La gente no está consciente del bagaje cultural con que cuenta: Masferrer Kan
Por José A. Cabello | Revista Nosotros Núm. 40 | Agosto de 2001
La religión, la cultura y el poder son tres componentes en el desarrollo de la sociedad que están íntimamente ligados a la iglesia, la cual tiene la capacidad de actuar sobre las determinaciones de las personas que conforman un pueblo. Acerca del tema, Elio Masferrer Kan, doctor en Antropología, afirma que la religión es un conjunto de valores compartidos que forman parte de la cultura de cualquier individuo, pero al mismo tiempo se relacionan con el poder, el cual tiene la capacidad de ninfluir sobre las decisiones de las gentes de la comunidad.
Al mismo tiempo, manifiesta que la iglesia tiene y ejerce un cierto poder, debido a que es una institución con bastante experiencia en el ejercicio del mismo, más de 2 mil años, mientras que el Estado mexicano apenas lleva unos cuantos años. Menos de 300.
Elio Mansferrer Kan, al tener una plática con Nosotros, señala lo anterior tras de haber dictado, minutos antes, la conferencia «Religión, cultura y poder», en el marco de la celebración de las Fiestas Patronales del Tercer Milenio, en el 466 aniversario de la Parroquia de San Bernardino de Siena, en Xochimilco.
Acerca de la cultura, expresa que «el ser humano tiene un sistema de creencias, hábitos, pautas de comportamiento y valores que son compartidos por los miembros de una comunidad, los cuales a su vez son transmitidos de generación en generación, como ha sido el caso de los habitantes de Xochimilco».
Con respecto a lo anterior, Enrique A. Maldonado García, párroco de San Bernardino de Siena, comenta que el objetivo de las Primeras Fiestas Patronales del Tercer Milenio es el de renovar e inyectar energía al sentido de pertenecer a una comunidad que, aunque unida por fuertes vínculos tradicionales, se ve amenazada por tendencias enajenantes como el consumismo, el materialismo y el hedonismo, entre otros factores.
En tanto que Masferrer Kan, quien acreditó el doctorado con la tesis titulada «Es de Dios o es del César. Religión y política en el México contemporáneo», explica que una de las peculiaridades de la cultura es que en muchas ocasiones la gente no es consciente del bagaje cultural con que cuenta, pues el saber es muchas veces algo que tenemos y aprendemos inconscientemente.
Asegura que los mexicanos pueden hablar de valores compartidos en su cultura, pues existe una cultura mexicana. Aunque, también, dice, existe lo que podemos llamar un conjunto de culturas locales, por los aspectos que se reúnen en ciertos poblados para formar una identidad local como lo han hecho varias delegaciones hacia el sur de la Ciudad de México, especialmente la delegación Xochimilco.
Al abundar en el tema de la cultura local, Masferrer Kan especifica que los xochimilcas tienen un conjunto de hábitos, costumbres y prácticas que muchas ocasiones son difíciles de conocer; pero tienen todo un sistema de fiestas peculiares, las cuales se vuelven elementos que dan cierto perfil, lo que les permite a los mismos diferenciarse de la gente de otras delegaciones como Iztapalapa, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo o de la zona de Villa Coapa.
Sin embargo, aclara que los xochimilcas de antes y los de ahora son diferentes, aunque existe un conjunto de continuidades y cambios importantes. Uno de los cambios más notables en los últimos 500 años fueron los procesos de evangelización, pues al momento de la llegada de los europeos al continente existían todo un conjunto de religiones étnicas, prehispánicas. Así pues, resulta evidente que San Bernardino de Siena no fue un santo nacido en América, sino que vino de afuera y fue asumido por la población.
Por su parte, el presbítero Maldonado García resalta la importancia de retomar el sentido del por qué la comunidad adoptó como Santo Patrono de Xochimilco a un personaje como San Bernardino de Siena, hoy casi olvidado, pero que aporta profundos mensajes al Xochimilco de hoy. «Nosotros tenemos mucho que innovar en esto de entusiasmar a los demás en el aprendizaje y práctica de la fe, empleando para ello la riqueza de los medios de comunicación actuales», dice.
Acerca de lo anterior Masferrer Kan, egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, puntualiza que es precisamente en los elementos de identidad cultural donde la religión empieza a tener un papel muy importante.
Esta y otras aseveraciones las plantea al decir que la religión es un aspecto estratégico en la configuración de la cultura, dado que en el proceso religioso los niños y los adultos participan en un conjunto de actividades, como por ejemplo la organización de las fiestas, las mayordomías y las actividades de tipo pastoral, que permiten en parte la formación de la identidad cultural de cada individuo.
Aunque subraya, «existe una gran diferencia entre lo que es religión e iglesia, y esto en la cultura mexicana es muy importante, dado que existe un conjunto de actividades en las que la iglesia es una organización destinada, evidentemente, a reproducir el culto, la cual tiene un equipo especializado, como son sacerdotes y monjas, y junto a ellos existe un equipo de laicos (personas que no están consagradas para realizar ciertos ritos, pero que se dedican a la actividad de la iglesia».
Para el antropólogo, la relación que debe existir entre religión, cultura y poder, es la de tener la capacidad para influir sobre los comportamientos y las decisiones de las personas. En esa perspectiva son muchos los que tienen poder.
Y explica: «En los años 70 hay un proceso de relación entre religión, cultura y poder, el cual se da con una visita que realiza el entonces presidente Luis Echeverría al Papa en Roma; tiempo después, con el presidente José López Portillo, es cuando el Papa viene a México».
