Facundo Laguna, Centurión Mayor de Villa Milpa Alta
Por Manuel Garcés Jiménez | Revista Nosotros Núm. 47 | Marzo de 2002

Como en la Colonia española, los habitantes de Villa Milpa Alta preservan la tradicional Semana Santa tanto dentro como fuera del vetusto ex convento franciscano donde se observa en los días de abstinencia las bandejas de trigo germinado con banderitas de papel plateado y dorado clavadas en centenares de naranjas. Es el austero «adorno» aunado con los lienzos morados que penden de lo alto del inmueble que caen como cascadas enlutadas hasta el piso para acompañar a los feligreses en su dolor al recordar el bíblico Viacrucis.
En la Semana Mayor se escucha en lo alto del templo la ríspida matraca, y a la par en el atrio, como en calles y avenidas, se escucha la lastimera chirimía que acompaña al pendón multicolor que revolotea entre los vientos terrosos de la temporada.
En las inclinadas calles de la Villa de altas milpas de nopales en el Valle de Anáhuac, se aprecian los moños morados pegados en puertas y ventanas, es el color y el símbolo de la Semana Mayor que anualmente es representado con imágenes de Cristo y la Virgen María llevadas en andas entre soldados romanos y centuriones, lo que denota que aún prevalece la fe, el culto, el rito y la tradición para culminar el Domingo de Resurrección y poder dar inicio a la tradicional fiesta de los huehuenches, que revueltos con los chinelos morelenses, dan rienda suelta a sus inquietudes por varios días al ritmo pegajoso de las bandas de viento que provienen del estado de Morelos.
«La Semana Santa es el ciclo que regresa, la vuelta del calendario al martirio como recordación».
Ha sido común entre los habitantes de Milpa Alta en las últimas décadas que en los días «de guardar» se recuerden los pasajes bíblicos de la obra El Mártir del Gólgota, gracias a la paciencia y devoción de su director, el señor Facundo Laguna, mejor conocido como don Concho.
El Mártir del Gólgota estriba toda una síntesis de los pasajes más trascendentales basada en las Sagradas Escrituras, mismas que fueron recopiladas en la gran obra del escritor Enrique Pérez Escrich, y adaptada por Adalberto Fuentes, la cual es representada desde hace años.
El señor Concho Laguna mantiene en su mente todo un legajo de vivencias y anécdotas durante 40 años, tiempo que tiene de revivir cada año la obra teatral de Semana Santa, donde los actores son los mismos vecinos de Villa Milpa Alta.

Él es un hombre de mediana estatura, de piel blanca, con los ojos claros. Recuerda los años que ha montado la representación de la obra con más de 50 actores, por lo que el año pasado sus coterráneos le reconocieron la labor de rescate que ha mantenido la tradición teatral durante cuatro décadas, con niños, jóvenes y adultos.
Don Concho evoca su pasado, dice que de joven se dedicaba a vender pulque en poblados cercanos a Villa Milpa Alta, y entonces se incorporó al grupo de centuriones y soldados romanos que participaba en la obra de Semana Santa en donde representó diversos personajes, bajo la dirección del señor Adalberto Fuentes Cruz.

«Él nos abrió el camino porque nos decía, ‘vamos a hacer teatro para que se desenvuelvan mejor, y para que no se encuentren con otra persona a la que sólo le respondan sí o no’. Eso nos dio gusto», comenta.
Entre los papeles que más le traen gratos recuerdos son los que interpretó como heraldo, alférez, fariseo Nicodemo (miembro del sanedrín), Malco, siervo de Caifás; además de que fue apuntador durante ocho años del señor Fuentes.
Su papel como director del grupo comenzó a partir de 1966 y continuó hasta 1980, 14 años continuos. Después de cuatro años de descanso, y a petición de sus mismos vecinos, volvió a dirigir la obra por espacio de 16 años (de 1984 a 2000). En ese lapso de cuatro años la obra fue dirigida por el señor Arturo Gómez, a quien le tiene gran estima.
Y como director tuvo a su lado al señor Armando Laurrabaquio Olvera, quien ahora es su compadre, además de que fuera su apuntador por casi 10 años. «Dado que el trabajo era la labor del campo, teníamos que aprendernos el libreto donde anduviéramos, inclusive montado a caballo, ahí iba uno leyendo», recuerda.

En cuanto a la obra, don Concho comenta que según contaban sus abuelos, no se sabía con exactitud el origen de la obra de Semana Santa, por lo que deducimos que por la manera de efectuarse la representación del Cristo y la Virgen María, en andas con personajes, proviene de la Colonia. Lo que sí se tiene conocimiento es que desde inicios del siglo pasado, en plena época del porfiriato, los habitantes de Milpa Alta ya presenciaban el desfile de soldados romanos y demás actores, grupo base que el mismo señor Fuentes retoma para darle continuidad a la tradición, quien se caracterizaba por seleccionar a los mejores actores, comenzando por sus habilidades naturales para el teatro.

