente el cerro Tlamacaxco, con 2 mil 805 metros snm, y la Cantera, con 2 mil 805 metros snm». Dentro de esta zona encontramos algunos cerros dignos de mención como Moyotepec, de 2 mil 203 metros snm; el Tetequilo, de 2 mil 550; el Santiago, de 2 mil 640; el Noria, de 2 mil 200; el Tlacualleli, de 2 mil 420. Además del Tzompole, el Huixtotle, el Tecalipac, el Tehuapaltepetl y el Tlamapa. Estos últimos se localizan en los alrededores de los pueblos de San Mateo Xalpa y Topilejo.

En esa hermosa tierra de flores, admiramos al poniente el cerro de Xochitepec, en cuya cima se levanta una gigantesca cruz, lugar histórico para los xochimilcas desde la época prehispánica, y precisamente ante tan importante lugar quedó plasmado en el escudo de armas expedido por el rey Felipe II, según Cédula Real del 11 de abril de 1559, en donde aparece el cerro con una enorme cruz, al oeste, sobre las faldas econtramos el Colegio Militar.

El Teutli visto desde el volcán Tetlalmanche en Tlaltenco, Tláhuac. Fotografía Leonardo Jiménez

Al poniente de la Ciudad localizamos Monte Alto y Bajo y Las Cruces.

En tanto que al norte de la Ciudad observamos la Sierra de Guadalupe, constituida por dos grandes ramas, una al oriente y otra al poniente, formando una herradura; su cima más elevada es el Sombrero de 3 mil metros. Dependen a esta los cerros de Tenayo y el Chiquihuite. Este último, por su ubicación y altura, empresas televisivas han colocado sus enormes antenas retransmisoras. El Tepeyac o El Cerrito, conocido por el mundo católico por tener a su orilla la Basílica de Nuestra Señora María de Guadalupe.

Al oriente observamos el Cerro de Chimalhuacán y el de Tlapacoya, lugar de asentamiento de los primeros habitantes del Valle, de lo que antes fuera la zona lacustre de los ex lagos de Chalco y Texcoco.

Muy cercano a Chalco, rumbo a Amecameca, se domina el Cerro Las Tórtolas, perteneciente al municipio de Cocotitlán, «lugar de las tórtolas», en cuya cima se levanta un madero denominado la Cruz del milenio.

Por ese mismo rumbo se encuentra aislado el volcán más pequeño del Valle conocido como Xico, considerado el «ombligo» de Mesoamérica, ya que cuenta con un enorme cráter de dos kilómetros de diámetro aproximadamente. Volcán que pertenece a la fractura, cuya dirección está dirigida de oriente a poniente, a la que corresponden el Peñón de los Baños o Tepetzintli, de donde emanan sus aguas calientes, la Sierra de Santa Catarina, el Peñón del Marqués y La Caldera.

Iztapalapa se enorgullece por tener el Cerro de la Estrella, de 2 mil 460 metros snm. En esa misma delegación, compartiendo con Tláhuac, prácticamente con el pueblo de San Francisco Tlaltenco, se localiza la Sierra de Santa Catarina, integrada por siete cerros «pelones»: el Totlama es el más alto de este cadena. Le siguen el Mazatepec, «Cerro del venado»; Cuitlalxochitl, «Árboles con flores»; Tecuahutzin, «Águila de piedra»; Tetecon, «Sobre las piedras»; Yehualizque, «Cerro redondo» y el Xaltepec, «Cerro de arena». En los últimos años algunos de estos han desaparecido y otros más continúan siendo objeto de la explotación masiva e irracional al extraerse varias toneladas de arena que a diario se realiza por órdenes de un político «histórico», situación que está alterando considerablemente el ecosistema de la región sin que nadie la detenga.

Como podemos ver, los cerros y volcanes circundantes del Distrito Federal, además de considerarse como los «ornatos gigantes» del Valle de Anáhuac, y ser sitios de culto, aspectos fundamentales de la cosmovisión y religión prehispánica, tema a tratar en otra ocasión. ♦

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* Del mismo autor: El Teuhtli Xahuecatzin, volcán sagrado de milpaltenses

Portada del número 32 de la Revista Nosotros de febrero de 2000

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