¿Qué es lo que pasa con esa visita?
«Llega el Papa y salen a la calle millones de mexicanos a recibirle. La Constitución en ese momento decía que no podía haber religiosos extranjeros, y que no se podía circular con ropas religiosas por la calle, entre otros artículos. Es decir, el Papa realizó todo lo que estaba prohibido a la luz del día y delante de todo el mundo».
«Entonces, esos artículos de la Constitución que restringían las actividades de imagen-religiosa-eclesiástica, desde ese momento quedaron abolidos, como resultado del proceso histórico que vivió nuestro país».
«Fue claro que la sociedad ejerció un poder popular y derogó ciertos artículos al aceptar la visita del Papa en los 70. Sin embargo, pasaron casi 13 años para que se cambiara la Constitución y esos artículos se derogaran de manera formal».
¿Cuál sería un ejemplo claro de querer ejercer poder?
«El ejemplo más claro es el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Ellos llegaron al deportivo de Xochimilco, se instalaron ahí con la mano en la cintura, y después salieron con un montón de gente atrás y consiguieron un conjunto de consensos en la sociedad. Más tarde, el Congreso de la Unión emitió sus acuerdos para que el EZLN dijera ‘no te los acepto’. Y vemos que existe en este momento una disputa por el poder, dado que unos llegan con mucha gente detrás. El otro grupo, el de los políticos, está respaldado por las leyes. Pero los dos grupos son legítimos».
¿Por qué la Iglesia es poder?
«Es y tiene poder por la capacidad de influir sobre las personas. El Estado es otro poder, como lo son otras organizaciones. Pero no todos tenemos la capacidad de ejercer el dominio sobre una gran mayoría de seres humanos, pues hay que tomar en cuenta los espacios en donde se puede ejercer éste».
«Lo cierto es que nadie tiene el poder total, pues cuando existe alguien que piensa que tiene el dominio total se pierde, dado que la clave está en la cultura de cada pueblo. El asunto es que este poder para ser legítimo tiene que estar pensado y diseñado de acuerdo a la cultura de cada pueblo». ♦
San Bernardino de Siena

Nació el 8 de septiembre de 1380 en Siena, Italia. Quedó huérfano a los 6 años de edad. Fue educado cristianamente por una tía, ingresó en un convento franciscano. El 8 de septiembre de 1404 fue ordenado sacerdote. Gran predicador, evangelizador y educador de jóvenes, ofreció su vida en momentos de peste. Murió el 20 de mayo de 1444. Fue canonizado seis años después de su fallecimiento.
La construcción del entonces convento fue obra de la Orden Franciscana, primeros frailes que llegaron a Veracruz el 12 de mayo de 1524, tres años después de consumada la conquista armada por Hernán Cortés, encabezados por fray Martín de Valencia. Fue fray Francisco de Soto el comisionado para destruir los adoratorios indígenas y dar inicio formalmente con la evangelización de los habitantes de Xochimilco, quienes desde finales de la conquista, al valorar los beneficios que podrían obtener de los españoles, se les unieron, y antes de la llegada de los franciscanos recibieron la visita de fray Pedro de Gante, quien comenzó con la evangelización, aunque sin resultados aparentes.
Tuvieron que pasar 55 años de construcción para ser consagrado en 1590, y en donde destacaron cuatro frailes. El primero de ellos, fray Francisco de Soto, comisionado por fray Martín de Valencia, Custodio y Primer Apóstol de las Indias, para que diera inicio formalmente con la evangelización de los indios y precursor de la construcción del casco del convento.
Otro de los frailes, que a pesar de que estuvo un corto tiempo viviendo entre las chinampas, fue muy venerado por los indios: fray Bernardino de Sahagún.
En la séptima década del siglo de la aculturación, residió en Xochimilco fray Jerónimo de Mendieta, ilustre cronista, quien en su tiempo de estancia comenzó la obra decorativa del templo, de las portadas que adornan las entradas, tanto Principal y Porciúncula, y del retablo de grandes magnitudes de estilo plateresco, lazo de unión entre las formas románticas y el barroco que estallara en los siglos subsecuentes y en su obra.
En la época de la consagración del templo, 1590, se encontraba como custodio fray Juan de Nofarmendi, ilustre fraile que terminó el templo, cubriéndolo con un techo de alfarje de estilo morisco, decorado con hermosos casetones, que fue solemnemente consagrado el 20 de mayo de 1590. A esta consagración posiblemente asistió el fraile que legó su nombre al convento, quien a sus 90 años de edad aún vivía en el convento grande de San Francisco, de la ciudad capital del Virreinato, cargado de años y sabiduría acerca de la cultura mexicana, y quien a cada pueblo que visitaba, aleccionaba a los niños indios para que usando grafías latinas, pero en su idioma original, plasmaran miles de aspectos de la cultura indígena con el fin de verterlos en su Historia General de las Cosas de la Nueva España, entre los que destacó uno de Xochimilco, Mateo Severino como cronista indígena.
Pero fray Juan de Nofarmendi fue el que logró la consagración de este convento y en su último año de vida, 1588, se da a la tarea de crear el archivo de actividades. Se elevó a los cielos el 12 de febrero de ese año y es el único que se encuentra sepultado en el presbiterio del templo, como narra fray Agustín de Vetancurt en el Menologio Franciscano de los varones más señalados. Desde luego que existieron otros frailes que ayudaron a la construcción del templo y a la evangelización de los indios, pero estos cuatro fueron los que se constituyeron en los principales forjadores de nuestra cultura indolatina. ♦


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