Don Concho también recuerda que por aquellos años, y gracias a su participación con la célebre actriz Esperanza Iris, incursionó en el teatro, en obras como El conde de Montecristo, Las dos huérfanas, María la emparedada y La ley de los hijos, al formar parte del elenco.
En diversas ocasiones, cuando el señor Fuentes faltaba a los ensayos, don Concho lo suplía en el papel de director; apenas tenía 20 años, pero ya se codeaba con actores adultos.
«Recuerdo cuando algunas personas me veían –de mal ojo– porque tomaba en serio el compromiso para sacar avante la obra; estás pendejo para que nos mandes’, me decían». Sin embargo, a pesar de las críticas fue perseverante.

La fe y el respeto de los milpaltenses en los días de guardar lo motiva para continuar con la organización de la representación del Viacrucis en la Semana Mayor, con los encargados, llamados centuriones, «los que hace años eran elegidos por los vecinos de los siete barrios y hoy se apuntan para el oneroso cargo de ser centurión-vecino. Por cierto, existe una lista tan grande que con los solicitantes que se tienen ya se cubren los siguientes cuatro años», explica.
El vecino-centurión tiene el deber moral de invitar a 12 personas que representarán a los apóstoles, cuyas edades por lo regular van de entre los 40 y 50 años.

La obra de fin de la Cuaresma es casi tan real que además de los actores, los asistentes, sean niños, jóvenes, adultos, hombres o mujeres, también participan en el drama, siempre con respeto y devoción. Don Concho los selecciona según sus características y tonalidades de su voz. Quien personifique a Rebeca debe tener voz fuerte porque en la obra le debe gritar a Herodes, y quien represente a Sarita deberá ser de voz suave y compasiva, es quien limpia el rostro de Cristo con el lienzo donde queda plasmado el rostro del Señor, entonces ella se convierte en Verónica. También está Cananea, quien suplica a Cristo el alivio. En tanto que María Magdalena, hermana de Lázaro y Martha, debe tener voz atractiva, porque todos los hombres caían rendidos a sus pies.

Son 50 personajes entre los que se reparten los papeles de Herodes, Poncio Pilatos, Samuel, Belibet, Malco, los jueces, Sinedio, Caifás, Anás y Nicodemo. Pero también Cingo, Flavio, Lictor, Cayo y el del alférez Mario, así como varios personajes que están en la sentencia. Las mujeres participan en la interpretación de personajes como Claudia –esposa de Pilatos–, Cananea y Serafia –mujeres de pueblo–, así como Rebeca, portera de Anás y Caifás.
Niños y niñas juegan un papel importante en la obra en la que se visten de ángeles para acompañar la imagen de Cristo por las principales calles de Villa Milpa Alta.

Don Concho también recuerda la participación de algunos amigos, como Lauro Alvarado en la representación de Herodes; Enrique Laurrabaquio (Pilatos), Francisco Domínguez (Samuel Belibet), Félix Carrillo (Heidi), Francisco Laguna (Caifás), Rutilo Gómez (Anás), Beatriz Gómez (Malco), Daniel Corona (Anás) y Félix Corona (Caifás). Todos ellos permanecieron muchos años en la obra con la caracterización de su correspondiente papel desde que el señor Fuentes falleció en mayo de 1969, hasta los primeros años en que don Concho tomó la dirección del grupo.
También recuerda a Ramiro Taboada, quien participó en la obra teatral La ley de los hijos, además de interpretar el papel de Poncio Pilatos en el Viacrucis. Asimismo, a los señores Facundo Gómez, de 98 años; Francisco Laguna, de 84 años; Beatriz Gómez, de 83 años; Félix Corona, de 75 años, y Eutimio Ortega, de más de 100 años. A este último lo recuerda en el papel de centurión, con todo el profesionalismo que se requiere.

Don Concho Laguna Álvarez tiene actualmente 71 años de edad y es toda una institución del arte teatral por el Viacrucis en Villa Milpa Alta. Su esposa es la señora Constantina Nápoles, de 66 años. Tienen cuatro hijos, Alfredo, Miguel Ángel, Armando y Francisco Laguna Nápoles. Este último ha interpretado diversos papeles en el Viacrucis.
«Da tristeza ver que actualmente a los jóvenes ya no les interesa participar en estas obras teatrales de enorme trascendencia religiosa, porque el teatro une a los vecinos de los siete barrios de Villa Milpa Alta», concluye. ♦


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